lunes, 11 de febrero de 2013

O

Creo que estoy en unos de esos días.

De esos que tengo tantas cosas que decir que no sé por dónde empezar, empiezo ocho post y no puedo terminar ninguno porque soy incapaz de argumentar de manera coherente. Que a ver si va a ser que ya he gastado toda la inspiración. ¡AY! ¡A ver si va a ser!

O eso o una sonda alienígena que me introdujeron unos hombrecitos verdes en la abducción de 1996 se ha quedado atascada en algún sitio, impidiendo el flujo natural de las conexiones neuronales de ida. 

O resulta que estoy tan cansada que no tengo ni ganas y además me asusta darme cuenta de que cada vez cometo más faltas, en un claro y científico proceso de benjaminbutización intelectual y que me da vergüenza. Que hoy he escrito "berde".

O a ver si va a ser que lo que me apetece de verdad es poner a parir a la mamarrachada que nos gobierna  porque me tienen de un mal humor que no se me quita de encima pero no tengo ganas de hacerme más mala sangre. Porque lo que me pide el cuerpo es desear que mueran, tal cual, que desaparezcan del mapa.

O puede que me dé tanta rabia no saber cómo contar según qué que estoy bloqueada.

O que me he quedado sin ideas para contar cosas. O ya no me pasan cosas. O ya no me gustan las cosas que me pasa. O ya no me pasan cosas que me gustan. O ya no me gusta que me pasen cosas que no sé si me van a gustar. 

A lo peor es que me he pasado Internet o ya no me queda nada que decir. 


jueves, 7 de febrero de 2013

Sospecho

Pues me pasa una cosa. Sospecho. 

Llevo meses sospechando. Malpensando. Flagelándome por malpensar. Felicitándome ante cada evidencia, por pequeña que fuera. Sintiéndome mal por seguir sospechando. Y, oyes, me está matando.

Resulta que me muero de ganas de contar una cosa a los doce vientos pero no puedo. Que no es que no pueda aquí (que tampoco: es muy largo y difícil de contar y no tiene gracia ni nada), es que no puedo en el mundo carnal. A los implicados en la sospecha porque puedo liar un pollo del cáguense en dos tiempos que me joda la vida y a los no implicados porque no creo que me entiendan (excepto Sil, ella creo que sí me ha entendido), y eso me jode infinito.

La cuestión es que es una sospecha. No tengo pruebas. No sé cómo demostrarlo. Ni siquiera sé si quiero estar segura de nada. Preferiría no saber, pero no saber nada.

Sospecho que una persona lleva meses haciendo una cosa digamos... no sé cómo explicarlo... perjudicial para otras. Durante muchos meses. No es algo vital, nadie corre peligro, pero es una putada como un camión. Como digo, no tengo la fuerza de la prueba y no había dicho nada a nadie en todo este tiempo. Me lo había quedado para mí, ahí, jodiendo. Creo que es el único secreto de verdad que he tenido en mi vida, que no le he contado a nadie de nadie, ni siquiera en el blog. Y fíjate, ni siquiera tiene que ver conmigo. 

Supongo que me lo había callao porque pensaba que era una sospecha basada, fundamentalmente, en el asco que me da esa persona. Que si decía algo iba a ser incapaz de explicarme sin que trascendiera la repulsión que me provoca y eso iba a hacer que mi exposición de los hechos perdiera fuerza y credibilidad. Que decirlo en voz alta sólo podía ratificar que todo era fruto de mi imaginación. Creo que me daba miedo pensar que se me estaba yendo la cabeza.

Hasta ayer. 

Resulta que no soy la única que sospecha. No soy la única que se ha dado cuenta de movimientos extraños. Es más, no soy la única que está dando vueltas a este tema desde hace meses.

Descubrir que no estoy sola en esto me provoca sentimientos encontrados: o soy menos hijadeputa de lo que pensaba y es que realmente canta demasiado, lo que me alivia un poco porque me da la sensación de que mi percepción no es errónea y no estoy loca de atar; o la otra persona es igual de hijadeputa que yo, que también me alivia un poco porque, oyes, mal de muchos...

Lo que pasa es que compartir esta sospecha ha abierto la caja de Pandora. Es como si mi celebro dijera "eh, que no estás loca, los demás se han dado cuenta, coméntalo y sal de dudas". Y me muero de ganas de largarlo todo el rato, de saber si hay más como el otro hijodeputa* y yo.

Hace un par de días, por primera vez, verbalicé todo lo que sospechaba pobre Sil. Como esperaba, sonó todo más ridículo y surrealista de lo que era en mi cabeza. Si cabe.

Y ahora me da miedo que, una vez abierta, la caja de la Pandora esa no sea capaz de contener la sospecha, se me escape algo y no poder controlar las consecuencias.

Ay.



* Desde el cariño, siempre desde el cariño.

martes, 5 de febrero de 2013

Querida Elena, dos puntos

Querida Elena:

Ante todo, quiero felicitarte por tu programa.

Te escribo para comentarte un problema que tengo y espero que tus oyentes me ayuden a tomar una decisión. En realidad no es un problema que tengo yo, es un problema que creo que tiene un amigo, aunque él no sabe que lo tiene.

Ay, que me lío.

