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miércoles, 4 de octubre de 2017

Cosas que he aprendido

Hace justo un año estaba muy contenta porque cambiaba de trabajo, después de unos años muy difíciles.

Menos mal que estaba muy contenta. 

No ha salido bien.

Tenía un compañero-jefe (uno) y hemos sido incompatibles. Y, claro, así es difícil y ya no trabajo allí.

De esta experiencia he aprendido varias cosas que, si soy medianamente lista, recordaré en el futuro, y que comparto por si pueden servir a alguien:
  • Del amor al odio hay menos de un paso.
  • Es muy difícil pensar que no eres una mierda cuando todos los días te dicen que eres una mierda.
  • Es muy fácil dejar de pensar que eres una mierda cuando dejan de decírtelo.
  • Es normal no saber qué hacer cuando te encuentras en una situación desagradable nueva, no te machaques mientras aprendes cómo enfrentarte a ella.
  • Huir no es de cobardes, es de supervivientes.
  • Muchas veces, la primera impresión no vale para nada.
  • Nunca, nunca, NUNCA, hay que fiarse de alguien que dice a los demás que tienen que ser mejores personas.
  • Para tomar decisiones hay que estar dispuesto a cambiar, y a aceptar que lo que te espera puede que no sea perfecto.
  • Por mucha adaptación al medio de la que seas capaz, cuando eres un elemento nuevo el medio también tiene que adaptarse, aunque sea mínimamente. Si no, no hay nada que hacer.
Bonus track: Olvida rápido, que se queda la piel mucho mejor.

martes, 3 de octubre de 2017

Taras

Yo ya lo llevo escrito en la piel.

Y lo escribo en el blog.

Y lo grito, a veces.

No es verdad que decirlo te hace invencible. Sólo te hace ser consciente de que no lo eres.


¿Tú, qué taras tienes?

lunes, 25 de septiembre de 2017

Autoestima

autoestima.
De auto- y estima.

1. f. Valoración generalmente positiva de  mismo.

Hay muchas cosas que no entiendo de la autoestima.

En teoría, y según la RAE, tener autoestima es valorarse positivamente, ser consciente de que uno tiene capacidades para hacer cosas, a veces incluso muy bien.

Y aquí empiezan mis dudas.

¿Cómo sé si lo que yo creo que está bien no responde al estándar de bien socialmente aceptado? ¿Con qué estándar de bien tengo que comparar lo mío? ¿Debo no tener en cuenta cosas que hacen que mi autoestima sea regulera, y tener más en cuenta todas las demás o debo intentar cambiar esas cosas que meh? ¿Qué priorizo? ¿Debo tener la autoestima allá en lo alto no matter what o debo seguir con mis dudas? ¿Cómo sé si mi autoestima es alta o si aún puede subir más? ¿Necesito más y mejor o estoy bien así? ¿Va a adaptarse mi autoestima a mi evolución personal (que espero seguir teniendo) o voy a tener que seguir esforzándome para que todo encaje? Si tengo que seguir esforzándome, ¿significa que mi autoestima aún tiene recorrido? ¿Va a llegar un momento en el que me explote la cabeza con tó lo que me quiero? ¿Quiero eso o quiero seguir teniendo dudas? Si tengo dudas, sobre todo en la vida, ¿qué pasa con mi autoestima?

Y aquí ando.


miércoles, 20 de septiembre de 2017

Eres guapísimo

Una cosa que me flipa de las redes sociales es cómo se presenta cada uno.

En la Internet uno puede ser lo que quiera: puede presentarse con su jeta, con la cara de un famoso, con la de un dibujo animado, con una foto random...

Hay de quien anda hilando teorías sobre si la elección de una u otra imagen te dice cosas sobre cómo es esa persona. Personalmente, a mí me dice que ha elegido esa en concreto porque le ha parecido bien en ese momento, y que igual luego cambia de opinión. 

