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viernes, 11 de enero de 2013

Cosas que no sé hacer a la primera

Abrir una lata de refresco
Abrocharme el sujetador
Aceptar un cumplido
Aceptar una invitación
Acertar en la Primitiva
Beber de un botijo
Besar sin lengua
Calcular números: personas, metros cuadrados, veces que pierdo el autobús...
Calentar la leche a la temperatura perfecta
Callar
¿Capital de Australia?
Decir Que te den
Decir Te quiero
Desmelenarme
Despedirme para siempre
Detectar a una mala persona
Dividir con decimales
Doblar un papel por la mitad exacta
Enhebrar una aguja
Entender los porqués de otros
Escribir relaziar
Escuchar una canción sin cantar
Explicar mis porqués
La maleta
La regla del tres
Levantarme cuando suena el despertador
Mandar a la mierda
Multiplicar con decimales
Nadar a mariposa
No oler la comida
Olvidar las malas experiencias
Perfilarme los labios
Planchar la raya del pantalón
Reconocer las canciones de Alejandro Sanz
Recordar el nombre de esta que sale en Premonición… sí, la que hace de hada algo en El señor de los Anillos... sí, hombre, sí, la delgaducha rubia…
Ser
Usar la mano izquierda


(Publicado el 15 de mayo de 2010)


Odio este post. 

jueves, 20 de septiembre de 2012

Esa cosa con plumas

esperanza
1. f. Estado del ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos.
2. f. Mat. Valor medio de una variable aleatoria o de una distribución de probabilidad.

"Es la esperanza esa cosa con plumas (...)" escribió Emily Dickinson. Con plumas y sabor a leche pasada, añadiría (modestamente).

Porque, sinceramente, la esperanza es una putada.

Una está ahí, la mar de tranquila, absorta en el texto que está leyendo, cuando suena el teléfono. Una tarda unos segundos en reaccionar, levantarse, encontrar el teléfono que está en el bolso... En esos pocos segundos, la esperanza que, no olvidemos, es esa cosa con plumas, despierta, abre las alas, las sacude, se rasca con el pico debajo de la pata, echa un vistazo a su alrededor, detecta a su presa indefensa y se dispone a atacar.

Sólo estoy yo, yo soy su presa. Me pilla buscando el teléfono, así que me da de lleno: que sea él (raaas, primer golpe en la sien) que me muero de ganas de verle (raaaas, segundo golpe en medio del pecho) que sea él (raaaaas, tercer golpe, en el estómago) porfavorporfavorporfavorporfavor (raaaaaas, coup de grâce, por la espalda y a traición).

La pantalla me dice que no es él, pero es tarde. La esperanza, esa cosa con plumas, ya me ha vencido. Me deja derrotada. Con un ataque de unos pocos segundos consigue que me quede un regusto amargo que sé que no se me va a quitar hasta que consiga dormir.

desesperanza
1. f. Falta de esperanza.
2. f. Estado del ánimo en que se ha desvanecido la esperanza.
3. f. ant. desesperación (alteración extrema del ánimo).

(Publicado el 19 de abril de 2009)

miércoles, 5 de septiembre de 2012

En purititas bragas

Lo malo de escribir desde una torre fortificada, con foso de cocodrilos y puente levadizo, ataviada con cota de malla y yelmo de oro es que una se cree inexpugnable, a salvo de incursiones indeseadas.

Desde su torre, una cree que domina el valle de las palabras: la composición, el tempo, los silencios. Una, protegida por su fortín, se cree Baronesa de la Frase, Duquesa del Puntoycoma y Señora del Contenido y observa, altiva y orgullosa, el ir y venir de su legendario ejército de palomas mensajeras.

La costumbre y cierta habilidad hace que sea fácil escribir y que el tráfico de mensajes sea fluido y continuo. Las palomas van y vienen, van y vienen.

