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martes, 4 de septiembre de 2018

El 4 de septiembre

El 4 de septiembre es el único día del año que me siento totalmente segura.

Es una gelipollez, lo sé, pero el 4 de septiembre de hace diez años (DIEZ AÑOS) estuve a un pelo de palmarla, aunque luego no. Y siempre pienso que ya sería mala suerte morirse dos veces el mismo día, que el karma no puede ser tan chungo. Así que el 4 de septiembre me siento imbécilmente segura y tranquila

Durante estos diez años (DIEZ AÑOS) me he descubierto cada día pensando que morirse es muy fácil, y que puede pasar cualquier cosa en cualquier momento.

Sin drama, sin mierdas de carpe diem que tempus fugit, sin la vida es preciosa, sin ánimos que tú puedes... he aprendido que lo importante para mí, lo realmente importante, es sufrir lo menos posible, que las personas a las que quiero sufran lo menos posible y poder hacer (razonablemente) lo que me apetece, independientemente de si es dormir una siesta de tres horas o disfrutar de un agua fresca a la orilla del mar.

He aprendido que no necesito gran cosa, sobre todo porque tengo la suerte de tener cerca a grandes personas con las que no morirme a gusto.

Y me vale con eso.




miércoles, 22 de agosto de 2018

5 consejos para que no te pille tu pareja en las redes de ligar

1. Si tienes pareja y no quieres que se entere de que estás espolvoreándote por ahí, no tengas aplicaciones para ligar en el móvil o en la tablet. Punto.

2. Si eres tan gilipollas kamikaze como para tener aplicaciones para ligar en el móvil, o ligas por Twitter, Facebook o whatever, asegúrate de desactivar las notificaciones. No es una cuestión de confianza en tu pareja, que no digo que te espíe, no hace falta. Puede que un día te dejes el móvil en la encimera de la cocina y, de repente, aparezca un mensaje o una foto comprometidos y lo vea tu pareja, que estaba ahí tranquilamente haciéndose el colacao y mira instintivamente la pantalla iluminada y luego se caga en tos tus muertos y divorcio y su puta madre.

"Ve hacia la luz, Carol Anne..."
3. Si tienes pareja y no quieres que se entere de tus aventuras no cuentes tu vida y milagros, tu historial laboral, sobre tus amistades... a personas a las que acabas de conocer y con las que quieres refocilarte: el mundo es muy pequeño. No es que tengas que aparecer con burka, que igual es contraproducente pero, vaya, si estás de incógnito, no hace falta.

Por ejemplo, a poco que te vayas de la boca en Valencia, siempre hay alguna persona de enlace que puede delatarte, incluso sin querer. Nunca se sabe de quién es amigo/a, a quién conoce o si te puede joder la vida, que las palabras vuelan. 

 Además... ya sabes lo de los seis grados de separación. 
Kevin, siempre eres bienvenido.

4. Ya lo he dicho antes, pero lo repito: las aplicaciones en el móvil son caca si no quieres que te descubran. No me preguntes cómo, porque no sabría explicarlo, pero la información se cruza y se relaciona de una manera mágica ahí dentro de tu móvil y acaba chivándose de todo.

Por ejemplo, puedes vincular tu perfil de Instagram a Tinder y sospecho que, aunque se desvincule, algo de esa conexión se queda en el móvil y luego Instagram te recomienda cosas. De personas de Tinder. 

Sí, yo también me asusté.

Además, hay mucha psicopatía suelta con mucho rencor y/o mucho tiempo libre que se está especializando en stalkear; verdaderos profesionales de relacionar comentarios, perfiles, fotos y cosas, que acaban descubriéndolo todo sobre ti, partiendo en un par de datitos claves. A poca mala leche que tengan pueden joderte la vida.

5. Quiero pensar que si no quieres que te pillen engañando a tu pareja no pones foto propia en las redes de ligar. Ni de espaldas, ni con claroscuros ni pollas. Fotos tuyas= CACA.

Sí, ya sé, si eres un hombre vas a ligar menos que el Risitas y si eres mujer... bueno, todos pensarán que estás gorda, pero te acosarán igual. 

En fin, a lo que iba. No pones fotos tuyas, OKEI, muy bien, pero, POR EL AMOR DE DIOS, no pongas fotos de cosas que puedan identificarte, como tu moto, cosas de tu casa, a tus amigos O A TUS PUTOS ANIMALES DE COMPAÑÍA, IMBÉCIL.

Las abejas no cuentas. Son indistinguibles.

Vale, tener tantas restricciones dificulta lo de encontrar a alguien con quien follar sin que te pillen pero nadie dijo que engañar a la pareja impunemente fuera fácil.


jueves, 9 de agosto de 2018

El enemigo en casa

Hay muchas cosas que nos hacen ser como somos, con nuestros miedos, complejos, defectos, virtudes, bloqueos...

