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sábado, 19 de agosto de 2017

Día 33: Incongruencias

No mezclo en la botella nueva de champú el culito de la anterior si son diferentes porque, vete a saber igual tienen dos componentes incompatibles y me explota la cabeza. Tampoco mezclo limpiadores, jabón de la ropa, aguas diferentes, lavavajillas... no mezclo nada.

Si he puesto algo del mar en un plato uso otro plato para las cosas que no son del mar y si estoy sola uso un tenedor para el tomate y otro para el otro plato. Y si me tomo una cerveza o un refresco quiero otro vaso para el agua.

Si voy a ponerme un vaso de leche y no hay bastante me tomo medio vaso de leche, o dos medios vasos de leche, no añado más si no es exactamente igual.

Sin embargo, soy capaz de comerme sin reparos una lata que caducó en febrero de 2013.

viernes, 18 de agosto de 2017

Día 32: Te recuerdo de lejos

Te recuerdo de lejos, como se recuerda la cara de la primera profesora, o de la bibliotecaria que ya se jubiló.

Se me ha olvidado cuánto más alto que yo eres, si tienes los pies grandes, el tono de tu voz cuando estás contento, si tienes muchos o pocos pelos en las piernas, si prefieres la Mahou normal o la especial, el olor de tu perfume, en qué lado está la cicatriz en tu espalda, tu sabor, o en qué oreja llevas el pendienESPERA ¿llevas uno o dos pendientes?

He olvidado muchas cosas de ti.

Sin embargo, hoy he visto una sombra que se dirigía hacia mí desde el otro lado de la calle y no me ha hecho falta ponerme las gafas para saber que eras tú.

miércoles, 16 de agosto de 2017

Día 30: El ecuador, o lo que viene siendo la mitá

Querido blogs.

Estoy un poquito hasta el coño del reto de #Proyectohuevos.

Es cansao. No por escribir, qué va, escribir es un camino de rosas cuajado de amapolas de chocolate que huele a esencia de lavanda. Joder, es la obligación. Es haberme impuesto una obligación que no necesitaba.

Y es aburrido, a veces. se me había olvidado eso de tener que escribir sin tema, teniendo que escurrir el celebro para sacar un post. Menos mal que cuento con la inestimable colaboración de la #becaria MG, que si no...

Además, como decíamos ayer, está siendo muy difícil crear una rutina de la nada, sobre todo porque como no tengo otras rutinas, esto es un poco el coño de la Bernarda.

Quedan 30 post. Aunque no va a darme tiempo a ganar la apuesta por la que nació #ProyectoHuevos, voy a continuar y terminar con elegancia.

Porque de eso se trataba, de intentar que se olvidara que soy imbécil por aceptar la apuesta demostrando que puedo perder con elegancia.

De eso, o de retomar el hábito de escribir en el blog, vete a saber. 

miércoles, 9 de agosto de 2017

Día 26: Chatear se me da fatal

  • Avísame cuando puedas prestarme atención.
  • Eres muy creída.
  • Eres muy seca.
  • Eres muy soberbia.
  • Estás conectada pero no respondes.
  • Hablas muy poco y eres un poco borde.
  • Las tías sois todas iguales.
  • No cuesta tanto responder con un hola.
  • No entiendo por qué no quieres que seamos amigos.
  • No me creo que no hayas tenido ni un minuto en todo el día para decir hola.
  • Podrías contar alguna cosa más personal.
  • xk me dices to rato k no m entiendes jejeje
  • xk no t intereso guapi
  • Sé que has leído mi mensaje esta mañana, no entiendo por qué no me has contestado.
  • Si yo te escribo lo justo es que tú me contestes, maleducada.
  • Tardas mucho en contestar.
  • Te crees muy lista y eres del montón.

domingo, 6 de agosto de 2017

Día 24: Depresión desde fuera

Estoy aprendiendo más sobre la depresión viéndola desde fuera que cuando estuve dentro. 

Cuando estás dentro es todo demasiado oscuro, demasiado difícil, demasiado raro.

Fuera hay algo más de luz, algo más de perspectiva, una visión global. Desde fuera es todo siempre más fácil.

Desde fuera puede que no sea posible entender muchas cosas, o nada, pero se puede ser empático, cariñoso, abierto, comprensivo y disponible. Se puede ser lo que necesita esa persona, incluso si lo que necesita es que no seas nada.