A veces, hay mensajes especialmente delicados a los que una dedica mucho tiempo y cariño. Antes de enviarlos, una los lee y los relee, muchas veces. Los deja en stand by y vuelve a releerlos, para asegurarse de que dicen, exactamente, lo que una quiere decir, ni más, ni menos. Porque una tiene miedo de decir lo que no debería, claro. Hay mensajes que tardan tanto tiempo en enviarse que, cuando al fin salen, las palomas mensajeras se han hecho viejitas y tienen que jubilarse a la vuelta. Con una buena pensión, en prueba de agradecimiento.

Envié a mi mejor paloma, vestida de gala, con un mensaje especial.

Protegida por la torre fortificada, el foso de cocodrilos, el puente levadizo, la cota de malla y el yelmo de oro (ah, y por 7.500 km), envié un "te quiero" explícito a Aquiles, con la esperanza de que la distancia le hiciera ser benévolo. Confiaba en que no utilizaría su artillería pesada desde el otro lado del mundo. Me confié demasiado.

¿Fortín? ¿A SALVO? Y una mierda. La torre es bajita y tiene escaleras. Los cocodrilos son de plastilina. Los niños utilizan el puente levadizo de trampolín. Planché la cota de malla y se me ha quedado blandita y el yelmo... con el calor que hace, porelamordedios, ¿cómo voy a ponerme el yelmo, con el calor que hace?

Desde el otro lado del mundo llegó mi mejor paloma, vestida de gala, con una respuesta especial, que ha arrasado mi fortaleza y me ha dejado en purititas bragas, herida de muerte. El mensaje de vuelta dice "yo también te quiero".



(Publicado el 1 de septiembre de 2009)

NOTA DE LA AUTORA: tengo especial cariño a este post, por culpa de @Petulandia, que me mima allá donde está. Cuánto hemos cambiado y qué iguales que somos. Y qué igual y que distinto es todo. Sigo herida de muerte.

jueves, 19 de abril de 2012

Palabras que molan

Alergiólogo: ólogo de las alergias. O alergi de los ólogos.
Almóndiga: bola de carne de jamón.
Amarrón: acacado.
Autobusero: señor que conduce rebaño y mea en el San Miguel.
Cantinflora: recipiente para líquidos sostenible y ecológico. Y bonito.
Chotazo: buenorro con slip.
Clavegueram: aborigenismo que suena bien, escuchen: cla ve gue rammm.
Cloqueta: de bacalao.
Cocleta: ver cloqueta.
Curasán: ensaimada súper enrollada.
En concleto: xactamente.
Ferpecto: infosible.
Gelipollas: eso.
Golver: a o de algún sitio.
Gomitar: regurgitar los tres kilos de gominolas de por la tarde.
Guerido: abante gon bedo.
Gulo: consumismo obsesivo de traseros.
Icaroclasta: cabronoide que sólo se carga imágenes del de las alas, el sol y eso.
Inflante: postre empalagoso.
Mecreodeque: no.
Origami: papel doblado mientras se aprieta el culo.
Pedo: coger un.
Piquismiquis: porculero elevado a 3'14.
Poglema: problema, pero poco.
Polseguera: aborigenismo que también suena bien, fíjense, pol se gue ra.
Quenoseno: sustancia que no se sabe si va a prender cuando tu cena depende de ello.
Quicir: escucha, que no tengo ni idea de lo que estamos hablando, pa mí, como si debatimos sobre mecánica cuántica, pero voy a darte mi opinión aunque no me la pidas. Que lo que yo quería decir es...
Quiticir: quicir ya con mala hostia.
Recular: desdecirse porque antes se ha pensado con el culo.
Retulador: boli gordote para resaltar cosas.
Restorán: bar de Benidorm.
Retoñal: señor de mediana edad de Cuenca con canas y aspecto aniñado.
Silcompado: Sil acompasada.
Selucir: a alguien.
Tetas: mejor de dos en dos.
Tontolaba: ver gelipollas.
Vagabundebar: ir de bar en bar sin rumbo fijo.


Esta entrada está dedicada a Sil, porque fue su inspiradora en el Diario de una gorda triste y porque le quiero.

Pueden culpar de su recuperación a @MargaretCastor y a @mariamadrid.