Aunque soy consciente de que la personalidad, el carácter o cómo queremos llamarlo, se forja en la infancia, y con la familia como modelo, durante mucho tiempo me he resistido a pensar que mis padres eran culpables de cómo soy.

Pensaba, ingenuamente, que a mi edad ya había tenido tiempo suficiente para ser mejor y haber superado muchas cosas y que, si no lo había hecho, que ya te digo yo que no, era culpa mía. Que no había sido suficientemente madura, o fuerte, o inteligente, o lo que sea, para sobreponerme a la educación que había tenido, y que mis taritas son responsabilidad mía.

He cambiado de opinión, al menos parcialmente. 

Me jode mucho reconocerlo, porque no me gusta pensar que voy escampando mierda y eludiendo responsabilidades, pero he cambiado de opinión.

Porque miro atrás y me doy cuenta de que me he esforzado mucho por aceptar, superar, mejorar y todas esas mierdas y, a medida que iba dando pasitos, me he encontrado con el enemigo en casa. Y pasa hoy, todavía.

Quiero pensar que mis padres lo hacen con su mejor intención, que piensan realmente que hacen y me dicen lo que creen que es mejor para mí o cómo quiera que lo vean, sin darse cuenta de que juzgarme y cuestionarme continuamente no ayuda en nada a que yo me sienta mejor, simplemente, creo que ellos piensan que hacen lo que tienen que hacer.

Con el paso de los años se me ha hecho un poco de callo, claro, y su opinión ya no me afecta de la manera dramática y apocalíptica que sufrí en la adolescencia. Pero, a veces, el callo no es suficiente.

Recuérdame que lo próximo que me tengo que poner a trabajar con una lóquer es que me la sude el coño la opinión de los progenitores que me dieron el ser. Y que lo del parricidio, caca.

lunes, 23 de julio de 2018

Recuerdos

"Los recuerdos son una historia que nos contamos a nosotros mismos."
Her, de Spike Jonze (2013)

 A veces me pregunto si mis recuerdos son fieles a lo que pasó. Si contarlos, o no contarlos, los modifica. ¿Cuánta verdad se ha quedado por el camino? ¿Qué parte es una construcción y cuál es un recuerdo genuino?

Me pregunto si guardar recuerdos alimenta al monstruo o, por el contrario, ayuda a limpiar heridas.

¿He aprendido a hacer o no hacer cosas gracias a recordar experiencias anteriores? ¿Desoír las alarmas que saltan cuando algo me recuerda a algo es una muestra de instinto o de falta de inteligencia?

Me pregunto qué debo priorizar: los recuerdos buenos, para reforzar las buenas experiencias, o los malos, para consolidar lo aprendido. 

Si nadie sabe qué estoy recordando algo, ¿cómo de fuerte cae el árbol sobre mi cabeza y cuánto daño me hace? ¿Haré ruido yo cuando caiga, recordando?

Me pregunto, todo el tiempo, qué sentido tiene recordar, porque no le encuentro una gran utilidad,  sinceramente, más allá de traerme melancolía, fracaso y frustración, casi siempre.


miércoles, 30 de mayo de 2018

Alegrías chungas

Hoy me han alegrado mucho el día dos cosas bastante chungas que han pasado a otras personas. 

Esas personas me jodieron la vida en momentos muy sensibles de mi vida, fueron crueles, no tuvieron ni una pizca de empatía y decidieron castigarme arbitrariamente. 

Puedo engañarme diciéndome que me alegro por eso, por lo hijosdelagranputa que fueron conmigo, además de lo rencorosa que soy. 

O porque, de una manera visceral e irracional, aunque yo no he tenido nada que ver, es como si sintiera que el cosmos les devuelve su maldad. 

Sé que no es así, que seguramente les está explotando la cosa en las manos porque se sentían inmunes y han tentado demasiado a la suerte. 

Sé que el karma no tiene nada que ver. 

Sé que la ley de la compensación universal no existe, que los malos no siempre reciben de vuelta lo malo que merecen ni los buenos acaban bien. 

Pero soy tan simplita que me ha alegrado saber que esas personas van a tener que comer un poquito (o muchito) de la mierda que han ido esparciendo a su paso.


martes, 29 de mayo de 2018

Caballos y penes

El caballo. 

Qué animal más bonito. Y grande, fuerte, poderoso, noble, leal, inteligente, útil... Lo que se diga es poco. Qué bonitos los caballos. Todos, eh, sin distinción.

Es fiel compañero del ser humano desde hace un porrón de años. Milenios, diría. 

Desde tiempos immemoriales, el caballo ha sido un símbolo de poder y riqueza: quien tenía pasta cabalgaba y, quien no, pateaba los caminos. ¿Que uno era noble, o caballero? A galopar. ¿Que no tenía dónde caerse muerto? A pata.

Fíjate si han sido (y son) importantes, que los grandes hombre se han retratados sobre estos nobles animales y han quedado fetén. 

Napoleón con un caballo entre las piernas.


