miércoles, 15 de febrero de 2017

Perdidos: la crítica definitiva



Perdidos-Lost* es una serie de televisión coral, un poco vintage, ya. Es la historia de los supervivientes de un accidente de avión en una isla presuntamente desierta, y de un montón de personas más. Que, mira, para ser una isla desierta hay que ver la de gente que va y viene. Que a mí me preguntan qué me llevaría a la isla "desierta" de Perdidos y respondo que un autobús.

Perdidos mola porque pasan muchas cosas inexplicables que parecen muy importantes pero que luego, meh. Como un gigatrón. Fíjate si pasan cosas inexplicables que de vez en cuando un personaje tiene que ponerse a explicar lo que viene pasando desde unos capítulos así, en modo resumen. Que tú piensas "ahora, joder, ahora voy a enterarme" y no, pero mientras van y vienen, te entretienen.

Como decía, en Perdidos pasan muchas cosas inexplicables, por ejemplo:

ATENCIÓN SPOILERS

- En la temporada 5 Sawyer se arregla la piñata EN LA ISLA.
- Todos saben hacer de todo, que igual descifran un misterio de energías electromagnéticas, que aciertan un blanco a siete kilómetros, que extirpan un apéndice, que descifran la teoría de cuerdas.
- Todo el mundo miente. Todo el rato. Sin parar.
- Acaba la serie y están todos gordos como ceporricos EN UNA PUTA ISLA DESIERTA.
- No se explica bien CASI NADA y acaba dándote igual.
- Los muertos aparecen y desaparecen como las lagunas del Ruidera.
- Jack Shephard es el hombre que mejor llora del mundo.


- Sawyer es LA SEXIDAD hasta el final.



Recomendación

Sí, rotundo. En Perdidos lo importante es el camino. No importa si te pierdes seis o siete veces en cada capítulo, si tienes que volver p'atrás cada cuatro capítulos, si tienes la sensación de que cada drama es más idiota que el anterior, si quedan un millón de cosas sin sentido por explicar. Perdidos es un gran Macguffin y no deberías perdért... que te la recomiendo.

Porque lo importante es el camino que se hace al andar, y en Perdidos, otra cosa no, pero andan mogollón.

* Esto es muy de la Fle XD

martes, 14 de febrero de 2017

Hilo mental

Yo iba a escribir un post sobre el amor y San Valentín, lo frustrante y lo triste y lo amargante y lo desazonador que es querer a alguien que no te quiere como desearías que te quisiera, de lo angustioso que es tener la sensación de que no va a haber más amor en tu vida y que te des una pena de morir y que se pueden ir a la mierda los buenrollistas de hija, pero qué exagerada eres, y todas esas mierdas, mientras escucho mi lista de desamor profundo, que es de ponerse a llorar desde antes de pinchar, porque yo lo valgo.

Y entonces he visto esta foto aquí:

Robert McGee. 1890. Scalped by the Sioux as a child and survived.
Un señor que se llamaba Robert McGee. Que, chica, mira, qué casualidad. Sin querer he empezado a tararear una de mis canciones favoritas, preguntándome en segundo plano si serían la misma persona. No creo, ¿no? O igual sí, y Janis conocía la historia. Vete a saber...

La música sonaba y yo iba pasando de página en página, leyendo cosas de sioux y del lejano oeste hasta que PATAPOUM, escucho que tu piel me hace llorar y me pregunto si todas las pieles hacen llorar o las que tienen cicatrices como las de Robert hacen llorar más, porque sabes que las cicatrices son fruto de una herida, y las heridas duelen, y a nadie le gusta que la persona a la que quiere le duelan cosas, y una cicatriz así tiene que doler mogollón, y entonces ¿las pieles con ciatrices hacen llorar más?

Y me he dado cuenta de que estaba tocando mi cicatriz, preguntándome en segundo plano si habría hecho llorar a alguien alguna vez, que yo no me había dado cuenta pero, oyes, igual sí, aunque a nadie más que a mí, eso seguro. 

Y entonces ha empezado el sonido de la Gibson y en vez de llorar a mares se me ha ido la cabeza a la elegancia de Julie London en blanco y negro, que da mucho más empaque pero que, incluso así, nada que ver con las mamarrachas de los Grammy, que vete a saber quién les pone el estilismo y que incluso teniendo en cuenta el paso del tiempo y la presunta evolución de la especie y el progreso y eso, van de mamarrachas.