(Original publicado el 9 de junio de 2010)

martes, 20 de marzo de 2012

Música para mis sentidos

Aquiles tiene los dedos finos y fuertes. Están acostumbrados a presionar, a recorrer el espacio, a mantener el tempo, ora tranquillo, ora prestisimo. Les gusta el movimiento. Son duros a veces, suaves otras, pero les gusta el movimiento.

Acostumbrados a los sonidos, a sus dedos les han crecido orejas. Oyen el mundo de una manera especial. Y tienen memoria, también. Tienen registrada cada nota, cada sonido que han provocado. Repiten a la perfección movimientos que una vez fueron y que volverán a ser. Recuerdan todos los lugares donde han estado. Aquí es un Fa. Aquí, un Sol sostenido menor. Aquí va un Do. Seguro.

Aunque sus dedos pueden leer cualquier partitura prefiere dejarse llevar por las notas que tiene siempre en su cabeza y que dirigen su vida. Se deja llevar y yo con él.

A veces para en seco porque no consigue el matiz adecuado. Demasiado piano, dice. Y vuelve a empezar, sin olvidar lo que ya ha sido porque nunca se deja de aprender cuando algo no suena. Y sigue hasta que lo consigue. El sonido perfecto. La música perfecta.

A menudo escucho piezas que identifico con él y me descubro recordándole absorto en su mundo de corcheas, con el pelo enmarañado porque se acaba de levantar, sentado con la mirada perdida, pensando en alguna melodía que le mantiene distraído. En esos momentos, sé que su sonrisa y sus manos en mi cintura no están pensando en mí, sino en esa melodía. En esos momentos mataría por ser un pentagrama.

Aquiles es músico.


(Publicado el 27 de febrero de 2010)

miércoles, 8 de febrero de 2012

De tacones y hombres*

Los hombres son como los tacones: lo importante, lo realmente importante, es que no te hagan daño.

Hay tantos tipos de hombres como tacones... uf, qué difícil me va a resultar explicarlo sin que se me enfaden... a ver si con unos ejemplos vale.

Los insoportables

Son altos, guapos, apolíneos... llaman la atención de todas las féminas del local. De unas, por puritita envidia. De otras, por admiración.

Son bellos y lo saben y se pavonean y hacen ruido cada vez que se mueven y brillan y entran por los ojos y se quedan en el cerebro y su portadora siente todas esas miradas y se ensancha como un dirigible... pero son insoportables.

A los cinco minutos ya estás pensando que ¿pa qué? si sólo valen para un rato, una cena rapidita y ya. Son vistosísimos pero no sólo no dan pa más si no que, además, son insoportables y, a la que te despistes y les des un poco más rato del que merecen, te destrozan y llegas a casa llorosa y completamente acabada.

Juras que no volverás a hacerlo, que no volverás a confiar en ellos, que no volverás a caer en la tentación de una "cara bonita" pero... ¡es que son tan ideales! Y ¡ZAS! vuelves a caer.

Vuestro amor es imposible.


Los imprescindibles

Son perfectos: altura perfecta, contorno perfecto, superficie perfecta... Parece que son más de lo que realmente son pero lo compensan con buena compañía.

Te los llevarías todos los días a todas partes, sin dudar, independientemente de si pegan con el resto o no. Y no lo haces porque sabes que, si abusas, os cansaréis y vuestro intenso amor pasará a ser un cariño blandito y eso no te lo puedes permitir.

Así que te contienes algunas veces, para no cansar. Otras veces no puedes contenerte y te entregas... intensamente... sin pensar en las consecuencias... porque son perfectos. La despedida es terrible y buscas un recambio tan rápido que a menudo te equivocas. Y sólo sirve para que los eches más de menos...


Los divertidos

Los buscas sólo para ir de fiesta, para divertirte. Con ellos no vas a triunfar pero sabes que nunca, NUNCA, van a hacerte daño.

Son como esos amigos, quizás con derecho a roce, con los que sabes que vas a divertirte mucho, da igual donde sea: en un chiringuito en la playa, en un after, en una verbena pachanguera... Puedes confiar en ellos porque te devolverán a casa sana y salva.

Y por eso les quieres y no quieres perderlos, sabes que son irreemplazables y que te dolerá mucho el día que tengas que dejarles atrás. Porque, queramos o no, todo lo bueno se acaba. 