Y valen para todo, oye: para ayudar a poner pan en la mesa, para llevar de un sitio a otro, para acarrear las cosas pesadas, para pasear, para ganar carreras, para vencer en batallas, para conquistar, para demostrar la capacidad económica o el amor a los animales... que me recuerda a algo, pero ahora no caigo...

Y viriles... mira que son viriles los caballos. Que te pones al lao de un caballo y ¡PUMBA! 


En fin, ¿que qué me ha pegao ahora con los caballos?

Resulta que hay muchos señores que se ponen un caballo de foto de perfil en las redes de ligar. Pero muchos.

Y a mí lo que me llega es que, de alguna manera, se identifican, o quieren que les identifiquen, con todas esas cosas que transmiten los caballos: poder, gallardía, fuerza, nobleza, virilidad, penes descomunales...

Vamos, que es la leche que los tengas entre las piernas.





Y esto es sólo el principio.

lunes, 14 de mayo de 2018

La política y la música

Ayer discutí con varias personas por culpa de Eurovisión. Bueno, más bien, por lo que pasa y por lo que no pasa en Eurovisión.

Al parecer, a estas personas no les parece bien que se boicotee a los concursantes por las cosas políticas de los países a los que representan, porque la política debería estar al margen del eurocontes.

Por ejemplo, no se debería boicotear a Israel por su actuaciones en Oriente Medio o con los palestinos, porque no tiene nada ver con la música. Y no se debería boicotear a Rusia, que no permite que pasen banderas arcoiris porque que en Rusia pase lo que pasa con las personas homosexuales no tiene nada que ver con la música. 

Que no se debería mezclar la política con la música.

Que resulta que son los mismos que dicen que no se debería permitir a los conductores de metro hacer las huelgas en Fallas o vacaciones porque les joden las vacaciones a los usuarios y a eso no hay derecho, o que no se debería permitir que las manifestaciones bloquearan el centro porque hay más gente en la ciudad que se ve muy afectada y, oye, a eso no hay derecho.

Son los mismos que no mezclarían la política con nada, porque la política no les interesa.

Y dejé la discusión, porque dejaron de interesarme ellos.


jueves, 26 de abril de 2018

Herencias de mierda

Estoy viviendo de cerca una herencia y hay tantas cosas que no entiendo que me ha salido una roncha.

¿Por qué los herederos creen que se lo merecen, si el dinero o los bienes no son suyos, son de otro que se ha muerto?

¿Por qué todos los hijos creen que todos tienen que recibir lo mismo, exactamente, porque si no no es justo? 

¿Por qué personas que se quieren son capaces de odiarse por dinero que ni siquiera es suyo?

¿Qué gen obliga a los padres a querer a todos por igual, o a valorar lo que todos hacen por igual, y a ser ecuánimes? 

¿Qué problema hay en que un hijo o hija o cacatúa sea el preferido? 

¿Por qué los deudos (OJOCUIDADO, LOS DEUDOS) exigen que haya un reparto equitativo, si a lo mejor no son queridos equitativamente?

¿En qué momento se convierte una persona que creías razonable en un monstruo de seis cabezas cuando se trata de pasta? ¿Te has parado a pensar si el monstruo de seis cabezas eres tú?

¿Cómo es posible que las personas seamos tan ruines, tan mezquinas, tan llenas de mierda, cuando se trata de repartir el dinero y los bienes DE OTROS QUE SE HAN MUERTO? 

¿De verdad vale la pena luchar con uñas y dientes por lo que es tuyo (que no es tuyo, te lo van a dar por la patilla y probablemente no hayas hecho nada para ganarlo) y perder por el camino a tu familia? Que si tan chungos son, deberías habértelos quitado de encima hace mucho...

No sé, piénsatelo. Y recuerda que tú tampoco te lo vas a llevar contigo.

martes, 24 de abril de 2018

El club de la lucha

Comparto clase de inglés con tres señoras jubiladas y tres muchachos recién salidos de la Universidad. 

Una fiesta mundial de los estereotipos. De lo peor de los estereotipos.

Hay conversaciones muy curiosas. Y digo curiosas, por decir algo en algún sitio, porque allí tengo que callarme.

Las señoras desconfían de los jóvenes. Son de la escuela de yo soy muy moderna, PERO, cualquier tiempo pasado fue mejor, lo peor está por llegar, ya llegaréis a viejos y nos daréis la razón y la tecnología es un monstruo de tres cabezas que os ha convertido en inútiles, ignorantes, vagos y desagradecidos.

Los muchachos, con sus másteres, sus estudios universitarios y sus miles de seguidores en Instagram observan estupefactos y altaneros la resistencia al cambio de sus compañeras de clase, incapaces de debatir contra la ira de la tercera edad. No porque sean lo educados que dicen ser, justo antes de ponerlas a parir en voz baja, sino porque no saben qué significan algunas de las palabras que utilizan: hercúleo, divergente o heterodoxo no entran en su vocabulario.

