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jueves, 13 de febrero de 2014

Hablemos de amor

Llega febrero y empieza el debate, que si San Valentín sí, que si San Valentín no...que si yo no necesito un día para querer a mi churri, que si cualquier día es bueno para quererse más, que si regalále flores/bombones, que si llévale a cenar nosédónde, que si lencería sexy, que si qué cursi porque lo celebras, que si qué Sanvalengrinch eres porque no lo celebras...total, para todos los gustos. Lo que está claro es que es una excusa perfecta para pelearse hablando de amor.

Pues vale, hablemos de amor

Amor es que te levantes temprano para coger nuestro sitio. Amor es que siempre me traigas agua. Amor es cuando no coges el Fotogramas hasta que me lo he terminado. Amor es el paseo hasta el metro. Amor es que no me mates cada mañana cuando salgo corriendo por la escalera diciendo "¿ves? siempre te espero yo". Amor es que lleves casi cuatro años conduciendo, nunca de copiloto. Amor es te lleves un rato a Ahijada para que nosotras hablemos de nuestras cosas. Amor es nuestras rutinas telefónicas, la voz amiga y el "no me llames más". Amor es todas las veces que me matarías y no me matas. Amor es apuntar todas las tontunas. Amor es cuando te hace gracia que te toque la espalda mientras duermes para ver si respiras.

Amor es que desde que tú estás en casa no haya pimientos. Amor es mirar con interés tus fondos de pantalla friki. Amor es aprender a jugar (y a disfrutar) un montón de juegos de mesa. Amor es acompañarte a sitios a los que no quiero ir. Amor es ir en metro. Amor es no mover tus naves. Amor es llorar de risa. Amor es llorar de no risa a veces. Amor es sentir tus victorias como mías. Amor es llamarte guapo al menos una vez al día. Amor es chincharte. Amor es tuitear "hola stalker". Amor es todas las veces que te mataría y no te mato. Amor es tocarte la espalda por la noche para ver si respiras.

Dice Hornby que el amor tiene que ver con la capacidad de transformarte. Y no tengo ni idea de si tiene razón. No sé si me has transformado, o si me ha transformado todo lo que te quiero. Sí sé que todo es mejor y sobre todo, mucho más divertido, si estás tú. Sólo a veces tengo mariposas, no oigo violines cada vez que hablas, seguiría viviendo sin ti (pero muchísimo peor, claro). Creo que no cumplimos ninguno de los tópicos, o a lo mejor resulta que los cumplimos todos.

El amor está hecho de algunas cosas muy importantes y de un millón de cosas que a primera vista parecen muy pequeñas. Las importantes hacen de pilar y son fundamentales, pero lo que hace que quede bonito son esas cositas pequeñas. Y si no es bonito, no es amor. Es otra cosa, que puede ser también estupenda, pero si no es bonito, no es amor.


Este es de mi Bichejo. Que es bonita de verdat.

viernes, 25 de octubre de 2013

Tu cumpleaños

Ya no me acuerdo de ti. Pensé en ti durante años, todos los días. Era parte de mi rutina, como cepillarme los dientes o peinarme, tan natural como respirar. Todos los días un ratito, todos los días el mismo esquema. Nos encontrábamos en cualquier sitio (el metro, en la playa, en la puerta del trabajo) y nos dábamos cuenta de los 3, 4, 5...de los 10 años perdidos. Tuvieron que pasar diez puñeteros años para que dejase de pensar en ti. 

Pero ya no me acuerdo. Tengo que esforzarme para recordar tu cara, recuerdo que estudiaba con la camisa de cuadros que olía a ti pero no soy capaz de recordar el olor, ya no sé cómo sonaba tu voz. No consigo recordar tus manos, ni de qué hablábamos para reirnos siempre tanto. No me acuerdo de qué tal aparcabas ni de tu letra. No me recuerdo durmiendo a tu lado ni sé qué cara tenías dormido. Ya no sé si te despertabas de buen humor, ni me acuerdo de tus manías. 