Resulta que tengo un amigo que siempre ha tenido buenos trabajos. Como tantos otros, con esto de la crisis y las comparecencias por televisión se ha quedado en el paro. Como es un tío inquieto y es consciente de que en los tiempos que corren hay que ir a buscar las oportunidades y que casi todas están en la interné, lo primero que ha hecho para encontrar trabajo es abrir un blog, una cuenta en Linkedin, otra en Tuiter y otra en Facebook. Y lo hace todo mal en todas, el pobre.

Este no es el problema. El que él no sabe que tiene. 

La cuestión es que no sólo me he dado cuenta yo, es que hay varias personas que me han dicho que lo hace mal. Que se está vendiendo como experto en comunicación on line y se nota que no tiene ni idea. Esas personas podrían ser un buen contacto para él pero como está metiendo el remo hasta el corvejón, pues no lo van a ser. Un drama.

Y ahora es donde viene mi problema. Voy rápida para no ser pesada.

Resulta que siempre que me ha pedido opinión y se la he dado no ha estado de acuerdo y hemos acabado discutiendo. Así que yo me mosqueé la última vez y le indiqué cariñosamente el agujero oscuro y profundo por dónde podía meterse sus consultas ya que nunca me hacía ni caso, que allá él mismo con su mecanismo y que se la picara un pollo o similar.

Y ahora me veo en la difícil tesitura de quedarme en silencio, dejando que siga cagándola diariamente, perdiendo oportunidades laborales. Contenida y doliente. Callá, tol rato. O tragarme el orgullo y, aún a riesgo de que me mande a escaparrar, decirle qué hace mal y cómo debería proceder para que, al menos, no cantara tanto la metida de pata.

Me encuentro en un sinvivir. ¿Qué hago, querida Elena? ¿Mantengo la decisión de no decirle nada y veo cómo se hunde o se lo digo, arriesgándome a quedar como una bocachanclas y una metomentodo?

Quedo a la espera de las respuestas de tus oyentes.

Siempre tuya,

Amiga verdadera

domingo, 3 de febrero de 2013

Canciones bonitas II

Quiero ser lo mejor que le ha pasado a alguien en la vida. No pido tanto.

   

Ray Lamontagne You are the best thing

viernes, 1 de febrero de 2013

De la soledad al porno

Digo a menudo que me siento sola. Es curioso, porque me paso el día rodeada de gente, a veces incluso de gente con la que me gusta y elijo estar.

Así que no es tanto una soledad física como... no sé cómo llamarlo... quizás lo que más se acercaría es que sufro de soledad intelectual: resulta que no tengo casi nada en común con las personas con las que comparto mi vida diaria. Y eso me pone muy triste. 

Mis amigas y amigos, esos de carne y pelos, esos con los que me relaciono con cervezas de por medio a diario, casi nunca saben de lo que hablo, de las cosas que me interesan. No consumimos los mismos medios, ni nos gustan las mismas series de televisión ni películas, ni nos interesan los mismos temas, ni nos llaman la atención las mismas noticias... Nada.

Hoy, por ejemplo, me ha impactado esta noticia:


Ostras. Ron Jeremy.

OSTRAS, OSTRAS, QUÉ RECUERDOS, RON JEREMY.

Pues nadie sabía quién era. Ni Asia Carrera, ni Belladonna, ni Rocco Sigfredi, ni Savannah, ni Nina Hartley... 

Porque, por supuesto, nadie ve porno. NADIE. Es más:
- Tú no verás porno, ¿no?
- Es asqueroso.
- Una tía tiene que estar un poco mal para ver porno.
- Es machista y degradante.
- Debería estar prohibido.
...

Y así.

Mientras escuchaba estas cosas mil imágenes se agolpaban en mi cabeza*: noches de risas, de sexo, de juegos, llamadas cómplices, placeres prohibidos... Han venido a mi memoria** glandes recuerdos. 

No he tenido fuerzas para argumentar. Para constatar que toda la vida de dios, desde que el mundo es mundo, ha habido porno, y será por algo. Que si hay tantísimos hombres y mujeres que producen productos pronográficos es evidente que la demanda es altísima, que se consume masivamente y no me creo que sólo por tuiteros salidorros. Que puede ser una escuela divertidísima. Que el sexo igual no es lo que hace mover el mundo pero, desde luego, es lo que le hace sudar.

No he tenido fuerzas y me he callado. Y me he sentido muy sola. De entre una docena de personas de mi edad sólo yo sabía quiénes son estas personas. He notado como el peso de la soledad intelectual caía sobre mis hombros y me tocaba la orejita diciéndome "eh, tú, que deberías estar acostumbrada a esto, espabila, chata". Pero no, sigue abrumándome y entristeciéndome notar que no comparto prácticamente ningún interés con las personas con las que me relaciono. 

Sin embargo, también me he dado cuenta de algo que a mí me parece positivo, porque me recuerda remotamente a lo que mi madre me decía que era la madurez. Supongo que será cosas de la mediana edad pero no me he sentido avergonzada, ni culpable, ni especialmente nada al admitir que, sí, hamijos, veo porno. No tiene por qué ser asqueroso si no quieres, no estoy mal, me parece machista y degradante unas veces sí y otras no y, claramente, no debería estar prohibido. No necesito el apoyo de nadie para reforzar mi opinión pero, a ver, nos engañemos, 8.400.000 resultados en Google no pueden estar equivocados.




* Siempre había querído escribir esta frase. Logro desbloqueado.
** Sí, esta también. Bonus track.