martes, 16 de abril de 2013

Intuición nocturna

Tengo muchos superpoderes mierder. MUCHOS. MUCHOS. Pero el que más me gusta es la intuición nocturna. Casi siempre.

Este nombre no es mío, es de un hombre que necesita encender la luz a las doce del mediodía para mear aunque esté la persiana subida. Que si no no se aclara, dice.

Resulta que no entiende que yo no encienda la luz de noche para hacer cosas, por ejemplo. "No me hace falta", respondo. Sé dónde está el baño y yo sí sé mear de memoria; sé dónde están la cerveza, el agua y los vasos; sé dónde guardo los pañuelos de papel, las servilletas, el papel higiénico; sé dónde está la ropa; sé dónde están los condones, las toallitas de papel, el cargador del móvil, las toallas, las gafas... porque es mi casa, soy un topo y tengo que dejarlo todo siempre en el mismo sitio para encontrarlo fácilmente sin lupas. Me he acostumbrado a hacer cosas sin luz, así que ando por casa en penumbra, a menos que me haga falta, que para eso está.

Tiene su mérito, no crean, porque otro de mis superpoderes miérder es que soy un Pigpen del caos: por donde paso se crea un desastre cósmico de dimensiones épicas.
Llevo el caos en el ADN y se me sale por los poror. Moscas no. Caos.

Así que, para compensar ambos superpoderes miérderes procuro dejar las cosas en el mismo sitio, que es la única manera de encontrarlas luego pero, claro, eso no quiere decir que será lo único que deje. Es posible que tenga que buscar las llaves del despacho, que los fines de semana están dónde siempre, entre tickets de compra, un foulard, unos auriculares, unos flyers, unas gafas de sol, un paquete de chicles, un mechero que alguien ha olvidado, un lápiz de labios, una lima de uñas... por poner un ejemplo al azar EJEM. Pero las busco a oscuras porque sé que están ahí. Donde siempre.

Pero no es sólo eso. Es como si tuviera un radar o algo así, porque mi superpoder me acompaña incluso cuando no estoy en casa. Es como si fotografiara mentalmente el espacio donde estoy para encontrar luego las cosas a oscuras. Que falla a veces, claro que sí, pero pocas, las suficientemente pocas como para que llame la atención.

Falla, sobre todo, cuando no estoy sola y alguien cambia las cosas de sitio o deja más cosas que no controlo donde sé que antes había algo. Qué mal me estoy explicando...

Pongamos, un suponer, que una deja un antibiótico encima de la mesita de noche para tomárselo cuando suene la alarma. Y pongamos, un suponer, que a otro alguien se le suelta un botón de la camisa y lo deja encima de la mesita de noche cuidadosamente para no perderlo Y NO LO ANUNCIA. Y pongamos, un suponer, que suena la alarma, una alarga la mano a la distancia exacta donde esta el antibiótico, lo coge, se lo toma y bebe un poco de agua para tragarlo.

Y pongamos, ché, un último suponer, el otro alguien enciende la luz para coger el botón y guardarlo en la cartera. Y sólo encuentra un antibiótico y un vaso vacío.

lunes, 15 de abril de 2013

Gente nueva

Hay personas a las que les gusta mucho conocer a gente nueva. A mucha gente nueva. A mí no.

No se preocupen, no voy a decir eso de "es que soy asocial" o "soy bipolar" o alguna pollada de esas. No lo soy. Soy una mujer simpática, divertida, ocurrente, inteligente, con sentido del humor y todas esas chorradas. Si estoy de buen humor soy una compañía excelente. Y me encanta pasar tiempo con las personas a las que conozco y con las que comparto cosas. Adoro pasar tiempo con las personas a las que quiero. Pero conocer gente nueva no es uno de mis intereses vitales. Me da una pereza de morir.

Me doy cuenta de que suena a paleto total pero, qué quieren que les diga, a estas alturas de la vida, me la pela. A dos manos y sin dientes.

Conocer gente nueva con la que comunicarse habitualmente significa que una tiene que releer los correos que envía varias veces, porque si no siempre hay alguien que se ofende y hay una interminable lista de correos explicando que no es que una sea borde (o, al menos, no lo pretendía en esta ocasión) es que una dice lo que tiene que decir y punto.

Conocer gente nueva significa que una tiene que andar explicando sus prioridades, sus gustos y sus preferencias, y también que una no tiene tiempo para tonterías ni para pasarlo haciendo cosas que no le apetecen o no le gustan. 

Conocer gente nueva significa que una tiene que explicar una y otra vez que no significa no, no "a lo mejor, si me doras la píldora lo suficiente" o "hasta que no me lo digas ochocientas veces no me doy por aludida" o "no te he oído las primeras quinientas veces".

No me gusta conocer gente nueva, creo que ya lo he dicho. Y, a pesar de que lo tengo tan claro, sigo metiéndome una y otra vez en historias que no hacen más que traer personas nuevas a mi vida, personas a las que no tengo ganas de hacer ni un huequito pequeño, porque sé, de entrada, que van a perturbar mi karma.