Y a veces no ser nada es duro, porque parece que estamos programados para tener que ser muchas cosas y solucionarlo todo. 

Pero no. A veces tenemos que no ser nada más que lo que necesitan que seamos en ese momento.

Ya digo, es duro. Y a menudo te saca de tus casillas pero, mira, esta es una de las pocas ocasiones en las que creo que el amor, y todo lo que se puede hacer y no hacer con él, es la mejor medicina.

Y los mojitos. Los mojitos también son una buena medicina.

Menos mal que tengo mucho amor y se me dan bien los mojitos porque, amiguis, las de cosas que se hacen y no se hacen por los amigos con depresión...


martes, 1 de agosto de 2017

Día 21: Viajes con niños

Una vez tuve que hacer un viaje en AVE rodeada de un grupo de trabajo de siete mujeres que chateaba en su grupo de trabajo de whatsapp con las que no habían podido ir a la feria. Durante algo más de una hora y media, cada vez que alguna enviaba un mensaje sonaban siete tonos diferentes de aviso. Unas 5.700 notificaciones.

Otra vez viajé desde Malta rodeada de los restos de una despedida de soltero de un chico de Paiporta. Por supuesto, todos estaban borrachos, salidos, enfermos o, simplemente, eran energúmenos. Vociferaron, cantaron, bebieron, insultaron, vomitaron... todo en el limitado espacio de un avión de low cost.

Durante diez meses ha viajado a las 7'45 con una panda de señores vociferantes que iban a trabajar. Muchas personas les han llamado la atención muchas veces por ser groseros especialmente con las mujeres, y por ser ruidosos y maleducados.

Vivo en Valencia. Cada año tengo que aguantar durante un mes el colapso de la ciudad,y el incivismo de miles de personas. Puede que te toque una banda de música que se desplaza a la city desde uno de los pueblos cercanos y te haga bastante gracia, o que tengas que aguantar a personas de todo pelaje y condición mear en los patios de los edificios, o que te toque ir en el autobús con un grupo de señores y señoras adultas embriagados, volviendo de la recogida de premios, de una ofrenda o de una mascletà, pero, eh, no te quejes, que es que son fallas.

Hace unos meses fui a un concierto en el que había un bebé de unos dos años con auriculares. Empezó a llorar a los diez minutos de estar allí. Sus padres aguantaron hasta el final. Yo les hubiera empalao a los dos. ¿Tienen derecho a llevar a su bebé a un concierto? Sí, claro. ¿Son unos inconscientes y unos maleducados? También.

Leo estos días lo de los viajes y las actividades con niños y, mira, hay mucho rancio suelto. Y mucho gelipollas, también.

¿Es un coñazo que un niño te dé la brasa en un viaje? Pues sí, claro que lo es. Por muy comprensivo que seas, si te toca un niño que llora, o se ríe, o está potroso y te da el viaje, probablemente se te pasen por la cabeza muchas cosas, muchas de ellas ilegales y punibles.

¿Sólo dan la brasa los niños? Pues no, Claro que no. Y lo peor es que hay más adultos viajando y moviéndose en los transportes públicos, lo que supone que, estadísticamente, hay más adultos coñazos.

Muchas veces, que los niños den por culo tiene que ver con que son niños, y lloran, ríen, juegan y son ruidosos, y no tiene nada que ver con la educación o con si sus padres son tal o cual cosa. ¿Molesta? Sí. ¿Hay que hacer algo? Pues mira, que el niño se encuentre lo mejor posible, los demás importan un poquito menos y hay que joderse un rato.

Otras veces, dan por culo porque los papás y mamás dejan que su condición de niños sea un cheque en blanco para hacer lo que quieran, independientemente de su impacto en los demás. ¿Molesta? sí ¿Hay que hacer algo? Pues, mira, una hostia con la mano abierta en la cara de algunos padres no vendría mal.

jueves, 27 de julio de 2017

Día 18: Lo que se dice no puede borrarse

Uno de los daños colaterales de callarse muchas cosas es que, aunque parezca que no, aunque parezca que se te olvidan y ya están, tó olvidao, pues no. 

