jueves, 3 de diciembre de 2015

El correo

Podemos decir que tengo una paciencia infinita y una resistencia al dolor extraorbital. Y que una va a aprendiendo a dar a las cosas la importancia que tienen, en función del impacto directo en la vida de una.

Y como no impacta nada, la paciencia y el dolor me han ayudado a aguantar con la duda de qué había pasado con un correo que era vital, nunca respondido. Y nunca mencionado. Nunca nada.

Un año y medio, amiguis. Un año y medio sin saber qué había pasado con aquel correo. Que hasta se me había olvidado.

Al principio tenía todo el día una cosa así, en el estómago... ni mariposas ni hostias, eran elefantes bailando sobre mi tumba.

Y luego se me fue olvidando...

Olvidando...

De vez en cuando recordaba que lo había enviado, y le observaba con atención cuando me hablaba, como si le estuviera escuchando. Pero no, ni caso, sólo intentaba leerle por dentro, intentar descubrir si estaba ignorando aquel correo, si no lo mencionaba porque quería dejarlo todo tal como está, mal, pero mejor que nada. 

Y se me iba olvidando...

Hasta que hace unos días descubrí que la razón era mucho más sencilla: no utiliza esa cuenta de correo. Hace mucho tiempo. No le interesa nada de lo que cree que contiene.

Así que he vuelto a recordar.

Y vuelvo a preguntarme qué pasará después. 

Podría preguntar, claro, pero me dan miedo todas las posibles respuestas. Y no me queda valor para afrontarlas, lo perdí todo en aquel correo.

He puesto de nuevo a cero el contador de una bomba de relojería que nunca termina de funcionar.


martes, 24 de noviembre de 2015

Pilates, mon amour

Como ya no cuento nada aquí igual no sabéis que me estoy haciendo deportista de élite me he apuntado a Pilates.

Aunque suene muy pijo viene a ser lo de una gimnasia de mantenimiento pero todos vestidos de negro y con ropa muy apretadita, para que la profesora sepa cómo respiras. Que se conoce que esto es muy importante, lo de cómo se respira.

Lo de Pilates ha sido todo un descubrimiento que, vete a saber por qué mierdas, me he tomado como una especie de cambio radical de porque yo lo valgo, que estoy más delgada, como mejor y tengo la piel fenomenal. Y sin querer, eh. Que yo me apunté convencida de que iba a ir a dos clases y me iba a pasar el resto de mi vida lamentándome porque había fracasado una vez más y ¡CHICA!, va y, contra todo pronóstico, heme aquí recuperando las clases a las que no puedo ir por cosas del trabajo.

Al principio pensaba que seguía yendo por eso, por el miedo al fracaso, o porque igual me daba vergüenza o yo que sé. Pero, tres meses después, empiezo a pensar que no, que con lo acostumbrada que estoy al miedo al fracaso y a avergonzarme de cosas ya debería haber dejado de ir y no. Sigo. 

Hace relativamente poco que me ha dado por pensar que a ver si va a ser que me gusta, que me siento bien estirándome como un minino, como si quisiera romperme y recomponerme cada rato. Y me he sorprendido mucho de mí misma. Que ya es, a esta edad.

Estaba convencida de que la mierda esa de que uno se siente bien después de ejercitar el cuerpo no estaba hecha para mí pero parece que es que depende de cómo se ejercite el cuerpo, shit up little parrot! Que me da igual resudar la colchoneta con señoras delgadísimas y pijísimas, me da igual no poder hacer lo que ellas hacen, porque saben más o llegan mejor a los sitios.¡Coñe, que va y me gusta la cosa! 

Es bonito aprender cosas chulas de una misma cuando ya se ha perdido la esperanza de que la chulez llegue a tu puerta.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Hombres calvos

No sé bien en qué momento pasé de enamorarme locamenti de las cabelleras lustrosas de los jóvenes a volverme lóquer con las calvas de algunos señores. Supongo que tiene que ver con eso que pasa a veces de que cuando te haces mayor las cosas superfluas de la apariencia son menos importantes que la inteligencia, el sentido del humor y el savoir-être. Que me lo ha dicho una amiga, eh,yo sigo siendo superficial y vulgar.

