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jueves, 5 de septiembre de 2019

Las gafas

Cuando hice la comunión mis padres hicieron las tres cosas que marca el protocolo: me cortaron el pelo, me apuntaron a los Scouts y me llevaron al oculista porque me acercaba mucho a ver la tele.

Y me pusieron gafas.

Con los años descubrimos que no iba a ser un camino fácil: cada vez que iba me había subido la graduación.

Mis amigas se fueron operando para dejar de ser cuatro ojos y yo, la verdad, nunca tuve la tentación de ir voluntariamente a un quirófano, ya había pasado por uno por obligación y no estaba por la labor de volver a pasar para deshacerme de algo que me gustaba: las gafas.

Al hacerme mayor la cosa seguía creciendo, con dioptrías de todo subiendo al marcador de manera desigual y a lo loco, como en un partido de fútbol americano, convirtiendo las lentillas y las gafas en una parte de mí, porque veo menos que un gato de escayola.

Mientras, mis amigas me daban la brasa sideral con las ventajas de operarse para no tener que depender de una prótesis. Que es más cómodo para nadar, decían, no entiendo por qué no te operas.

Me gustan mis gafas, decía yo, estoy bien con ellas.

Y se reían y me decían que estaba loca por permitir ser dependiente de una prótesis que podría haberme ahorrado.

Con la llegada de la vista cansada, mi única adaptación ha sido la de muchas personas: llevar unas gafas de cerca o quitarme las de lejos, un gesto rápido que me resulta natural. Estoy acostumbrada a depender de ellas y no pasa nada.

Mis amigas ya no se ríen y me piden las gafas para mirar el móvil, porque a ellas se les han olvidado.

La vida tiene unas cosas...

martes, 9 de julio de 2019

Las adicciones

Tiendo a pensar que soy empática y que, quizás por el TOC este que tengo de analizar las cosas desde muchos puntos de vista, intento ponerme siempre en los zapatos de los demás, aunque sea para llevarme las menos sorpresas posibles.

Sin embargo, por mucho que lo intente, me resulta muy difícil ponerme en la piel de alguien que tiene una adicción y es incapaz de reconocerlo y que, por tanto, no se siente responsable del dolor y los problemas que causa en los demás.

Lo que me fascina del asunto no es tanto la incapacidad de aceptar la realidad, qué va, es el esfuerzo sobrehumano que hacen estas personas para demostrar a los demás, A TODOS LOS DEMÁS, que están equivocados.

A veces ese esfuerzo es recompensado y a mí, al menos, me hace dudar. ¿Seré yo la que estoy loca y veo una cara desencajada por el alcohol y las drogas donde sólo hay cansancio? ¿Soy yo la que confunde ese hablar arrastrado con la mala cobertura? ¿Me preocupo más de lo que corresponde?

Otras, por el contrario, el esfuerzo no me convence en absoluto, la ira, rabia y la desesperación se me apoderan y me llevan a decir cosas que no sé debería decir, porque soy incapaz de adivinar el impacto que pueden tener. Y entonces me siento culpable. ¿He sido demasiado dura y va a desaparecer por mi culpa? ¿Me he pasado? ¿Y si cumple su amenaza y se estrella contra un muro o se mete algo de más y se muere?

Al final, todo se reduce a que, aunque me siento impotente porque sé que no puedo hacer nada, también me siento responsable de las consecuencias de lo que digo y hago, de si lo digo y hago en el momento adecuado, y también de lo que no digo o no hago.

Tener una adicción debe ser muy jodido pero, ah, amigo, no te quiero ni contar la vida de las familias de la persona adicta, que no se lo pasan bien ni ese ratito.



domingo, 27 de enero de 2019

Calientapollas

Hace unos años conocí a un señor.

Las redes sociales aún no habían aparecido. Chateamos mucho, muchas veces. Empezamos a hablar por teléfono. Durante horas.

A mí me gustaba, y él decía que yo le gustaba a él. Pero nos decíamos muchas veces que todo sin presión, que éramos colegas, que ya veríamos qué pasaba cuando nos encontráramos.

Después de unas semanas de charlar sobre lo divino y lo humano decidimos conocernos.

Yo apostaba por una cerveza después de currar. Estaría pensando todo el día en el trabajo y no me pondría nerviosa por conocerle más que un rato porque, eh, seguro que me ponía nerviosa, a mí me gustaba bastante.

Además, quedar después del trabajo es una excusa estupenda para todo: para no tener la presión de arreglarse muchísimo, porque iba con lo que llevaba todo el día, para poder cortar rapidito si no me apetecía, porque es entre semana y lo de que se hace tarde y eso...