Sí recuerdo cómo dolía quererte tanto, y cómo no tuve más remedio que dejar de hacerlo a lo bruto, simplemente porque tú lo hiciste primero, rompiéndome de paso el corazón. Y un día, hace ya más de 7 años, casi sin venir a cuento, decidí que ya te había dedicado un montón de ratos para nada, que me dañaba fantasear pensando que volverías a por mí y que se acabó. Y dejé de acordarme de ti. Y no sé si fue casualidad, pero todo fue a mejor desde entonces. Y ha seguido yendo mejor.

Pero el día de tu cumpleaños sí que pienso en ti. Sólo unos minutos, casi de refilón. Y es agridulce. Me da pena haber sido tanto y ya no ser nada, porque además de todo eras de verdad mi mejor amigo...y también perdí eso. Y es esa parte la que echo de menos durante unos minutos al año. Nuestras vidas ya no son las que eran hace más de quince años, no sé en qué trabajas ni si tienes hijos, qué tal te tratan los cuarenta que acabas de cumplir, si eres feliz ni en qué ciudad vives. Tampoco quiero ya saberlo. Me vale con unos minutos al año. No quiero nada más. Porque a estas alturas ya sólo me acuerdo de cuándo es tu cumpleaños.



Este post no es mío pero podría serlo. Es de una amiga muy guapa que quiere permanecer en el economato. En serio. Es muy guapa.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Ousmane

Ousmane se hace llamar Juan. Lo hizo así para que sus clientas (la mayoría son mujeres) no tuvieran tantos problemas al recordar su nombre. Tiene una dentadura perfecta, y una sonrisa terriblemente amable. En cuanto consigue que alguien rompa la barrera de mirarle a los ojos le tiene ganado con ella. Aunque si se fijaran en su mirada más allá de los dos segundos de rigor, verían que hay un deje triste en ellos, un recuerdo de otros ojos y otros labios. 

Ousmane llegó hace ya cinco años, y se esfuerza cada día en pronunciar mejor el castellano. Vive en un pequeño piso de Las Pedroñeras con otros cuatro compatriotas, pero baja todos los días a hablar con la gente del lugar. Adiouma, su pareja, se ríe cada vez que habla con él por teléfono, y le dice que tiene un acento muy raro, que canta al hablar. Ousmane sonríe al oírlo, pues cree ir por el buen camino. Si consigue hablar como ellos, quizá el color de su piel no sea tan importante. La gente habla con él, le preguntan por su familia, le saludan por la calle, pero acaban mirando de reojo si él se acerca demasiado a ofrecer alguna toalla o sábana. Son esas miradas las que le enturbian el corazón. Jamás ha hecho mal a nadie, aunque sabe que seguramente intimide a esas pequeñas pero duras mujeres manchegas debido a su altura. 

En Senegal era pescador en una pequeña población al sur de Dakar, donde acudía cada semana para intercambiar pescado desecado por algunas verduras para complementar la dieta de su familia. La carne era todo un artículo de lujo y podía pasar algún año entero sin probarla. Vivía en una pequeña cabaña con su mujer y sus dos hijos. Joder, cómo les echa de menos. Las noches de verano en el pequeño pueblo manchego se hacen eternas entre los cantos de las chicharras y los jóvenes hablando sin mesura en el parque bebiendo litronas. Pasa las horas escuchando los ronquidos de sus compañeros de piso, y mirando las cicatrices de sus manos a la exigua luz de la farola que entraba por su ventana. Cicatrices muy parecidas a las que tenía en la parte interior del muslo derecho y del antebrazo. Cicatrices de alambre de espino.

Piensa mucho también en el dinero que lleva ahorrado, y que podría traer a sus seres queridos. Aunque lo que más le atormenta es que saber que tendrá que elegir quién vendrá, su mujer o sus hijos. Y sabe que será su Adiouma la que llegará. Quizá si ella encuentra trabajo, puedan traer a los gemelos antes.

Y en esas se encuentra pensando cuando ve pasar al viejecillo que tanta gracia le hace, con sus pantalones raídos de pana, remendados tanto o más que los que lleva Ousmane. Y con sus zapatillas de andar por casa, que lleva arrastrando a un ritmo casi armónico. Ras, ras, ras. Ya viene de comprar el pan. Ras, ras, ras.