Claro, que a eso igual ha ayudado también un poco lo de la sexidad canalla de Bruce Willis, que parece que aceptó hace años que se le caía el pelo y que, oye, no afectaba para nada y podía andar sobre cristales igual, y matar y morirse y todo fenomenal, pero en calvo.


O lo de la extremadamente malosidad extraterrestre de Vin Diesel, que no tengo claro si es mal o peor actor pero es de esos tíos que me brrrrrrrr...que no sé por qué. Rápido, casi hiperactivo, como si quisiera ir siempre por delante de su propia imagen.



O igual también tiene que ver lo de Ving Rhames, con esa voz profunda, que hace que te resuene hasta elpensamiento, y esa forma de moverse lenta y aerodinámica. Perfecta.


O por culpa de Stanley Tucci, que parece inteligente aunque haga de tonto redomado. Porque mira que parece inteligente este hombre,con ese puntito de "sabes que te la voy a pegar a poco que te descuides y no vas a poder hacer nada para evitarlo"...



O, chica, mira, por Samuel L. Jackson que hasta se me olvida todo cuando está feo y tiene pelo como Jules y melofo entero, con esa voz y ese abrocharse en botón de arriba de la americana como quien no quiere la cosa, sabiendo que todo el mundo le mira PORQUE HAY QUE MIRARLE.


Que a ver si va a ser que me ponen un poco los calvos...


viernes, 6 de noviembre de 2015

Las #15cosas: COMENÇONS!

Si me da por acercarme aquí próximamente es muy probable que dé por culo ad infinitum con lo de las #15cosas. Sí, amiguis, ¡ya empezamos!

Por si no lo sabes, las #15cosas es un blog buenrollista que nos hemos montao unas cuantas personas para compartir la risa y el bien. Sin moñeces, buenas intenciones de pega, ni mierdas: cosas que den buen rollo, alegría y jalalala. Y cuando digo #cosas me refiero a vídeos, historias, enlaces, fotos, movidas, LO QUE SEA que se pueda contar en un post y que hagan que nos sintamos un poco mejor.

Esta es la tercera edición y, después de la edición de 2013 y la de 2014, que puedes ver aquí (Y GRATIS), esperamos las cosas chulas de 2015 de todos con muchas ganas. Porque, al final, lo mejor de todo esto es el comboy, la cantidad de gente que se para un momento a compartir con los demás algo de buen rollo.

Qué bonito,¿no?

Pues sí. Es bonito. Se conoce gente. Y se crean lazos de amor, como si nos uniera una cintita de estrellas que nos recuerda que, durante unos días, participamos con otras personas en algo bonito porque sí. 

A mí me haría mucha ilusión que participaras. MUCHA.

Amiguis, comienzan ¡las #15cosas!

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Madurar

Creo que estoy mutando hacia una especie de orco asocial selectivo: quiero mucho estar con las personas a las que quiero y con las que disfruto y no quiero estar nada con las personas con las que no disfruto, por lo que sea, independientemente de si las quiero o no.

Lo de disfrutar no es tanto que todo sea risa y jalalala como querer estar todo el rato posible con alguien, porque me gusta su compañía, su conversación, su forma de ver la vida y de compartirla conmigo.

Supongo que eso de hacerse sibarita tiene que ver con madurar, hacerse mayor.

Y puede, sólo puede, que piense en el sibaritismo inverso y que por eso estoy matando el blog:  no me gusta pensar que me estoy convirtiendo en una de esas personas tristonas que llama la atención a base de drama y resquemor con las que nadie quiere estar. No quiero ser una de esas personas. Quiero ser una de esas con las que se elige estar porque sí, porque es bonito el tiempo que se pasa en su compañía, y hace tiempo que tengo la sensación de que ya no aporto gran cosa aquí. Quiero mucho estar aquí, pero ya no sé si me lo merezco. 

No tengo cosas divertidas que contar. Siempre estoy enfadada, en modo hater en bucle infinito. No estoy satisfecha, ni contenta, ni nada. Resistente a un cambio que ni siquiera sé si estoy dispuesta a provoca, vivo cansada y malhumorada, que es una especie de malvivir burgués.

No tengo claro qué hacer.

Con mi vida, digo.