Los dominantes

Un día, sin saber por qué los buscas.

Son momentos en los que sabes que necesitas  dejarte llevar sin preguntar dónde ni por qué y que sea otro quién tome las riendas.

A veces duele un poco, no estás acostumbrada a estar tan atada, pero te sientes bien mirando desde arriba. Incluso aunque sepas que no es mérito tuyo, que otro toma las decisiones por ti, que tienes poco que decir, miras desde arriba con la seguridad de que puedes dejarlo cuando quieras.

A veces no puedes, pero esa es otra historia.
 

Los excéntricos 

Con ellos nunca se sabe: un día estás la mar de bien, cómoda, tranquila... y al día siguiente te dan el sufrimiento mortal de todos los santos.

Ni ellos mismos saben por qué, son volubles, caprichosos: hoy te quiero, hoy no. Hoy soy tu sostén, tu apoyo, tu resguardo, hoy te machaco hasta que mueras de dolor, porque te lo mereces.

Como nunca sabes qué va a pasar con ellos a veces incluso tienes un repuesto a mano. Que no es lo tuyo, tú no eres de esas, eres fiel y con el umbral del dolor bien alto pero no soportas la arbitrariedad y el "porque no" como respuesta.

Te romperán el alma, porque te gustan y sabes que a veces pueden ser perfectos, pero no estás preparada para sufrir sin razón aparente. Porque no no te vale como respuesta.


Los cómodos

Son estos que te llevarías a comer a casa de papás un sábado, a merendar con las amigas un viernes por la tarde, que te acompañan al trabajo...

Son estos que no se quejan, que dirías que van con todo pero nunca te pondrías para llevar vaqueros. Y eso lo dice todo.

Cómodos pero aburridos. De repente un día te das cuenta de que hace como un mes que no sabes nada de ellos... y ni te acordabas de que existían.

Lo malo es que como nunca "los usas" se quedan ahí, en la recámara, siempre, y cuando los ves piensas "uf, debería hacerles un poco de caso ¿no?". Y les das bolilla. Que luego no es que te arrepientas ni nada pero, vaya, que en cuanto los dejas te has olvidado hasta que te los encuentres otro día de casualidad.


Los casuales

Te los encuentras sin querer y sin buscar y se convierten en habituales. Son cómodos, pero también son divertidos, a veces.

No les darías tu corazón, porque no se lo merecen, pero te dejan suelta y, a la vez, te sujetan los justo.

Sabes que no siempre pueden acompañarte, que hay muchas cosas que no pueden hacer contigo y por eso están sólo a veces pero, cuando están, son la compañía perfecta.

Aún no lo sabes pero seguro que lloras un poco el día que tengas que dejarlos atrás, porque han significado para ti mucho más de lo que estabas dispuesta a admitir.


Los incondicionales

Ni demasiado ni demasiado poco. Quizás no destacan por nada a primera vista pero conocerles es amarles.

Un día te pegas a ellos porque no sabías qué hacer pero te apetecía salir y dices, "venga, va, total, no pierdo nada". Y como te descuides no te despegas de ellos y quieres salir con ellos a todas horas: al cine, a cenar, a merendar, a pasear, de copas, al zoo (¿al zoo?).

Sí, nunca hubieras pensado que se iban a convertir en imprescindibles y, en realidad, no lo tienes claro del todo hasta que, un día, de repente, ya no puedes salir con ellos.
"No eres tú, soy yo", te dicen. "Estoy cansado y ya no me encuentro con ánimos para salir contigo".

Te destrozan el corazón pero recuerdas con cariño cada segundo que estuvieron contigo.


Los eternos

Están siempre ahí. Pasan los años y les quieres tanto que los tratas con muchísimo cuidado, les mimas, estás siempre dispuesta a hacer de hombro para que lloren sus penas, reparas sus heridas, atiendes sus necesidades. Porque sabes que ellos van a estar también.

Ya se te ha olvidado cuanto te costó conquistarlos, porque sabes que, una vez son tuyos, lo son para siempre. Y por eso les das tu corazón sin complejos, sin fisuras, sin remision.

