martes, 14 de enero de 2014

El efecto Gordipé


A estas alturas nadie pregunta ya por lo del cambio de nombre del blog y casi nadie se queja. De hecho, estoy segura de que ya ni siquiera se le presta atención. Y es curioso, porque cuenta una metahistoria que me vendrá bien si en algún momento me da por hacer un repaso de las cosas pero, claro, eso lo sé yo. Es mi historia.


Para mí, cambiar el nombre del blog ha sido un descubrimiento maravilloso, me ha dado muchas alegrías. Sobre todo porque se caga, literalmente, en todas las recomendaciones que hacen los guruses de la blogocosa sobre tener un un nombre que identifique el contenido de la bitácora, pegadizo, y con el que los lectores identifiquen al autor y contribuya a consolidar su imagen y reputación digitales y todas esas milongas. Voy a conferencias de esas de guruses, es empezar con la importancia de lo del nombre y la url del blog Y ME DESCOJONO.

Porque resulta que a veces da igual, y se puede cambiar el nombre del blog cuantas veces se quiera, porque es divertido y suelta una la creatividad y obliga a tener las orejas abiertas y la mente tiesa, a ver cuándo aparece el nombre perfecto para determinado estado de ánimo o esa cosa concreta que una no quiere contar pero no quiere que se le escape. Y es que yo he venido aquí a divertirme y a hacer lo que me venga en gana, que estoy en mi casa.

Apostar por el cambio ha tenido efectos colaterales: el blog ha perdido muchos lectores por el camino. Muchos. Obviamente, con tantos cambios de nombre puede que haya sido difícil de identificar para algunos, o de encontrar, para esos que lo buscan cada vez. Que los hay. Pero es gracioso verlo en los blogroll: en cada uno aparece con el nombre que tenía en el momento en el que se agregó. Otros, simplemente, decidieron poner, directamente, "El blog de la Gordi", quizás hartos de cambiar el nombre en el blogroll, o como manera de identificarlo, vete a saber.

En los últimos tres años y medio este blog ha tenido 36 nombres. Espero que tenga más, no creo que deje de buscar el nombre perfecto. Esta vez, sin embargo, me parece que va a quedarse un poco más de tiempo, seguramente. Porque me encanta. Y es de @elSinior_i, que lo dijo un día casi seguro sin darse cuenta de que me iba a dar un nombre. Qué cosas, lo del azar y eso...

Así que empiezo el año 2014 con un nombre que me encanta, con una Dancing Queen maravillosa que vais a tener que soportar arriba a la derecha, bailando sin parar,

 
y con el mejor avatar EVER, dándoos un besito y acongiéndoos en sus senos,


 cortesía todo ello de @elSinior_i, que me ha hecho el mejor regalo de Reyes del mundo mundial.

Ahora sí que sí, Feliz Año Nuevo. Venid a mis brazos, caris.


viernes, 10 de enero de 2014

El paso del tiempo

Ayer vi a un gran amor de mi vida.

La última vez que le vi tenía unos treinta años. Entonces era un hombre ambicioso y seguro de sí mismo. Acababa de aprobar unas oposiciones de esas de superclase nosequé y creía que el mundo era suyo, que podría con todo. Creo que era muy atractivo precisamente por eso, porque parecía poderoso. 

Era un hombre rotundo. Muy grande, pero fibroso, casi atlético. Sin embargo, a pesar de su tamaño, parecía que no se movía. A mí me parecía una especie de ninja: podía ponerse detrás de mí casi antes de que me diera cuenta de que había empezado a moverse. 

Se enamoró de una compañera de trabajo y su presencia se fue diluyendo en mi vida, hasta que desapareció completamente. Hacía muchos años que no sabía nada de él.

Hasta ayer.

Soy una magnífica fisonomista, jamás olvido una cara y, sobre todo, jamás olvido una forma de andar o de moverse. Y no le reconocí. Él se giró hacia mí y me saludó, y se quedó ahí, de pie, sonriendo, advirtiendo que estaba rebuscando su cara en mis recuerdos.

Llevaba el pelo igual, aunque algo más canoso; iba vestido con esa ropa atemporal que llevan algunos hombres, que hace que sean perfectamente reconocibles, pero me resistía a reconocerle ahí dentro. Parecía mayor, muy mayor. y muy cansado. Ya no era atlético, era grande, simplemente. Y se movía exactamente así, como esas personas que tienen una conciencia exagerada de su tamaño y temen tirarlo todo a su paso. Torpe, era casi torpe. Su ninjez había desaparecido.

No era él. No podía ser él.

Cualquier atisbo de atractivo que hubiera podido tener aquel hombre hace años se había perdido, me temo que para siempre.

Qué mal te ha tratado la vida. ¿Qué te ha pasado? ¿Qué cantidad de cosas horribles te han pasado para que parezcas diez años mayor de lo que eres? Ese era mi pensamiento mientras resumía los años que habíamos pasado sin vernos.

Nos despedimos después de un rato de charla de bienquedas y, desde entonces, me pregunté si él tendría la misma sensación respecto a mí, si también había pensado que la vida me había tratado mal, si también vio en mi todos esos años de más encima. Me pregunté si también aventuró excusas que justificaran mi estado.