En las redes sociales de ligar, la elección de la imagen que te representa es especialmente importante. Tiene que llamar suficientemente la atención como para que alguien te elija, o para que, si tú eliges a alguien, no te rechace sólo por la imagen.

En mi experiencia, muchos hombres (que es mi negociado) no lo han entendido aún. Plantan fotos espantosas, como si las hubiera elegido su peor enemigo borracho de cazalla a salida de Puzzle un domingo a mediodía.

Luego se quejan amargamente de que nadie responde a sus mensajes, con lo educados y buenas personas que son. Se quejan de  que las mujeres somos frívolas y sólo nos interesamos por el aspecto, que pedimos a gritos que nos valoren por algo más que nuestro físico y luego no prestamos atención a los gordos, los feos o los que no salen con Ferraris. 

Se quejan de que las mujeres somos como la peste bubónica pero con push up en un sitio al que van a buscar mujeres.

LAS MUJERES SOMOS MALOTAS Y LO PEOR DE LA CREACIÓN.

Tengo la sensación de que, normalmente, estos no se comen un torrao, se frustran, y no se dan cuenta de que, además de que lo primero que vemos de ellos es la peor imagen posible, lo segundo es una ristra de mensajes pasivo-agresivos, llenos de rencor contra el género femenino que provoca el bloqueo inmediato.

¿El bloqueo es porque son gordos, feos o no tienen Ferrari? No, es porque vuelcan en cada mensaje su odio contra las mujeres, así, en general, y yo, al menos, no estoy pa aguantar milongas amargadas, por muy bellos que digan que son en su interior. Me interesan una mierda las otras cosas que dicen que tienen en su interior. 

No se dan cuenta de que lo que no capta una cámara, lo captan las palabras.

Y luego están los que sí lo han entendido. 

Da igual si son guapos o no. Se nota que se han preocupado de buscar una imagen que les muestra como personas atractivas, incluso aunque no lo sean.

De entre estos, he detectado un subgrupo interesante: los que ponen una foto falsa.

Una foto estupenda, de hombres guapísimos, una foto MARAVILLOSA. UNA FOTO. Porque no tienen mas, los pobres.

UNA foto.

UNA foto que sale en Aliexpress, Pinterest, revistas de moda... pero en ningún otro perfil de NINGÚN SITIO, que si es la foto tuya que más te gusta, que por eso la has elegido para una red de ligar, la pondrías. Y si no la pones en ningún sitio más es porque utilizas otras fotos molonas en otros sitios, ergo, si fueras tú, tendrías más fotos. NO ME TOMES POR IMBÉCIL.

Que cómo lo sé, me han preguntado algunos.

GELIPOLLAS, POR LA BÚSQUEDA INVERSA DE GOOGLE.

Lo mejor es que no se dan por aludidos.

Así es la vida. Unas veces se gana y otras se pierde. Hemos venido a jugar y no hay rival pequeño. Y hay gente muy gilipollas. Y que se queja amargamente.

viernes, 8 de septiembre de 2017

Adiós, #proyectohuevos

¿Por qué nos empeñamos a veces en ponernos objetivos que sabemos que no vamos a cumplir? A mí me pasa todo el tiempo. Y luego siempre estoy frustrada e insatisfecha. Me lo han dicho muchas veces, y tienen razón. Pero tengo una cosa bueno: no me cuesta reconocer los fracasos. Mira:

Reconozco que no he sido capaz de cumplir con el #Proyectohuevos.

O no me ha importado lo suficiente como para cumplirlo, que también puede ser.

Y sigue sin importarme, me temo. Así que lo dejo.

Exacto.

Cierro el #Proyectohuevos y continúo con la vida. Y con el blog. No tiene ningún sentido seguir numerando los post y sentirme mal si no sigo adelante, sobre todo por que sé que ya no voy a acabarlo. Igual que lo sabía antes de empezar. No pasa nada.

