martes, 22 de agosto de 2017

Día 34: Servicio público

Hoy he tenido la suerte de encontrarme con una señora muy amable en un servicio público. 

Ha sido muy atenta, me ha escuchado, ha respondido a todas mis preguntas, me ha ofrecido alternativas, me ha llamado por mi nombre varias veces... Me ha dedicado el tiempo que necesitaba, que igual ha sido más del habitual, vete a saber, pero esta señora, Carmen, me ha atendido estupendamente.

En definitiva, hoy he en encontrado a una funcionaria pública eficiente que ha respondido perfectamente a lo que podría esperarse del servicio público, en el más amplio sentido de las dos palabras: servicio y público. Estaba en un puesto de información y ha hecho lo que tenía que hacer: informarme.

Antes de irme he escuchado a una familia ponerla a parir a gritos porque llevaban media hora esperando. Mientras la de seguridad les "invitaba" a tranquilizarse en la calle, en el hall resonaba la queja tu sueldo sale de mis impuestos.

Y me ha dolido.

Discuto mucho contra la gente que pone a parir el funcionariado todo el tiempo, por todo, sin filtros. La cuestión es que conozco en profundidad muchos (pero, MUCHOS) servicios de administraciones de todo pelaje y condición, y sé que hay muchas personas muy válidas que hacen muy bien su trabajo, que a menudo tienen que luchar contra los elementos, los ineptos y la burocracia.

¿Hay personas que trabajan en la función pública empalables? Sí, claro. Como en todas partes. ¿Debemos tratar a todos como si fueran el enemigo? Pues creo que no, pero lo fácil es quedarse con la respuesta de ese funcionario imbécil que responde mal o esa sucnormal que no explica bien las cosas porque ni siquiera se ha parado a entenderlas. A mí a veces me pasa.

Pero estoy convencida de que es el sistema lo que no funciona, y que seguirá sin funcionar e irá a peor hasta que alguien decida coger el toro por los cuernos. 

También estoy convencida de que yo no voy a ver esa revolución.

Y, sí, sobre todo, estoy convencida de que si seguimos tratando a los funcionarios como si fueran escoria, enemigos que deberían estar a nuestro servicio porque su sueldo sale de mis impuestos somos parte del problema.

sábado, 19 de agosto de 2017

Día 33: Incongruencias

No mezclo en la botella nueva de champú el culito de la anterior si son diferentes porque, vete a saber igual tienen dos componentes incompatibles y me explota la cabeza. Tampoco mezclo limpiadores, jabón de la ropa, aguas diferentes, lavavajillas... no mezclo nada.

Si he puesto algo del mar en un plato uso otro plato para las cosas que no son del mar y si estoy sola uso un tenedor para el tomate y otro para el otro plato. Y si me tomo una cerveza o un refresco quiero otro vaso para el agua.

Si voy a ponerme un vaso de leche y no hay bastante me tomo medio vaso de leche, o dos medios vasos de leche, no añado más si no es exactamente igual.

Sin embargo, soy capaz de comerme sin reparos una lata que caducó en febrero de 2013.

viernes, 18 de agosto de 2017

Día 32: Te recuerdo de lejos

Te recuerdo de lejos, como se recuerda la cara de la primera profesora, o de la bibliotecaria que ya se jubiló.

Se me ha olvidado cuánto más alto que yo eres, si tienes los pies grandes, el tono de tu voz cuando estás contento, si tienes muchos o pocos pelos en las piernas, si prefieres la Mahou normal o la especial, el olor de tu perfume, en qué lado está la cicatriz en tu espalda, tu sabor, o en qué oreja llevas el pendienESPERA ¿llevas uno o dos pendientes?

He olvidado muchas cosas de ti.

Sin embargo, hoy he visto una sombra que se dirigía hacia mí desde el otro lado de la calle y no me ha hecho falta ponerme las gafas para saber que eras tú.

jueves, 17 de agosto de 2017

Día 31: La vida sigue

Hoy ha habido un atentado en Barcelona.