Pero resulta que él trabajaba mucho y tenía muchas extraescolares, así que acabamos quedando justo cuando yo no quería: un sábado por la noche para cenar.

Mi sentido arácnido me advirtió. No te gusta comer con personas a las que no conoces. No quieres tener la presión de tener que arreglarte un poco. No quieres no tener ninguna excusa para irte, porque el sábado por la noche es infinito.

No quieres que parezca una cita, joder.

Pero no le hice caso.

Ya entonces sabía por experiencia que hay personas (por no decir hombres y generalizar, porque no sé qué hacen las mujeres), que entienden que una cita ha de acabar en sexo. Y a mí, que me gusta mucho el sexo, me parece que puede acabar en sexo, pero no tiene que acabar en sexo. Y este matiz en importante.

Porque entonces, cuando terminamos de cenar y yo dije que me iba a mi casa porque, sinceramente, me quedé un poco chof y no había NADA de química, el señor que se había comportado como un ídem hasta ese momento sacó al troglodita que llevaba dentro para decirme que Eh, ¿para esto he perdido contigo un sábado por la noche, para cenar y punto? Pues vaya mierda de cita. Creía que eras un poco más abierta y resulta que eres una calientapollas.

Aquella noche me dejó tocada durante un tiempo, y trajo una regla a mi vida:

Nunca más voy a quedar un sábado por la noche para cenar como si fuera una cita, aunque lo sea.

Pues bien, ayer rompí esa regla.

Y en qué mala hora, amiguis porque, al parecer, volví a ser una calientapollas.

Pasan los años,nos hacemos mayores todos y hay personas que no aprenden nada.

lunes, 14 de enero de 2019

¿Gorda y orgullosa?

Tengo un issue con lo de #fatandproud.

Según la RAE:
orgullo  
Del cat. orgull, y este del franco *ŭrgōlī 'excelencia'; cf. a. al. ant. urguol 'insigne, excelente'.
1. m. Sentimiento de satisfacción por los logros, capacidades o méritos propios o por algo en lo que una persona se siente concernida. Sintió un gran orgullo al recibir el premio. El triunfo del equipo despertó el orgullo nacional.
2. m. Arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que suele conllevar sentimiento de superioridad. A veces nos ciega el orgullo.
3. m. Amor propio, autoestima. Se sintió herido en su orgullo.
4. m. Persona o cosa que es motivo de orgullo (‖ sentimiento de satisfacción). Es el orgullo de sus padres.
Supongo que tiene que ver con mi propia concepción del orgullo, de qué me siento orgullosa.

Por ejemplo, para mí estar gorda no es satisfactorio, no es un mérito o capacidad, es más bien una carga con la que he aprendido a vivir, y que estoy aprendiendo a llevar. De esto sí me siento orgullosa, de estar aprendiendo a llevarlo pero, ¿de estar gorda? No. Y me cuesta mucho ponerme en la piel de alguien que lo esté. Me parece imposible. Inconcebible.

Tampoco es algo que ayude especialmente a mi autoestima, ni a la de nadie que conozca. ¿Habrá personas gordas que sí se quieran más si están más gordas? Es posible. ¿Conozco a alguna? No, es más, todo lo contrario.

Así que veo el hashtag y me da qué pensar que igual (igual, ojo, que igual no) le hemos dado tanto la vuelta a lo de querernos como somos que nos hemos pasao de rosca; que hemos pasado de "estar gorda es lo peor y ponte a régimen que no querrás ser como esa ballena" a "estoy gorda , sí y qué, es más estoy contentísima y orgullosísima de mí misma". 

Y no lo veo.

Porque, igual, (igual, ojo, que igual no), en lo de la autoestima y la autoaceptación cabe también el "pues me quiero así" y punto, que vale para cuando estás gorda, cuando estás menos gorda, cuando estás más gorda, cuando te baja la regla, cuando se te cae el pelo, cuando te salen estrías, cuando se te pone el culo de mármol por las sentadillas o cuando vas sin depilar, y todo tan contenta.


sábado, 6 de octubre de 2018

La rabia

Hace casi tres años que Aquiles no aparecer por aquí.

Ha sido conscientemente, después de haberle desaparecido me pareció la mejor manera de dejar de regodearme y pensar en él lo menos posible. 

Ha sido una buena opción, sobre todo porque él ha decidido aparecer de vez en cuando y sigue desestabilizándome.

Casi tres años después, sigue desestabilizándome.