Hay más, muchos más... qué fatiga, por Thor, voy a por unas chanclas.

* Este post está dedicado a Sil, que dice que le gusta.



(Publicado el 06/08/2011, inspirado por @MissSinner, de Victoria's Secret)

martes, 22 de noviembre de 2011

Hombres casados que se la pegan a sus mujeres (reloaded)

Siendo purista, tendría que decir que hay tantos tipos de amantes casados como casados que se la pegan a sus mujeres pero no me pagan para ser purista (¿?). Además, hacer un post de todos los hombres casados que se la pegan a sus mujeres (de ahora en adelante HCPM) que conozco bíblicamente sería largo. La fidelidad ya no es lo que era.

Así que, bajo la premisa de mi subjetividad, existen las siguientes categorías de HCPM:
- el inocente;
- el caballero;
- el verdugo;
- el desatascador;
- el súper papá;
- el mentiroso;
- el Rey; y
- el temeroso de Dios.


EL INOCENTE

Es el que jura y perjura que "nunca había hecho esto", que se siente fatal por lo que está haciendo a su mujer, que se autoconvence de que has sido tú, mujer pérfida y despiadada, la que has ido a por él, usando tus malas artes de bruja, para llevártelo al huerto. Él no quería, intentó resistirse, pero no pudo porque le embrujaste, zorra, con tu escote provocativo y tu pose sensual. Con lo que él quiere a su mujer...

La primera noche se levanta rápidamente de la cama, se viste y se va, con la excusa de que se le ha hecho muy tarde. Si vuelve a llamar, tarda un mes o así y lo hace con la excusa de "saber cómo estás".

Al principio lo del pobrecito inocente quizás cuela un poco pero cuando pasan los meses y sigue llamando para provocar encuentros furtivos... tate, aquí hay tomate. O su amor conyugal no es tan fuerte como manifiesta o es que follas como Dios.

Si no percibe peligro por ser descubierto se enganchará como una lapa, pero que quede siempre bien claro que eres tú la que le incitas al pecado, él es débil y no sabe decir que no.

A veces tiene su gracia porque es fácil jugar con ellos.


EL CABALLERO

Pase lo que pase, siempre es un caballero. Te trata como una reina en cualquier circunstancia: pregunta tu disponibilidad, no se queja ante una negativa, es detallista, cariñoso... Vamos, el sueño de cualquier amante. Recuerda el nombre de tu vino favorito y trae una botella cuando le invitas a cenar y dice, toooodo el tiempo, lo guapa, lo sexy y lo maravillosa que eres.

Cuando llama después de un par de semanas de no saber nada de él explica que "no quería molestar". Se puede convertir en un fantástico amigo, incluso aunque se acabe la relación sexual. Sabe tan bien como tú cuando se ha acabado todo y se retira dignamente, sin sonrojos ni escenas.

Una joya, vamos.


EL VERDUGO

En un incomprensible alarde de estupidez, proyecta su culpa y, ante cualquier manifestación de desacuerdo, suelta esa bonita sentencia de "aquí somos dos y somos igual de culpables". Ya pero es que yo no tengo ninguna obligación, no soy culpable de nada, si estoy aquí es porque quiero y es posible que ya no quiera. Estos duran poco: la culpa les corroe (sí, aún quedan) y son un coñazo. Pero ¡cuidado! son peligrosos.

Su indignación no conoce límites y si te pilla coqueteando con alguien en un pub es posible que se acerque y le cuente al susodicho cualquier burrada sobre ti, para que se aleje y que sientas lo mismo que él sintió: el rechazo. También se le conoce como "a que jode que te dejen tirada ¿eh? a qué jode", o algo así.

Tengo la intuición de que, a veces, este especimen aparece ante la sospecha (fundada o no) de haber sido engañado por su mujer. Cree el ladrón...


EL DESATASCADOR

Es el mejor, lo tiene todo muy clarito. Viene, folla y se va. Si una tiene la suerte de mantener a su ladito uno de estos durante un tiempo el sexo es la bomba.