Las cosas que uno no dice se quedan almacenadas en algún sitio, agazapadas, LAS HIJASDELAGRANPUTA, esperando para salir como quien no quiere la cosa, en el momento menos oportuno y cuando más daño pueden hacer.

Hoy se me ha escapado algo que llevaba guardándome mucho tiempo, con la persona a la que más importa herir. Hacía mucho tiempo que me callaba porque lo sabía, sabía que le iba a doler mucho, y que no iba a aportar más que mierda.

Pero se me ha calentao la boca y ni he pensado, mira. Me vienen con el "tú dímelo todo, que yo prefiero saber", y yo "que no, que es mejor así", y "venga, que sí, que es mejor saber que no saber" y, chica, qué quieres que te diga, se me dispara el resorte de "¿no querías saberlo? pues toma", y ya no hay vuelta atrás.

Porque lo que se dice no puede borrarse, amiguis.

Da igual que una se arrepienta, que pida perdón, que se jure por sus muertos no volver a decir nada.

Lo que se dice no puede borrarse.

Y por eso es tan importante callarse casi siempre.

sábado, 22 de julio de 2017

Día 14: Sangüijuelas

Hace poco conocí a un tipo de esos que tiene una cuenta con chorrocientos mil seguidores que coge cosas de otros y las publica como propias. Resulta que ha copipegado un tuit de una amiga y ha tenido tropocientos retuits pero no importa, porque es un tuit y qué más da, un tuit.

Él tenía claro que:
- Se estaba aprovechando del trabajo de otros para ganar seguidores.
- No sabía explicar por qué o para qué quería todos esos seguidores, pero los quería, y a coste cero.
- Otras personas con menos seguidores estaban sacando provecho económico y él no, aunque se lo mereciera más.
- Le importa una mierda que otras personas dediquen tiempo, esfuerzo, dinero, talento, conocimientos... a crear algo, aunque sea un meme. A él también le cuesta tiempo seleccionar, borrar marcas de agua, teclear lo que no puede copipegar...
- Todos lo hacemos. ¿Por qué no iba a hacerlo él?
- ¿Qué va a hacer? ¿Citar a la otra persona que lo ha creado? ¡¡¡¿¿¿ESTAMOS GELIPOLLAS O QUÉ???!!!
- Lo que está en Internet deja de tener dueño y cualquiera puede cogerlo y hacer lo que quiera.

Ya verás lo que nos reímos cuando su mujer vea las conversaciones que ha tenido con dos de mis amigas en Tinder, que están en Internet, dejan de tener dueño y cualquiera puede cogerlas y hacer lo que quiera...


miércoles, 19 de julio de 2017

Día 13: Supersticiones

superstición.
Del lat. superstitio, -ōnis.
1. f. Creencia extraña a la fe religiosa y contraria a la razón.

2. f. Fe desmedida o valoración excesiva respecto de algoSuperstición de la ciencia.

Llevo pensando un rato si tengo alguna superstición. Y no.

No pienso que tal o cual cosa dé mala suerte, no toco cosas para tener suerte o evitar la mala suerte... nada de eso. Evito pasar por debajo de una escalera por la misma razón que intento no pasar por debajo de andamios y esas cosas, por prudencia. Y ya.

Descreída que es una.

Supongo que tiene que ver con el rollo de las creencias y la fe. No tengo, no las entiendo, no me queda más que tolerarlas y creo que el mundo sería mucho mejor si desaparecieran.

¡Huy, mira, una creencia, pide un deseo!.

martes, 18 de julio de 2017

Día 12: El fin y los medios

Hola, flipao activista diletante cuñao.

Lo siento, has caído en la trampa de el fin justifica los medios. Y no la has superado.

Igual ha sido injusto que no te avisara pero es que es mi detector de cuñaos moralistas infalible y va mejor si es sorpresivo. Además, también es un enfadador de primera y me has tocado las narices a los 12 minutos y quería largarme cuanto antes.

Te he visto venir y no he podido resistirme.

Pero no te quito mérito, eh, han respondido a la primera provocación. Como buen cuñao moralista tú tampoco has podido resistirte a poner límites y excepciones a lo de el fin justifica los medios. Los tuyos, claro, que son los buenos. Has hecho de juez y parte con tu propio sistema de valores, tan molón, tan social, tan comprometido, tan de todo por el pueblo: el fin justifica los medios cuando algo te parece bien a ti, y no lo justifica si te parece mal a ti.

