jueves, 19 de abril de 2012

Palabras que molan

Alergiólogo: ólogo de las alergias. O alergi de los ólogos.
Almóndiga: bola de carne de jamón.
Amarrón: acacado.
Autobusero: señor que conduce rebaño y mea en el San Miguel.
Cantinflora: recipiente para líquidos sostenible y ecológico. Y bonito.
Chotazo: buenorro con slip.
Clavegueram: aborigenismo que suena bien, escuchen: cla ve gue rammm.
Cloqueta: de bacalao.
Cocleta: ver cloqueta.
Curasán: ensaimada súper enrollada.
En concleto: xactamente.
Ferpecto: infosible.
Gelipollas: eso.
Golver: a o de algún sitio.
Gomitar: regurgitar los tres kilos de gominolas de por la tarde.
Guerido: abante gon bedo.
Gulo: consumismo obsesivo de traseros.
Icaroclasta: cabronoide que sólo se carga imágenes del de las alas, el sol y eso.
Inflante: postre empalagoso.
Mecreodeque: no.
Origami: papel doblado mientras se aprieta el culo.
Pedo: coger un.
Piquismiquis: porculero elevado a 3'14.
Poglema: problema, pero poco.
Polseguera: aborigenismo que también suena bien, fíjense, pol se gue ra.
Quenoseno: sustancia que no se sabe si va a prender cuando tu cena depende de ello.
Quicir: escucha, que no tengo ni idea de lo que estamos hablando, pa mí, como si debatimos sobre mecánica cuántica, pero voy a darte mi opinión aunque no me la pidas. Que lo que yo quería decir es...
Quiticir: quicir ya con mala hostia.
Recular: desdecirse porque antes se ha pensado con el culo.
Retulador: boli gordote para resaltar cosas.
Restorán: bar de Benidorm.
Retoñal: señor de mediana edad de Cuenca con canas y aspecto aniñado.
Silcompado: Sil acompasada.
Selucir: a alguien.
Tetas: mejor de dos en dos.
Tontolaba: ver gelipollas.
Vagabundebar: ir de bar en bar sin rumbo fijo.


Esta entrada está dedicada a Sil, porque fue su inspiradora en el Diario de una gorda triste y porque le quiero.

Pueden culpar de su recuperación a @MargaretCastor y a @mariamadrid.

(Original publicado el 9 de junio de 2010)

martes, 17 de abril de 2012

Geopardy mode on

¿Cuál es la pregunta cuya respuesta errónea es Angelo Mancuso?

Si aciertas la pregunta te amaré toda la vida. TODA LA VIDA.

miércoles, 11 de abril de 2012

¿Me se escucha?

Cuando un bloguero (o bloguera pero no empecemos con polladas) expresa sus dudas sobre lo que escribe es habitual leer comentarios del tipo "escribe lo que tú quieras", "sé tú misma" y esas cosas. Se dicen (las decimos) con esa condescendencia blandita que se escurre a veces por el teclado, cuando creemos que el escribidor necesita un empujoncito, un aliento. Son cosas de esas tipo "veeeenga, tontotorrona, si eres estupenda, hale, hale, ya pasó. Que lo haces fenomenal, es esto lo que necesitabas leer, ¿no? pues venga, sigue" Y nos quedamos más a gusto que un arbusto.

Estas cosas se dicen con buena intención pero pienso a menudo que quizás es más lo que le gustaría leer en su propio blog a quien las escribe y que el bloguero de turno, realmente, tiene dudas, y le vendría mejor alguna crítica constructiva o consejo sobre sus cuitas que un mensaje de aliento sin compromiso. Son cosas de la blogosfera: unos escribimos, otros comentamos, otros dan por culo trollean... pero, al final, es tan simple como que unas personas escriben al mundo las cosas que les apetece y otras personas las leen y opinan sobre ellas. Otras sólo las leen. Y, aunque parezca increíble, algunos, ni eso.

