viernes, 24 de marzo de 2017

Cosas pequeñas y tontas

Cosas pequeñas y tontas. Es un gran título para un blog. O para un post. Y si me apuras, para una vida.

Confundimos a veces la vida y las cosas que contar a los que queremos, a nuestros amigos, con las cosas importantes. Con los eventos: bodas, bautizos, comuniones, separaciones, enfermedades, promociones, trabajos nuevos o despidos. 

Y en realidad eso es algo que le contaríamos a cualquiera. Y que cualquiera nos cuenta. Puedo darte esos datos de un montón de personas que no me importan nada. 

Es bonito e importante estar en los grandes momentos. Bodas que no te perderías por nada del mundo, trenes que coges corriendo para estar cerca en un día triste...

Pero es más bonito y más importante estar en las cosas pequeñas y tontas. 

Me interesa la conversación que tiene mi amiga con el chico que le gusta, un facetime de cinco minutos para ver a mis ahijados jugando, me interesan los montones de tuppers que ha preparado una y el diseño de mi cocina que está pensando otra. Me interesan hasta los pintalabios verdes. 

Me gusta el día a día en las relaciones, las tontunas, las cosas sobre las que nunca se escribiría un post porque son una chorrada, porque en la vida, seamos sinceros, nos pasan muchas más chorradas que cosas importantes. 

Y por eso siempre me va a gustar más saber las cosas pequeñas y tontas (aunque si no estoy puntualmente informada de las importantes, mato). Porque son las que tejen tu vida.


Este post es un regalo de mi muy querida y sabísima MG.

lunes, 20 de marzo de 2017

Solos

Cuando un señor me entra en cualquier de las redes sociales de quedar, lo primero que pregunto es si tiene pareja. Algunos contestan que sí, sin problemas. Otros que no, y luego que sí., o que es complicado. 

Muchos se sorprenden por la pregunta, e incluso intentan convencerme de que no es importante, que no va a suponer ningún problema. 

Bueno, no sé, igual no supone ningún problema para ellos, pero tengo la suficiente experiencia en el tema como para saber que para mí acabará siéndolo y que, a veces, para sus parejas también. Que no es que me importen parejas de otros a quienes no conozco, es que siempre, siempre, acaba golpeándome la mierda.

Sin embargo, no son estos los que más me sorprenden. No sé si lo entiendo como toca, pero no me sorprende que personas con pareja busquen líos alternativos para espolvorearse. Novedad, aburrimiento, lujuria pura y dura... que somos humanos, que un espolvoreamiento sorpresivo le mola casi a cualquiera. Hasta puedo llegar a comprender que alguien emparejado se enrede que otra persona y no sepa o no quiera acabar con ninguna de las dos, o que le satisfaga más mantener a las dos.

Los que más me sorprenden son los que acaban reconociendo que están buscando hablar, comunicarse con otras personas, desconectar. Algunos incluso reconocen que no tienen especial interés en quedar, follar o lo que sea, simplemente quieren hablar con otra persona porque se sienten solos. Tócate los cojones, mariloli.

No soy tan ingenua como para pensar que uno no puede sentirse solo cuando está acompañado. Hay millones de razones por las que alguien puede necesitar comunicarse con otra persona y no con su pareja. 

Lo que no consigo entender es por qué, cuando a uno le pasa eso, no llama a un amigo o amiga, o se relaciona con su entorno, se desahoga, desconecta, y se dedica a contar su vida a una desconocida en una red social para ligar. No entiendo que sea un comportamiento estructural.

Porque para llegar a eso, a buscar desconocidas a las que contar tu vida, pasando de tu pareja, hay que dedicar un tiempo. Hay que crear un perfil y seleccionar fotos que, por lo que sea, te llaman la atención. Hay que tener ganas de ignorar a tu pareja, aunque sea un rato, y dedicar ese tiempo a intentar crear cierta complicidad con una desconocida. Hay que querer contar tu vida a una cualquiera para, sospecho, no estar con tu pareja, ni hablar con tus amigos. ¿Cómo es posible que alguien se encuentre tan solo y sólo se le ocurra meterse en una red de ligar?

No lo entiendo.

Hablamos de evolución y, mira, tirando a poco, eh, tirando a poco.


lunes, 13 de marzo de 2017

Que igual...

Igual soy idiota pero me tranquiliza mucho cuando leo algo escrito por otra persona que me ayuda a explicar cómo me siento. Que es curioso que para opinar no me haga falta nadie más, y para explicar cómo me siento sí, pero es lo que hay.

Cuando otra persona escribe lo que yo tengo en la cabeza pero no sé explicar, o igual ni siquiera he identificado hasta que lo leo me siento menos sola, menos loca, menos diferente. Y es fenomenal.

