Mostrando entradas con la etiqueta La Javanaise. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta La Javanaise. Mostrar todas las entradas

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Cosas que aún me sorprenden

  • Caber en un jarsey que estrené en 1998.
  • El sabor del primer sorbo de un chocolate caliente con avellana.
  • El sonido del despertador por las mañanas.
  • La textura ULTRAASQUEROSA del yogur.
  • Las canas. Mis canas.
  • Las familias funcionales.
  • Las personas que no votan y se quejan todo el rato.
  • Las personas que se rodean de ineptos para destacar.
  • La valentía.
  • Lo de San Cucufato.
  • Los antiredes sociales que tienen perfiles con nombres inventados.
  • Los blogs abandonados.
  • Los defensores a ultranza de las magufadas homeopáticas que beben cocascolas a cascoporro y comen gusanitos naranjas.
  • Los deportistas matineros.
  • Los comentarios de personas nuevas.
  • Los halagos.
  • Que alguien sepa en qué consiste mi trabajo.
  • Que alguien vuelva a votar al PP.
  • Que el revisor del gas se acuerde todos los años de los cambios en la casa y de lo que hablamos el año anterior.
  • Que la lluvia me rete apareciendo de repente cuando llevo zapatos que no deben mojarse.
  • Que las mujeres digan que los hombres "siempre van a por lo mismo".
  • Que me digan que me leen.
  • Que me respondan con una propuesta concreta cuando pregunto ¿Dónde te apetece comer?
  • Que nadie entienda lo de 
  • Que un hombre diga que le gusto.
  • Seguir sorprendiéndome.

martes, 30 de abril de 2013

Música

Sil me pidió el otro día que escribiera sobre música. Y no se me ocurre qué. Es decir, no se me ocurre nada que no quede pastelón o una simple lista de canciones más favoritas o que significan algo para mí o algo así porque sería un post INTERMINABLE.

Y es que soy de esas niñas que todas las canciones le recuerdan algo. De esas a las que les sería más fácil cantar sus recuerdos que contarlos. Porque desde que tengo uso de razón...



... canto*. Y escucho música.

Siempre.

Recuerdo perfectamente el primer disco que me regaló mi padre, el azul 67-70 de los Beatles. Me recuerdo sentada en la cama escuchando una y otra vez aquel idioma raro que no entendía, buscando el significado de cada palabra de las letras porque quería saber qué decían. 

Y que el día que mis padres aceptaron que cambiara de colegio sonaba Marta tiene un marcapasos en el coche.

Y mi primer beso gorrinote con This is a man's world en un magnetofón, mientras intentaba concentrarme en todo lo que estaba pasando..

¡Oh! Y el primer disco que compré con el dinero que gané un verano recogiendo algarrobas: el Kick, de INXS. Aquel verano suspendí química, me enamorisqué del profesor particular y sufría amargamente mientras estudiaba castigada en casa escuchando I need you tonight en bucle.

Y las interminables horas de ensayo escuchando a Dire Straits o a Clapton que una tiene que soportar cuando festea con músicos., que aún se me contrae la ingle.

Y el viaje de fin de curso de COU, con el The sedds of love grabado en cinta, con un auricular en mi oreja y otro en el de mi churri las 24 horas de autobús... ah, Venecia... qué bonita es Venecia y qué coñazo me parece ahora ese disco y cuánto cariño le tengo...

Y la primera noche de sexo loco pecaminoso, sobre una moqueta, con pelusas volando por todas partes, y a Joe Cocker sonando refrito en el tocadiscos.

Y la noche de mi graduación, escuchando a Los Sencillos.

Y unas fiestas de verano en un festival de ska en un pueblo del que sólo recuerdo el váter de la fonda.

Y un día que canté Mercedes Benz y alguien me dijo que me quería. Y yo tuve que decirle que yo no y fue muy triste todo.

Y mi primera nómina de verdad (y esto le va a encantar a Newland) ¡ese momento! Ese momento de subidón, cuando llegué al banco con el cheque de la primera nómina, ingresé casi todo menos dos mil pesetas y fui al cortinglés a compar el disco de Agila para mi hermano pequeño, que ya era superfan, el pobre.

