jueves, 14 de marzo de 2013

Juntos



Era joven y no tenía prejuicios. Sobre nada. 

Le quería y no le importaba demostrarlo, no le importaban sus amigas y no le importaba “el qué dirán”, ni estaba pendiente de si les observaban. 

Rompió con todo y no miró atrás. No esperaba que nadie le intentara convencer de que no lo hiciese y siguió su camino. Junto a él. 

Han pasado muchos años y todavía siguen unidos. A pesar de las dificultades, o quizá gracias a ellas, siguen queriéndose como el primer día. Sin nadie que les diga cómo hacerlo. 

Y todavía un escalofrío recorre su cuello cuando, a solas, piensa en su vida pasada, en sus abrazos, en su voz. En su vida futura. 

Juntos.


Isi H.

martes, 12 de marzo de 2013

De lo nuevo que en realidad es viejo

Hola, soy Sil. Gordi y yo nos hemos intercambiado los blogses por este día porque la amistad y la confianza tienen esas cosas. Pero eh, un momento, ¡no se vayan! Denme una oportunidad, che. Que ya sé que ella cuenta las cosas mucho más mejor, pero igual ¡hasta les gusto! ¡Un poquitito! ¿No? En fin, voy a intentarlo… 



Hace poco vi una película llamada “El atlas de las nubes”. No voy a entrar en detalles, sólo diré que tiene seis historias, cada una de ellas ambientada en una época distinta: 1849, 1936, 1973, 2012, 2144 y 2321. Os la recomiendo, es una película de ciencia-ficción interesante.

Es curiosa la ciencia-ficción. Las películas de hace cuarenta años vaticinaban que a estas alturas de la historia todos conduciríamos coches voladores vistiendo trajes plateados. Ignoro qué deparará realmente el futuro: tal vez las actuales ciudades estén semienterradas de aquí a dos siglos y en su lugar haya otras con edificios sustentados por paredes táctiles. El caso es que la película me hizo pensar sobre la posible evolución del mundo, rollos apocalípticos aparte, y al volver a la realidad me alegré de algunas cosas.

Por ejemplo, del efecto pendular de las modas: el otro día, un colega subió a su Facebook una foto de su nuevo teléfono. Cuando todos esperábamos esto:
Lo que vimos realmente fue esto:

  

Dejando a un margen lo poco práctico que es un teléfono de este tipo frente a la multifuncionalidad del otro cacharrito, me resultó esperanzador que alguien mirara al pasado una vez y rescatara una cosa que siempre tuvo su encanto, al menos para mí. El sistema de la ruedecilla me entusiasmaba, me pasé media infancia simulando llamar a gente sólo por darle a la ruedecilla. No sé si un psicólogo tendría una explicación a eso, pero así era. En cualquier caso, me pareció maravilloso que entrados en 2013 un colega instalara en su casa un teléfono de cuando todavía no había nacido.

Siempre soñé tener uno como éste…


Cuando empezó a editarse música en formato digital, desaparecieron los LP de las tiendas, ¿os acordáis? Pero luego volvieron. Porque en el fondo, la escucha de un buen disco implica varias cosas: 
  1. El ritual de sacar el disco, pasarle la esponjilla, soplar con mimo las motas de polvo, colocarlo en el giraplatos, limpiar la aguja y posarla a cámara lenta sobre la superficie del disco; 
  2. Escucharlo de principio a fin, sin saltar el orden de las canciones y sin repetir en plan bucle la que más nos gusta, y 
  3. La crepitación que produce el roce de la aguja sobre el vinilo, de fondo durante la música, y absoluta protagonista entre canción y canción. Ningún sistema digital con dolby surround estará nunca jamás a la altura de eso. 

Qué decir de las gafas de sol modelo Wayfarer o Aviator (tan de moda en los cincuenta y en pleno auge otra vez), las sneakers (calzado deportivo ochentero por excelencia), los seiscientos/minis/escarabajos restaurados que se dejan ver por ahí de vez en cuando, los hogares que combinan las últimas tecnologías con el encanto de los muebles antiguos con una manita de pintura o el éxito de las ferias o mercadillos de libros cosidos con hilo y de tapa dura forrada en tela. 

¿Realmente habrá un momento en que todo eso dejará de existir? ¿Alguien de las futuras generaciones hará ganchillo? ¿Seguirán yendo al mercado a comprar los productos frescos o será todo 100% precocinado? De aquí a cien años, ¿alguien sentirá el placer de escribir a mano con una buena estilográfica?