Tengo que reconocer que has sido un flipao activista diletante cuñao excelente. No te cuestionas nada, no tienes dudas, tu constructo intelectual es tan sólido y perfecto que eres inquebrantable.
Creo que por eso mi superpoder finmediático ha funcionado tan bien.

Porque eres uno de estos que se queja de todo todo el rato porque va todo fatal y no hay conciencia social y blablabla... Eres uno de esos que se pone bizco con lo de el fin justifica los medios que, si pudiera, se haría caca en mi almuerzo y me desollaría viva porque soy la escoria de la sociedad y así es imposible avanzar en lo del mundo mejor.

Pero también eres de los que, con toda tu conciencia social y toda tu mierda, defiendes lo de hacer trampa con las facturas, o lo de no dar de alta todas las horas que se trabajan, o lo de hacer trampa con subvenciones siempre que se pueda.

Ah, amigo, ahí sí se justifica, sí. Ahí si se vale un poco hacer cualquier cosa para conseguir tu objetivo porque, claro, como tu objetivo es tan noble y tan molón ...

Y así nos va.

domingo, 9 de julio de 2017

Día 4: Fracasos

Bueno pues ya tengo el récord mundial de fracasar en mis propósitos: sólo he tardado cuatro post en romper mi compromiso de escribir todos los días.

Si tuviera que poner una excusa a alguien diría que ha sido un fin de semana excepcional pero no es el caso. No tengo que poner excusas a nadie. Y, aunque tengo que reconocer que no esperaba que pasara tan pronto, no me asusta haber fracasado.

Fracasado, que no rendido.

Porque, aunque esté un paso más cerca de perder la apuesta del #ProyectoHuevos que hace dos días, he decidido seguir, a ver qué pasa.

En realidad, todo se reduce a seguir intentando recuperar la acción de un hábito perdido. Es difícil, todos los sabemos.

No es como dejar de hacer. Dejar de hacer es fácil. Y casi nunca se toma como fracaso, sobre todo si se deja de hacer poco a poco. Entonces parece que uno tiene muchas razones: un día es por una cosa, al día siguiente por otra, luego por otra... y cuando te quieres dar cuenta hace seis años que no vas al gimnasio.

Pero empezar a hacer algo... o volver a empezar a hacer algo... eso sí que es difícil. Y hay que estar preparado para fracasar, que ya somos mayores y sabemos que la fama cuesta.

Así que, aquí estoy preparada para el fracaso y ready to go.

martes, 23 de mayo de 2017

El mes

Mi abuela era una señora a la antigua, de esas que iban a cobrar la paga en metálico, hacía montoncitos para los gastos e iba gestionando el resto.

Como muchas señoras de pueblo de su generación, no se creía mucho lo de invertir y lo de la bolsa. Era muy de tocar el dinero para asegurarse de que lo tenía y no estaba muy por la labor de meterlo bajo el colchón, que se hacían pelusas, así que compraba oro.

Yo creo que aquí tuvo que ver, aparte de lo de las pelusas, que una amiga suya de cuando era pequeña vendía joyas, pero a la antigua. Era una señora sonriente y divertida, que iba por las casas con su muestrario de joyas. El día que iba a cobrar el mes, abría el muestrario lustroso delante de las tres o cuatro vecinas de confianza y cobraba y vendía a plazos. Luego pasaba todos los meses a cobrar, se tomaba un café, charraban un rato, y hasta el mes siguiente.

Y así compró mi abuela las joyas de la boda de mi madre y mi tía, los aderezos de nacimiento de sus nietas, pulseras, collares, pendientes, gemelos... y todo iba muy bien. Estaban todas muy contentas y llenas de oro.

Un día, la vendedora de joyas apareció con su hija. Se iba a jubilar y dejaba a su hija en herencia su negocio. Y, a partir de entonces, esa otra señora sonriente y divertida pasó a cobrar el mes. Llegaba, abría el muestrario de joyas, cobraba y vendía, se tomaba un café, charraban un rato, y hasta el mes siguiente.

Pasado un tiempo, esta señora dijo que se retiraba, cobró lo que se le debía por el barrio y desapareció.

Y empezaron los rumores. Todo el mundo hablaba fatal de ella en el barrio, aunque nadie decía por qué. Ahora sé que era por vergüenza.