Y La Javanaise...

A ver si va a ser verdad que no se puede vivir sin música...



* Esta no soy yo. Es una versión en diferido más morenita.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Si el mundo se acaba

Soy una mujer precavida. Si el mundo se acaba el 21 de diciembre de 2012 yo lo habré empezado frinkando. ¿Queda soez y fuera de lugar? Puede. ¿Podría haber elegido hacer algo mejor? A esa hora, no.

Como la Fle, habré ido a trabajar, sufriendo los mismos problemas logísticos de toooodos los días, quizás pensando en algún momento que, oye, mira, igual es la última vez que pasa, me encante y llegue más tarde aún. 

Si el mundo se acaba habré almorzado con algunos de mis mejores amigos, como cada viernes. Habré escuchado mi lista de canciones más favoritas del mundo, como cada mañana. Habré reído y llorado a partes iguales en el trabajo, como todos los días.

Y, de bonus track, mi jefe habrá organizado un aperitivo navideño, en ausencia de cena y amigo invisible, nos reiremos un rato de los últimos acontecimientos, cantaremos Call me maybe y perderemos un ratito con eso de que es Navidad, tenemos unos días de vacaciones y tal.

Si el mundo se acaba habré comido con mi familia y habré dormido la siesta rodeada de cojines y pies peludos del 43, como casi todos los viernes. Habré merendado un Colacao con mi madre en la cocina, después de poner los adornos navideños y ayudarle a recoger y planchar la ropa.

Si el mundo se acaba habré tomado una cerveza con mis amigas, me habré dado una ducha reparadora y habré salido a cenar y a tomar unas copas, pintá como una puerta, con mis maravillosísimos zapatos nuevos, no vaya a ser que la palme sin estrenarlos.

Si el mundo se acaba habré disfrutado un rato de amigos que están lejos a través del correo, del teléfono, de Tuiter, de Facebook, de Instagram, de este blog... Si el mundo se acaba el 21 de diciembre de 2012 me pilla con todo hecho, la verdad.

Si el mundo se acaba, como dice La Rizos, que me pille donde estoy ahora. Y en viernes.

Por si acaso, por si el mundo se acaba, quiero mi canción favorita:

martes, 25 de octubre de 2011

Cosas que no sé por qué me gustan

- Amenazar a San Cucufato.
- Contar (cosas).
- Crímenes imperfectos.
- Decir que no porque sí.
- Desmontar (cosas).
- El francés. Ejem.
- El orden natural (de las cosas).
- El pan sin sal.
- El Pirata Roberts.
- El plástico de bolitas.
- El tequila.
- El vino blanco.
- Escribir.
- Escribir mal a drede. Abeces.
- Estopa (yastá, ya lo he dicho).
- Hablar.
- Hablar por teléfono.
- Ignatius T. Reilly.
- Ir desconjuntada.
- Ir en autobús.
- Jason Lee.
- Jugar al abrazo del oso con mis hermanos.
- La Cola Light Sin Cafeína, sin limón y sin hielo.
- Las almohadas.
- Las cajas.
- Las cremas hidratantes.  TODAS.
- Las cosas de color rojo Valentino.
- Las cosas redondas.
- Las gafas.
- Las ventanas abiertas.
- La historia del mapa de Piri Reis.
- La Javanaise*.


- La luz tirando a amarilla.
- La pregunta cuya respuesta equivocada es Michael Mancuso.
- Las fotos.
- Las fotos de ángeles.
- Las letras copleras.
- Las listas.
- Las mujeres con el pelo corto.
- Los ambientadores azules.
- Los copos de avena con el Colacao.
- Los destornilladores.
- Los foulares.
- Los hombres con jerseys de cuello alto.
- Los huevos de palabras.
- Los mongoreplies.
- Los monólogos de Luis Piedrahita.
- Los pongos.
- Los zapatos. De tacón.
- Saber latín.
- Twitter.



*¡JA! ¡Y van cinco sin rima!