Y creo que es porque, en el fondo, no he llegado a decirle todo lo que me hubiera gustado.

Al principio, porque ya tuve bastante con conseguir hilar un discurso mínimamente coherente para explicarle que yo necesitaba, NECESITABA, que desapareciera de mi vida para no enloquecer. No entendía a qué venía tanto te quiero, tanto eres mi refugio, mi tranquilidad... si luego decidía elegir a cualquier otra persona para compartir su tiempo, compartir su vida con otras mujeres y tener otras familias.

Ahora es por rabia. Ni siquiera estoy triste, hace mucho que no estoy triste. Estoy rabiosa.

He pasado muchos años sin pedir, conformándome con lo que quisiera darme. Así todo era muy fácil, claro: el pedía, yo daba, todos de acuerdo.

Hasta que pedí yo. Ahí ya dejamos de estar todos de acuerdo. Le pedí que me dejara en paz, que respetara mi decisión de desaparecer, que necesitaba, NECESITABA desaparecer. Y se lo pasó por el forro de los cojones.  Varias veces.

Lo único que le pido en chorrocientos años es que me deje en paz, que me deje vivir, que siga con sus cosas pero que se vaya de las mías y se lo pasa por el forro de los cojones.

Rabiosa es poco.

Así que, aquí estoy, mucho menos infeliz, mucho más rabiosa y con un montón de cosas que decir a alguien con quien no quiero volver a hablar y de quien no quiero saber nada.

En días como hoy, en los que aparece de nuevo sorpresivamente, dudo seriamente de si voy a poder desaparecerlo definitiva y totalmente de mi vida, tengo miedo y necesito desahogarme. Aunque sé que no va servir de nada.

jueves, 9 de agosto de 2018

El enemigo en casa

Hay muchas cosas que nos hacen ser como somos, con nuestros miedos, complejos, defectos, virtudes, bloqueos...

Aunque soy consciente de que la personalidad, el carácter o cómo queremos llamarlo, se forja en la infancia, y con la familia como modelo, durante mucho tiempo me he resistido a pensar que mis padres eran culpables de cómo soy.

Pensaba, ingenuamente, que a mi edad ya había tenido tiempo suficiente para ser mejor y haber superado muchas cosas y que, si no lo había hecho, que ya te digo yo que no, era culpa mía. Que no había sido suficientemente madura, o fuerte, o inteligente, o lo que sea, para sobreponerme a la educación que había tenido, y que mis taritas son responsabilidad mía.

He cambiado de opinión, al menos parcialmente. 

Me jode mucho reconocerlo, porque no me gusta pensar que voy escampando mierda y eludiendo responsabilidades, pero he cambiado de opinión.

Porque miro atrás y me doy cuenta de que me he esforzado mucho por aceptar, superar, mejorar y todas esas mierdas y, a medida que iba dando pasitos, me he encontrado con el enemigo en casa. Y pasa hoy, todavía.

Quiero pensar que mis padres lo hacen con su mejor intención, que piensan realmente que hacen y me dicen lo que creen que es mejor para mí o cómo quiera que lo vean, sin darse cuenta de que juzgarme y cuestionarme continuamente no ayuda en nada a que yo me sienta mejor, simplemente, creo que ellos piensan que hacen lo que tienen que hacer.

Con el paso de los años se me ha hecho un poco de callo, claro, y su opinión ya no me afecta de la manera dramática y apocalíptica que sufrí en la adolescencia. Pero, a veces, el callo no es suficiente.

Recuérdame que lo próximo que me tengo que poner a trabajar con una lóquer es que me la sude el coño la opinión de los progenitores que me dieron el ser. Y que lo del parricidio, caca.

lunes, 23 de julio de 2018

Recuerdos

"Los recuerdos son una historia que nos contamos a nosotros mismos."
Her, de Spike Jonze (2013)

 A veces me pregunto si mis recuerdos son fieles a lo que pasó. Si contarlos, o no contarlos, los modifica. ¿Cuánta verdad se ha quedado por el camino? ¿Qué parte es una construcción y cuál es un recuerdo genuino?

Me pregunto si guardar recuerdos alimenta al monstruo o, por el contrario, ayuda a limpiar heridas.

¿He aprendido a hacer o no hacer cosas gracias a recordar experiencias anteriores? ¿Desoír las alarmas que saltan cuando algo me recuerda a algo es una muestra de instinto o de falta de inteligencia?

Me pregunto qué debo priorizar: los recuerdos buenos, para reforzar las buenas experiencias, o los malos, para consolidar lo aprendido. 