Una vez más, hordas de expertos gelipollas han destacado en Tuiter porque, como todos sabemos, no hay nada como un acontecimiento terrible para que surjan a cascoporro expertos en terrorismo internacional, islamismo, inmigración, independentismo y otros ismos.

Me he enterado de refilón, claro, no he aguantado mucho rato. Cada día me da mas angustia lo miserable que puede llegar a ser el ídem humano.

He sido incapaz de explicar a mi sobrino por qué pasan estas cosas. No he sabido responder a la pregunta ¿Por qué alguien puede querer matar a otra persona cualquiera que no conoce y que no le ha hecho nada? Me resulta muy difícil construir un discurso comprensible para un niño. O para cualquiera.

Como no quería que pensara que no quiero explicarle las cosas de la vida, nos hemos centrado en intentar comprender por qué su tía tenía esas ojeras después de 13 horas de parto, por qué su primo ya estaba terminado aunque sólo tiene dos días de vida, cómo salen los bebés de las tripas de sus mamás, por qué huelen tan bien y son tan suaves, y que sus cacas, a pesar de lo que pueda parecer por cómo huelen, no son radioactivas.

Para los niños, la vida sigue.

miércoles, 16 de agosto de 2017

Día 30: El ecuador, o lo que viene siendo la mitá

Querido blogs.

Estoy un poquito hasta el coño del reto de #Proyectohuevos.

Es cansao. No por escribir, qué va, escribir es un camino de rosas cuajado de amapolas de chocolate que huele a esencia de lavanda. Joder, es la obligación. Es haberme impuesto una obligación que no necesitaba.

Y es aburrido, a veces. se me había olvidado eso de tener que escribir sin tema, teniendo que escurrir el celebro para sacar un post. Menos mal que cuento con la inestimable colaboración de la #becaria MG, que si no...

Además, como decíamos ayer, está siendo muy difícil crear una rutina de la nada, sobre todo porque como no tengo otras rutinas, esto es un poco el coño de la Bernarda.

Quedan 30 post. Aunque no va a darme tiempo a ganar la apuesta por la que nació #ProyectoHuevos, voy a continuar y terminar con elegancia.

Porque de eso se trataba, de intentar que se olvidara que soy imbécil por aceptar la apuesta demostrando que puedo perder con elegancia.

De eso, o de retomar el hábito de escribir en el blog, vete a saber. 

martes, 15 de agosto de 2017

Día 29: Rutinas

Una cosa que he aprendido con esto del #proyectohuevos es que para crear un hábito necesito pegarlo a otro hábito. No sé crear uno de la nada. No sé empezar un día una cosa y hacerla todos los días porque sí, entre nada y nada, no. Tiene que estar pegado a algo.

Y las vacaciones son el peor momento para crear hábitos, amiguis, porque, por definición, no hay rutinas. Ni prisas. Al menos yo no las tengo. 

No tengo rutina de dormir, que es casi lo más importante en mi vida.

Igual me levanto a las doce porque anoche me acosté a las tantas por charlar en la terraza con los colegas que tengo que levantarme a las no sé qué porque soy tan imbécil que cogí la primera hora en el médico.

Tampoco tengo rutina para comer, que también es casi lo más importante en mi vida.

Que igual como seis veces al día porque ando por ahí celebrando cosas que se me olvida comer y merendar porque estoy en la playapiscina, que es más divertido.

Lo mejor de todo es que tengo la sensación de que mi vida rutinaria, tranquila, confortable y segura ha pasado a mejor vida, y a ver cómo me las apaño para retomar algo con criterio en septiembre.

O en enero.

lunes, 14 de agosto de 2017

Día 28: Cosas que vemos

Tengo una amiga a la que veo poco. Y como nos vemos poco aprovechamos siempre muy sabiamente el tiempo cada vez que conseguimos juntarnos.

