sábado, 31 de diciembre de 2016

Decisiones

Este ha sido un año de grandes decisiones. Muy grandes. Que parece que no, porque ahora mismo estoy escribiendo sentada en el sofá, con un pijama de Wonder Woman, igual que el año pasado, pero sí, porque soy otra persona que va a otros sitios y hace otras cosas.

Miro hacia atrás y a veces tengo la tentación de flagelarme un poco con lo de que tenía que haber tomado antes estas decisiones, pero acabo resistiéndome, porque ahora soy más fuerte y, además, he decidido que voy a dejar de hablarme si vuelvo a machacarme. Con un par.

Grosso modo, si lo miro de la manera más objetiva posible, 2016 ha sido un año grande, redondo, casi perfecto. Muy difícil, sí, pero vale tanto la pena que mira, qué quieres que te diga, voy a acabar recordándolo como el año que cambió mi vida sin haber tenido que mirar a la muerte a los ojos ni ninguna pollada de esas.

Y mola bastante.

Ojalá el año que está a punto de empezar pueda acabarlo de la misma manera.

Feliz Año Nuevo.



jueves, 29 de diciembre de 2016

Cosas bonitas que me han dicho este año

  1. Cuando duermes ya no frunces el ceño.
  2. Da gusto trabajar contigo.
  3. Eres la persona seleccionada.
  4. Eres una gran alumna.
  5. Estás siendo muy valiente.
  6. Estoy orgullosa de ti.
  7. Gracias por venir.
  8. Has cantado fatal, y eso es muy raro.
  9. Me alegro mucho de verte.
  10. Me alegro mucho por ti. 
  11. Pareces tan tranquila que me pones nervioso.
  12. Quiero hacer cosas contigo.
  13. Quiero pasar más tiempo contigo.
  14. Tienes cara de follar todos los días.
  15. Voy a echarte de menos todos los días.
  16. Ya sé que no eres muy de listas PERO.
Fuck you, 2016!


lunes, 19 de diciembre de 2016

Tía no hay más que una

- Cariño, ¿por qué llamas Gordi a la tía Gordi?
- Porque tías tengo más, pero Gordi eres tú sola.



- Espera. ¿Si te llamo tía Gordi voy a ser tu más favorito, por delante del tío Migue?
- ...
- ¿Gordi, me oyes?




No hay más preguntas, señoría.

viernes, 9 de diciembre de 2016

A veces pasa

¿Sabes cuando tienes un momento de conjunción cósmica con una persona, que te lee un fragmento de uno de tus libros favoritos para demostrarte que está de acuerdo contigo cuando hablas de la importancia de las palabras y de llamar a las cosas por su nombre, y no por uno parecido, mientras piensas que, si tuvieras que hacerte un tatuaje te tatuarías justo esa misma frase, hasta con el punto?

¿Sabes cuando miras a esa persona y te besa, y al principio le devuelves el beso pero abres los ojos y poco a poco vas haciendo la cobra y te vas, sin mirar atrás, y te cae una lágrima pero no porque sea lo que tienes que hacer, sino porque los líos con hombres casados son un lío, y tienes la sensación de que te has liado ya por todas las vidas que te quedaban?

A veces pasa.


jueves, 8 de diciembre de 2016

Culpar

Es muy fácil culpar a los padres de las taritas. Es muy fácil mirar hacia atrás, recordar lo peor de nuestra infancia y darnos cuenta de que todo, TODO, empezó allí. Y que, en ese allí, estaban los paaapas, responsables de nuestro bienestar, nuestra educación, jardineros de lo que íbamos a ser después. De lo que somos ahora.

Es muy fácil echar la culpa de nuestras mierdas de mayor a aquello que pasamos de pequeños.  

No soy psiquiatra ni psicóloga ni nada, no voy a ponerlo en duda, claro. Es más, a medida que profundizo en cosas de terapia y mierdas de esas se reafirma esta sensación tan fuerte de que sí, de que todo empezó allí.

Sin embargo, me resisto a culpar

Porque pienso que ellos (casi todos, vaya, que excepciones hay pa tó) lo hicieron lo mejor que pudieron y supieron. Que muchos no supieron adaptarse a la ruptura que supuso la adolescencia de nuestra generación, tan diferente, tan lejana, tan ajena a la suya.

Me pregunto a menudo que les pasó a ellos, cómo vivieron su infancia, para que hicieran que la mía, que las nuestras, fuera como fue. Que no fue terrible todo el tiempo, pero sí fue difícil. Una batalla constante. Una guerra sin cuartel. Un reto constante a la autoridad paterna, que se rebelaba a aceptar que una mocosa le llevara la contraria. Que todavía se rebela, y aún sigue sin entender por qué.

Me lo pregunto y me da miedo responderme, porque estoy aprendiendo que la arqueología emocional me supera. Si ya es difícil lidiar con mis miedos, mis traumas, mis tropezones, mis fracasos, me siento incapaz de enfrentarme a los de aquellos que estuvieron allí cuando se estaban gestando y no supieron cómo enseñarme(nos) a ser de otra manera.

Y también tengo la esperanza de que para nosotros, para nuestra generación, criar y educar a los niños es una experiencia muy diferente. Somos conscientes de que hay muchas opciones y que podemos elegir, que no tenemos que repetir con los niños, inexorablamente, el modelo educativo que siguieron con nosotros.