miércoles, 29 de mayo de 2013

Oda al paracetamol

Empieza muy despacito
por detrás de las orejas,
y dura más de un ratito
si, descuidada, te dejas.

Va creciendo, caprichoso,
agarrándose a los pelos,
se hace grande y poderoso,
y no hace caso de duelos.

Poco a poco, culebrea,
palpita, late, se tensa,
hace muy bien su tarea,
esperando su recompensa.

Aprieta, empuja, presiona,
zumba, emborrona, enloquece,
es como una corona
que disminuir parece.

Notas dos mil  punzadas
en la cima y en las sienes,
que no por ser esperadas,
se te olvida que las tienes.

Duele como la muerte,
si es que la muerte doliera,
es un dolor muy fuerte,
que matarte pareciera.

Y entonces recuerdas, tonta,
que hay una solución,
que igual su ataque desmontas
con un paracetamol.

martes, 28 de mayo de 2013

Ropa para gordas

Llevo todo el día pensando en este artículo. Me ha gustado la respuesta de esta mujer. No estoy de acuerdo con algunas de sus afirmaciones pero tengo que admitir que me ha gustado su respuesta. Elegante e inteligente, directa a la cuestión empresarial, nada de derechos para gordas ni chorradas de esas.

No voy a entrar en si las gordas somos bellas o no, me parece una chorrada: unas lo son, otras no. Tampoco voy a entrar en lo de si la moda debería ir adaptándose a los cambios que están produciéndose en la población, o de si los estándares de belleza difundidos por los medios de comunicación deberían ser más inclusivos y basados en la realidad. Podría, claro, pero es un tema muy tocho y no tengo el chichi pa farolillos* estoy para disquisiciones filosóficas.

El punto que me ha llamado la atención de todo este asunto es que se comenta poco que el señor Ficht este igual tiene lo de "el derecho de admisión", lo que viene siendo "es mi empresa y yo decido qué produzco o no produzco, según me viene en gana, y no quiero producir camisetas más grandes que puedan llevar las gordas. He dicho y por la tripa te corre un bicho".

A ver, que sí, que queda feísimo que este señor dijera lo de que no quiere hacer ropa para gordas así, tal cual. Qué indignación, oh, sí. Me imagino a hordas de gordas (badabumtchisss) frunciendo el ceño indignadísimas, mientras buscan en Google lo del señor Fitch este. Supongo que debiera haber sido más polite hace seis años y que hubiera echado la culpa del tallaje a su "estrategia empresarial" pero la cuestión es que, como dice la oronda bloguera estadounidense Jes ‘The Militant Baker’ (lainformacion.com dixit) la exclusividad es un principio del marketing que puede resultar muy provechoso. Otra cosa es si esa falsa exclusividad de ropa de consumo rápido algo snob se torna en contra de la marca pero, oye, es una estrategia de marketing tan buena como otra cualquiera.

De todo este asunto a mí ahora me interesa una cosa: saber cómo va a influir esto en la cuenta de resultados de la marca. ¿Cuántas personas de talla M se habrán indignado ante las declaraciones de este señor y nunca más volverán a comprar nada? Si hasta ahora no tenían tallas para gordas ¿qué efecto puede tener una Plataforma de Gordas contra Abercrombie and cómo se llame? ¿Tres camisetas menos al año?

¿Por qué ha habido tanta indignación? ¿Qué diferencia hay entre decir "no quiero hacer ropa para gordas" y no decir nada y tener como talla máxima una talla 40?


lunes, 27 de mayo de 2013

Dormir

Quiero pensar que es cosa de la primavera, que me sienta fatal, históticamente, pero no estoy bien. Podría liarme a explicar mil posibles razones: que si el trabajo, que si la gordez, que si no duermo bien, que si el estrés, que si el desamor, que si los quereres... psche... pues como todos, qué aburrido. Pero no estoy bien, por resumir.

Sólo tengo ganas de dormir. En cualquier momento del día en lo único que pienso es en quitarme los ganchos y la coleta, los zapatos y los calcetines, y meterme en la cama. Y dormir. 

Fantaseo con mi cama. Con mis almohadas y mi edredón. Me visualizo durmiendo plácidamente durante horas. Hasta me imagino el hilillo de baba que hace roncha en la sábana... Intento recordar cuándo ha sido la última vez que he dormido seis o siete horas seguidas y me pongo de mal humor. Me juro y me perjuro que esta noche va a ser diferente...

Luego llego a casa, tengo un millón de cosas que hacer, me lío, me lío... y se me olvida lo que he estado deseando todo el día.

Y cuando me meto en la cama es peor. Me duermo, me despierto un par de horas después. Doy mil vueltas. Me levanto. Vuelvo a acostarme. Me levanto de nuevo. Me duermo un rato. Me despierto. Y me muero porque llegue la hora de levantarme, más que nada por hacer algo. Pero, conceptualmente, sólo tengo ganas de dormir, de estar en la cama en penumbra, sin escuchar nada, sin pensar en nada. Sólo dormir.

