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lunes, 22 de agosto de 2016

Tres semanas

Tres semanas. 

Tres semanas de vacaciones de casi todo: del trabajo, de los amigos, de las compras, de las redes sociales (casi), de las noticias, del despertador, del blog... 

Tres semanas de llevar bikini el 80% del tiempo, de estar a remojo, de jugar con niños, de llevar el pelo mojado recogido en una coleta, de oler a aceite reparador de los estragos del sol, de pasear perros ajenos como si fueran propios, de jugar al parchís, de dejarme llevar por el sueño en cualquier momento, de trasnochar porque sí.

Tres semanas de playa, de piscina, de pokémones, de horchata con fartons, de sandía, de colacaos fríos, de paellas maternas, de ventilador, de agua fría y sopa de sobre. 

Tres semanas de cargar felizmente con una muda, un abanico, el bikini, las gafas de bucear y las gafas de sol, sin saber dónde voy a acabar el día.

Tres semanas de pensar en el ahora nomás, de pensar fugazmente en que no tengo que pensar en nada, ni hacer nada que no quiera hacer. 

Tres semanas felices.

Dame tres semanas de vacaciones cada 21 días y moveré el mundo.

Hola.


viernes, 31 de julio de 2015

Seis horas y media

Faltan sólo seis horas y media de trabajo para mis vacaciones de verano. 

SEIS HORAS Y MEDIA.

Como todos los años, hace una semana que estoy nerviosa. Quiero hacer tantas cosas que las anoto en el calendario de la cocina para que no se me olvide ninguna, consciente, sin embargo, de que más de la mitad se quedarán ahí apuntadas, y que nunca las tacharé.

Pero no pasará nada.

De vez en cuando miraré el calendario y frunciré el ceño porque no tendré tiempo de hacer todo lo que quiero. Me haré trampas para ver si no me doy cuenta de que me escaqueo de lo que no me apetece. Me pondré muy contenta cuando consigo cumplir esos objetivos tontos escritos en el calendario.

Irán pasando los días y me iré relajando. Dejará de dolerme la espalda y dormiré como un ceporrito. De hecho, dormiré como un ceporrito en cualquier sitio, especialmente si está en movimiento (Recordatorio: cuidadín con el metro, Gordipé).

Hasta que un día tendré que volver y todo empezará otra vez.

Pero, no adelantemos acontecimientos.

Ahora mismo, faltan sólo seis horas y media de trabajo para mis vacaciones de verano y no puedo dormir.

martes, 12 de agosto de 2014

Un timing de verano

Querida Gordi:

Tengo que decirte que, además de mí misma, difícilmente alguien podría llamar a esto el paraíso. Tú, desde luego, no. Eres mucho más cosmopolita y exigente. Pija, dirían algunos. 

Esto no es cosmopolita, ni mainstream, ni nada. Es un chalet normal, en una urbanización normal, en un pueblo normal cercano a Valencia.

Pero sí es mi paraíso.

Estoy sola cuando quiero. No tengo que ir a ningún sitio si no quiero. Voy descalza y con bragas de bikini todo el día, sin preocuparme de lorzas ni pelos, si no quiero. Sólo tengo que hacer tareas de mantenimiento mínimo en la casa porque justo antes de venir vino la queli y volverá justo cuando me vaya. Tengo localizados los sitios más frescos del jardín según la hora del día. Puedo ejercer mis habilidades jardineras. Hay WIFI. Y HAY PISCINA CON JACUZZI.

Seguramente queda muy cool hacer grandes viajes a sitios exóticos pero me he dado cuenta de que, para relajarme y estar tranquila, que es justo lo que necesito, no me hace falta más que poder pasar las horas muertas flotando en la piscina, sin nada que hacer, sin nada en qué pensar.

El otro día mi madre me preguntó, un poco preocupada, que en qué pasaba el tiempo, y no supe qué responder. Para tranquilizarla hice un timing mental de cómo había pasado el día anterior:
  • Extreme alondrism: putosperros me han despertado a las siete de la mañana.
  • Ducha, bikini, camiseta y paseo con putosperros.
  • Piscina y ratito bajo la higuera.
  • Desayuno: melón, leche y cereales.
  • Riego y mojado de aceras.
  • Baño y siesta.
  • Paseo con putosperros.
  • Baño.
  • Comida: calentamiento de crema de calabacín.
  • Siesta en la hamaca.
  • Baño con jacuzzi. 
  • Jardinismo: tijeras de podar vs. cipreses de la verja.
  • Baño y siesta.
  • Paseo con putosperros.
  • Baño.
  • Cena: recuperación de restos de la ensalada de ayer.
  • Baño.
  • Tele: LOS DE LAS SUBASTAS.
  • Siesta.
  • Susto.
  • Vaso de leche caliente y cama.
Así que le dije que quería que mi vida sea así SIEMPRE y se quedó tranquila. 