En esto estamos que la entonces novia de mi hermano empezó a trabajar en una tienda de esas de compra-venta de oro y, por estas cosas de la curiosidad humana, se llevó una cruz de oro blanco que mi abuela le regaló. Mi abuela ya se había muerto, le daba tristor llevarla y quería guardarla.

Presunto oro blanco. Era chapa de algo.

La familia se lo tomó muy a mal, claro, y empezaron a llevar las sortijas y pulseras a valorar.

Todo lo que la hija de la vendedora de joyas había vendido a mi abuela a precio de oro era falso.

Poco pudimos hacer, más que intentar poner una denuncia que, claro, nunca prosperó. Mi abuela había muerto, no había recibos, ni señora, ni nada.

Yo deseé la peor muerte entre terribles dolores a esta persona y a su estirpe, cada vez más sangrienta y de sufrir, a medida que iba enterándome de la estela de mierda que dejó en el barrio.

¿Cómo se puede ser tan ruin y tan hija de la gran puta?

Un día, mi tía dejó muy claro lo que todos pensábamos: ojalá tenga que gastárselo todo en médicos y medicinas, y se muera pobre y sola como una rata.

Y ahí se quedó la cosa.

Hasta hoy.

Hoy nos hemos enterado de que esta grandísima perra del mal ha tenido que gastárselo todo en médicos y medicinas y que, aún así, se ha muerto, y en una casa de alquiler porque la suya se la quitó el banco.

Y, mira, sin pensar siquiera en los millones de cosas que podrían explicar por qué se dedicó a timar a jubilados que aún confiaban en lo del oro, me he alegrado.

Porque la justicia universal, a veces, funciona.

lunes, 13 de marzo de 2017

Que igual...

Igual soy idiota pero me tranquiliza mucho cuando leo algo escrito por otra persona que me ayuda a explicar cómo me siento. Que es curioso que para opinar no me haga falta nadie más, y para explicar cómo me siento sí, pero es lo que hay.

Cuando otra persona escribe lo que yo tengo en la cabeza pero no sé explicar, o igual ni siquiera he identificado hasta que lo leo me siento menos sola, menos loca, menos diferente. Y es fenomenal.

Porque hay otras personas que se sienten así, exactamente como yo, y que han sido capaces de escribirlo tan bien, tan sencillamente, pero tan bien, que hace que me sienta aliviada. Reconfortada. Acompañada. No sé, pon todas las adas que quieras. 

Supongo que eso fue una de las claves del éxito de los blogs o, al menos, fue una de las cosas que hizo que yo me enganchara a los blogs: ahí afuera había personas que hacían que no me sintiera un bicho raro, que también se preguntaban cosas que yo nunca había escuchado en voz alta a mi alrededor, que describían cosas parecidas a las mías, que yo nunca había hablado con nadie. 

Ya no es lo mismo, lo sé. Los blogses personales parecen estar heridos de muerte, y los sentimientos de otras personas queda diluida homeopáticamente entre la maraña de contenidos insulsos y virales, pero la internec es muy grande y aún, de vez en cuando, aparecen cosas de esas escritas por otra persona que me ayudan a entender o a explicar. Y siguen haciendo que me sienta mejor. 

Ahora que lo pienso, no me he planteado si soy la única que se siente así de acompañada con esta tontería, sospecho que porque sé que no, que seguro que hay muchas personas a las que nos pasa. Qué fuerte, ¿no?

Me da igual. Me pone contenta. No estoy loca. No me pasa sólo a mí. No son imaginaciones mías. No soy la única.

No pasa nada, no soy yo y lo estoy haciendo bien.

viernes, 17 de febrero de 2017

En la primera cita

 ...
-  y que sólo un idiota puede no disfrutar de la naturaleza.
- ¿Me estás llamando idiota, en la primera cita?
- No... a ver, mujer, quiero decir... que no sabes lo que te pierdes si te niegas a estar en contacto con la naturaleza...
- ¿Me estás diciendo que no he ido al monte y por eso no sé lo que me pierdo en la primera cita?
- No, A VER, no me malinterpretes... Es que no me lo puedo creer. A todo el mundo le gusta la naturaleza. ¡Joder, la gente normal paga por hacer cosas en la naturaleza!
- ¿Me estás diciendo que no soy normal, en la primera cita?
- ¡Que no! Sólo digo que por no querer ir al monte te pierdes uno de los grandes placeres de la vida.
- ¿Me estas diciendo que no sé lo que me da placer, en la primera cita? Porque yo sé perfectamente las cosas que son para mí grandes placeres de la vida, y te aseguro que andar por el monte no es una de ellas.