Yo asisto divertida al club de la lucha, con la esperanza de no convertirme en una de ellas, y el terror de haber sido una de ellos a su edad.

Miro desde atrás, veo volar las lanzas y pienso en mis cosas.

Estoy aprendiendo un montón de inglés.

jueves, 22 de marzo de 2018

No seas cruel con tu ex


Tengo cientos de borradores de post escritos después de tensas conversaciones telefónicas con mi ex cuñada o con mi hermano, y nunca me he atrevido a publicarlos.

Supongo que es porque me duele tanto la situación que no acierto a expresar bien lo que me gustaría decir, por un lado, y porque no me gustaría que pasara por una generalización, por otro.

Y es que, cuando la ruptura tiene que ver con las cosas estas normales de desamor, cuernos, terceras o cuartas personas, incompatibilidades y eso, siempre me salen frases lapidarias tipo consejos, y soy consciente de que hay tantas situaciones dificilísimas que no puedo ni imaginar que me sobrepasa el tema y me da por pensar que quién soy yo pa dar consejos, que vaya paleta.

Porque es que, mira, una de esas frases lapidarias tiene que ver con la venganza:

Da igual lo mal que pienses que tu ex se ha portado contigo, no utilices a tus hijos para vengarte y hacer que sufra.

Porque usar a tus hijos contra alguien es de ser una mierda de persona que no merece vivir, para empezar. Y porque hacer sufrir a tu ex va a reflejarse en tus hijos. Ellos también van a sufrir. Igual no les sale ahora, que son pequeños y piensas que no van a darse cuenta (equivocadamente) pero sí saldrá toda esa mierda algún día. Que no son tontos y se dan cuenta de todo. Lo decimos a menudo pero luego no lo tenemos en cuenta.

Otra de las frases lapidarias que me sale tiene que ver con el olvido y pasar página:

No puedes cambiar lo que ha pasado, rompe, olvida lo anterior y empieza tu vida diferente, teniendo en cuenta que tu ex sigue siendo el padre/madre de tus hijos.

El rencor no vale pa ná. Andar con que tú me hiciste, y yo no te hice y tú no sé qué y no sé cuántos... es una puta mierda. Es de patio de colegio. Lo malo que has pasado va a seguir ahí, y mira la mierda en la que te ha convertido. ¿En serio quieres seguir manteniendo eso dentro? Imagina lo que va a hacer de ti dentro de unos años: una persona amargada que está criando a personitas que también serán rencorosas y amargadas. ¿De verdad quieres eso? ¿DE VERDAD?

Joder, que ya somos mayores: ha salido mal, tienes unos hijos estupendos que no tienen por qué perder a su padre o madre además de su familia. Ponte las pilas y madura, coñe.

También me sale lo de:

No seas cruel porque sí, no hagas cosas sólo por joder, aunque pienses que tu ex sí las hace, porque entras en un bucle de rencor y sufrimiento que nunca acabará.

Devolver las putadas nunca ha sido una buena idea, nunca, NUNCA. No puedes llegar a saber hasta dónde es capaz de llegar la otra persona si la llevas a su límite. Y puedes encontrarte con sorpresas muy desagradables que no podrás devolver.

Y, mi favorita:

Vive y deja vivir, pero de verdad. No te entrometas, no malmetas, no hagas que tus hijos tengan que elegir.

Hay quien igual dice que es más fácil decirlo que hacerlo, que si yo supiera...

Pues me da igual si es difícil. ¿No dices que lo haces todo por tus hijos? Pues, para empezar, haz que se sientan queridos y protegidos. Haz que no estén en medio de una guerra. Haz que entiendan que dejar de querer a alguien, o dejar de convivir con alguien, no tiene por que ser sinónimo de odio, rencor y sufrimiento. haz que tus hijos se sientan orgullosos de sus padres toda la vida.

Y, mira, si tienes la mala suerte de que tu ex pareja no está por la labor, y sigue con su guerra, busca ayuda profesional para llevarlo de la mejor manera posible, y para no tener que pedir perdón nunca a tus hijos por haber contribuido a que su infancia fuera una mierda.

Si escribiera un post sobre rupturas, tratar exes e hijos me saldrían frases de estas y, seamos francos, sería una mierda de consejos para mundos con unicornios rosas que vomitan arcoiris. Y, CLARO

viernes, 9 de marzo de 2018

El día después

Miles, millones de mujeres y hombres nos hemos manifestado en todo el país reclamando igualdad.

En el siglo XXI.

Y lo que nos queda. Y lo que les queda a muchas que lo tienen mucho peor que nosotras en nuestro dramita del primer mundo.

Vale, ya está, ya nos hemos manifestado.

¿Y ahora qué?

Pues el día después es igual que el de antes: un cliente me llama cariño, me aprieta el brazo, yo lo aparto y me pide perdón. Y luego me pregunta que qué tal la manifestación de ayer.