Porque hay otras personas que se sienten así, exactamente como yo, y que han sido capaces de escribirlo tan bien, tan sencillamente, pero tan bien, que hace que me sienta aliviada. Reconfortada. Acompañada. No sé, pon todas las adas que quieras. 

Supongo que eso fue una de las claves del éxito de los blogs o, al menos, fue una de las cosas que hizo que yo me enganchara a los blogs: ahí afuera había personas que hacían que no me sintiera un bicho raro, que también se preguntaban cosas que yo nunca había escuchado en voz alta a mi alrededor, que describían cosas parecidas a las mías, que yo nunca había hablado con nadie. 

Ya no es lo mismo, lo sé. Los blogses personales parecen estar heridos de muerte, y los sentimientos de otras personas queda diluida homeopáticamente entre la maraña de contenidos insulsos y virales, pero la internec es muy grande y aún, de vez en cuando, aparecen cosas de esas escritas por otra persona que me ayudan a entender o a explicar. Y siguen haciendo que me sienta mejor. 

Ahora que lo pienso, no me he planteado si soy la única que se siente así de acompañada con esta tontería, sospecho que porque sé que no, que seguro que hay muchas personas a las que nos pasa. Qué fuerte, ¿no?

Me da igual. Me pone contenta. No estoy loca. No me pasa sólo a mí. No son imaginaciones mías. No soy la única.

No pasa nada, no soy yo y lo estoy haciendo bien.

jueves, 9 de marzo de 2017

Logan, la crítica definitiva


Sinopsis

Logan es una road movie con señores mayores moribundos y una niña no tan moribunda. Mola donde viven al principio, el desierto tiene un color chulo, la banda sonora es muy mejorable u horrible (con la excepción de Johnny Cash) y sobra una hora y pico de metraje.

Que son casi dos horas de presunta peli de superhéroes sin que se vea ni una malla. NI UNA MALLA.


Recomendación

Si no te gustan las pelis de superhéroes, igual te apaña. Si te gustan las pelis de superhéroes igual-casi seguro que no.


lunes, 6 de marzo de 2017

Lo de la mente

Me fascina lo de la mente.

Quicir, me fascina como funciona lo de pensar, cómo somos cada uno, qué nos hace ser como somos, por qué reaccionamos de una manera determinada ante las cosas que nos pasan, por qué decimos las cosas que decimos, por qué hay cosas que nos gustan o nos disgustan instintivamente, por qué... me fascina todo. Porque no entiendo nada.

Y, sobre todo, me alucinan los cambios en nosotros mismos, cómo nos afectan las cosas, por qué respondemos ahora una cosa y luego pensamos que responderíamos otra si pudiéramos volver atrás, por qué ahora hacemos cosas que hace un tiempo no nos las hubiéramos planteado. ¿Qué nos ha pasado en este tiempo que nos ha hecho cambiar? ¿Qué nos han dicho? ¿Qué hemos dicho? ¿Dónde estará el interruptor? 

Yo me irrito a menudo porque, como no entiendo nada, y no he encontrado mi interruptor de cambiar cosas, tengo la sensación de que soy la misma adolescente que recuerdo, que no avanzo, que no evoluciono en la vida, y que nunca dejaré de ser una crieja.

Luego se me pasa un poco, porque pienso en cosas que están pasando, cosas que están cambiando porque yo he querido que cambiaran y me doy cuenta de que igual tengo esa sensación rara porque sigo siendo yo la que está aquí dentro (porque no puedo ser otro, eso ya lo sabemos), no porque no haya cambiado nada. Igual sí he encontrado el interruptor y no me he dado cuenta.

Y me fascina, me fascina ver que a veces no me doy cuenta del cambio porque son muchas cosas, a veces muy sutiles, que van conformando una nueva yo a poquitos, pero que sigo siendo yo. Una yo que hace cosas que no hubiera hecho hace un tiempo, antes de un cambio del que no he sido tan consciente como me gustaría.

¿No es maravilloso seguir sorprendiéndose a una misma?

jueves, 2 de marzo de 2017

El [otro] cuestionario de Proust

Yo iba a hacer algo presuntamente chulo con el cuestionario de Proust, para ver si era verdad que se llegaba a conocer en profundidad a una persona cuando va y recuerdo vagamente que ya lo había hecho.

En estas estaba, con el yo que sé de si lo había hecho o lo había soñao, cuando me paro a pensar en las cosas que hacen que yo piense que conozco bien a alguien. Que, soy consciente, es bastante difícil.