No acabo de entender por qué no funcionan mis citas, la verdad.

martes, 31 de enero de 2017

Pavlov

Ayer se me cayó el cuadro de Wonder Woman. El cristal se rompió en mil pedazos y mientras los recogía pensé, mecánicamente, que te hubiera gustado saber que se había roto, porque odiabas ese cuadro.

Me acordé de ti sin querer. Fue un momento. Fue suficiente.  

Para cuando quise reaccionar ya te habías asomado a mi cabeza. Y te quedaste. OTRA VEZ.

Me di cuenta de que pensé en ti al hacer la cama, porque ya no estaban tus almohadas. Fue de lo primero que me quité de encima para dejar de abrazarte en sueños.

Sacudí la cabeza, literalmente, y me forcé a pensar en otra cosa.

Pero luego pensé en ti al abrir el armario y no ver tus chaquetas.

Hace unos meses me harté de verlas colgadas entre las mías. Fui escondiéndolas, dejándolas debajo de otras cosas, hasta que desparecieron entre vestidos y gabardinas. No tengo claro por qué las guardaba, pero ahí estaban. Hasta que dejaron de estar y se quedó el hueco. Durante un tiempo sólo vi el hueco. Hasta que desapareció. Como tú.

Pero ahora habías vuelto. A mi cabeza, al menos.

Sacudí otra vez un poco. 

¡QUITA BICHO, QUITA!

Sacudí un poco más.

Empecé a tener dolor de cabeza.

Y volví a pensar en ti.

Porque hacía tiempo que no me dolía nada por ti, qué cosas.

Y quise volver a olvidarte pero de repente todo se había llenado de ti, con lo que me ha costado desaparecerte.

Estabas por todas partes. OTRA VEZ.

O no estabas, no sé...

Abatida, me senté en la cama, como en las películas.

Mira, déjate llevar, me dije. Piensa en él todo lo que necesites, acábatelo, tó enterito, piensa en él, ponte triste, ponte contenta, ponte lo que quieras. Parece que ha venido para quedarse un rato, así que déjate llevY ME ENFADÉ.

Sentada en la cama, como en las películas, me enfadé conmigo. Porque estaba ahí, OTRA VEZ, en el mismo sitio donde había estado tantas veces. Y todo porque se me había roto un cuadro. 

Salí a comprar un nuevo marco, decidida a desaparecerte de nuevo.




jueves, 8 de diciembre de 2016

Culpar

Es muy fácil culpar a los padres de las taritas. Es muy fácil mirar hacia atrás, recordar lo peor de nuestra infancia y darnos cuenta de que todo, TODO, empezó allí. Y que, en ese allí, estaban los paaapas, responsables de nuestro bienestar, nuestra educación, jardineros de lo que íbamos a ser después. De lo que somos ahora.

Es muy fácil echar la culpa de nuestras mierdas de mayor a aquello que pasamos de pequeños.  

No soy psiquiatra ni psicóloga ni nada, no voy a ponerlo en duda, claro. Es más, a medida que profundizo en cosas de terapia y mierdas de esas se reafirma esta sensación tan fuerte de que sí, de que todo empezó allí.

Sin embargo, me resisto a culpar

Porque pienso que ellos (casi todos, vaya, que excepciones hay pa tó) lo hicieron lo mejor que pudieron y supieron. Que muchos no supieron adaptarse a la ruptura que supuso la adolescencia de nuestra generación, tan diferente, tan lejana, tan ajena a la suya.

Me pregunto a menudo que les pasó a ellos, cómo vivieron su infancia, para que hicieran que la mía, que las nuestras, fuera como fue. Que no fue terrible todo el tiempo, pero sí fue difícil. Una batalla constante. Una guerra sin cuartel. Un reto constante a la autoridad paterna, que se rebelaba a aceptar que una mocosa le llevara la contraria. Que todavía se rebela, y aún sigue sin entender por qué.