No habla de su familia, de su trabajo o de su equipo de fútbol. No se implica y, lo más importante, no deja que tú te impliques. Ni da ni pide explicaciones. Nunca. Lo único que pide es buen rollo y disposición y, si no lo hay, no pasa nada, otro día. Sin más.

Es bueno para el ego porque sabes que no le gusta perder el tiempo y que si está contigo es porque le gusta follar contigo. Y cuando eso viene de un pililator, uf, es un gran halago.


EL SÚPER PAPÁ

A los cinco minutos de estar en tu cama te trata como si fueras su mujer, te mira a los ojos y te besa y te dice cariño ("es que es la costumbre"). No tiene reparos en hablar de su familia, su trabajo y sus cosas. Es más, no para de hablar de su familia, su trabajo y sus cosas.

Si no puede quedar no te dirá, simplemente, que no puede, no, te explicará que, comotienequerecogeralniñodelfutbolpasarseporMercadonatenderlaropatomarunacervezaconsucuñadoypasearalperro... no puede.

A la tercera vez que pise tu casa te reprenderá por tener cacharros sin fregar y si permites que la pise una quinta vez nada más entrar encenderá la tele "a ver qué ponen".

El hombre es un animal de costumbres.

Éste es caca.


EL MENTIROSO

Es de los antiguos que creen que hay que declarar amor eterno a una mujer para tener sexo y que, cuanto más amor declaren, más y mejor sexo tendrán.

Dice que se ha enamorado, que te quiere, que quiere estar contigo, dejarlo todo por ti. Cuando le dices que no es pa tanto, que sólo querías pegar un polvo, te dice que no te das cuenta pero que estáis hechos el uno para el otro, que tiene que ser amor porque, si no, ¿cómo es posible que sea tan perfecto?. Hombre, perfecto-perfecto, lo que se dice perfecto... no es.

Ante el temor de que se acabe lo que para él es la bomba (véte a saber lo que tiene en casa) jura que será perfecto... algún día. Dejará a su familia para estar contigo pero necesita tiempo, todo es muy complicado. Que no hace falta que te des prisa, hombre, piénsatelo bien, que es una decisión muy seria.

Y lo piensa, lo piensa, lo piensa... mientras te jura que te quiere. Tiene un niño, se compra un perro, un adosado, su suegra va a vivir con ellos... pero siempre es cosa de su mujer, que toma decisiones mientras él sigue pensando. Con esta tontería se puede tirar años. Si de verdad estuviera esperando algo tendría un vestido de Pronovias de la Colección Winter del 2000 colgando en un armario.

Tiene cierta tendencia al melodrama.

Este, también caca.


EL REY

Su graciosa majestad está contigo por que sí, because I worth it. ¿Qué pasa, algún problema?. Le gusta estar contigo, follar contigo, reír contigo y todas esas cosas pero ni de coña se le pasa por la cabeza dejar a su familia, que le va estupendamente, gracias.

Sin complejos, habla de su mujer, de sus visitas al médico, de su trabajo, de tu pareja o de la tía que se tiró la semana pasada en Oviedo tranquilamente, como si estuviera hablando con su mejor amigo, y luego folla contigo.

Se cepilla a todo lo que se mueve pero sólo tiene una amante que, además, le dura años (y años).

Está involucrado emocionalmente y sabe que su amante también lo está pero nunca hablan de ello, da mal rollo.

Este es el peor.

Bueno, no.

EL TEMEROSO DE DIOS

Nueva adquisición.

Resulta que es verdad que eres la primera con la que se la pega a su mujer y tiene tanto miedo de que le pillen que cierra por dentro con llave en tu casa "por si viene alguien" y mira de vez en cuando por la ventana, en busca del señor con gabardina y sombrero que seguro, seguro, que le persigue para contarle a su legítima que se folla a otra.

No te manda mensajes ni te llama desde su móvil para no dejar rastro de la infidelidad. Es más, es capaz de comprarse otro móvil para hablar contigo. Truestory.

Al principio la paranoia es hasta graciosa pero, amiga, te cansarás pronto de tener que ir en taxi a los sitios para que nadie os vea juntos por la calle. Y todo acabará el día que te lo encuentres por la calle con su esposa y ni siquiera te salude.

