jueves, 12 de diciembre de 2013

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Trece cosas

Lo que más me gusta de la blogosfera es que es el coño la Bernarda. Y que todo el mundo, antes o después, se toca con cariño. No himself (no sólo), sino al prójiYA ME ENTENDÉIS.

El caso es que me gusta mucho que haya roce. Ya lo sabéis, en este espacio hay un montón de ejemplos. Me gusta que los tuiteros compartan los poststs que les gustan de los colegas. Me gusta que los blogueros comenten historias de Tuiter. Me gusta ver nuevos comentaristas en los blockses de los colegas. Me gustan las estrellas invitadas, que anden unos y otros escribiendo y publicando por ahí. Gracias a estas cosas cada día es todo un poco más grande y más divertido. Y hay más cariño y más roce.

Pero debería haber más. O a mí me gustaría que hubiera más. Porque ese roce enriquece una barbaridá. Y es más divertido y hace que se nos olviden las cosas chungas que nos pasan todos los días. Un poquito, al menos, ¿no?

Y, sobre todo ahora, pues viene bien: se acaba el año y parece que llega el momento de hacer balance. Y yo quiero que haya un balance buenrollista. Con todas las mierdas que llevamos todos encima todos los días no necesitamos más mal rollo. Necesitamos cosas que nos hagan sentir bien, o un poco mejor, al menos, cosas que hagan que sonriamos, que nos acordemos de personas que nos gustan. Parafraseando a mi queridísima Bichejo, necesitamos cosas bonitas.

Así que aquí va mi propuesta. Os propongo compartir esas cosas que nos han hecho felices en 2013, esos tuits, canciones, libros, pelis, situaciones... lo que sea, que nos han puesto contentos en algún momento y han hecho que sonriamos o, mejor, que nos descojonemos, pa ver si lo contagiamos un poco al resto de prójimos y acabamos este año del HÓRROR con buen sabor de boca.

Había pensado hacer un blog para recogerlo todo. Imaginad: un blog en el que cada día haya cosas muy chulas que, como mínimo, van a hacernos sonreír, cantar, carcajearnos, quizás mover el esqueleto discretamente en el autobús, de camino al curro... de aquí a final de año. Mola, ¿eh? Pero, claro, mola si hay participación, si os enrolláis y compartís las cosas, si nos reímos juntos.

Que tampoco es pedir mucho, y que más triste es robar... eh, ¿qué decís? ¿os animáis? Venga, va, que cuanto más, mejor, de todalavidadedios.

Si decidimos de que sí, de que nos ponemos, podéis empezar a mandarme cosas a la orden de JARL! y programamos. ¿Que qué tenéis que mandar? Pues eso, un post, largo, corto, con vídeo, sin vídeo, con foto, sin foto, un tuit, una canción, un lo que sea, que haga que nos salga una sonrisa. 

Soy consciente de que me he explicao fatal pero es que no tengo claro cómo hacerlo y necesito saber que, al menos, hay 13 personas a las que les gustaría participar para ponernos en marcha. 

Y eso. Que me apetece mucho. Va. Venga.


jueves, 5 de diciembre de 2013

¡Tetas, tetas everywhere!

Sinior I es un señor amigo estupendo y me ha hecho el regalazo que toda tuitera quiere tener: UN GIFT CON EL AVATAR NAVIDEÑO. A mi casa ya han venido los Reyes Magos. a ver si se frinkaban a esta, pero este es otro tema...

A lo que iba:

¡EL CÁGUENSE EN DOS TIEMPOS!


A mi un hombre que escribe como él, que tiene el tumblururur que tiene, que hace las fotos y las fotos que hace, que es tan generoso y tan de todo, es que me puede y le tengo que querer. Hasta el infinito y beyond.

Demos por inaugurada la temporada de tetas navideñas.

¡Gracias, HAMOR!

Por si no ha quedado claro, el Tumblr de Sinior I.  

martes, 3 de diciembre de 2013

El dinosaurio

Vuelta.