Y en eso estaba cuando una notificación de Tinder me ha recordado que mañana he quedado, y que se me había olvidado el amor, el desamor y San Valentín porque, al final, la vida sigue,

sábado, 4 de febrero de 2017

Feliz cumpleaños, bicho

A veces la vida te sonríe y tienes la suerte de encontrar una persona perfecta para quererla mucho, mucho tiempo. Lo sabes desde el principio. No sabes qué os deparará el destino, pero sí sabes que la quieres porque quieres, y que vas a querer compartir cosas con ella.

Hoy es su cumpleaños, y sólo puedo desearle que cumpla muchos más para seguir teniendo suerte y seguir compartiendo cosas con ella.

Te quiero, compañera.

martes, 31 de enero de 2017

Pavlov

Ayer se me cayó el cuadro de Wonder Woman. El cristal se rompió en mil pedazos y mientras los recogía pensé, mecánicamente, que te hubiera gustado saber que se había roto, porque odiabas ese cuadro.

Me acordé de ti sin querer. Fue un momento. Fue suficiente.  

Para cuando quise reaccionar ya te habías asomado a mi cabeza. Y te quedaste. OTRA VEZ.

Me di cuenta de que pensé en ti al hacer la cama, porque ya no estaban tus almohadas. Fue de lo primero que me quité de encima para dejar de abrazarte en sueños.

Sacudí la cabeza, literalmente, y me forcé a pensar en otra cosa.

Pero luego pensé en ti al abrir el armario y no ver tus chaquetas.

Hace unos meses me harté de verlas colgadas entre las mías. Fui escondiéndolas, dejándolas debajo de otras cosas, hasta que desparecieron entre vestidos y gabardinas. No tengo claro por qué las guardaba, pero ahí estaban. Hasta que dejaron de estar y se quedó el hueco. Durante un tiempo sólo vi el hueco. Hasta que desapareció. Como tú.

Pero ahora habías vuelto. A mi cabeza, al menos.

Sacudí otra vez un poco. 

¡QUITA BICHO, QUITA!

Sacudí un poco más.

Empecé a tener dolor de cabeza.

Y volví a pensar en ti.

Porque hacía tiempo que no me dolía nada por ti, qué cosas.

Y quise volver a olvidarte pero de repente todo se había llenado de ti, con lo que me ha costado desaparecerte.

Estabas por todas partes. OTRA VEZ.

O no estabas, no sé...

Abatida, me senté en la cama, como en las películas.

Mira, déjate llevar, me dije. Piensa en él todo lo que necesites, acábatelo, tó enterito, piensa en él, ponte triste, ponte contenta, ponte lo que quieras. Parece que ha venido para quedarse un rato, así que déjate llevY ME ENFADÉ.

Sentada en la cama, como en las películas, me enfadé conmigo. Porque estaba ahí, OTRA VEZ, en el mismo sitio donde había estado tantas veces. Y todo porque se me había roto un cuadro. 

Salí a comprar un nuevo marco, decidida a desaparecerte de nuevo.




domingo, 15 de enero de 2017

El amor

El problema del amor es cuando no es correspondido de la misma forma.

Ni siquiera tiene que ver, necesariamente, con que la otra persona no te quiera, qué va. Es que, además, tiene que quererte de la misma manera. Y querer cosas parecidas o, al menos, estar dispuesta a aceptar cosas que tú quieres y la otra persona no. Y a ceder, debe estar dispuesta a ceder, que resulta que es imposible que ni dos personas quieran lo mismo todo el rato, con la misma intensidad. Y a sacrificarse. Sí, sacrificarse, que a veces es peor hacer cosas que uno no quiere que lo bonito.

Porque querer a alguien es fácil, lo difícil es quererle con todas las consecuencias, incluso con la mochila que lleva a cuestas, mientras tú cargas con tu propia mochila.

Y, luego, que parece que todo va bien, y los dos queréis lo mismo, y estáis dispuestos a ceder, y a sacrificaros a veces... pero no siempre cuando toca. O cuando a la otra persona le va bien... Y es un lío, todo...

El problema del amor no es no ser correspondido, es no ser correspondido de la misma forma.

O igual es que el problema del amor es el amor mismo.