No pienso en su color favorito, ni en su autor más preferido, su héroe admirado o en qué país le gustaría vivir. Son cuestiones menores que se pueden saber de cualquiera pegando la oreja a sus conversaciones en el bus, que me lo ha dicho una amiga. Esas cosas dan más o menos igual.

Para mí lo importante, lo que hace que piense en si conozco o no a alguien, lo que hace que quiera a una persona cerca o en otro hemisferio, es si confío en ella, si pondría la mano en el fuego afirmando que no me haría daño voluntariamente, sólo para joderme la vida.

Porque una se puede equivocar con el pintor favorito, que no pasa nada si guardas el ticket, pero si tienes dudas sobre si alguien sería capaz de dañarte a propósito... la duda es un universo negro entre dos personas que impide conocer ni un poquito al otro. Esa duda es un universo de putadas voladoras, nunca estarás seguro de si alguna te va a dar de lleno, nunca podrás confiar en el otro, nunca sabrás de qué es capaz.

Y es que los universos son muy grandes.


viernes, 17 de febrero de 2017

En la primera cita

 ...
-  y que sólo un idiota puede no disfrutar de la naturaleza.
- ¿Me estás llamando idiota, en la primera cita?
- No... a ver, mujer, quiero decir... que no sabes lo que te pierdes si te niegas a estar en contacto con la naturaleza...
- ¿Me estás diciendo que no he ido al monte y por eso no sé lo que me pierdo en la primera cita?
- No, A VER, no me malinterpretes... Es que no me lo puedo creer. A todo el mundo le gusta la naturaleza. ¡Joder, la gente normal paga por hacer cosas en la naturaleza!
- ¿Me estás diciendo que no soy normal, en la primera cita?
- ¡Que no! Sólo digo que por no querer ir al monte te pierdes uno de los grandes placeres de la vida.
- ¿Me estas diciendo que no sé lo que me da placer, en la primera cita? Porque yo sé perfectamente las cosas que son para mí grandes placeres de la vida, y te aseguro que andar por el monte no es una de ellas.

No acabo de entender por qué no funcionan mis citas, la verdad.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Perdidos: la crítica definitiva



Perdidos-Lost* es una serie de televisión coral, un poco vintage, ya. Es la historia de los supervivientes de un accidente de avión en una isla presuntamente desierta, y de un montón de personas más. Que, mira, para ser una isla desierta hay que ver la de gente que va y viene. Que a mí me preguntan qué me llevaría a la isla "desierta" de Perdidos y respondo que un autobús.

Perdidos mola porque pasan muchas cosas inexplicables que parecen muy importantes pero que luego, meh. Como un gigatrón. Fíjate si pasan cosas inexplicables que de vez en cuando un personaje tiene que ponerse a explicar lo que viene pasando desde unos capítulos así, en modo resumen. Que tú piensas "ahora, joder, ahora voy a enterarme" y no, pero mientras van y vienen, te entretienen.

Como decía, en Perdidos pasan muchas cosas inexplicables, por ejemplo:

ATENCIÓN SPOILERS

- En la temporada 5 Sawyer se arregla la piñata EN LA ISLA.
- Todos saben hacer de todo, que igual descifran un misterio de energías electromagnéticas, que aciertan un blanco a siete kilómetros, que extirpan un apéndice, que descifran la teoría de cuerdas.
- Todo el mundo miente. Todo el rato. Sin parar.
- Acaba la serie y están todos gordos como ceporricos EN UNA PUTA ISLA DESIERTA.
- No se explica bien CASI NADA y acaba dándote igual.
- Los muertos aparecen y desaparecen como las lagunas del Ruidera.
- Jack Shephard es el hombre que mejor llora del mundo.


- Sawyer es LA SEXIDAD hasta el final.



Recomendación

Sí, rotundo. En Perdidos lo importante es el camino. No importa si te pierdes seis o siete veces en cada capítulo, si tienes que volver p'atrás cada cuatro capítulos, si tienes la sensación de que cada drama es más idiota que el anterior, si quedan un millón de cosas sin sentido por explicar. Perdidos es un gran Macguffin y no deberías perdért... que te la recomiendo.

Porque lo importante es el camino que se hace al andar, y en Perdidos, otra cosa no, pero andan mogollón.

* Esto es muy de la Fle XD

martes, 14 de febrero de 2017

Hilo mental

Yo iba a escribir un post sobre el amor y San Valentín, lo frustrante y lo triste y lo amargante y lo desazonador que es querer a alguien que no te quiere como desearías que te quisiera, de lo angustioso que es tener la sensación de que no va a haber más amor en tu vida y que te des una pena de morir y que se pueden ir a la mierda los buenrollistas de hija, pero qué exagerada eres, y todas esas mierdas, mientras escucho mi lista de desamor profundo, que es de ponerse a llorar desde antes de pinchar, porque yo lo valgo.