Este post es del señor @cuervajo, y pueden deben leerle también aquí.

miércoles, 10 de julio de 2013

Los días

- Abuelo, ¿por qué las semanas tienen siete días?
- Eehhh... La pregunta le cogió por sorpresa.

Aunque ya estaba acostumbrado a sus “por qué” (estaba en esa edad y era capaz de aburrir a cualquiera) resultaba algo chocante para su edad preguntarse eso.

- Eehhh...pues verás, Irene -hizo tiempo para pensar la respuesta-. Cuenta la leyenda que hace mucho, mucho tiempo, hubo un hombre que tenía siete hijos, todos buenísimos.
- Haaala, abuelo, ¿sieeete?
- Sí,Irene, siete. -dijo sonriendo-. Era un hombre trabajador y se esforzaba mucho para que a su familia nunca le faltase de nada. Trabajaba de cualquier cosa que pudiera proporcionarle algo de dinero...
- ¿Tú trabajabas mucho, verdad abuelo?
- Sí, mi niña, pero no como él. Te decía que trabajaba en cualquier sitio y, aunque no podía pasar todo el tiempo que quería con su familia, cuando llegaba a casa intentaba compensárselo de cualquier manera...
- Sí, abuelo, pero los días.
- Ya va, ya va, no seas impaciente. Sus siete hijos crecieron y uno a uno se fueron marchando de casa, dejando solos al hombre y a su mujer, que fueron envejeciendo poco a poco, juntos y felices aún. Cuando eran muy mayores ya, el pobre hombre se puso muy enfermo, mucho, tanto que su mujer pensaba que se iba a quedar sin él...
- ¿Cómo abuela, que se fue?

Le cogió desprevenido. Aún lloraba a solas en su habitación acordándose de su mujer, a la que tanto echaba de menos todavía, seis meses después.

- Sí, como abuela -intentó no llorar.
- Ah... Sigue, abuelo.
- Te decía que el hombre se puso muy enfermo, estuvo mucho tiempo en cama y los médicos no eran capaces de averiguar qué le sucedía. Cada día que pasaba estaba más tiempo dormido y ya casi no era capaz de hablar con nadie. Uno de esos días tuvo un sueño, en el que se vio a sí mismo caminando por un sendero que parecía perderse en la oscuridad. Un poco más adelante le esperaba una mujer que le acompañó hacia la oscuridad. “Espero que te despidieras de tu familia. No volverás a verlos más”, le dijo ella. “Pero eso no es posible, todavía no”, se quejó él. “Es lo que toca. No puede ser de otra forma”. ”No, no, tiene que haber algo que pueda hacer, no me puede pasar eso” dijo el hombre, llorando. “No lo hay”. “Te lo ruego, déjame todavía un poco más con ellos”. “Está bien”, aceptó la mujer, pensando. “Te dejaré un tiempo con ellos, pero, a cambio, serás incapaz de recordar tu vida anterior”. Él dejó de andar. “¿Cómo” preguntó. ”Olvidarás que tienes hijos, sólo recordarás a tu mujer, pero nada de lo que hayas vivido antes”. ”No, no...déjame al menos que recuerde sus nombres...”. La mujer vaciló. “Está bien, pero sólo uno cada día. Al ponerse el sol, mirarás al cielo y, durante unos instantes, recordarás el nombre de uno de tus hijos. Sólo uno cada vez. Y al día siguiente ya lo habrás olvidado. Así durante algún tiempo. Transcurrido ese tiempo volveré a buscarte”.

El hombre iba a hablar cuando se dio cuenta que estaba despierto. Los médicos le preguntaban algo, pero, en su aturdimiento, no era capaz de hablar. Intentaba recordar dónde estaba, pero no lo conseguía. Tampoco reconocía varias caras detrás de los médicos, expectantes, al lado de su mujer. Acertó a oír “pérdida gradual de memoria”, pero no sabía a qué se referían. Sólo sentía una necesidad acuciante de levantarse y ver la puesta de sol, a punto de llegar éste al horizonte. Sacudiéndose como pudo los brazos de los que le sujetaban, llegó a la ventana y miró afuera. Y, por un momento, una sonrisa asomó a su cara, cuando, un instante nada más, recordó una cara y un nombre. Y esa es la razón por la que... 