Mientras me entran tentaciones de volver a escribir esto con la Olivetti de mi madre, deseo que nada se pierda para siempre. Incluso aquello que, aparentemente, ya no sirva. Nunca se sabe…

viernes, 8 de marzo de 2013

La mala suerte

La suerte.

Joder, vaya concepto de mierda.
Suerte.
(Del. lat. sors, sortis).
1. Encadenamiento de los sucesos, considerado como fortuito o casual.
2. Circunstancia de ser, por mera casualidad, favorable o adverso a alguein o algo lo que ocurre o sucede.

La suerte.

No me gusta nada lo de la suerte, ni la mala ni la buena. Precisamente por lo de la casualidad. No me parece justo. No me parece bien, conceptualmente, que la casualidad, que algo fortuito, tenga tanto poder, todo el poder.

Porque al final es eso: si uno tiene suerte, de la buena, puede tenerlo todo. Si no, caca.

Hay por ahí frases de esas autoayudantes que dicen cosas como la suerte se la construye cada uno y todo eso. Y probablemente tengan razón. A veces, sólo a veces, uno crea su destino, crea su suerte. Pero, ¿qué pasa con esos que no saben que tienen que constuirse una suerte además de una carrera profesional, una familia, una red de relaciones sociales, un patrimonio, una salud, un refugio para el futuro...? ¿Qué pasa con esos pobres diablos que no tienen la habilidad o la capacidad suficiente para construir nada, y menos una suerte?

Esos son los parias de la tierra, los perdedores, los garbanzos negros.

Son el lastre.

Porque su mala suerte, forjada tras infinitos encadenamientos casuales, a cual más desenfocado, son un peso en la mochila para los demás. Porque uno que tiene mala suerte y no sabe que tiene que construir la buena necesita siempre a otros para salir de la mierda. Porque provocan una tristeza y una desazón constantes. 

Son el lastre.

Y lo peor es que no suelen tener mala intención, ni malos pensamientos. Sólo tienen mala suerte.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Crisisdequetecagas

Cuando una vive sola su casa es su castillo. En mi caso, tengo un control absoluto sobre suministros y consumibles. De manera natural. Teniendo en cuenta todas las variables, sé exactamente para cuántos días me queda champú, pasta de dientes, cerveza, leche o Colacao. Otra cosa es que me acuerde de comprar y tenga que robarlo del trabajo o de casa de mis padres pero, eh, sé cuándo va a acabarse. Control absoluto. 

Yo vivo estructuralmente sola y estoy coyunturalmente acompañada durante la semana. Tiene ventajas, claro: no hay discusiones tontas, no hay enfados por las pequeñas cosas diarias, no hay malos rollos, hay mucho sexo y muy bueno... Es perfecto. Bueno, no, es una mierda pero tiene cosas buenas. Y debería ser perfecto, pero no lo es porque dejo de tener control absoluto. Y esto provoca crisis. Grandes crisis. CRISIS DEQUETECAGAS.

Y la culpa la tienen los rollos de papel higiénico de Scottex.

Podríamos decir que los rollos de papel higiénico de Scottex son mi némesis, mi archienemigo mortal.

Duran menos. En serio, es un hecho: duran menos que los del mercaseñora. Y eso es un problema porque una piensa que tiene suficiente para llegar al día siguiente con dignidad. Justito pero con dignidad. Mira el rollo de papel higiénico recelosa, se debate entre hacer una visita de urgencia al badulaque, por si acaso,. Una remira el rollo de papel higiénico y lo ve lozano, mullidito, prometedor... una no recuerda que es un rollo de Scottex* porque no lo pone en ningún jodido sitio en granded y con colores y decide que tiene suficiente hasta el día siguiente. Es más: hay para dos días, qué coño.

Y no. Porque es un rollo de papel higiénico de Scottex, su némesis, su archienemigo mortal.

Con este recuerdo aparentemente banal en lo más recóndito de su celebro, una va haciendo cosas mientras mira la vida pasar.

Y entonce aparece la compañía coyuntural y lo primero que hace es ir al váter.

Y luego se suena los mocos.

Y luego vuelve a ir al váter. Que una piensa, ya medio constreñida "no sabia yo que este chiquito tenía el tránsito intestinal tan suelto, pobre".

Y, de vez en cuando, una mira el rollo de papel higiénico y así, como quien no quiere la cosa, saca un paquete de pañuelos, lo deja sutilmente encima de la mesa y dice "aquí tienes pañuelos de papel, cari, no hace falta** que uses papel del váter".