Y entonces he visto esta foto aquí:

Robert McGee. 1890. Scalped by the Sioux as a child and survived.
Un señor que se llamaba Robert McGee. Que, chica, mira, qué casualidad. Sin querer he empezado a tararear una de mis canciones favoritas, preguntándome en segundo plano si serían la misma persona. No creo, ¿no? O igual sí, y Janis conocía la historia. Vete a saber...

La música sonaba y yo iba pasando de página en página, leyendo cosas de sioux y del lejano oeste hasta que PATAPOUM, escucho que tu piel me hace llorar y me pregunto si todas las pieles hacen llorar o las que tienen cicatrices como las de Robert hacen llorar más, porque sabes que las cicatrices son fruto de una herida, y las heridas duelen, y a nadie le gusta que la persona a la que quiere le duelan cosas, y una cicatriz así tiene que doler mogollón, y entonces ¿las pieles con ciatrices hacen llorar más?

Y me he dado cuenta de que estaba tocando mi cicatriz, preguntándome en segundo plano si habría hecho llorar a alguien alguna vez, que yo no me había dado cuenta pero, oyes, igual sí, aunque a nadie más que a mí, eso seguro. 

Y entonces ha empezado el sonido de la Gibson y en vez de llorar a mares se me ha ido la cabeza a la elegancia de Julie London en blanco y negro, que da mucho más empaque pero que, incluso así, nada que ver con las mamarrachas de los Grammy, que vete a saber quién les pone el estilismo y que incluso teniendo en cuenta el paso del tiempo y la presunta evolución de la especie y el progreso y eso, van de mamarrachas.

Y en eso estaba cuando una notificación de Tinder me ha recordado que mañana he quedado, y que se me había olvidado el amor, el desamor y San Valentín porque, al final, la vida sigue,

sábado, 4 de febrero de 2017

Feliz cumpleaños, bicho

A veces la vida te sonríe y tienes la suerte de encontrar una persona perfecta para quererla mucho, mucho tiempo. Lo sabes desde el principio. No sabes qué os deparará el destino, pero sí sabes que la quieres porque quieres, y que vas a querer compartir cosas con ella.

Hoy es su cumpleaños, y sólo puedo desearle que cumpla muchos más para seguir teniendo suerte y seguir compartiendo cosas con ella.

Te quiero, compañera.

martes, 31 de enero de 2017

Pavlov

Ayer se me cayó el cuadro de Wonder Woman. El cristal se rompió en mil pedazos y mientras los recogía pensé, mecánicamente, que te hubiera gustado saber que se había roto, porque odiabas ese cuadro.

Me acordé de ti sin querer. Fue un momento. Fue suficiente.  

Para cuando quise reaccionar ya te habías asomado a mi cabeza. Y te quedaste. OTRA VEZ.

Me di cuenta de que pensé en ti al hacer la cama, porque ya no estaban tus almohadas. Fue de lo primero que me quité de encima para dejar de abrazarte en sueños.

Sacudí la cabeza, literalmente, y me forcé a pensar en otra cosa.

Pero luego pensé en ti al abrir el armario y no ver tus chaquetas.

Hace unos meses me harté de verlas colgadas entre las mías. Fui escondiéndolas, dejándolas debajo de otras cosas, hasta que desparecieron entre vestidos y gabardinas. No tengo claro por qué las guardaba, pero ahí estaban. Hasta que dejaron de estar y se quedó el hueco. Durante un tiempo sólo vi el hueco. Hasta que desapareció. Como tú.

Pero ahora habías vuelto. A mi cabeza, al menos.

Sacudí otra vez un poco. 

¡QUITA BICHO, QUITA!

Sacudí un poco más.

Empecé a tener dolor de cabeza.

Y volví a pensar en ti.

Porque hacía tiempo que no me dolía nada por ti, qué cosas.

Y quise volver a olvidarte pero de repente todo se había llenado de ti, con lo que me ha costado desaparecerte.

Estabas por todas partes. OTRA VEZ.

O no estabas, no sé...

Abatida, me senté en la cama, como en las películas.

Mira, déjate llevar, me dije. Piensa en él todo lo que necesites, acábatelo, tó enterito, piensa en él, ponte triste, ponte contenta, ponte lo que quieras. Parece que ha venido para quedarse un rato, así que déjate llevY ME ENFADÉ.

Sentada en la cama, como en las películas, me enfadé conmigo. Porque estaba ahí, OTRA VEZ, en el mismo sitio donde había estado tantas veces. Y todo porque se me había roto un cuadro. 

Salí a comprar un nuevo marco, decidida a desaparecerte de nuevo.