Disfrútalo las tres primeras veces. La cuarta, mándale a cagar.


(Publicado el 15 de agosto de 2009)

martes, 1 de noviembre de 2011

La historia se repite

Ya lo he contado. Lo he contado muchas veces. He hablado de desamor, de dolor, de decepción, de cómo he deseado morir a menudo y de que no me han tenido que enterrar porque no me he muerto. Porque de amor no se muere nadie, ¿no?

He hablado de su barriguita, de su pelo rizado, de su sonrisa y de cuánto me gustaba verle dormir. He contado cómo le conocí y cómo determinó parte de mi mi vida, como tantas otras cosas que nos pasan. He explicado desde cuándo, por qué, por qué no, a qué santo, que sobreviví, que me hundí, que aprendí a nadar, que volví a hundirme muchas veces. He escrito hasta el aburrimiento sobre cuán enamorada estaba y cuánto sufría por amor. Hasta el aburrimiento. ¿Les aburrí? Yo sí me aburrí a veces. Creo.

He contado cuánto he llorado y quizás alguien se dio cuenta de cuándo dejé de llorar. Es posible que no se lo crean pero, sí, lo conté todo. Bueno, casi todo.

Hasta que dejé de contar. Él se fue. Y, de repente, yo me quedé en la gloria.

Ha vuelto. Y estoy preparada.

(Publicado el 1/11/2010. Y me da miedo)

martes, 11 de octubre de 2011

Ella y yo (reloaded)

Es como si tuviera doble personalidad y me parece fascinante.

Por un lado está el Yo de carne presente y, por otro, el Ella digital.

Yo es una mujer normal. Se levanta, llega tarde al trabajo, se concentra a ratos, se dispersa a menudo, se esconde cuando puede, discute con vehemencia y sonríe maaaaas o menos. Yo siente una recién estrenada devoción extrema e incondicional por su familia, un amor desbocado que le sorprende cada día, porque es nuevo y refrescante. Yo ha aprendido a valorar a las personas que ama sin reservas, probablemente porque conoce de primera mano la fugacidad de la vida, que las personas a las que quieres no estarán aquí para siempre y por eso es imprescindible disfrutar de su compañía todo lo que pueda.

Yo es una mujer gorda, insegura, divertida, miope, inquieta, cultivada, dramática, políticamente incorrecta, ciclotímica, extremadamente triste a ratos, radical en sus opiniones y algo veleta en sus decisiones. Yo se permite excesos y cambios, se perdona poco y se exige siempre más. Yo es contradictoria: es pesimista para sí y optimista para los demás, reina en sociedad pero prefiere la soledad.

Y luego está Ella.

Salió un día de la nada. Apareció así, sin más, en forma de post amargo y desgarrado. Y se quedó.

Ella se ha ido construyendo poco a poco, letra a letra. Ha ido creciendo con el tiempo hasta tener entidad propia. Al principio era algo tímida. Andaba sin rumbo fijo, buscando su voz. No tenía un plan, una estrategia, no necesitaba nada para existir, salvo el blog que la escribía.

Lo fácil sería decir que Ella es el reflejo de Yo pero... no, no es tan fácil. Ella es Yo... y muchas cosas más. Porque aunque una escriba desde el corazón, las tripas o la mente consciente, según el día, creo que cada día Ella es menos Yo. Por una razón muy sencilla: escribir un blog se ha convertido en una purga que me permite empezar de nuevo, desde cero, cada día. Creo que Ella me está convirtiendo en mejor persona.

Ella confiesa lo peor de Yo y no se avergüenza. No por soberbia, sino por piedad, la que Yo no tiene con ella misma. Ella dice siempre lo que Yo no dice nunca. Es valiente, tan valiente, que se atreve a ponerse una camiseta con un nombre que le atormenta, altiva, casi chulesca y pendenciera: ¿sí, Gordi, qué pasa?

Ella es la protagonista de un blog personal que, incomprensiblemente, tiene visitas y comentarios. Yo ha conocido a personas fantásticas gracias a Ella.