El día después es igual que todos, desesperanzador, así que decido enfocar mi atención en los niños y niñas que nos acompañaron ayer durante unas horas, educados por mujeres conscientes de que las cosas tienen que cambiar, y de que el cambio está en sus manos.

Padres, madres, sois los responsables de la educación de vuestros hijos. Así que sois los responsables de nuestro futuro.

Que la fuerza os acompañe.

miércoles, 7 de marzo de 2018

Lo del 8 de marzo #huelgafeminista


Mañana hago huelga. 

He tenido que presionar a dos clientes para no poner reuniones el jueves, por apretado que esté el calendario. Tendré que trabajar más el fin de semana. Es lo que hay. Mañana hago huelga.

Ni siquiera estoy completamente de acuerdo con todos y cada uno de los argumentos, hay cosas que podría defender de varias maneras, tengo dudas , como siempre,... pero sí, hago huelga.

¿Servirá para algo? No creo, más allá de gritar mucho y poner en la agenda lo de la desigualdad entre hombres y mujeres, y de manera como muy superficial y temporal.

¿Respeto la decisión de no secundarla? Por supuesto, faltaría más. Hasta ahí podríamos llegar.

¿Respeto a las mujeres que deciden no secundarla? Pues depende a quién, según las circunstancias, igual un poco menos.

¿Estoy dispuesta a debatir y hablar con ellas sobre esta cuestión? Pues así, en frío, no, porque me ha cansao y me da grima casi todo el tiempo. Resulta que me he dado cuenta de que no me interesan nada las opiniones basadas en la experiencia personal cuando estamos hablando de más de la mitad de las personas. MÁS DE LA MITAD.

Y me parece poco solidario y con poca visión de futuro y un montón de cosas más.

Así que:

Si nunca te has sentido discriminada por ser mujer, enhorabuena.

Si nunca te has sentido acosada o violentada en una discoteca, si nunca has sentido miedo al volver de fiesta por la noche, enhorabuena.

Si nunca has tenido que gritar en tu propia cama para asustar a un hombre que piensa que tú no tienes derecho a arrepentirte y él sí lo tiene a follarte, enhorabuena.

Si nunca te han preguntado si pensabas tener hijos en una entrevista para un puesto de mucha dedicación, enhorabuena.

Si nunca te han llamado golfa, zorra o puta por follar con quien y cuando quieres, enhorabuena.

Si nunca has tenido que pensar cómo disimular la mejilla roja por un bofetón, enhorabuena.

Si nunca has tenido que salir discretamente de una cena de negocios, cuando con los gin tonics escuchas en un susurro “… las putas?”, enhorabuena.

Si un desconocido no te ha llamado chiquilla, nena, cariño, guapa, bonita en un ambiente laboral, cuando podía haberte preguntado tu nombre, enhorabuena.

Si no has visto a señores y señores pasar por delante de ti y cobrar más por la misma categoría y el mismo trabajo, enhorabuena.

Si nunca has tenido que escuchar lo de "feminismo no porque es que hay mujeres que [nosequé mierdas chungas indefendibles que hacen las mujeres y que no pintan nada en esta conversación]", enhorabuena. 

Si nunca te han dicho algo habrás hecho, es que vas provocando, lo estás pidiendo a gritos, mujer tenía que serse te va a pasar el arroz..., enhorabuena.

Enhorabuena, en serio.

Eres una privilegiada, una rara avis en un mar de mierda. No sé cómo o dónde lo has conseguido pero deberías compartir con el mundo tu experiencia para replicarla hasta el infinito. Que te den el premio Nobel, el BAFTA, el Pulitzer y el Bunyol d'Or, POR FAVOR!!!

O, espera, a lo mejor es que no te has dado cuenta o no le has dado importancia a según qué cosas y resulta que sí, que lo de ser mujer sí era la razón. 

Decir que las mujeres no sufrimos el machismo, o que el machismo no existe, simplemente porque tú no sientes haberlo sufrido es de ser muy necia y muy obtusa*, así que no, no me interesa lo que opinas sobre este tema.


* Espera, necia, obtusa e imbécil.

miércoles, 14 de febrero de 2018

El amor es

El amor es esa infinita, desinteresada, confiada, incondicional, comprometida, presente cosa con plumas que si se la pasas a otro/a que no sea tu pareja entre las piernas y se moja, y tú te has dado cuenta de que se moja, se acaba a hostias.

Como cosa bonita, es tirando a regulera.

Feliz día del amor.

lunes, 29 de enero de 2018

Listas de cosas

Hace unos días una de mis amigas me mandó una foto de una carta que le escribí cuando tendríamos unos 18 años o así.

Nos reímos mucho y, casi sin pensar, me puse a buscar cartas y cosas de esas de cuando era pequeña. Y encontré los diarios.

QUÉ ERROR.