En ese momento descubrió que estaba solo. Su nieta se había marchado y su voz llegaba clara desde el salón, jugando con su hermana mayor y riendo como una loca. Y no pudo evitar echar una mirada fugaz a la ventana entreabierta y darse cuenta de que estaba atardeciendo. Y, también él con una sonrisa, recordó una cara. Y un nombre.




Isi H.

domingo, 2 de junio de 2013

¿Puedo preguntarte algo?

Es difícil escribir sobre lo que se ama porque las palabras no pueden dar forma a los sentimientos que nacen en el corazón mudo, y este habla con hechos y no con discursos. Por ello, si alguien te dice que es capaz de expresar lo que siente por ti con palabras, siento decírtelo pero no te quiere. Mi único amor sincero hasta la fecha ha sido por las tetas, por ello cuando Gordi me pidió que escribiera un texto sobre ese tierno objeto de deseo, al principio no supe cómo enfocarlo. Enfrentado a la blanca llanura del folio en el que pretendía dar forma a este post, sólo podía imaginar cómo de la hoja se alzaban imponentes protuberancias carnosamente coronadas por acerados pezones. Y así estuve durante diez minutos: dibujando aureolas hasta conseguir hacer una circunferencia perfecta a mano alzada.

¿Cómo podría hablar de algo que todo el mundo tiene aunque, como en el caso de las opiniones, solo las de las mujeres sean las buenas? Primero se me ocurrió que podría intentar explicar qué es lo que me atrae de ellos, pero si me pongo a pensarlo, no podría dar una respuesta certera. Son esponjosos, globos a cuyo extremo engancharse y aspirar en lugar de soplar, fruta madura y fresca que devorar con fruición, surtidores de hidromiel de los que chupar sin cesar, muy suaves y los puedes achuchar al irte a dormir, aunque también a un peluche, y no por ello mataría por hundir mi cabeza entre un par de exhuberantes gusiluz a esperar la dulce muerte por asfixia aparejada a dicho acto, por mucho que estos brillen.

Podría haber contado mil y una anécdotas relacionadas con los dulces cántaros de miel, como el italiano (¿de dónde si no?) con el que conviví durante una temporada y que se ufanaba de reconocer a las chicas por su busto y no por sus caras. Y quien dice chicas, dice prostitutas. "Las mujeres pasan pero las tetas permanecen", era otro de sus aforismos con el que, sospecho, pretendía posicionarse a favor de los implantes de silicona. Nunca llegó a aclararme del todo qué quería decir con aquello.

Podría haber escrito una oda al pezón, pero rimar teta es complicado, quizás con arqueta, pero juntar ambos términos no queda serio. Además, no podía competir con las poetisas de un par de posts más abajo y quedaría en evidencia si lo intentara (aún más). Estuve un rato dándole vueltas por si las musas se dignaban a tocarme, con una teta por supuesto, pero lo único que se me ocurrió fue:

¡Enséñame los pechos!

¡Enséñame los pechos!

Cuatro senos veré esta noche,

cuatro senos tersos y grandotes.

A mi me gustan las tetitas
blancas, negras y amarillas.
Y si en la disco se descocan
un push up y a otra cosa.
A enseñarlas! ¡A enseñarlas!
¡que luego todo son risas!

Pero a capella y sin un sintetizador perdía mucho. Estaba claro que ni siquiera las mujeres imaginarias se atrevían a acercárseme. Así que dejé el verso a un lado.

