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martes, 11 de octubre de 2011

Ella y yo (reloaded)

Es como si tuviera doble personalidad y me parece fascinante.

Por un lado está el Yo de carne presente y, por otro, el Ella digital.

Yo es una mujer normal. Se levanta, llega tarde al trabajo, se concentra a ratos, se dispersa a menudo, se esconde cuando puede, discute con vehemencia y sonríe maaaaas o menos. Yo siente una recién estrenada devoción extrema e incondicional por su familia, un amor desbocado que le sorprende cada día, porque es nuevo y refrescante. Yo ha aprendido a valorar a las personas que ama sin reservas, probablemente porque conoce de primera mano la fugacidad de la vida, que las personas a las que quieres no estarán aquí para siempre y por eso es imprescindible disfrutar de su compañía todo lo que pueda.

Yo es una mujer gorda, insegura, divertida, miope, inquieta, cultivada, dramática, políticamente incorrecta, ciclotímica, extremadamente triste a ratos, radical en sus opiniones y algo veleta en sus decisiones. Yo se permite excesos y cambios, se perdona poco y se exige siempre más. Yo es contradictoria: es pesimista para sí y optimista para los demás, reina en sociedad pero prefiere la soledad.

Y luego está Ella.

Salió un día de la nada. Apareció así, sin más, en forma de post amargo y desgarrado. Y se quedó.

Ella se ha ido construyendo poco a poco, letra a letra. Ha ido creciendo con el tiempo hasta tener entidad propia. Al principio era algo tímida. Andaba sin rumbo fijo, buscando su voz. No tenía un plan, una estrategia, no necesitaba nada para existir, salvo el blog que la escribía.

Lo fácil sería decir que Ella es el reflejo de Yo pero... no, no es tan fácil. Ella es Yo... y muchas cosas más. Porque aunque una escriba desde el corazón, las tripas o la mente consciente, según el día, creo que cada día Ella es menos Yo. Por una razón muy sencilla: escribir un blog se ha convertido en una purga que me permite empezar de nuevo, desde cero, cada día. Creo que Ella me está convirtiendo en mejor persona.

Ella confiesa lo peor de Yo y no se avergüenza. No por soberbia, sino por piedad, la que Yo no tiene con ella misma. Ella dice siempre lo que Yo no dice nunca. Es valiente, tan valiente, que se atreve a ponerse una camiseta con un nombre que le atormenta, altiva, casi chulesca y pendenciera: ¿sí, Gordi, qué pasa?

Ella es la protagonista de un blog personal que, incomprensiblemente, tiene visitas y comentarios. Yo ha conocido a personas fantásticas gracias a Ella.

Ella es Gordi. Me gustaría ser como Ella.



(Publicado el 18/07/2010)

sábado, 8 de octubre de 2011

Ay, pena, penita, pena (y II)

Si en el firmamento poder yo tuviera,
esta noche negra lo mismo que un pozo,
con un cuchillito de luna lunera,
cortaría los hierros de tu calabozo.
Si yo fuera reina de la luz del día,
del viento y del mar,
cordeles de esclava yo me ceñiría
por tu libertad.

¡Ay, pena, penita, pena -pena-,
pena de mi corazón,
que me corre por las venas -pena-
con la fuerza de un ciclón!

Es lo mismo que un nublado
de tiniebla y pedernal.
Es un potro desbocado
que no sabe dónde va.

Es un desierto de arena -pena-,
es mi gloria en un penal.
¡Ay, penal! ¡Ay, penal!
¡Ay, pena, penita, pena!

Yo no quiero flores, dinero, ni palmas,
quiero que me dejen llorar tus pesares
y estar a tu vera, cariño del alma,
bebiéndome el llanto de tus soleares.
Me duelen los ojos de mirar sin verte,
reniego de mí,
que tienen la culpa de tu mala suerte
mis rosas de abril.


Lola Flores Ay, pena, penita, pena

Pray for Gordi. Y así todo octubre, aviso.

viernes, 7 de octubre de 2011

Ay, pena, penita, pena (I)

Con esto de borrar toooooodo el blog otra vez me ha dado por releer algunos post antiguos, tanto de este como del anterior blog. Por Thor, qué trajín.

Y me he dado cuenta de que hay algunos que son razonablemente BIEN. Qué quieren que les diga, pa qué voy a andarme con tonterías, a estas alturas ya se saben mis cositas. Humildad, sí. Falsa modestia, sólo si hace falta.

Me da una poca de pena, penita, pena, pena de mi corazón, que algunos de estos post se pierdan por la fuerza de un ciclóDE LA IMPULSIVIDAD, sí, de los arranques de vergüenza e ira irracional que me pegan de vez en cuando. En concreto, cuando me han descubierto sin yo querer ni ser nada de eso. Además, es que hay algunos que están bastante bien, hoygan, en serio.

Así que es probable que nos encontremos con algún post de la Era Gordizoica, aviso. Por que sí, porque ella lo vale. Y porque me da pena, penita, pena, pena de mi corazón.