Al parecer, cuando tenía unos 18 años estaba "enamorada hasta la médula" y era "absolutamente feliz" porque sabía que iba a pasar el resto de mi vida con mi novio. Según mis propias palabras, "nos queremos tanto que da hasta un poco de miedo, porque haríamos cualquier cosa el uno por el otro". Hicimos muchas cosas el uno por el otro, sí, incluidas algunas relacionadas con joder el resto de la existencia y eso.

Al parecer, también, estaba cagada de miedo porque nunca iba a aprobar selectivo: "hay gente que me dice que soy muy inteligente, y me da mucha vergüenza porque es mentira", y cuando saqué notaza era porque "era súperfacil". No sé de donde saqué lo de que era un auténtico zoquete pero lo he tenido muy arraigado hasta... hasta ahora, creo.

A los 18 años estaba segura de en qué iba a trabajar siempre, porque era mi vocación, y ni me planteaba otras opciones. Dos años. Dos años trabajé en eso que era mi vocación.

Pero lo que me pareció más triste de todo era que hacía listas de cosas que me preocupaban mucho pero no hablaba con nadie.

Eran listas muy tristes, que muestran claramente, a una joven superada por el mundo que se siente un fraude, que lo único que quiere es que nadie se dé cuenta de en qué está pensando o qué le preocupa, porque no conoce a nadie que parezca preocupado por las mismas cosas que ella.

No me acordaba de eso. 

Y, es curioso, porque así es justo cómo empezó este blog: hablando de cosas que nunca hablaba con nadie.

Hay cosas que, mira, somos como somos y es muy difícil cambiar algunas cosas, qué quieres que te diga: sigo siendo muy de listas.

Aunque ahora, si tuviera que hacer una lista de cosas que nunca hablo con nadie, creo que no tendría nada que escribir.

domingo, 31 de diciembre de 2017

Feliz Año Nuevo

Yo no soy muy de listas pero, mira, de rutinas, sí.

Hace unos días empecé a escribir una lista de cosas que había aprendido este año para este post. De diecisiete cosas, para ser exactos, porque, chica, llámame virgo, pero todo tiene su por qué.

Resulta que tengo la sensación de que el 2017 ha sido EL año, ese que ha marcado un antes y un después en mi vida, y quería recordar bien por qué, así que empecé a escribir, y va y cuando me di cuenta llevaba más de diecisiete cosas. Y, lo mejor de todo, todas esas cosas me hicieron sonreír.

Pero no puede ser. No pueden ser veintiocho ni treinta. ¿En qué año estamos? Pues eso. Diecisiete.

Mmmmm... aquí igual se me quitó un poco la sonrisa. Supongo que fruncí el ceño. Puedo imaginar mi cara de reprobación.

Pasé un ratito releyendo... y al final me di cuenta de que daba igual cuántas cosas chulas he aprendido este año, porque hay unas pocas que no se me van a olvidar nunca:

  • He descubierto que sí puedo enamorarme otra vez. Me pilló tan desprevenida que se me fue el santo al cielo y me dio exactamente igual no ser correspondida por querido escritor. Ojalá pudiera decirle alguna vez lo mucho que ha significado para mí sin haber significado nada.
  • En la vida pasan cosas chungas, muy chungas, que me tengo que comer con patatitas. Muchas son inevitables, no puedo tener el control sobre ninguna de sus variables, pero sí puedo decidir sobre cómo permito que me afecten todas esas mierdas. Y, ah, amiguis, esto esto es muy importante: cómo permito que me afecten. Y luego hay otras sobre las que sí tengo algo que decir. Pues, en esas, voy a decir lo que quiero, y a hacer lo que me haga sentir bien. Hasta ahora está funcionando y estoy tan flipada que soy de esas asquerosas que voy sonriendo por la calle.
  • Damos a los demás lo que nos dan. Y viceversa. Si damos amor y buen rollo eso es lo que nos devuelven. Si sentimos que no nos dan lo que creemos que merecemos, a lo mejor no estamos dando lo que creemos que damos. Si sentimos que no nos dan nada, a lo mejor no estamos dando nada. 
  • No hay que estirar de los hilos de las underwear.
Se acaba un año tan raro y chispeante que casi me da un poco de rabia, si no fuera porque me muero de curiosidad por saber cómo va a ser el 2018.

Os deseo lo mejor.

Feliz Año Nuevo. 

sábado, 30 de diciembre de 2017

Del lado que me hace bien

Hay dos tipos de personas: las que hacen grupos de personas y las que no.

Es inevitable: identificamos a las personas en grupos, de manera instintiva, porque nos ayuda a tomar decisiones. A veces parece una gilipollez, porque meteríamos a uno en doscientos cincuenta grupos, o porque tan pronto uno es de un grupo cuando al momento lo colocaríamos en el opuesto pero, mira, ya forma parte de otro grupo en nuestra cabecita, en el grupo de los que cambian de opinión.

O con quienes quieres estar siempre y con quienes es mejor no estar.