Si nadie sabe qué estoy recordando algo, ¿cómo de fuerte cae el árbol sobre mi cabeza y cuánto daño me hace? ¿Haré ruido yo cuando caiga, recordando?

Me pregunto, todo el tiempo, qué sentido tiene recordar, porque no le encuentro una gran utilidad,  sinceramente, más allá de traerme melancolía, fracaso y frustración, casi siempre.


domingo, 24 de junio de 2018

Demagogias

Hace unos días que mis amigas me mandan esta noticia por whatsapp


Con mensajes apocalípticos tipo:
- Cualquier día metes a un asesino en casa y te encuentran en trocitos.
- Eso que haces es de locas.
- En Tinder todos son muy bonicos y luego, nunca sabe.

Pero no se dan cuenta de que esto refuerza mi opinión sobre las redes sociales, específicamente, las redes sociales del folgar: hay de todo, como en la vida.

Porque, a ver, ¿qué diferencia hay entre conocer un señor en una disco e irte con él a su casa, a tu casa o a un portal, y conocer a alguien en la red, e irte con él a su casa, o a tu casa, o a un portal? ¿Por qué tengo que desconfiar más de una persona que conozco a través de las redes que de una persona a la que conozco en la calle?

Porque, amiguis, cafres y asesinos hay en todas partes. Eso ya lo sabemos.

Es más, esta persona del artículo se ensañó con su novia, no con una desconocida que conoció en la Red. Eso igual pasa ahora que está de caza y.. bueno, ahí, sí, qué miedo encontrarte en Tinder con un asesino convicto.

No puedo evitar pensar en si está bien o no publicar su foto, cagándose en su privacidad. Si ya ha cumplido la pena, y la justicia ha decidido que debe estar en libertad, ¿no tiene derecho a rehacer su vida?

Y no paro de pensar en qué tipo de mujer saldría con una persona que ha sido condenada por asesino y descuartizador. Igual hay de quién arguye que ya ha pagado su deuda con la sociedad y es injusto que se le discrimine por ser ex convicto. Seguro que también hay de quién piensa que está a salvo porque... a ver, que este señor ya tiene antecedentes, ¿cómo va a volver a hacer algo así? Ni de coña... Y seguro que hay alguna descerebrada que incluso le ve el morbo.

Y, no sé por qué, me ha venido a la cabeza lo de la Manada. Y me ha venido una sensación de indefensión que pa qué...

miércoles, 30 de mayo de 2018

Alegrías chungas

Hoy me han alegrado mucho el día dos cosas bastante chungas que han pasado a otras personas. 

Esas personas me jodieron la vida en momentos muy sensibles de mi vida, fueron crueles, no tuvieron ni una pizca de empatía y decidieron castigarme arbitrariamente. 

Puedo engañarme diciéndome que me alegro por eso, por lo hijosdelagranputa que fueron conmigo, además de lo rencorosa que soy. 

O porque, de una manera visceral e irracional, aunque yo no he tenido nada que ver, es como si sintiera que el cosmos les devuelve su maldad. 

Sé que no es así, que seguramente les está explotando la cosa en las manos porque se sentían inmunes y han tentado demasiado a la suerte. 

Sé que el karma no tiene nada que ver. 

Sé que la ley de la compensación universal no existe, que los malos no siempre reciben de vuelta lo malo que merecen ni los buenos acaban bien. 

Pero soy tan simplita que me ha alegrado saber que esas personas van a tener que comer un poquito (o muchito) de la mierda que han ido esparciendo a su paso.


lunes, 14 de mayo de 2018

La política y la música

Ayer discutí con varias personas por culpa de Eurovisión. Bueno, más bien, por lo que pasa y por lo que no pasa en Eurovisión.

Al parecer, a estas personas no les parece bien que se boicotee a los concursantes por las cosas políticas de los países a los que representan, porque la política debería estar al margen del eurocontes.

Por ejemplo, no se debería boicotear a Israel por su actuaciones en Oriente Medio o con los palestinos, porque no tiene nada ver con la música. Y no se debería boicotear a Rusia, que no permite que pasen banderas arcoiris porque que en Rusia pase lo que pasa con las personas homosexuales no tiene nada que ver con la música. 

Que no se debería mezclar la política con la música.

Que resulta que son los mismos que dicen que no se debería permitir a los conductores de metro hacer las huelgas en Fallas o vacaciones porque les joden las vacaciones a los usuarios y a eso no hay derecho, o que no se debería permitir que las manifestaciones bloquearan el centro porque hay más gente en la ciudad que se ve muy afectada y, oye, a eso no hay derecho.