Me lo pregunto y me da miedo responderme, porque estoy aprendiendo que la arqueología emocional me supera. Si ya es difícil lidiar con mis miedos, mis traumas, mis tropezones, mis fracasos, me siento incapaz de enfrentarme a los de aquellos que estuvieron allí cuando se estaban gestando y no supieron cómo enseñarme(nos) a ser de otra manera.

Y también tengo la esperanza de que para nosotros, para nuestra generación, criar y educar a los niños es una experiencia muy diferente. Somos conscientes de que hay muchas opciones y que podemos elegir, que no tenemos que repetir con los niños, inexorablamente, el modelo educativo que siguieron con nosotros.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

La amiga Rita

Se muere Rita Barberá y lo primero que me viene a la cabeza es mi abuela.

Hubiera querido que la lleváramos al cementerio, incluso aunque no supiera dónde estaba enterrada. Cualquier cementerio le venía bien. Hubiera rezado, con lágrimas en los ojos, por el alma de aquella a la que consideraba una gran persona. Una amiga, casi.

En casa de mi abuela había más fotos de Rita que de sus nietos. Sólo tenía dos fotos de cada uno de nosotros, porque no quería que pensáramos que tenía un favorito (y lo tenía, y todos lo sabíamos, y nos parecía bien), pero tenía una docena de fotos de Rita, con Rita.

La entonces alcaldesa invencible iba cada año al centro de mayores de barrio en el que mi abuela hacía manualidades con otras personas mayores. Se sentaba con ellos, se reía con ellos, les contaba historias y alababa sus trabajos. Hasta parecía que les recordaba de un año para otro. Los abuelos estaban encantados. Rita era su amiga y se lo podían contar a todo aquel que quisiera escucharles.

Le decían guapa, le regalaban sus servilletas pintadas o sus cajitas decoradas, y ella se reía, encantada, a carcajadas, con esa risa que parecía de verdad y se contagiaba. Una casi se la creía. Una casi se imaginaba aquellas salitas de abuelo con fotos de la amiga Rita encima de telecinco.

En los últimos meses he visto a una Rita muy alejada de aquella que conocí en sus mejores momentos. Y he pensado en mi abuela todas las veces. En las fotos, en aquella risa, en Valencia, en cómo cautivaba a la gente que tenía que votar, en su despotismo, su mala educación, su soberbia, en los taitantos años que hemos sufrido todos a esa mujer imparable...

Abuela, si me oyes, Rita no era tu amiga. No te merecía. 

miércoles, 9 de noviembre de 2016

El terremoto

Hoy, mientras caminaba por un pasillo lleno de jóvenes, me han temblado las piernas y he notado cómo se me nublaba un poco la vista. Eh, que me caigo redonda, cagondiós, he pensado.

Mi vida ha pasado por mi mente como en un TL de Instagram. Brevemente, porque todo el mundo ha empezado a vocear y me han sacado del enmimismamiento.

- ¡Tía, tía! ¿Lo has notado? ¿Tía, has notado el terremoto, tía?
- ¡Jo, tía, sí!
- ¡Tía, cómo va a ser un terremoto en Valencia!
- ¡Tía, puede haber terremotos en todas partes, que todas partes son la Tierra, tía!

En un pis pas los jóvenes ya estaban dando saltitos y moviendo mucho las manitas en grupitos de siete u ocho personas en medio del pasillo que, como todo el mundo que sabe que cuando hay un terremoto hay que guarecerse bajo los dinteles de la puerta, es justo lo que no hay que hacer.

Debo haberme quedado ahí plantada con cara de susto porque se me ha acercado una de las jóvenas y me ha preguntado ¡Gordi, tía! ¿Estás bien, tía? ¿has notado el terremoto, tía, tía?

Supongo que he sonreído y asentido, igual a la vez, que soy mujer y capaz de hacer dos cosas a la trump, pero no recuerdo qué he hecho exactamente.

Y no me acuerdo porque tenía la mente concentrada en lo que me ha parecido más gracioso del asunto: mientras la juventú estaba emocionada por si era un terremoto, yo sólo sentía un alivio inconmensurable por haberme equivocado en mi primer pronóstico:

- ¡Joder! ¿Me va a dar un chungo de tensión y voy a diñarla justo AQUÍ Y AHORA?