Y no hay plan mejor para eso que Canal Cocina. Te da justo lo que necesitas, algo que no requiere ninguna capacidad intelectual por tu parte y con unos programas altamente criticables. Y no sé a vosotros, pero es que a mí no se me ocurre nada mejor que pasar una tarde de sofá, destrucción y encefalograma plano.

Cosas que vimos:

- Una señorita con pamela que pasa varios días en New Orleans, todos con la misma ropa, que es una cosa muy maravillosa en una ciudad con un dos mil por ciento de humedad.
Come de todo pero se le nota cuando algo no le entusiasma. Cuando termina las frases se queda con la boca abierta, que alguien ha debido de propagar el rumor de que queda sexy y parecen bobas.

- Gordon Ramsay. El señor que sobre el papel es el novio ideal porque lo mismo te hace un solomillo Wellington que se va contigo a daros las mechas.
Muy mal todo, Gordon Ramsay. 
¿Un pollo asado, Gordon Ramsay? ¿Dorada a la sal, Gordon Ramsay? ¿Pero qué timo es este, Gordon Ramsay? Me da igual que el programa sea la cocina casera, quiero glamour. Decepción total.

- Todos los cocineros dejan todo el rato las espátulas y demás instrumentos dentro de la sartén. Mal fatal.

- Hay un programa en el que tú le das al cocinero una receta y él luego la replicHACE LO QUE LE SALE DE LOS HUEVOS. ¿Cochinillo? Pues pata de cerdo de mediana edad. ¿Tarta de manzana? Pues tartaletas compradas con un puré de manzana hecho en el microondas. Y a esto lo llamaremos cocinar. Pues vale. También podemos llamarlo Cocina Sana, porque sólo le he puesto dos cucharadas soperas de mantequilla a medio kilo de bacon frito.

- Julius. De buen año, con pelo raro y pintas de hipster. Mal, fatal también. Una ensalada con trozos gigantes de cosas. Las habitas bien pero con dos litros y medio de vino.

En resumen: cero comidas que nos interesen en la vida real.

Después de la maratón nos sentimos inspiradas nivel Masterchef y cenamos bocata de jamón y gazpacho de bote. Alta cocina made in Spain.

La becaria MG

jueves, 10 de agosto de 2017

Día 27: Recuerdos de verano

Leí Las aventuras de Huckelberry Finn un verano de hace unos... digamos que más de 30 años y menos de 500.

No es que tuviera muchas ganas de leerlo, pero ya había leído todo lo que me apetecía y era lo que había disponible. Y el papel que lo envolvía era bonito.

Mi tío Vicente recubría todos los libros con el papel de regalo usado y ponía el nombre y el autor cuidadosamente en el lomo. Decía que así se estropeaban menos si los dejábamos en el césped o en la playa.

Un día, a la hora de la siesta, me acerqué a la librería y elegí el papel con dibujos de nubes y hadas. Como todos los días, cogí mi cojín, una botella de agua fresca, las gafas, y me senté a leer en el balancín del jardín, bajo la sombra de la garrofera, mientras todos dormían.

Recuerdo agitar las piernas de vez en cuando porque me molestaban las moscas y las hormigas.

Recuerdo acariciar el césped con los dedos de los pies, y preguntarme cómo sería caminar descalza más allá de césped seguro y blandito.

Recuerdo el movimiento del balancín, suave y silencioso, y que me imaginaba cómo sería viajar en carreta..

Recuerdo levantar la vista de vez en cuando y mirar el agua de la piscina, esperando a que pasaran las dos horas de rigor hasta poder bañarme de nuevo, pensando en el calor que debía pasar alguien que no podía bañarse en verano.

Recuerdo seguir leyendo a la sombra de la garrofera mientras mis hermanos y primos jugaban en el agua durante toda la tarde, porque quería saber qué pasaba después.

Recuerdo a mi madre llamando a la tropa desde la terraza para merendar, y debatirme entre levantarme para la merienda o quedarme a terminar el capítulo. Y quedarme. Y hacer equilibrios para sujetar el bocata en una mano y el libro en otra.