O en el de los que confías y en los que no.

O el de con los que te irías de fiesta y a los que no tocarías ni con un palo.

O el de los que te apetecería conocer más y los que no te habías dado cuenta de que existían hasta que se han presentado en tu puerta vestidos de Lady Gaga.

O los que presentarías a tus padres y los que abandonas en la otra acera si ves a alguien conocido.

O los que te follESOS.

Tenemos que ser conscientes de que siempre formamos parte de un grupo para los demás, y que, seguramente, eso llevará aparejadas algunas etiquetas con las que igual no nos sentimos cómodos, especialmente si no nos conocen mucho. Bah, ahí no pasa nada. ¿Qué me importa lo que piense de mí quien no me conoce? Es inevitable, y no pasa nada.

Pero claro, la cosa cambia con las personas a las que queremos. Ahí sí nos importa en qué grupo estamos. Ahí sí queremos estar en los grupos molones, cuantos más mejor.

De todos, el grupo más molón es el del grupo de personas que quieres saber que tienes cerca, que te quiere, que se preocupa por ti, que comparte cosas contigo, con el que te sientes seguro y cómodo siendo como quieres ser.

Hace unos días un amigo me dijo que estoy en ese grupo molón, que estoy del lado que le hace bien. Uno de esos amigos que igual no es consciente de lo mucho que me ha dado, porque no se lo digo de normal, y debería.

Gracias, newland23. Por todo. Por tu cariño y tu generosidad. Porque has traído a mi vida a personas maravillosas.

Tú también estás en el lado que me hace bien. 


EDITO:

Y esto es lo que pasa cuando le dices a las personas a las que quieres lo que significan para ti. Todo es bueno.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Derechos fundamentales

No, cari, no nos engañemos.

No existe el derecho universal a comer lo que tú quieres en cualquier restaurante. No existe el derecho universal, intransferible e inalienable, a encontrar en cualquier restaurante lo que quieres o puedes comer si eres vegano, celíaco, intolerante o alérgico.

El del restaurante, si es listo, detectará nuevos nichos de mercado, lo analizará y decidirá si ofrece menús para veganos, celíacos, intolerantes o alérgicos. ´

Lo que tú tienes es el derecho a decidir dónde vas a consumir. Lo demás, es mierda mental.

Tampoco existe el derecho universal a que el Ayuntamiento mantenga la línea de autobús que utilizas todos los días desde hace 20 años de puerta a puerta, porque, a lo mejor, el Ayuntamiento ha detectado que no es sostenible, y por eso cambia el itinerario y tienes que andar 500 metros más.

Es más, ni siquiera existe el derecho universal a que el ayuntamiento te lleve de sitio en sitio, si a eso vamos.

¿Puedes quejarte? Pues sí, pero con eso te quedas. Con eso y con no votar a ese gestor público que no te gusta pero, ¿derecho a que no cambien el itinerario de la línea de autobús que te viene bien? No, eso es mierda mental.

Y, ¡aguanta! ¿que me dices de tu derecho universal de decir lo que tú quieres, porque es tu opinión y tienes libertad de expresión? Ah, mira, ése sí existe, el de la libertad de expresión, el de decir lo que tú quieres porque es lo que opinas, no.

La libertad de expresión sí es un derecho fundamental del ser humano pero, cuidadín, porque acaba donde empiezan los derechos de los demás. Piensa lo que quieras pero si con lo que dices agredes a otra persona de las maneras tipificadas, agárrate que vienen curvas.

Y, ¿qué pasa con tu derecho universal fundamental a trabajar de lo tuyo y si no pues me enfado y no respiro? ¡¡¡Cari, que tampoco!!! Eso va con el mercado laboral, que ya discutiremos como está la cosa pero es que a lo mejor lo tuyo ya no hace falta, o hay más personas que trabajos de lo tuyo, o hay personas mejores que tú en lo tuyo.

Llámame loca, pero igual tienes que empezar a cambiar el chip y dejar de hablar de tu derecho a lo tuyo. Porque el derecho a lo mío de cada uno tiende a otras cosas.

Ah, oye, ya que estamos, olvídate del derecho universal a que alguien te quiera. ¡¡¡Sorpresa!!! No existe. No tienes derecho  a que te quieran. Indígnate todo lo que quieras. Enfádate con el mundo, con todo el mundo, pero ahí te quedas.

Que te quieran no es un derecho, es un regalo, un premio, una consideración.

Tienes derecho a otras cosas, que tienes que defender con uñas de dientes, para ti y para todos pero, cari, a que todos tus deseos sean satisfechos, pues, mira, no, no tienes derecho.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Ropa para gordas II

Una, que es gorda de nacimiento, ha tenido la oportunidad de vivir la evolución del mercado de la moda desde hace muchos años.