En fin, hay muchas formas de enfocar la cuestión de los pechos, aunque yo prefiero la forma directa: abalanzarse sobre ellos y no soltarlos ni aunque mi vida dependa de ello, así que al final decidí escribir sobre lo que mejor se me da: pedir que me enseñen las lolas. ¿Por qué ese interés por verlas? os estaréis preguntando. ¿Por qué vuelan los pájaros? ¿Por qué sale el sol por la mañana? ¿A qué sabe el pollo?... nadie lo sabe y a nadie le importa. Los pájaros surcan los cielos, al amanecer hay luz, el pollo está bueno y nadie dice que no a verle el busto a una chica.

Para los que caminan solitarios por el sendero de la vida, la única oportunidad que tienen de ver unas perolas de cerca es apelar a la buena voluntad de alguna bienhechora. A ser posible una amiga cercana, nunca a una desconocida que nos obsequiará con una sonora bofetada en cuanto se lo insinuemos, y tampoco es plan de ir marcado por la vida con la "mano escarlata". Alguna habrá que se lo tome a risa y tal vez nos acepte una copa, pero alguien así es tan difícil de encontrar como un tuitero casto. Además, mucho jijijaja pero tampoco nos enseñará sus panes de azúcar.

Y mira que en principio podría parecer algo sencillo. Uno piensa que bastaría con una simple proposición para que las camisas se abrieran, los tops se subieran y las rebecas cayeran al suelo dejando en libertad a los Caribdis y Escila donde todos zozobramos en un momento u otro de nuestra existencia, pero, sorprendentemente, tras años de trabajo de campo, he comprobado que no es así. Ver las tetas de una amiga requiere de insistencia y tenacidad. Con una amplia y valiosa experiencia a mis espaldas, me siento capacitado para aconsejar a aquellos compañeros que quieran descubrir si de verdad el corazón de sus amigas es tan grande como sus senos, siguiendo estos sencillos pasos:

  • Aprovecha sus momentos de bajón: ¿Que le ha dejado el novio? ¡Ataca!. Crea ambiente con el disco de Adele y pídele que se abra la blusa como terapia. El otro le ha puesto los cuernos con la chica que reparte el 20 minutos en la estación del FEVE, no se va a molestar porque le pidas eso; y si lo hace, pues al menos habrá olvidado al cerdo de su ex y la habrás ayudado a superar la traición, que para eso es tu amiga. Es una situación que los tetólogos llamamos Win-Win (onomatopeya que los hombres imaginamos en silencio cuando pellizcamos ambos pezones).
  • Pídelo con educación: Dicen que un "Por favor" abre más puertas que un cerrajero, pero cuando de hacer que una mujer se desnude se trata, aunque sea de cintura para arriba, los buenos modales carecen de eficacia. Ya puedes hablarle en castellano antiguo, que suena más educado, que seguirán negando con la cabeza hasta descoyuntarse las vértebras.
  • Con una canción: Un tema sugerente podrá resquebrajar sus defensas emocionales. Con suerte podrás aprovechar ese resquicio para conseguir tus fines. Recomendadas: Knocking on heaven door, de Guns N´Roses, que es así como más lascivo. Don´t dream is over de Crowded House, esta para animarnos; o The captain of her heart, de Double. La Ramona de Fernando Esteso se debe usar como último recurso. Pese a lo que más de uno esté pensando, no es aconsejable el Boys, boys, boys de Sabrina, porque ninguna chica quiere que la relacionen con ella. ¿Habéis visto qué cejas se gastaba en aquella actuación? Pues eso. No olvidéis llevar un cartel en el que expreséis vuestra petición y poner cara de cachorrito desamparado, que eso siempre llega al corazón.
  • Emborrachándola: Acción rastrera donde las haya y considerada ilegal por la Asociación Internacional de Tetología, que descalificará de la competición a quien haga uso del alcohol para conseguir sus fines.
  • Apela a su sentido de la amistad: Cuando un amigo le pide a otro que le enseñe su "taladradora" (por aquello del optimismo antropológico del hombre respecto de su pene) este se lo muestra sin dudar; razón por la cual solo tengo amigas. Sin embargo el concepto que de la amistad intersexos tienen las mujeres, es diferente. Si una amiga te pide que le enseñes tu "cosa" (si la llama "polla" es que quiere tema. Lo digo por si hay algún despistado), uno se la enseña encantado. No así en el caso inverso. Por eso cuando una mujer me dice que cree en una amistad pura, sin más artificios entre un hombre y una fémina, yo siempre le digo: Si, ya, pero entonces ¿le enseñarías las mamas? Y entonces, tras meditarlo unos segundos, calla y se aleja sin mirar atrás, consciente de su derrota.
  • Haz el Pagafantas: El viejo método de echar mano de la billetera y dejarte el sueldo en bebidas espirituosas con las que endulzar el ánimo de nuestra amiga. El pagafanteo para ver tetas es más triste que el pagafanteo clásico, que al menos puede aspirar, de forma irreal eso si, a tocar, lamer, estrujar, acariciar y amagar con ordeñar, antes de ser reprendido por ello, al objeto de sus atenciones. Hacerte consumidor premium del Club Sensaciones solo para mirar, es algo reservado a los muy desesperados.
  • Por Whatsapp: No es tan molesto como una llamada ni tan caro como un SMS. Podrás iniciar una campaña de acoso digital de una forma económica y rápida. OJOCUIDAO que el WA lo carga el diablo. A ver a quién le pedís que os enseñen las domingas. Yo le envié el mensaje por error a mi Ex y a punto estuve de volver con ella. Así que precaución y aseguraos bien de quién es el destinatario, que luego vienen los arrepentimientos.
  • Di que tienes dudas sobre tu sexualidad: Si, es un tópico muy manido, pero funciona. Yo lo he visto con estos ojos que han contemplado tantísimos melones. Corres el riesgo de ser catalogado como el amigo gay, y si bien es posible que te dejen entrar en probadores o te dejen tocar partes sensibles de su anatomía para comprobar lo duras que están, se correrá la voz de su recién adquirida condición sexual y tendrás que irte a otro pueblo en busca de un ligue. Un pueblo sin Internet claro.
  • Díselo con flores: Existe un lenguaje erótico-festivo de las flores, por desgracia, ampliamente desconocido pero muy directo. Cada planta lleva asociada un mensaje. Así por ejemplo, la Madreselva, incita a quien se le regala a que se haga las ingles brasileñas, las rosas quieren decir: Te quiero cariño. Ahora tráeme las zapatillas y hazme la cena mientras leo el periódico. Con las margaritas dejas caer que: Te vas a quedar más sola que la última croqueta del plato. Y si quieres insinuar que la relación que mantenéis ya no te llena, regálale un pepino. En nuestro caso, para que nos muestren el camino a los Apeninos, deberemos obsequiar a nuestra amiga con un ramillete de Pelargonium.
  • Suplicándoselo en un post: Ejém.

Si aun con todo, las peras de tu amiga permanecen vedadas a tu ojos, resígnate y acude a Internet, que en estos casos es como la margarina. Pero si además ella continúa compartiendo sus momentos de alegría y zozobra contigo, si ofrece su hombro para que llores tus penas, si sigue hablando contigo con una sincera sonrisa en su rostro, si sabes que estará ahí para lo que quieras; si, en definitiva, continúa siendo tu amiga pese a todo lo que le has babeado, alégrate de que aunque le hayas insistido hasta la náusea, no te ha mandado a paseo, y eso, aunque no pueda parecerlo en principio, es infinitamente mejor que un buen par de tetas.*




 * Y ya si con este último alegato no cae, ve probando con otra amiga. Esto es como la lotería. A alguien le toca siempre ¿por qué no vas a tener suerte tú?



Este texto es del muy ilustre y muy querido Mr. Moriarty

viernes, 19 de abril de 2013

Instrucciones para escribir


Para escribir, lo primero que necesitamos es un alfabeto, o sea, una codificación de una serie de caracteres del que se componen las palabras que a su vez componen lo que se puede denominar lenguaje o idioma.

Tenemos varios tipos de alfabetos; entre los más usados podemos enumerar:
  • Latino: el usado en este artículo, que va de la A a la Z.
  • El resto: compuestos de símbolos raros.
Una vez elegido el código –o alfabeto- el siguiente paso es formar palabras válidas y/o comprensibles, que, aunque no siendo necesaria su inclusión en ningún diccionario (recopilación de palabras oficial de cada país), sí que es aconsejable que tengan un uso en la vida real.