De repente, he recordado el olor a piscina, a libro viejo, a césped y a bocata de mortadela. Ha sido pensar en Huck y... qué bonito.

Y ha sido por culpa de El niño desgraciaíto. Gracias, querido.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Día 26: Chatear se me da fatal

  • Avísame cuando puedas prestarme atención.
  • Eres muy creída.
  • Eres muy seca.
  • Eres muy soberbia.
  • Estás conectada pero no respondes.
  • Hablas muy poco y eres un poco borde.
  • Las tías sois todas iguales.
  • No cuesta tanto responder con un hola.
  • No entiendo por qué no quieres que seamos amigos.
  • No me creo que no hayas tenido ni un minuto en todo el día para decir hola.
  • Podrías contar alguna cosa más personal.
  • xk me dices to rato k no m entiendes jejeje
  • xk no t intereso guapi
  • Sé que has leído mi mensaje esta mañana, no entiendo por qué no me has contestado.
  • Si yo te escribo lo justo es que tú me contestes, maleducada.
  • Tardas mucho en contestar.
  • Te crees muy lista y eres del montón.

lunes, 7 de agosto de 2017

Día 25: El blog verde

Hace tiempo yo tenía un blog, era bonito y verde. Luego fue una carga, luego no fue, volvió a ser y dejó de ser definitivamente salvo una copia muy bien escondidita que algún día imprimiré para recordarme quien fui.

En unos meses hará nueve años desde que abrí el blog y dos desde que desapareció definitivamente. ¿Lo echo de menos? Me gustaría poder decir que sí, pero la verdad es que no mucho. Y si en algún momento me pasa, puedo venirme aquí a hacer de becaria y soltar mis tontunas y mi sabiduría ancestral. A veces las dos cosas a la vez.

Estas semanas de becariato he pensado bastante en él, he entrado a releer cosas antiguas y he llegado a unas cuantas conclusiones:
  • Nació en el momento adecuado.
  • No murió en el momento adecuado. Tenía que haberlo cerrado del todo antes, cuando había cumplido su función. Yo empecé a escribir en un momento complicado y con mucha angustia laboral y con algunas mierdas personales. Unos años después, como pasa casi siempre, todo se recolocó en su sitio y ya no necesitaba teclear otras cosas para olvidarme de las angustias. Verano de 2013. 
  • Sé cuando hay que terminar con algo pero nunca sé terminar las cosas a tiempo.
  • Hay cosas que merecería la pena recuperar.
  • Pero también me da pereza ponerme a buscar.
  • Lo de las cosas buenas que me ha traído paso de ponerlo porque eso es obvio y lo decimos todo el tiempo.

La becaria MG

domingo, 6 de agosto de 2017

Día 24: Depresión desde fuera

Estoy aprendiendo más sobre la depresión viéndola desde fuera que cuando estuve dentro. 

Cuando estás dentro es todo demasiado oscuro, demasiado difícil, demasiado raro.

Fuera hay algo más de luz, algo más de perspectiva, una visión global. Desde fuera es todo siempre más fácil.

Desde fuera puede que no sea posible entender muchas cosas, o nada, pero se puede ser empático, cariñoso, abierto, comprensivo y disponible. Se puede ser lo que necesita esa persona, incluso si lo que necesita es que no seas nada.

Y a veces no ser nada es duro, porque parece que estamos programados para tener que ser muchas cosas y solucionarlo todo. 

Pero no. A veces tenemos que no ser nada más que lo que necesitan que seamos en ese momento.

Ya digo, es duro. Y a menudo te saca de tus casillas pero, mira, esta es una de las pocas ocasiones en las que creo que el amor, y todo lo que se puede hacer y no hacer con él, es la mejor medicina.

Y los mojitos. Los mojitos también son una buena medicina.

Menos mal que tengo mucho amor y se me dan bien los mojitos porque, amiguis, las de cosas que se hacen y no se hacen por los amigos con depresión...