Y otra vuelta.

Y otra vuelta más.

- ¿Qué te pasa?

- Nada, duerme.

- Si no dejas de dar vueltas no puedo dormir. ¿Qué te pasa?

- Nada, no pasa nada. Duerme.

- Que no puedo, no me dejas con tanta vuelta.

- Hay demasiada luz.

- Baja la persiana.

- Nah, da igual, si no es por eso.


Vuelta.

Más vuelta.


- Son las cuatro y cinco. Tengo que dormir. ¿Qué c*ñ* te pasa?

- Es que respiras fuerte.

- Ya. Vete al sofá, no puedo hacer nada.

- ES QUE RONCAS COMO UN COCHINO JABALÍN, NENA, Y SE TE OYE DESDE LA CALLE. EL SOFÁ NO ESTÁ SUFICIENTEMENTE LEJOS. 

- Bueno... puedes irte si quieres (puchereando)...

- No, no te preocupes, ya dormiré cuando te vayas a trabajar. Smuaks.

- Cabrón...



Cuando volvió, a las cuatro de la tarde, el dinosaurio aún estaba respirando fuerte con la persiana subida.


lunes, 2 de diciembre de 2013

El fin de un derecho

El 9 de octubre de 1989 era sábado. Lo recuerdo porque pasamos el día en el chalet de mis abuelos, y solíamos ir los sábados.

Recuerdo la expectación con la que nos sentamos todos frente a la tele, una de esas pequeñas con antena de cuernos, para ver el primer día de emisión de una televisión en valenciano. Quizás parezca poco para los castellano hablantes pero piensen por un momento cómo se sentirían si TVE empezara a emitir todos sus programas en catalán, durante años.

Recuerdo también que mi abuela lloraba, emocionada porque salió su pueblo por la tele, y porque, por fin, podía ver programas en su lengua materna. Y a mi padre, que disimulaba su emoción contándonos cómo les pegaban con una vara en el seminario si hablaban en valenciano, y que llamó a sus primos de Oliva para celebrarlo.

Mi abuela no era especialmente progresista. No pensaba en la protección de la cultura de la región. No tenía en la cabeza que la tele podía ser un instrumento político. Simplemente, estaba muy contenta porque empezaba una nueva era para ella: iba a tener la posibilidad de ver y escuchar las noticias en su lengua materna, ya no tenía que traducir mentalmente. 

Pero es que, además, iba a enterarse de las noticias más importantes de su pueblo y de los pueblos de alrededor porque, por fin, iba a haber una televisión que tenía como principio fundamental acercar la lengua y la cultura valenciana a los ciudadanos de la Comunitat. Iba a poder disfrutar de esas noticias que le eran más cercanas, pero que nunca salía en el Telediario porque no eran suficientemente importantes para todo el país. Iba a saber qué tiempo hacía, cómo iba la cosecha de mandarinas, cómo había ido la campaña de pesca, quién había salido reina de las fiestas. Y todo en valenciano.

Mi abuela tuvo la oportunidad de ver a varias de sus nietas dando ruedas de prensa, y se pavoneaba orgullosa por el barrio como si hubieran hecho algo importante. Vio a su yerno y a uno de sus nietos recibir premios. Vio a su hija cantar por toda la Comunitat. Y todo desde su casa, gracias a una televisión autonómica que retransmitía esos pequeños eventos que nunca tendrán cabida en un canal nacional.

Para mi abuela, igual que para miles de personas en la Comunitat Valenciana, ver las noticias en la lengua en la que pensaba y en la que siempre acababa expresándose porque al final se le olvidó el castellano, era un derecho. Y eso es exactamente lo que han quitado en la Comunitat Valenciana con el cierre de Radio Televisión Valenciana: un derecho.

No confío en que lo recuperemos.



En mi opinión, el medio que mejor seguimiento ha hecho de todo lo que ha pasado sobre RTVV es www.valenciaplaza.com, por si alguien tiene interés en saber cómo se ha desarrollado esta aberración.