Esto va a ser la tercera edad en todo su esplendor, ya lo digo.



NOTA: No ha sido un terremoto. Unas obras justo al lado. Me han estado temblando las piernas toda la tarde por una puta obra.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Sé fiel a ti misma

Estos días he aprendido una cosa que, estoy segura, me va a venir bien ya pa siempre: hay personas con las que sólo existe la posibilidad de adaptarse o huir. Da igual lo que digan o cómo lo digan, da igual lo abiertas o disponibles que se muestren, da igual todo. Adáptate o huye.

Y, mira, yo, como estoy en modo super zen que me la suda el coño y no voy a discutir con nadie, me he adaptado. No sé cómo, no sé de dónde ha salido esa plastilinidad rara que me ha poseído pero, sí, amiguis, me he adaptado como una garrapata a un cuello de perro callejero.

Cierto es que al principio me resistí un poco. Mi virguez natural se rebelaba ante el despropósito que tenía delante. Discutí. Pero muy poco, si tenemos en cuenta todo lo que tenía ganas de decir.

Es como si, al ver el muro indestructible que tenía ante mí, recordara de repente todas las veces que me había dado de hostias contra muros parecidos, el sufrimiento, el estrés, el dolor... Es como si recordar otros muro me hubiera quitado las ganas de destruirlo, treparlo o burlar a los vigías.

Simplemente, me he adaptado. Me ha costado menos cambiar que luchar contra otros. Nada de mierdas del tipo mantente fiel a ti misma, qué va. O, bueno, va, si ser fiel a mí misma significa tomar las decisiones que me desgasten menos en cualquier aspecto, vale, seré fiel a mí misma.

Y esta nueva fidelidad a mi mismidad me tiene loca porque no me reconozco, eh, me tiene loca.

martes, 18 de octubre de 2016

Justicia

Este texto circula por Tuiter. 

Al leerlo no he podido evitar pensar en algo a lo que doy vueltas a menudo: la ley de la justicia universal y lo del merecer

Más allá de que el texto sea, realmente, de algún eterno olvidado de OT1, que da igual, es fácil ponerse en esa piel. A mí, al menos, me resulta fácil. ¿Por qué él, y no yo? Si empezamos en igualdad de condiciones... ¿O por qué él, quince años después, está podrido de éxito, de dinero, experiencias... y yo no? Y, lo que es más importante, ¿quién me pone la pierna encima para que no levante cabeza?

Pues no sé, chico. La vida.

Al final, resulta que hay personas que gustan más y personas que gustan menos. Algunos tienen un talento excepcional y se encuentran por el camino con quién puede, sabe y quiere explotarlo, otros no se encuentran con nadie, o se encuentran con personas que no saben qué hacer con ese talento o, simplemente, creen que son super talentosos pero no, son reguleros y no llegan a ningún sitio. Da igual si creen que merecían más y que han sido tratados injustamente, da igual que se quejen amargamente, que dejen de ajuntar al mundo. La cantidad de cosas que merecemos de verdad es muy limitadita y el éxito no creo que sea una de ellas.

No es una cuestión de justicia. La justicia no es eso. La justicia es el principio moral que lleva a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece (RAE dixit). Y a uno no le corresponden las mismas oportunidades de ser una estrella que a los demás. A uno no le pertenecen, per se, las mismas oportunidades que a los demás, sobre todo cuando quien da esas oportunidades es una empresa privada que vela por sus propios intereses.

La justicia no tiene nada que ver con conseguir lo que uno quiere, llamemos a las cosas por su nombre. Que uno se esfuerce mucho y no consiga sus objetivos no es justo o injusto. Es frustrante, pero no injusto. Como tampoco lo es que otro que no pegue ni chapa o se esfuerce mucho menos dé en el calvo y tenga éxito en lo que se proponga. Eso es cuestión de suerte pero ¿justo? ¿Injusto? Ni de lejos.

Al final, si quieres algo, haces todo lo que crees que tienes que hacer y no lo consigues, haz otras cosas. Puede que tampoco lo consigas, nadie te garantiza nada, pero es que, cari, la cosa de la justicia es así, equívoca.

Que se confunde mucho lo de la justicia con las merinas y, mira, nos equivocamos, eh, nos equivocamos.