Lo de putosperros te lo contaré otro día.

Tuya, siempre,


Yo.

lunes, 4 de agosto de 2014

Cosas olvidadas

Querida Gordipé:

Ayer me acordé mucho de ti, de nosotras, y de la nochevieja de 2007.

Creo que ha sido porque he encontrado una bolsita de lo que tuvieron que ser unos 200 € de sustancias que podríamos denominar en aquella cajita de madera que siempre tenía en el cajón de arriba del mueble del comedor ¿recuerdas? y que todo el mundo sabía que era para guardar las sustancias que podríamos denominar.

En algún momento guardé aquella cajita dentro de otra más grande, con pongos de esos que una no quiere tirar pero nunca vuelve a ver, y allí quedó todo: la cajita, los pongos y la sustancia. Han sobrevivido a limpiezas y mudanzas todos estos años, porque sabía que ahí dentro había cosas a las que no quería enfrentarme, pero nunca hubiera dicho que una de esas cosas iba a valer tanta pasta. 

Me hizo gracia pensar que aquello había estado ahí todo el tiempo y la cantidad de gente que ha pasado por mi casa todos estos años que ha salido en mitad de la noche a comprar sus cosas. Ya verás la gracia que les hace a ellos cuando se lo cuente...

No podría decirte quién o en qué momento guardó todo aquel dinero en polvo y luego se olvidó de él, ni tampoco por qué nunca lo reclamó. Tampoco sé por qué nunca lo utilicé, supongo que pensé que su dueño lo reclamaría y no quería tener que verme en la tesitura de discutir por sustancias. O porque nunca supe que estaba allí. Sí, eso.

Y no podría decirlo porque la fiesta de aquella nochevieja empezó por la mañana y acabó el 2 o el 3 de enero, no recuerdo bien, y ya estaba descontrolada antes de llegar a mi casa. 

Fue una época muy loca, muy loca, con uso y abuso indiscriminado de todo. 

Me recuerdo planteándome la vida, planteándome lo mucho que necesitaba cambios, que se me acababa el tiempo y no tenía nada de lo que quería y lo que tenía ya no lo quería. ¿Te suena?

Fue una época muy loca, y ni siquiera sabía qué iba a pasar unos pocos meses después. Creo que si lo hubiera sabido habría sido más loca aún.

El resto te lo contaré otro día.

Tuya, siempre,

Yo

domingo, 3 de agosto de 2014

Empitonada

Querida Gordipé:

Hoy ha sido mi primer día de vacaciones y me alegra decirte que lo he aprovechado convenientemente: he pasado tanto tiempo en la piscina que se me han arrugado hasta las orejas, he disfrutado de una paella de atún que habría hecho llorar al mismo dios, he ganado las dos primeras partidas del campeonato de parchís 2014 y he dormido tres horas de siesta.

TRES HORAS DE SIESTA.

Cuando me he despertado estaba tan desorientada que he estado a punto de mear con la tapa del váter bajada y ha habido muchas risas y jalalala.

Al caer la tarde hemos ido a un mercadito espantoso de esos que ponen en las zonas de playa y me he enamorado locamenti del frutero, un aborigen fornido y con marcado acento valenciano, cuando me ha dicho ¿de cuálos te pongo, teta?, al pedir tomates. 

No me ha importado. Teta. Tomates.

Se me han endurecido los pezones. No sé si ha sido por el aire del mar, el bikini aún mojado, el calentón o todo junto, pero se me han endurecido.

Y así, empitonada, iba a pedirle allí mismo que me tomara entre sus brazos y me follara salvajemente en la parte de atrás de la fragoneta cuando una señora ha frustrado cualquier intento de cortejo y/o/u apareamiento: al parecer, tenía prisa por llegar a casa y cambiarse el bikini, que de llevarlo todo el día mojao le tenía que estar dejando la entrepierna como una pizza margarita. Y el frutero se ha alejado de mi alcance, caballeroso, él, fuera a ser que se lo enseñaran. Creo.

El resto te lo contaré otro día, 

Tuya, siempre, 

Yo