Cuando llegué a casa me miré un rato largo en el espejo y concluí que si se lo había preguntado, él mismo tenía que haberse respondido que no. Y suspiré, aliviada.

miércoles, 8 de enero de 2014

Lujuria

La foto que más vi ayer en el caralibro fue esta:





La compartí, porque me hizo gracia pero, a medida que iba leyendo las palabras que descubría la gente un pensamiento se iba haciendo grande en el celebro, más por la ausencia que por otra cosa: nadie decía sex. Yo misma me sorprendí de no haberla detectado cuando me di cuenta. Busqué la palabra cuidadosamente, como si fuera importante encontrarla. Hasta que un amigo me dijo que no estaba (él es más listo que yo y me fio de su criterio ciegamente, pero no sé si quiere permanecer en el economato; si quiere, que se retrate en un comment).

Ahí estaba, leyendo lo que la gente decía, una y otra vez, sobre sus presuntos deseos vitales: popularity, intelligence, honesty, love, experience... pero nadie nombraba el sex, ni para señalar su ausencia... Raro.

Y entonces me di cuenta de que sí, vale, sex no está, pero está lust (lujuria) que es casi igual de importante, porque sin lust poco vas a disfrutar del sex...

El caso es que nadie la ha señalado como una de esas tres cosas importantes que se supone que quiere para su vida, y me ha dao que pensar: o mis contactos no saben qué significa la palabra lust y no la han identificado como una de las cosas importantes en la vida, o les da vergüenza decir que la lust es una de las tres cosas que quieren en su vida o, realmente, no es una de las tres cosas importantes en sus (nuestras) vidas.

Dadme una colleja si alguna vez vuelvo a compartir algo de esto, por favor, que no me gusta quedar en evidencia.

domingo, 5 de enero de 2014

Queridos Reyes Magos

Queridos Reyes Magos:

Iba a empezar esta carta insultando a SSMM, con el tonillo ese soberbio y resentido que se lleva ahora, de quien cree que merece algo y el destino se lo niega pero no, porque me he dado cuenta de que igual no merezco el regalo que me gustaría que me trajérais en 2014. Sin dramatismos, ni nada pero, oye, es posible, nunca se sabe.

La cuestión es que quiero una única cosa: un compañero. O compañera, me da igual, la verdad, no soy piquismiquis con estas cosas. Quiero una persona con quien compartir la vida, mis alegrías y mis penas, todas esas cositas. 

Durante unos años ha estado muy bien ser una braga loca. No, en serio, ha sido divertido, muy divertido. Y muy didáctico, sinceramente. Aprende una a ser independiente para todo y eso está muy bien: una no tiene que consensuar dónde, con quién, cuándo ni a qué va a los sitios, ni lo que hace, ni las decisiones que toma... ni nada. Muy bien todo, en serio.

Pero ya está. Ya sé cómo organizar mi tiempo y mis intereses en solitario, ahora quiero reaprender a hacerlo con otra persona con la que quiera estar y que quiera estar conmigo. Pero de verdad.

A veces pienso que no pido gran cosa, que no debería ser tan difícil encontrar a alguien que quiera estar conmigo: soy inteligente, simpática, divertida, trabajadora, culta, cariñosa, curiosa, no estoy mal, sé hacer torrijas... Que también soy muy maniática, independiente, exagerada, chismosa, dramaqueen, impaciente, malhumorada, ceniza, tengo unos TOC... pero, oye, los hay de peores.

Pues, mira, parece que sí, que es difícil. Eso y que tengo mal ojo. No hay manera de encontrarme un parejo que me apañe.

Por eso os lo pido a vosotros. Porque sois magos y podéis con todo, ¿no? ¿NO?

miércoles, 1 de enero de 2014

Epílogo (UNO)

Quienes me conocen saben que hace ya algún tiempo que tenía en la cabeza lo del blog a n manos. Tener uno propio está muy bien pero las cosas compartidas molan más, qué quieren que les diga.

Creía que ya había tirado la toalla, tras algunos intentos fallidos y alguna decepción. Además, la experiencia me decía que supone mucho trabajo, y que una no siempre obtiene la recompensa que espera que, en este caso es, simplemente, escribir con otras personas. Compartir. Tener un feedback agradable y buenrollista.

No sé muy bien a qué santo vino lo de las #trececosas. Se me ocurrió de repente y lo solté. Supongo que no lo pensé mucho porque, si lo hubiera hecho, si me hubiera parado a pensar, no lo hubiera lanzao. ¿En diciembre, con todo el terror de los cierres, las navidades por medio, la dispersión festiva de las personas? NI DE COÑA.

Pero, mira, como soy inconsciente y rubia de espíritu, lo solté.

Y menos mal. Tuve la suerte de que todas esas personas maravillosas y generosas respondieran a la llamada del buenrollismo y quisieran compartir conmigo, con todos, cosas que les ponen de buen humor, vídeos, fotos, artículos, propios o ajenos, que les hace sonreír y que, estoy segura, nos han hecho sonreír, aunque sea un poquito.

He cometido algunos errores de principianta, lo sé y pido disculpas. Podrían haberse evitado con un poco más de tiempo y concreción. El año que viene no volverán a pasar. Habrá otros, eso seguro, pero estos no. Sobre todo quiero disculparme con quienes han enviado muchas cosas y sólo se ha podido publicar una parte, espero que lo entiendan.

Os agradezco mucho a todos la complicidad. Mucho. Especialmente a Bichejo, que ha sido cómplice estos días, retuiteadora compulsiva, apoyo y coblogger pero, sobre todo, por su generosidad y porque es la inspiradora de la cosa. Y yo a Bichejo le hago mucho caso, porque es muy sabia.

Habéis hecho que recuerde este 2013 como el año que un grupo de conocidos y también desconocidos quisieron reírse conmigo. Eso une mucho.

Feliz Año Nuevo.

(Sigue aquí)