Son los mismos que no mezclarían la política con nada, porque la política no les interesa.

Y dejé la discusión, porque dejaron de interesarme ellos.


jueves, 26 de abril de 2018

Herencias de mierda

Estoy viviendo de cerca una herencia y hay tantas cosas que no entiendo que me ha salido una roncha.

¿Por qué los herederos creen que se lo merecen, si el dinero o los bienes no son suyos, son de otro que se ha muerto?

¿Por qué todos los hijos creen que todos tienen que recibir lo mismo, exactamente, porque si no no es justo? 

¿Por qué personas que se quieren son capaces de odiarse por dinero que ni siquiera es suyo?

¿Qué gen obliga a los padres a querer a todos por igual, o a valorar lo que todos hacen por igual, y a ser ecuánimes? 

¿Qué problema hay en que un hijo o hija o cacatúa sea el preferido? 

¿Por qué los deudos (OJOCUIDADO, LOS DEUDOS) exigen que haya un reparto equitativo, si a lo mejor no son queridos equitativamente?

¿En qué momento se convierte una persona que creías razonable en un monstruo de seis cabezas cuando se trata de pasta? ¿Te has parado a pensar si el monstruo de seis cabezas eres tú?

¿Cómo es posible que las personas seamos tan ruines, tan mezquinas, tan llenas de mierda, cuando se trata de repartir el dinero y los bienes DE OTROS QUE SE HAN MUERTO? 

¿De verdad vale la pena luchar con uñas y dientes por lo que es tuyo (que no es tuyo, te lo van a dar por la patilla y probablemente no hayas hecho nada para ganarlo) y perder por el camino a tu familia? Que si tan chungos son, deberías habértelos quitado de encima hace mucho...

No sé, piénsatelo. Y recuerda que tú tampoco te lo vas a llevar contigo.

martes, 24 de abril de 2018

El club de la lucha

Comparto clase de inglés con tres señoras jubiladas y tres muchachos recién salidos de la Universidad. 

Una fiesta mundial de los estereotipos. De lo peor de los estereotipos.

Hay conversaciones muy curiosas. Y digo curiosas, por decir algo en algún sitio, porque allí tengo que callarme.

Las señoras desconfían de los jóvenes. Son de la escuela de yo soy muy moderna, PERO, cualquier tiempo pasado fue mejor, lo peor está por llegar, ya llegaréis a viejos y nos daréis la razón y la tecnología es un monstruo de tres cabezas que os ha convertido en inútiles, ignorantes, vagos y desagradecidos.

Los muchachos, con sus másteres, sus estudios universitarios y sus miles de seguidores en Instagram observan estupefactos y altaneros la resistencia al cambio de sus compañeras de clase, incapaces de debatir contra la ira de la tercera edad. No porque sean lo educados que dicen ser, justo antes de ponerlas a parir en voz baja, sino porque no saben qué significan algunas de las palabras que utilizan: hercúleo, divergente o heterodoxo no entran en su vocabulario.

Yo asisto divertida al club de la lucha, con la esperanza de no convertirme en una de ellas, y el terror de haber sido una de ellos a su edad.

Miro desde atrás, veo volar las lanzas y pienso en mis cosas.

Estoy aprendiendo un montón de inglés.

domingo, 8 de abril de 2018

Prejuicios

Animales: no estoy tan solo, mi perro/gato/cacatúa (en serio, CACATÚA) me quiere y además es mejor que muchas personas.

Barco/puente tibetano/submarinismo/salto en paracaídas: una vez estuve en un barco, o pasé por un puente tibetano, o hice un curso de submarinismo en Jávea, o mis amigos me regalaron un salto en paracaídas para que pasara algo emocionante en mi vida, y quiero que todo el mundo lo sepa.

Contrapicado: soy muy bajito pero como parece que las mujeres no quieren a los hombres bajitos no voy a decírtelo, te jodes y vienes con tacones de diez centímetros y luego ya veremos.

Contrapicado con sonrisita picarona: soy dios, nena, y has tenido mucha suerte de encontrarme. Que te quede claro.

Foto en blanco y negro mirando al infinito: soy un intensito. Creativo, fotógrafo y eso, pero intensito. Quiéreme, que me lo merezco.

Foto desenfocada, girada, con manchas en la camisa, la cama deshecha y/o un contenedor detrás: yo soy así, esto es lo que hay, si no me quieres es porque las tías sólo os fijáis en la apariencia, en los tíos buenorros, sois unas falsas y unas superficiales. Zorras todas.