Y no puede ser, porque tengo muchas cosas por hacer. Cáspita.*





Hola, anónimo comentarista del post anterior. 

jueves, 23 de mayo de 2013

Lo de la blogocosa

El últimos post me ha dejado un poco abrumada. Me he quedado con la sensación de que no he sabido explicarme nada de nada. 

Vaya por delante que agradezco mucho todos los comentarios, las cosas tan bonitas que dicen, con diferentes grados de achuchón teteril included. No se me enfaden los que no, es que a algunas de las personas que pasan por aquí de vez en cuando las quiero locamenti, del amor ese que te hace abrazar fuerte cuando te ves, porque te ves poco.

Mi intención no era, en absoluto, abrir la caja de Pandora para que me dijeran a mí todo eso. No quería provocar un panegírico blogueril, ni mucho menos.

Y se lo agradezco, mucho, OJOCUIDAO, pero era justo lo contrario. El post anterior quería ser un empujoncito para que dijeran cosas a otros blogueros, cosas bonitas que normalmente no les dicen, por las razones que sea. Quería ser un estímulo para que sacaran la patita esas personas que leen pero nunca dicen nada, pero no aquí, necesariamente, sino en los blogses que leen y en los que no se manifiestan. Y es que yo quería que otras personas que se quejan amargamente de que nadie les lee, que nadie les dice nada, se sintieran bien en la blogosfera de vez en cuando.

Sólo eso.

Pero, mira, ha servido para que salgan a la luz algunos anónimos, que espero que vuelvan a aparecer alguna vez.


Joder, qué bonita es toda esta mierda de la blogocosa...


martes, 21 de mayo de 2013

Díselo

Hay muchos tipos de blogueros. Supongo que tantos como personas que escriben un blog.

Todos, sin excepción, todos, escribimos para los demás, en segunda, tercera o décima instancia pero escribimos para los demás, Y quien diga lo contrario, miente. Cuando alguien escribe sólo para sí mismo escribe en un procesador de texto, no en un blog. 

Para mí, decir que escribo para los demás significa que, aunque escriba como/lo que/para/cuando/... me salga del toto, espero que los demás me lean. Bueno, no, en realidad no. No espero que me lean, espero motivar lo suficiente como para que quien me lee se manifieste mínimamente: un comentario, una mención en Twitter, un correo... No nos engañemos, amigos, es importante saber que hay vida al otro lado. Y si esa vida, las personas que se esconden tras los nickscksck, molan, es la repanocha. ES UN SUBIDÓN. Y ahora no me vengan a decir que esto sólo me pasa a mí porque no me lo trago. Si hay algo que no soy es rarita y morena de piel. Esto nos pasa a todos.

Yo todavía no me repongo cuando me doy cuenta de que hay otras personas que me leen. Me sigue alucinando que haya gente que me mande correos comentando los post. Me parece glorioso que alguien se tome unos minutos para leer lo que escribo y comentar. Es alucinante. Y, quiera o no, determina cosas. A veces me condiciona, a veces no, pero determina.

Con y sin esta determinación, yo escribo para mí, sí, pero también escribo para las personas que, incomprensiblemente, me leen. Porque yo tengo mucha suerte: hay personas que me leen y personas que comentan. Lo agradecería uno por uno, cada vez, porque ha significado y significa mucho para mí pero quedaría de un moñas que flipas ¿no? así que vamos a dejarlo en un gracias, chavalada.

En fin, a lo que iba, que sería muy largo y aburrido explicar a qué viene este post, no me apetece y ya me está quedando demasiado raro*.

Concluyo con una petición. Nunca te pido nada así que hoy voy a tirarme a la piscina. 

Quiero pedirte a ti, lector, que hoy, cuando puedas, cuando tengas un ratito, copón, que es un par de minutos, no me cuentes milongas, comentes en alguno de esos blogs que lees todos los días, uno de esos que sigues desde hace años. Dedica unos minutos de tu tiempo a esa persona que tan buenos y malos ratos te ha hecho pasar, a esa por la que te preocupas un poquito cuando notas pocha, a esa de la que te acuerdas, aunque sólo conozcas su nick, cuando escuchas una canción que ha colgado en su blog, o ha comentado un libro, a esa que te cae bien sin conocerla, a esa que crees que conoces porque lees su blog. Dile algo bonito.

Me gustaría poder hacerte un poco de chantaje emocional diciendo que se lo debes pero es mentira, no le debes nada, coges lo que te da, es gratis, está disponible, es para ti.. Así que sólo me queda apelar a tu buen rollo y tu blogocosidad: dile algo.

Esa persona escribe para sí misma, sí, pero también escribe para ti. Y quizás signifique mucho para ella saber que estás al otro lado en carne presente.

Díselo, coño, que no cuesta tanto.


* El post, yo no soy rara.