Ejemplo de escritura con palabras no válidas y/o comprensibles:

“Jfofeunegnjh meeiehhey hyeunbmac heiynm’g gomteue”.

El mismo ejemplo con palabras válidas y/o comprensibles (manteniendo el significado):

“Yo de verdad no veía para nada necesario que cerraras de golpe la tapa del piano mientras hacía mi numerito de tocar Para Elisa con el pene, pero tú misma”.

Teniendo ya, pues, elegida la codificación, y un lenguaje que recoja las combinaciones de letras más acordes a lo que queremos expresar, echaremos mano de la gramática –esa hija de perra-.

La gramática son las leyes de la escritura, si bien es cierto que las leyes están para saltárselas, y aquí el fin justifica los medios, y podemos entrar en el debate entre la forma y el fondo, no podemos caer en construcciones que atenten contra estas leyes sin un fin claro.

Ejemplo de gramática mal:

“El sol derretía la nieve en el valle, como si fuera llegado la primavera en verdad”.

A lo mejor la idea es buena, pero dale una vuelta.

Lo siguiente que necesitamos para empezar a escribir –todavía no hemos empezado- es elegir el medio.

Hoy en día el medio más común es un ordenador y un procesador de textos. Los hay de todos tamaños, formas y colores (los procesadores digo), si bien jamás caigas en el error de intentar aprender para qué sirve cada botón.

Otra forma más romántica o hipster es el uso de libreta o moleskine y bolígrafo. La ventaja que tiene este medio es poder llevarlo encima y la poca batería que consume. El principal inconveniente es que las chicas populares del instituto te la pueden robar y reírse de ti delante de todo el mundo y, sobre todo, del chico que te gusta, que además es el capitán del equipo de football.

Si ya has llegado hasta este punto, enhorabuena: ya estás en disposición de escribir; pero cuidado, no te confíes, llegamos a la parte más difícil del asunto, el QUÉ y el CÓMO.

Es decir, qué cuento y cómo lo cuento.

El ‘qué’ se va complicando a medida que pasa el tiempo. En pleno siglo XXI no deben quedar muchos temas sobre los que no se ha escrito –o ninguno, me atrevo a decir- así que si vas a elegir un tema muy recurrente como el amor o cómo ganar dinero fácil vendiendo libros sobre cómo ganar dinero, debes aportar un valor añadido o un punto de vista nuevo sobre el asunto si quieres que tu texto sea leído por alguien.

Yo ayer mismo por ejemplo tuve la idea de escribir Moby Dick pero miré en Google y resulta que ya estaba escrito desde hace mucho y además de una forma idéntica, palabra a palabra, de cómo yo había pensado escribirlo.

Sin embargo, si el ‘cómo’ merece la pena, el ‘qué’ es lo de menos. Y es esto lo que distingue a los grandes escritores de Dan Brown o de Ruiz Zafón.

Esa es la esencia de la literatura, la capacidad de trasmitir, de emocionar, de asustar, de hacer reír, llorar, comprar pescado un lunes, etc.

Y eso, al igual que la magia, consiste en trucos, que no son difíciles una vez que los conoces.

Yo mismo os los explicaría, pero es que me cierran el Carrefour.


Este post es del señor @Alfred_ego que, además, tiene un blog, Ego eats Ego.


jueves, 14 de marzo de 2013

Juntos



Era joven y no tenía prejuicios. Sobre nada. 

Le quería y no le importaba demostrarlo, no le importaban sus amigas y no le importaba “el qué dirán”, ni estaba pendiente de si les observaban. 

Rompió con todo y no miró atrás. No esperaba que nadie le intentara convencer de que no lo hiciese y siguió su camino. Junto a él. 

Han pasado muchos años y todavía siguen unidos. A pesar de las dificultades, o quizá gracias a ellas, siguen queriéndose como el primer día. Sin nadie que les diga cómo hacerlo. 

