viernes, 18 de diciembre de 2015

Siete años

Siete añazos.

Gordi cumple siete añazos. Que se nos ha pasao, que fue hace un par de días, pero da igual.

Miro p'atrás, como cada año por estas fechas, y sólo puedo dar las gracias. La blogosfera sólo me ha traído cosas buenas, las malas se las ha llevado. Así que sólo puedo darle las gracias. Así que

¡¡¡GRACIAS, BLOGOSFERA!!!

Y digo la blogosfera, así, de gelipollas, como si estuviera saludando al otoño, porque es muy largo de decir todas las cosas buenas que van dentro. Bueno, cosas, no, personas. Y experiencias. Y viajes para conocer a personas. Y experiencias con personas (que igual debería dar las gracias a las personas de la blogosfera, venga, va) 

¡¡¡GRACIAS, PERSONAS DE LA BLOGOSFERA!!!

Gordi nació porque me puse malita y no podía hacer nada más que estar en casa y probar a ver qué era eso de los blogs. Como soy muy maridramas diría que el experimento Gordi me salvó la vida, que queda muy contenido y elegante, pero seguro que viene alguien y suelta que fue la cosa médica y me ciscaré en sus muertos.Y no es plan, que venimos a celebrar.

Me picó el gusanillo, como cuando conoces a alguien que te intriga, por quien tienes curiosidad, y quieres verle todo el rato, y hablar, y escucharle, y todo. Quedé fascinada por la blogosfera, por las personas de la blogosfera. Y por Gordi. 

El blog me ha traído muchas cosas buenas con/contra/por otras personas pero, sobre todo, despertó a Gordi. A lo mejor un psiquiatra se pegaría unas risas con esto pero (y dejemos claro que no soy rara ni estoy loca ni pollas) Gordi ha sido un descubrimiento alucinante. Para bien y para mal, ojo, sobre todo para bien.

Me da pena pensar que algún día Gordi se irá. No va a ser ahora, ni el mes que viene, quizás incluso pasen años, pero acabará, antes o después. Y me da pena pensarlo. 

Pero siete añazos.

Sigo fascinada.




*Otro día hablamos de Twitter.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Cosas que aún me sorprenden

  • Caber en un jarsey que estrené en 1998.
  • El sabor del primer sorbo de un chocolate caliente con avellana.
  • El sonido del despertador por las mañanas.
  • La textura ULTRAASQUEROSA del yogur.
  • Las canas. Mis canas.
  • Las familias funcionales.
  • Las personas que no votan y se quejan todo el rato.
  • Las personas que se rodean de ineptos para destacar.
  • La valentía.
  • Lo de San Cucufato.
  • Los antiredes sociales que tienen perfiles con nombres inventados.
  • Los blogs abandonados.
  • Los defensores a ultranza de las magufadas homeopáticas que beben cocascolas a cascoporro y comen gusanitos naranjas.
  • Los deportistas matineros.
  • Los comentarios de personas nuevas.
  • Los halagos.
  • Que alguien sepa en qué consiste mi trabajo.
  • Que alguien vuelva a votar al PP.
  • Que el revisor del gas se acuerde todos los años de los cambios en la casa y de lo que hablamos el año anterior.
  • Que la lluvia me rete apareciendo de repente cuando llevo zapatos que no deben mojarse.
  • Que las mujeres digan que los hombres "siempre van a por lo mismo".
  • Que me digan que me leen.
  • Que me respondan con una propuesta concreta cuando pregunto ¿Dónde te apetece comer?
  • Que nadie entienda lo de 
  • Que un hombre diga que le gusto.
  • Seguir sorprendiéndome.

martes, 15 de diciembre de 2015

Tatuajes

Siempre me he preguntado por qué me se marcan las personas para siempre, por qué se tatúan, por qué se perforan, se operan o se mutilan (porque hay de quién se mutila, incluso). Siempre me he preguntado qué llevaba a algunas personas a pasar penalidades, dolor,a veces, para modificar su cuerpo.

Creo que ahora ya lo sé. 

Esas personas lo hacen, creo, para sentirse mejor. Igual que otros se maquillan, hacen dieta, se ponen un gancho o eligen una camiseta negra en lugar de otra azul marino (que, como todos sabemos, es el Ralph de los colores). 

Puede que sea superficial. Que sea una tontería tener que intervenir de manera artificial en la propia mismidad corpórea para sentirse mejor. Que ya sabemos todos que la belleza está en el interior y todo eso pero es que lo que vemos reflejado en el espejo es la cáscara, no el interior.

Bueno, pues creo que ahora ya lo sé.

Y va y no soy la única.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

El calendario del año

Se ha escrito mucho ya sobre el Calendario Pirelli. Y mucho de lo que se ha escrito ha sido sobre la foto de Amy Schumer desnuda pero sin enseñar cacho. Y no lo entiendo.

Porque la foto de Amy no me parece especialmente espectacular. Me gusta, pero sin dramas. Tiene un aire de sorpresa, como de "coñe, Annie, avisa, que no me había dado cuenta de que estabas ahí" que me gusta. 


Y me gusta más desde que leí no sé dónde (shame on me!) un comentario que decía que alguien tenía que haber dicho a Amy que este año la cosa cambiaba y las fotos del calendario Pirelli eran vestida. Como que la habían pillado con el carrito del helao. 

La cuestión es que al parecer se ha liao parda porque es que resulta que está gorda y la han puesto a parir y ella ha tenido la osadía de mearse desde el tercer piso sobre todas esas cosas feas,misóginas, gordófobas y de todo que le han dicho.

Y luego ha salido con las hachas en alto el movimiento este gorditista, defendiendo la normalización de la presencia de mujeres reales en los medios de comunicación, en la cultura popular. Y un aplauso a todos.

Y luego ya vemos el desfile de Victoria's Secret, porque montan un pifostio que mola mogollón.


Y yo ya no tengo opinión ni nada, porque soy capaz de defender una cosa y la otra, y me da igual quién, cómo, por qué y porqué no.


jueves, 3 de diciembre de 2015

El correo

Podemos decir que tengo una paciencia infinita y una resistencia al dolor extraorbital. Y que una va a aprendiendo a dar a las cosas la importancia que tienen, en función del impacto directo en la vida de una.

Y como no impacta nada, la paciencia y el dolor me han ayudado a aguantar con la duda de qué había pasado con un correo que era vital, nunca respondido. Y nunca mencionado. Nunca nada.

Un año y medio, amiguis. Un año y medio sin saber qué había pasado con aquel correo. Que hasta se me había olvidado.

Al principio tenía todo el día una cosa así, en el estómago... ni mariposas ni hostias, eran elefantes bailando sobre mi tumba.

Y luego se me fue olvidando...

Olvidando...

De vez en cuando recordaba que lo había enviado, y le observaba con atención cuando me hablaba, como si le estuviera escuchando. Pero no, ni caso, sólo intentaba leerle por dentro, intentar descubrir si estaba ignorando aquel correo, si no lo mencionaba porque quería dejarlo todo tal como está, mal, pero mejor que nada. 

Y se me iba olvidando...

Hasta que hace unos días descubrí que la razón era mucho más sencilla: no utiliza esa cuenta de correo. Hace mucho tiempo. No le interesa nada de lo que cree que contiene.

Así que he vuelto a recordar.

Y vuelvo a preguntarme qué pasará después. 

Podría preguntar, claro, pero me dan miedo todas las posibles respuestas. Y no me queda valor para afrontarlas, lo perdí todo en aquel correo.

He puesto de nuevo a cero el contador de una bomba de relojería que nunca termina de funcionar.