Grupos de amigos de fiesta: mira, mis amigos son los mejores y es con quien mejor estoy. Ahí en medio me siento más seguro. Bueno, eso y que no me va bien que sepas a la primera quién soy, porsiaca.

Kamasutra: quiero follar. Se me da muy bien y vas a gosarla, oh, sí nena. Ah, sí, estoy emparejao.

Miembro viril en reposo: mira, esta foto no la he visto nunca. 

Miembro viril erecto: quiero follar. Con esto que tengo aquí colgado y que te va a encantar.

Una foto, UNA FOTO, en la que parece modelo de catálogo: que te juro que soy yo y que debe haber sido la web esa la que me ha robado la foto. Y sólo hay una porque no salgo bien en las fotos, sólo en esa.  y no tengo más. Que sí, que me la han robado todas esas webs. Las de las tres primeras páginas de Google. No te lo crees porque eres una desconfiada.

Motarra/cochazo: la crisis de los 40 la llevo superbien.

Paisaje/caballo: sí, estoy emparejado. Sí, sólo quiero encontrar una amiga con la que follar y hablar, cuando yo quiera y me venga bien. No, una puta no, que eso es utilizar a las mujeres, no estoy tan desesperado y yo quiero que disfrutemos los dos.

Personaje de dibujos animados, normalmente de los Simpson: soy súpergracioso y jovial.

Runner/ciclista: dedico mi tiempo libre a ponerme en forma. Espero que tú también.

Sin foto: las aplicaciones de ligar son una mierda, no sirven para nada, no me contesta ni dios. Y sois todas unas zorras y unas superficiales.

Textito de autoayuda: no voy a reconocerlo en la vida porque soy un flipao pero tengo una depresión del cáguense en dos tiempos. Estoy emparejado aunque soy profundamente infeliz. Si no me quieres no tienes corazón.

Textito romanticón con corazones y cisnes: ¿y dices que las mujeres no se derriten inmediatamente con corazones y cines? Estás equivocada, no tienes ni idea. Y no tengo pareja porque no quiero.

Torso desnudo cincelado en mármol (con cara): me machaco para estar buenorro PARA TI y quiero que se note. Bueno, para ti y para todas las demás. 

Torso desnudo cincelado en mármol (sin cara): me machaco para estar buenorro para ti. Bueno, para mí mujer primero, y luego para ti.

Wuthering Heights: aquí es todo muy raro, vete a saber con quien me voy a encontrar. Hay mucha loca y, la verdad, no tengo ni puta idea de dónde me estoy metiendo. Ante la duda, oh, cielos.



Las fotos de los perfiles de la cosa de ligar y los prejuicios...

jueves, 22 de marzo de 2018

No seas cruel con tu ex


Tengo cientos de borradores de post escritos después de tensas conversaciones telefónicas con mi ex cuñada o con mi hermano, y nunca me he atrevido a publicarlos.

Supongo que es porque me duele tanto la situación que no acierto a expresar bien lo que me gustaría decir, por un lado, y porque no me gustaría que pasara por una generalización, por otro.

Y es que, cuando la ruptura tiene que ver con las cosas estas normales de desamor, cuernos, terceras o cuartas personas, incompatibilidades y eso, siempre me salen frases lapidarias tipo consejos, y soy consciente de que hay tantas situaciones dificilísimas que no puedo ni imaginar que me sobrepasa el tema y me da por pensar que quién soy yo pa dar consejos, que vaya paleta.

Porque es que, mira, una de esas frases lapidarias tiene que ver con la venganza:

Da igual lo mal que pienses que tu ex se ha portado contigo, no utilices a tus hijos para vengarte y hacer que sufra.

Porque usar a tus hijos contra alguien es de ser una mierda de persona que no merece vivir, para empezar. Y porque hacer sufrir a tu ex va a reflejarse en tus hijos. Ellos también van a sufrir. Igual no les sale ahora, que son pequeños y piensas que no van a darse cuenta (equivocadamente) pero sí saldrá toda esa mierda algún día. Que no son tontos y se dan cuenta de todo. Lo decimos a menudo pero luego no lo tenemos en cuenta.

Otra de las frases lapidarias que me sale tiene que ver con el olvido y pasar página:

No puedes cambiar lo que ha pasado, rompe, olvida lo anterior y empieza tu vida diferente, teniendo en cuenta que tu ex sigue siendo el padre/madre de tus hijos.