Se supone que un blog personal es una especie de diario en el que quien lo escribe cuenta sus experiencias, reflexiones o dudas y que, por tanto, no debe sentirse condicionado por lo que piensen o digan los demás. Sí, quizás debería ser así.

Sin embargo, no me negarán que cuando se escribe con la convicción de que alguien concreto puede leerlo se siente una especie de tensión en la sisa... como un tironcito en el... vaya, que cuando se sabe que otras personas con cara y pelos van a leer y comentar lo que una escribe, pues se piensa en ellas. Y cohíbe. A mí, al menos me pasa.

Esa es la razón principal por la que este blog ha dejado de ser para empezar a ser. No es que vaya a dejar de escribir, no es una amenaza ni nada de eso, qué va. Me gusta demasiado. Sé que sufriré el día que lo deje. No sé si será más pronto o más temprano pero sé que sufriré.

El caso es que sé, objetivamente, que este blog ha perdido parte de su esencia, lo que un día hizo que interesara a algunas personas que, decepcionadas, supongo, lo han abandonado. Sí, soy consciente de ello. Pero no voy a hacer nada por volver a lo que fue, porque eso ha terminado. Ahora es otra cosa. Y hasta cuando dure.

Lo malo es que no sé qué voy a hacer ahora.

lunes, 9 de abril de 2012

De las canas

Estoy de luto. Me han salido dos canas. En el pelo.

Cuando eres una señora de mediana edad sin canas y con un complejo de Peter Pan del tamaño de Asia la aparición de esos dos pelos blancos son un aviso de que, quieras o no, el tiempo pasa inexorablemente y tu decadencia ha empezado.

No me consuela que otros me digan que tienen el pelo blanco desde los 20 años, o que a todo elm undo le salen canas, o que sus canas a ellos no les preocupan. Sinceramente, a mí sus canas tampoco me preocupan, son las mías las que me porculizan.


Hellogoobye, Getting old.

martes, 3 de abril de 2012

De la vocación

Ya sé, por fin, qué me gustaría ser de más mayor. Sí, a estas alturas de la vida, convertida en una señora de mediana edad con aspecto de matrona siciliana renacentista y bragas de Hello Kitty. Que sí, que sí, en serio. YA LO SÉ.

Es curioso porque nunca he tenido la sensación de "estar hecha para algo". Porque, aunque no lo crean, hay personas que están hechas para algo, lo he vivido desde pequeña a mi alrededor, en casi todas las personas que conocía, menos en mí misma. Hay personas que están "hechas para algo". Vocación, lo llaman.

A veces me he sentido frustrada porque todo el mundo parecía saber lo que quería o esperaba de la vida menos yo. Incluso tuve una amiga que, a los 16 años, ya tenía perfectamente planificado hasta su segundo embarazo, a las 28. Y lo ha cumplido. No sé si el divorcio entraba en sus planes pero todo lo demás le ha salido redondito.

El caso es que yo nunca he sabido qué quería en la vida. He sido más bien de las que ha aprendido lo que no quiere a base de hostias, mientras aceptaba, de manera más o menos aborregada, las consecuencias de las decisiones que tomaba por el camino.


Nunca he buscado casa, por ejemplo. Las mudanzas han venido disfrazadas de oportunidades, a veces cómplices de un complejo de diógenes ya legenderio, otras purgantes y renovadoras.

Y en el ámbito laboral, he ido cambiando a medida que me iban llegando ofertas, a menudo envenenadas, que parecían mejor que lo que tenía o que pensaba que iba a ajustarse a lo que quería hacer más que lo anterior.

Siempre he sentido que no tenía una dirección, una meta. Quítenle el sentido pseudofilosófico finalista que parece que tiene. Despojen la expresión de significado metafísico, porque no lo tiene. Simplemente, siempre he ido hacia donde me parecía más acertado ir, alejándome de donde no quería estar.

Hasta ahora. He descubierto mi vocación. He descubierto algo que quiero hacer, me estimula, me apetece, me motiva y, encima, se me da muy bien. Y me siento tan frustrada porque no sé cómo conseguirlo...