Ella es Gordi. Me gustaría ser como Ella.



(Publicado el 18/07/2010)

sábado, 3 de abril de 2010

Confianza

Confianza. Esto va de confianza.

Lo que llamamos pomposamente vivir* no sería nada sin confianza. Nuestras piernas nos sostendrán cuando nos levantemos de la cama, seremos capaces de planchar la camisa sin quemarla, vamos a entender los garabatitos que nos han dejado en un post it...

La mayoría de las cosas las hacemos de manera inconsciente, instintiva, nuestro cuerpo sabe qué hacer y lo hace, gracias a los chorrocientos mil millones de conexiones que van solas en nuestro celebro, que dice "eh, después de lavarte las manos, las secas con esa tela que hay colgada ahí" Nuestro subconsciente tiene tanta confianza en sí mismo que ni se preocupa en avisarnos de que vamos a hacer estas cosas, las hace solo.

Cuando subcons tiene que tomar una decisión que no tiene programada, por decirlo de alguna manera, llama al celebro y le pregunta "Oye, ¿qué hago?" y la masa gris y grasienta que tenemos en el top se despierta y piensa. Y, a la vez, pone en marcha la glándula de la confianza en uno mismo. Esta glándula es bastante importante: nos impulsa a leer un texto más complejo y nos hace saber que vamos a entenderlo; nos lleva a tirarnos a la piscina porque recuerda que sabemos nadar; nos hace correr cuando vemos llegar el autobús porque sabe que lo cogeremos... esas cosas. Tomamos esas decisiones porque confiamos. No sé si en nosotros, en el universo, en la física o en la ley divina, pero confiamos.

Lo chungo viene cuando hay otra persona involucrada porque ¿hasta qué punto podemos confiar en otra persona? ¿Cómo medir la confianza que podemos depositar en el otro?

A veces, si lo pensamos seriamente (aquí el celebro está rugiendo de placer) somos capaces de establecer un baremo que nos ayuda a decir fulanito no va a dejarme tirado o ni de coña le cuento esto a sotanito. Este baremo está fundamentado en nuestra experiencia con otras situaciones similares, con esas personas mismas, con nosotros... Otras veces, si se trata de una decisión seria, es más difícil establecer ese rasero, influyen otras cosas: ¿qué repercusiones va a tener para mí confiar o no en esta persona? Y ahí está el gran problema.

Porque en este punto hay que tener en cuenta la programación de fábrica de la enzima de la confianza en el prójimo. Hay de quién es desconfiado por naturaleza y hay de quién le prestaría su LP de edición numerada del Disco Blanco a cualquiera sin dudarlo. Ser desconfiado por naturaleza puede evitar muchos problemas pero es muy cansado y da pocas satisfacciones. Y ser excesivamente transparente y confiado atrae a los malotes como la miel a las moscas. Descorazonador, francamente.

Lo ideal es encontrar el punto G del equilibrio. La relación perfecta entre la actividad de la glándula de la confianza en uno mismo y la la enzima de la confianza en el prójimo porque, a veces, una producción excesiva de enzimas puede repercutir negativamente en la glándula, y viceversa. Qué difícil.

Y es que la enzima de la confianza en el prójimo tiene memoria. Es rencorosa, vaya. Putadón.

Sí. Cuando la enzima se decepciona porque ha depositado su confianza en alguien y es traicionada se cuelga el cartel "Víctima de putada". Como es muy incómodo llevar este cartel todo el rato y es muy difícil encontrar zapatos que le vayan bien el resto de enzimas se vuelven desconfiadas, no vaya a ser. Y, a medida que va creciendo el número de carteles de "Víctima de putada", las enzimas se van protegiendo cada vez más y se vuelven más estrictas y malpensantes.

Así es como una persona otrora confiada se convierte en un aeropuerto estadounidense.

Además, cuando traicionan la confianza de una, se te queda una cara de gelipollas...




*Esto es, levantarse por la mañana, ir al baño, trabajar, comer, hablar, dormir, cagar, enfadarse, reír, rascarse, andar, follar, vestirse... vamos, lo que viene siendo no estar muero.