Y todavía un escalofrío recorre su cuello cuando, a solas, piensa en su vida pasada, en sus abrazos, en su voz. En su vida futura. 

Juntos.


Isi H.

martes, 12 de marzo de 2013

De lo nuevo que en realidad es viejo

Hola, soy Sil. Gordi y yo nos hemos intercambiado los blogses por este día porque la amistad y la confianza tienen esas cosas. Pero eh, un momento, ¡no se vayan! Denme una oportunidad, che. Que ya sé que ella cuenta las cosas mucho más mejor, pero igual ¡hasta les gusto! ¡Un poquitito! ¿No? En fin, voy a intentarlo… 



Hace poco vi una película llamada “El atlas de las nubes”. No voy a entrar en detalles, sólo diré que tiene seis historias, cada una de ellas ambientada en una época distinta: 1849, 1936, 1973, 2012, 2144 y 2321. Os la recomiendo, es una película de ciencia-ficción interesante.

Es curiosa la ciencia-ficción. Las películas de hace cuarenta años vaticinaban que a estas alturas de la historia todos conduciríamos coches voladores vistiendo trajes plateados. Ignoro qué deparará realmente el futuro: tal vez las actuales ciudades estén semienterradas de aquí a dos siglos y en su lugar haya otras con edificios sustentados por paredes táctiles. El caso es que la película me hizo pensar sobre la posible evolución del mundo, rollos apocalípticos aparte, y al volver a la realidad me alegré de algunas cosas.

Por ejemplo, del efecto pendular de las modas: el otro día, un colega subió a su Facebook una foto de su nuevo teléfono. Cuando todos esperábamos esto:
Lo que vimos realmente fue esto:

  

Dejando a un margen lo poco práctico que es un teléfono de este tipo frente a la multifuncionalidad del otro cacharrito, me resultó esperanzador que alguien mirara al pasado una vez y rescatara una cosa que siempre tuvo su encanto, al menos para mí. El sistema de la ruedecilla me entusiasmaba, me pasé media infancia simulando llamar a gente sólo por darle a la ruedecilla. No sé si un psicólogo tendría una explicación a eso, pero así era. En cualquier caso, me pareció maravilloso que entrados en 2013 un colega instalara en su casa un teléfono de cuando todavía no había nacido.

Siempre soñé tener uno como éste…


Cuando empezó a editarse música en formato digital, desaparecieron los LP de las tiendas, ¿os acordáis? Pero luego volvieron. Porque en el fondo, la escucha de un buen disco implica varias cosas: 
  1. El ritual de sacar el disco, pasarle la esponjilla, soplar con mimo las motas de polvo, colocarlo en el giraplatos, limpiar la aguja y posarla a cámara lenta sobre la superficie del disco; 
  2. Escucharlo de principio a fin, sin saltar el orden de las canciones y sin repetir en plan bucle la que más nos gusta, y 
  3. La crepitación que produce el roce de la aguja sobre el vinilo, de fondo durante la música, y absoluta protagonista entre canción y canción. Ningún sistema digital con dolby surround estará nunca jamás a la altura de eso. 

Qué decir de las gafas de sol modelo Wayfarer o Aviator (tan de moda en los cincuenta y en pleno auge otra vez), las sneakers (calzado deportivo ochentero por excelencia), los seiscientos/minis/escarabajos restaurados que se dejan ver por ahí de vez en cuando, los hogares que combinan las últimas tecnologías con el encanto de los muebles antiguos con una manita de pintura o el éxito de las ferias o mercadillos de libros cosidos con hilo y de tapa dura forrada en tela. 

¿Realmente habrá un momento en que todo eso dejará de existir? ¿Alguien de las futuras generaciones hará ganchillo? ¿Seguirán yendo al mercado a comprar los productos frescos o será todo 100% precocinado? De aquí a cien años, ¿alguien sentirá el placer de escribir a mano con una buena estilográfica?

Mientras me entran tentaciones de volver a escribir esto con la Olivetti de mi madre, deseo que nada se pierda para siempre. Incluso aquello que, aparentemente, ya no sirva. Nunca se sabe…