El rencor no vale pa ná. Andar con que tú me hiciste, y yo no te hice y tú no sé qué y no sé cuántos... es una puta mierda. Es de patio de colegio. Lo malo que has pasado va a seguir ahí, y mira la mierda en la que te ha convertido. ¿En serio quieres seguir manteniendo eso dentro? Imagina lo que va a hacer de ti dentro de unos años: una persona amargada que está criando a personitas que también serán rencorosas y amargadas. ¿De verdad quieres eso? ¿DE VERDAD?

Joder, que ya somos mayores: ha salido mal, tienes unos hijos estupendos que no tienen por qué perder a su padre o madre además de su familia. Ponte las pilas y madura, coñe.

También me sale lo de:

No seas cruel porque sí, no hagas cosas sólo por joder, aunque pienses que tu ex sí las hace, porque entras en un bucle de rencor y sufrimiento que nunca acabará.

Devolver las putadas nunca ha sido una buena idea, nunca, NUNCA. No puedes llegar a saber hasta dónde es capaz de llegar la otra persona si la llevas a su límite. Y puedes encontrarte con sorpresas muy desagradables que no podrás devolver.

Y, mi favorita:

Vive y deja vivir, pero de verdad. No te entrometas, no malmetas, no hagas que tus hijos tengan que elegir.

Hay quien igual dice que es más fácil decirlo que hacerlo, que si yo supiera...

Pues me da igual si es difícil. ¿No dices que lo haces todo por tus hijos? Pues, para empezar, haz que se sientan queridos y protegidos. Haz que no estén en medio de una guerra. Haz que entiendan que dejar de querer a alguien, o dejar de convivir con alguien, no tiene por que ser sinónimo de odio, rencor y sufrimiento. haz que tus hijos se sientan orgullosos de sus padres toda la vida.

Y, mira, si tienes la mala suerte de que tu ex pareja no está por la labor, y sigue con su guerra, busca ayuda profesional para llevarlo de la mejor manera posible, y para no tener que pedir perdón nunca a tus hijos por haber contribuido a que su infancia fuera una mierda.

Si escribiera un post sobre rupturas, tratar exes e hijos me saldrían frases de estas y, seamos francos, sería una mierda de consejos para mundos con unicornios rosas que vomitan arcoiris. Y, CLARO

miércoles, 14 de febrero de 2018

El amor es

El amor es esa infinita, desinteresada, confiada, incondicional, comprometida, presente cosa con plumas que si se la pasas a otro/a que no sea tu pareja entre las piernas y se moja, y tú te has dado cuenta de que se moja, se acaba a hostias.

Como cosa bonita, es tirando a regulera.

Feliz día del amor.

lunes, 29 de enero de 2018

Listas de cosas

Hace unos días una de mis amigas me mandó una foto de una carta que le escribí cuando tendríamos unos 18 años o así.

Nos reímos mucho y, casi sin pensar, me puse a buscar cartas y cosas de esas de cuando era pequeña. Y encontré los diarios.

QUÉ ERROR.

Al parecer, cuando tenía unos 18 años estaba "enamorada hasta la médula" y era "absolutamente feliz" porque sabía que iba a pasar el resto de mi vida con mi novio. Según mis propias palabras, "nos queremos tanto que da hasta un poco de miedo, porque haríamos cualquier cosa el uno por el otro". Hicimos muchas cosas el uno por el otro, sí, incluidas algunas relacionadas con joder el resto de la existencia y eso.

Al parecer, también, estaba cagada de miedo porque nunca iba a aprobar selectivo: "hay gente que me dice que soy muy inteligente, y me da mucha vergüenza porque es mentira", y cuando saqué notaza era porque "era súperfacil". No sé de donde saqué lo de que era un auténtico zoquete pero lo he tenido muy arraigado hasta... hasta ahora, creo.

A los 18 años estaba segura de en qué iba a trabajar siempre, porque era mi vocación, y ni me planteaba otras opciones. Dos años. Dos años trabajé en eso que era mi vocación.

Pero lo que me pareció más triste de todo era que hacía listas de cosas que me preocupaban mucho pero no hablaba con nadie.

Eran listas muy tristes, que muestran claramente, a una joven superada por el mundo que se siente un fraude, que lo único que quiere es que nadie se dé cuenta de en qué está pensando o qué le preocupa, porque no conoce a nadie que parezca preocupado por las mismas cosas que ella.

No me acordaba de eso. 

Y, es curioso, porque así es justo cómo empezó este blog: hablando de cosas que nunca hablaba con nadie.

Hay cosas que, mira, somos como somos y es muy difícil cambiar algunas cosas, qué quieres que te diga: sigo siendo muy de listas.