Y él vuelve a sonarse los mocos con papel del váter.

Y así hasta el momento de terror que tanto temíamos, amigos:

Nena, se ha acabado el papel. ¿Dónde lo guardas?

Crisis.

- Pues no hay, fíjate. Quedaba poco y te lo has sonado todo, joder, que hace una hora que te he dejado un paquete de pañuelos de papel encima de la mesa y no has dejado de hacer viajes al váter, coño, qué manera de cagar y de tener mocos...

- Eh, no te pongas así, que no pasa nada, usamos servilletas de papel.

- Pues ya me contarás qué gracia.

- Si quedaba poco, ¿cómo es que no has comprado más?

- Porque no tenía ganas de volver a vestirme porque hace frío, no te esperaba y, la verdad, pensaba que tenía suficiente. Estaba gordito hasta que has llegado. ¡GORDITO!

- Ah, que es Scottex.

Bien. Igual hemos exagerado. Tampoco fue una crisis tan grande.


* Hola, señor Scottex.
**  No hace falta. ¡NO HACE FALTA!

viernes, 1 de marzo de 2013

De los preguntones

Hay dos tipos de personas: las que buscan en Google cuando quieren saber algo y las que preguntan a otro para que busque, se lo resuma y se lo cuente. 

Hace unos días recibí un correo de un amigo a las 9:43 de la mañana:
Amigo Hola Gordipé, ¿recuerdas lo del blog? Pues estoy mirando en blogger, pero no te ofrece la posibilidad de poner muchas cosas, por ejemplo, no puedo poner botonera tipo ¿Quién soy? y poner unas líneas y debajo el cuerpo del post... ¿cómo has montado el tuyo? Gracias ;*
Gordipé Hola. Sí se puede. Tienes que añadir una página a la plantilla. Utiliza una página para (blablabla...), y otras páginas para poner el ¿Quién soy?, Te recomiendo que (blablabla...). Mira, lo mejor es que busques un tutorial o algún post sobre cómo crear blogs en Google, y lo miramos esta noche.
Amigo No lo encuentro.
Gordipé No me lo creo. Ahora no puedo pararme a explicarte cómo hacer un blog. Busca un tutorial en Google y prueba cosas, familiarízate con la herramientas antes de hacer algo definitivo. Hablamos luego.
Amigo ya he creado el blog pero he hecho algo mal y ahora no me deja poner el título que quiero, sabes qué puede pasar?
Gordipé Pues desde aquí, no. Sin saber qué has hecho ni cómo lo has dejado, no. Pueden pasar muchas cosas. Ahora no tengo tiempo de mirarlo. Si tienes dudas busca tutoriales en Google y lee post para aprender más cosas.
Amigo Gordipé, para insertar un archivo pdf al post, hay alguna manera?
Gordipé No.
Amigo pues vaya cómo se crea una url?
Gordipé ¿Has hecho la búsqueda en Google? Cualquier cosa que se te ocurra buscar ya la han buscado y solucionado otros. ¿Has entendido que no puedo dedicarme ahora a esto?
Amigo pero es muy difícil???
Gordipé Pues depende, ¿cuánto crees que me costaría a mí aprender a tocar Smooth on the water al piano como tú si me lo explicas por aquí?
Amigo joder, que diíta tenemos...
Amigo es un tío estupendo. En serio. Algo lers con las cosas de los ordenadores pero estupendo. El pobre pagó en un momento el mal rollo del día pero, sobre todo, pagó las miles de preguntas del becario cuando no sabe qué significa una palabra mientras lee un periódico digital; de mi padre, cuando no encuentra un correo porque no recuerda dónde lo ha guardado; de mis amigas, cuando les aparece un filete en un word que no pueden quitar; de la hijaputa; cuando no puede enviar un archivo de 10 megas... 

Ya digo, es buen chaval pero preguntó en el momento equivocado. O preguntó, simplemente. Porque la cuestión es que a veces siento que soy la única que sabe que existe Google como primera, segunda, tercera y enésima opción antes de dar por culo al personal. 

No me entiendan mal. Me gusta explicar cosas. Me gusta explicar cómo funcionan las cosas, el por qué de las cosas. No es que sea especialmente lista ni nada de eso, pero soy de las que intentan saber cosas.

Mira, igual es cosa de bordería, pero es que no puedo con la falta de ganas de aprender cosas. Ni con la gente para la que resulta más fácil preguntar a otro a ver si le soluciona fácil el problema que intentar buscar una solución por sí misma. No puedo.

Y luego la rubia soy yo.