Las cosas han cambiado mucho desde que tenía que conformarme con lo que me cabía a ahora, que puedo elegir más o menos fácilmente entre muchas cosas con las que me encuentro a gusto. Como todo el mundo, vaya: hay cosas que me apañan y cosas que no, no me quejo.

Bueno, sí, me quejo, pero no en el sentido de "tengo el derecho universal de encontrar de todo lo que a mí me gusta, de mi talla, y en el color que lo quiero". Me quejo de otra cosa. De una cosa que no entiendo, pero no por gorda, sino por curiosa.

¿Por qué hay empresas de producción masiva de ropa que tienen una línea diferente para gordas? Como H&M, Violeta, C&A, Adolfo Domínguez...

Quicir... entiendo que haya marcas específicas para gordas, igual que las hay para raperos, góticos, surferos o cosas así, si una empresa detecta un nicho de mercado y puede explotarlo, cojonudo. Y, claramente, la ropa a la moda para gordas es un nicho de mercado en expansión, si tenemos en cuenta cuánto ha crecido la oferta y, sobre todo, los índices de obesidad. Que cada vez hay más gordas muy gordas no es un secreto.

Pero, ¿por qué las empresas que hacen ropa de muchos estilos, así, en plan, globalización de la moda, de repente crean una línea diferente para gordas? ¿Por qué, simplemente, no amplían la misma línea hasta una 50 o 52 o, incluso, llámame loca, una 60?

Me pregunto con mucha curiosidad por qué se empeñan en señalarnos. Y he intentado analizarlo desde todos los puntos de vista que se me ocurren.

Las cuestiones técnicas son las más fáciles: programas las máquinas cortadoras y las cosedoras, y punto. Igual que se pasa de la XS a la XL, se puede pasar a la 52. ¿Que las prendas más grandes necesitan mucho más tejido ? Pues si supone un coste mucho más elevado lo imputas proporcionalmente a la prenda, pero igual que lo harías de una XS a una XL. En cualquier caso, estoy casi segura de que pagar 5 euros más por un pantalón de la 52 de la misma línea se vería menos mal que pagar 20 euros por un pantalón de una línea diferente.

En cuanto a almacenaje y distribución, están en los mismos almacenes y se reparten a los mismos sitios. No me jodas, ese no es el problema.

El proceso es exactamente el mismo para una prenda de la XS que para una prenda de la talla 52. Entonces, ¿por qué?

¿Por qué las marcas se toman la molestia de crear nuevas líneas de ropa? Y, espera, mucho mejor, ¿por qué las marcas se toman la molestia de crear nuevas líneas de ropa que no tienen nada que ver con la línea normal? ¿Por qué quieren que nos sintamos diferentes? ¿Por qué se empeñan en lanzar campañas para que todas nos sintamos bien con su ropa, pero a las gordas nos señalan con el dedo de gorda? ¿Por qué "sí, cari, tú también tienes que sentirte bien con mi ropa, pero con esta diferente, que es más horrorosa pero, eh, aún tendrías que dar las gracias de que nos hayamos acordado de ti"?

Y en esto estaba pensando ayer, mientras salía de la tienda con un vestido de una línea normal, mientras los vestidos para gordas me habían parecido de un horror empalable.

miércoles, 4 de octubre de 2017

Cosas que he aprendido

Hace justo un año estaba muy contenta porque cambiaba de trabajo, después de unos años muy difíciles.

Menos mal que estaba muy contenta. 

No ha salido bien.

Tenía un compañero-jefe (uno) y hemos sido incompatibles. Y, claro, así es difícil y ya no trabajo allí.

De esta experiencia he aprendido varias cosas que, si soy medianamente lista, recordaré en el futuro, y que comparto por si pueden servir a alguien:
  • Del amor al odio hay menos de un paso.
  • Es muy difícil pensar que no eres una mierda cuando todos los días te dicen que eres una mierda.
  • Es muy fácil dejar de pensar que eres una mierda cuando dejan de decírtelo.
  • Es normal no saber qué hacer cuando te encuentras en una situación desagradable nueva, no te machaques mientras aprendes cómo enfrentarte a ella.
  • Huir no es de cobardes, es de supervivientes.
  • Muchas veces, la primera impresión no vale para nada.
  • Nunca, nunca, NUNCA, hay que fiarse de alguien que dice a los demás que tienen que ser mejores personas.
  • Para tomar decisiones hay que estar dispuesto a cambiar, y a aceptar que lo que te espera puede que no sea perfecto.
  • Por mucha adaptación al medio de la que seas capaz, cuando eres un elemento nuevo el medio también tiene que adaptarse, aunque sea mínimamente. Si no, no hay nada que hacer.
Bonus track: Olvida rápido, que se queda la piel mucho mejor.

martes, 3 de octubre de 2017

Taras

Yo ya lo llevo escrito en la piel.

Y lo escribo en el blog.

Y lo grito, a veces.

No es verdad que decirlo te hace invencible. Sólo te hace ser consciente de que no lo eres.


¿Tú, qué taras tienes?