Aunque ahora, si tuviera que hacer una lista de cosas que nunca hablo con nadie, creo que no tendría nada que escribir.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Santa Catalina

Hoy he leído un post de esos de sanar el pasado y, de repente, se me ha contraído el estómago y me han flaqueado las piernas.

Me he acordado de ti y resulta que aún te echo de menos. O algo así.

Pero lo peor ha sido cuando me he dado cuenta de que estoy buscando lo que me gustaba de ti y contigo en los hombres.

Y que, por entretenida que sea la búsqueda, así nunca voy a dejar de sentirme decepcionada y frustrada.

Me he dado tanta pena, me he sentido tan miserable, tan tonta, tan pequeña, tan imbécil, tan infantil, tan vacía, tan incapaz, tan perdida, que he tenido que ir a merendar a Santa Catalina, que también lo echaba de menos.



martes, 3 de octubre de 2017

Taras

Yo ya lo llevo escrito en la piel.

Y lo escribo en el blog.

Y lo grito, a veces.

No es verdad que decirlo te hace invencible. Sólo te hace ser consciente de que no lo eres.


¿Tú, qué taras tienes?

lunes, 25 de septiembre de 2017

Autoestima

autoestima.
De auto- y estima.

1. f. Valoración generalmente positiva de  mismo.

Hay muchas cosas que no entiendo de la autoestima.

En teoría, y según la RAE, tener autoestima es valorarse positivamente, ser consciente de que uno tiene capacidades para hacer cosas, a veces incluso muy bien.

Y aquí empiezan mis dudas.

¿Cómo sé si lo que yo creo que está bien no responde al estándar de bien socialmente aceptado? ¿Con qué estándar de bien tengo que comparar lo mío? ¿Debo no tener en cuenta cosas que hacen que mi autoestima sea regulera, y tener más en cuenta todas las demás o debo intentar cambiar esas cosas que meh? ¿Qué priorizo? ¿Debo tener la autoestima allá en lo alto no matter what o debo seguir con mis dudas? ¿Cómo sé si mi autoestima es alta o si aún puede subir más? ¿Necesito más y mejor o estoy bien así? ¿Va a adaptarse mi autoestima a mi evolución personal (que espero seguir teniendo) o voy a tener que seguir esforzándome para que todo encaje? Si tengo que seguir esforzándome, ¿significa que mi autoestima aún tiene recorrido? ¿Va a llegar un momento en el que me explote la cabeza con tó lo que me quiero? ¿Quiero eso o quiero seguir teniendo dudas? Si tengo dudas, sobre todo en la vida, ¿qué pasa con mi autoestima?

Y aquí ando.


viernes, 8 de septiembre de 2017

Adiós, #proyectohuevos

¿Por qué nos empeñamos a veces en ponernos objetivos que sabemos que no vamos a cumplir? A mí me pasa todo el tiempo. Y luego siempre estoy frustrada e insatisfecha. Me lo han dicho muchas veces, y tienen razón. Pero tengo una cosa bueno: no me cuesta reconocer los fracasos. Mira:

Reconozco que no he sido capaz de cumplir con el #Proyectohuevos.

O no me ha importado lo suficiente como para cumplirlo, que también puede ser.

Y sigue sin importarme, me temo. Así que lo dejo.

Exacto.

Cierro el #Proyectohuevos y continúo con la vida. Y con el blog. No tiene ningún sentido seguir numerando los post y sentirme mal si no sigo adelante, sobre todo por que sé que ya no voy a acabarlo. Igual que lo sabía antes de empezar. No pasa nada.

Tengo que aceptar la derrota, it's ok. Será una excusa estupenda para echar unas risas con los amigos. Me presentaré como una perdedora, pagaré elegantemente la cena y pasaremos a otra cosa.

O a nada. O a lo de siempre. Seguiré escribiendo. Whatever

¿He aprendido algo de esta experiencia? No, ya sabía cómo iba a resultar y, aún así, me tiré en plancha. Oh, espera, igual sí. Igual sí he aprendido algo. Igual sí he aprendido que, a veces, no me importa tirarme en plancha en algo que sé que va a ser un fracaso, sobre todo si puedo controlar las consecuencias o no me importan. 

Unas veces se gana y otras se pierde, y a mí no me importa perder de vez en cuando si por el camino me entretengo un poco.

Espera, ¿esto está quedando demasiado brasas?

Vamos a ver, sí, supongo. Pero, como todos sabemos este es mi blog y melofo como quiero.

O me gustaría, que llevamos ya un tiempito y deberíamos haber llegado ya a la segunda base.

¿Seguimos otro día?