martes, 9 de mayo de 2017

No es no

Voy a darte un consejo. Gratis.

Si alguien te dice que no quiere verte más, que no quiere saber nunca nada más de ti, no insistas. Da igual lo que tú quieras, lo que tú necesitas. No insistas. ¿Es que tú no tienes nada que decir, tienes que aguantarte y dejar en paz a esa persona? Sí, no insistas. Tú no pintas nada aquí. No es negociable. 

Si alguien no quiere verte y tú sí no hay manera de llegar a un término medio. No vale dialogar, no hay por qué dialogar. No quiere verte más y sanseacabó. Sé adulto, aprende a gestionar el rechazo y las emociones que conlleva y déjale en paz. No hay manera de llegar a un acuerdo. No hay por qué llegar a un acuerdo, ni siquiera tiene por qué darte explicaciones. Joder, respeta el deseo de la otra persona y deja que se vaya en paz.

¿Es que lo que yo siento, lo que yo necesito, lo que yo quiero, no es importante?

Que no, ya te lo digo, no importa una puta mierda, NO ES NEGOCIABLE.

A ver cómo te lo explico para que lo entiendas...

Si alguien no quiere verte, si alguien no quiere volver a saber nada de ti, sé maduro y desaparece. ¡Puf!

Acepta que no quiere decir no, pero no de verdad. No que es que no quiere verte menos, o que quizás quiere relacionarse contigo de otra manera, o que está equivocado y si insistes se dará cuenta de su error, o que en realidad no sabe lo que quiere, o que, a lo mejor, si empezáis de nuevo puede ser de otra manera... 

No insistas. No intentes convencerle. No le llames. No le busques. No le mandes mensajes.

No es no.

NO.

Acéptalo y desaparece.¡Puf!

Joder, que no quiere verte. Ni más, ni menos, ni de otra manera. Da igual si está equivocado o no sabe lo que quiere. Da igual si tú sí quieres. Tú das igual. Tú no eres importante. Tú ya no eres importante.

Desaparece. 

Y vete a la mierda.

lunes, 8 de mayo de 2017

Del trabajo

Una de las cosas que me rondan por el celebro últimamente es en qué quiero trabajar. 

El trabajo que tengo ahora es de tránsito, claramente, y tengo que empezar a plantearme hacia dónde quiero dirigirme para ir preparando el camino.

Y no tengo ni idea.

No es la primera vez que me pasa, tengo esta misma sensación desde hace más que quince años. La novedad es que nunca he tenido esta edad, claro, y tengo esta sensación de prisa, de necesidad de no equivocarme, por si no tengo muchas oportunidades más de cambiar.

Porque, amiguis, el pasar del tiempo es especialmente jodido cuando una quiere cambiar de trabajo. Yo lo aprendí ya hace casi 10 años, cuando ya empezaron a decirme en las entrevistas de trabajo que era demasiado mayor para que una empresa se planteara contratarme.

Aunque desde esos comentarios tan de subhumanos he cambiado voluntariamente de trabajo dos veces, están siempre latentes, muy por encima de "eres demasiado mayor para jugar a la croqueta con tu hermano de 40 años". Saltan al primer plano en cuanto empiezo a pensar en qué va a ser de mi vida laboral cuando deje de trabajar donde estoy ahora. 

Y la cuestión en qué quiero trabajar deja paso a a ver en qué voy a poder trabajar.

Y sigo sin tener ni idea.

A mi edad, y sigo sin tener ni idea.

Y me da un miedo que te cagas. 



jueves, 20 de abril de 2017

Cosas que nunca vas a saber II

Querido pintor:

Entiendo que no entiendas por qué las mujeres desaparecen de tu vista después de la segunda cita. Entiendo que te preguntes por qué, si eres un buen tío, ambicioso, guapo, atento y con negocio propio, las mujeres no quieren volver a verte.

No sé por qué otras chicas no quieren seguir viéndote, pero sí sé por qué no quiero yo.

No quiero a un hombre que me diga que es fácil de domesticar, yo no soy domadora. No quiero a un hombre que siga viviendo con sus padres a los 40 porque es más cómodo, mi casa ya se ha cerrado como spa vacacional. No quiero a un hombre que crea que tiene que pagarme la cena y la copa porque las cosas tienen que ser así.

Pero, sobre todo, no quiero a alguien que me tome por tonta y me diga lo que cree que quiero oír y lo contrario cuando se da cuenta de que se ha equivocado.

Espero que encuentres lo que buscas, si aún existe.

lunes, 17 de abril de 2017

Gordismo victorioso

Últimamente leo a menudo historias del tipo "gorda insegura que no se come un torrao liga con un adonis, se lo cepilla, p'afuera telarañas y ¡hasta luego, maricarmen!, los complejos gordísticos se van por el sumidero." Qué fácil, ¿no?

Me sorprende ver que para muchas mujeres parece que sus problemas de autoestima se solucionan follándose a un buenorro. Sobre todo si pueden fardar de buenorro, y especialmente ante amigas más guapas y delgadas, como si fuera una especie de competición, en plan "eh, mira, tú estarás más buena pero al buenorro me lo he follado yo"

Y me sorprende aún más leer a otras muchas mujeres, gordas o no, jaleándolas, con cierta envidia, incluso, como si fuera un triunfo comunitario. "Eh, mirad, una gorda se ha follado a un buenorrísimo. Si ella ha podido, ¡todas podemos!".

Que, a ver, llámame loca, pero a mí me recuerda esto sospechosamente a lo que hemos criticado toda la vida que hacían los hombres de jactarse con los amigotes cuando se chispaban un pibón, ¿no? 

¿No poníamos a parir a los tíos cuando se pavoneaban de haberse follado a la buenorra de la discoteca, porque se fijaban sólo en el físico, reducían a la mujer a un objeto, y ni se preocupaban de su opinión sobre la Escuela de Frankfurt?

¿Por qué hay tantas gordas contentas de que otra gorda se cepille a un hombre atractivo? 

¿Por qué siempre me hago tantas preguntas que no tienen respuesta?

lunes, 10 de abril de 2017

Sin gafas

Me gusta quitarme las gafas cuando ando de noche por la ciudad. Parece que es Navidad durante todo el año.

Las luces, esas que no sé muy bien de dónde vienen, son más brillantes. Y las sombras, esas que no tengo muy claro qué son, también.

Jingumae

Sin gafas todo es nuevo. Desdibujado y borroso, pero nuevo.

The city Green girl walking
Y da un poco de miedo. Es difícil calcular las distancias, es difícil adivinar una sonrisa o una cara amenazante. Es un miedo hasta excitante. ¿Conozco a esa persona que parece que se acerca? ¿Será ese mi autobús? ¿Está abierta la persiana de la tienda que llevo buscando una hora? Todo es una sorpresa.

Andar de noche sin gafas es como jugar por primera vez al Call of duty. Pasan cosas a tu alrededor y no tienes claro qué es nada. Estás alerta, en tensión, pero segura, porque sólo es un juego, y puedes parar, volver a ponerte las gafas, y seguir andando.

The nigut 168 lights
Me gusta quitarme las gafas por la noche, verlo todo brillante, tener miedo un rato y volver a ponerme las gafas para sentirme segura de nuevo.

Todas las imágenes, y hay más, son de aquí.