Joder, qué rabia me da necesitar a otras personas a las que no conozco ni tengo interés en conocer para hacer cosas...

miércoles, 10 de abril de 2013

El rosa es un color

El rosa es un color fácil, tranquilo, que se acerca despacito, te acaricia la espalda y sopla el chocolate cuando está demasiado caliente.

El rosa es un color dócil, sumiso, discreto, silencioso casi siempre, aunque por dentro tiene un volcán siempre a punto de estallar.

El rosa es un color frágil, que se rompe con el uso. 



martes, 9 de abril de 2013

Desconocidos

Es curioso como alguien que no significa nada especial en nuestra vida, que pasa fugazmente y desaparece, es capaz de decir algo que nos impacta y que no olvidamos, por muchos años que pasen. Es curioso cómo esas personas dejan una huella, quizás pequeña, pero la dejan. Para siempre.

A veces son cosas que nadie más nos ha dicho porque no quieren herirnos. Son cosas de esas que ninguno de nuestros amigos se ha atrevido a decir porque saben que nos harían mucho daño, y prefieren no hacernos pasar ni pasar ellos mismos por ese trago. Y luego viene alguien que no nos conoce, que no sabe el impacto que tendría para nosotros y lo dice, sin más, con la mejor intención. Y entonces esa persona que estaba destinada a ser fugaz desaparece pero deja ese dolor enorme, sin saber siquiera que lo ha causado.

Otras veces son cosas que nadie nos dice porque las dan por sabidas. Nuestros amigos no nos dicen que esto no está bien o que esto está fenomenal porque piensan que somos suficientemente listos para darnos cuenta pero ¡eh! es difícil valorarnos a nosotros mismos en su justa medida. Y entonces viene alguien desconocido, nos dice tal o cual cosa, ignorantes de su repercusión en nuestro celebro, lo recibimos como una aparición de la mismísima santa madonna, esa persona desaparece y nos deja un mensaje divino que sabemos que es cierto, aunque nadie nunca nos lo había dicho y flipamos en colores y meamos unicornios.

Podría parecer que una se deja llevar por la opinión de cualquiera porque no tiene personalidad. No diría yo eso, aunque también podría ser, quién sabe. A lo mejor una se vuelve impresionable con los años.

No sé.

Es curioso cómo un desconocido puede acertar de pleno en el que creemos nuestro secreto más sagrado. O eso o que en el fondo no somos tan diferentes y acabamos repitiéndonos.

miércoles, 3 de abril de 2013

Miedo en el cuerpo

Mi frágil y delicado cuellecito pende de un hilo en el trabajo. No es que tenga una espada de Damocles encima, qué va, tengo el Octubre Rojo en posición de ataque, capitaneado por Kim Jong-Un después de un día de farra. Que igual es la semana que viene que dentro de tres meses que dentro de seis pero es inevitable. Como mear p'abajo. Qué alegría ir a trabajar todos los días a partir de ahora ¿no?

Igual parece que trivializo o me burlo de lo de no tener trabajo. Pues sí, pero es porque, después de haberlo deseado con gran intensidad durante más de cuatro años, que me despidan ahora hace que me cague viva. VIVA. 

Hasta que empecé en este trabajo de mierda que yo misma elegí, dejando un puesto fijo e indefinido en otro sitio al que no puedo volver, nunca había tenido miedo de estar en el paro. Es más, creo que en 17 o 18 años sólo he estado dos o tres meses en el paro, stricto senso. He estado algunos meses sin trabajar, pero coyunturalmente y sin que me diera tiempo a preocuparme: era más joven, tenía opciones, el mercado laboral se movía, hacía otras cosas. 

Ahora no. Yo no tengo opciones. Casi nadie tiene opciones. Y eso me aterra, conceptualmente. Porque, al margen del miedo que me da pensar que de qué voy a vivir, me aterroriza saber que tengo tanta competencia, tan joven, tan preparada, tan echá p'alante, tan desesperada, y que voy a tener que dejarme la vida otra vez. El tan esperado anuncio explícito de "esto no puede seguir así, vamos a hacer recortes y tú vas a ser uno de ellos porque los demás son más necesarios" ha hecho que me cague viva. VIVA.

Sé que no soy la única pero cada uno lleva lo suyo. Y no puedo evitar pensar que vaya mierda, que no va a valer para nada todo el esfuerzo que he hecho en esta empresa, todo lo que he aportado. Porque, fíjate si soy retarded, responsable y toda esa mierda que, a pesar de todo, me he dejado sangre, sudor y lágrimas, y no van a valer para nada. No valen para nada.

Y voy a tener que empezar desde el principio, cagonlapenanegra. Como tantos otros, sí, pero es que cada uno lleva lo suyo.

Y me da una pereza y un miedo que me cago viva. VIVA.