Tengo que aceptar la derrota, it's ok. Será una excusa estupenda para echar unas risas con los amigos. Me presentaré como una perdedora, pagaré elegantemente la cena y pasaremos a otra cosa.

O a nada. O a lo de siempre. Seguiré escribiendo. Whatever

¿He aprendido algo de esta experiencia? No, ya sabía cómo iba a resultar y, aún así, me tiré en plancha. Oh, espera, igual sí. Igual sí he aprendido algo. Igual sí he aprendido que, a veces, no me importa tirarme en plancha en algo que sé que va a ser un fracaso, sobre todo si puedo controlar las consecuencias o no me importan. 

Unas veces se gana y otras se pierde, y a mí no me importa perder de vez en cuando si por el camino me entretengo un poco.

Espera, ¿esto está quedando demasiado brasas?

Vamos a ver, sí, supongo. Pero, como todos sabemos este es mi blog y melofo como quiero.

O me gustaría, que llevamos ya un tiempito y deberíamos haber llegado ya a la segunda base.

¿Seguimos otro día?



lunes, 4 de septiembre de 2017

La mentira

A mi madre nunca le ha hecho mucha gracia que me descojone ría de cuando morí un poco. Dice que le quito importancia, que hace que tenga menos miedo y, por tanto, que sea más descuidada. Y que eso hace que tenga más posibilidades de que vuelva a morirme. Y lo dice en serio. 

Mi madre es una cachonda, sí.

Yo le pido perdón y le digo que no lo haré más. Ni lo de reírme, ni lo de palmarla. Las dos sabemos que miento.

Hoy hace nueve añazos que le cuento esta trola y le prometo que hoy no volver a morirme, que ya sería mala suerte.

Hoy es mi no-cumpleaños.


miércoles, 16 de agosto de 2017

Día 30: El ecuador, o lo que viene siendo la mitá

Querido blogs.

Estoy un poquito hasta el coño del reto de #Proyectohuevos.

Es cansao. No por escribir, qué va, escribir es un camino de rosas cuajado de amapolas de chocolate que huele a esencia de lavanda. Joder, es la obligación. Es haberme impuesto una obligación que no necesitaba.

Y es aburrido, a veces. se me había olvidado eso de tener que escribir sin tema, teniendo que escurrir el celebro para sacar un post. Menos mal que cuento con la inestimable colaboración de la #becaria MG, que si no...

Además, como decíamos ayer, está siendo muy difícil crear una rutina de la nada, sobre todo porque como no tengo otras rutinas, esto es un poco el coño de la Bernarda.

Quedan 30 post. Aunque no va a darme tiempo a ganar la apuesta por la que nació #ProyectoHuevos, voy a continuar y terminar con elegancia.

Porque de eso se trataba, de intentar que se olvidara que soy imbécil por aceptar la apuesta demostrando que puedo perder con elegancia.

De eso, o de retomar el hábito de escribir en el blog, vete a saber. 

martes, 15 de agosto de 2017

Día 29: Rutinas

Una cosa que he aprendido con esto del #proyectohuevos es que para crear un hábito necesito pegarlo a otro hábito. No sé crear uno de la nada. No sé empezar un día una cosa y hacerla todos los días porque sí, entre nada y nada, no. Tiene que estar pegado a algo.

Y las vacaciones son el peor momento para crear hábitos, amiguis, porque, por definición, no hay rutinas. Ni prisas. Al menos yo no las tengo. 

No tengo rutina de dormir, que es casi lo más importante en mi vida.

Igual me levanto a las doce porque anoche me acosté a las tantas por charlar en la terraza con los colegas que tengo que levantarme a las no sé qué porque soy tan imbécil que cogí la primera hora en el médico.

Tampoco tengo rutina para comer, que también es casi lo más importante en mi vida.

Que igual como seis veces al día porque ando por ahí celebrando cosas que se me olvida comer y merendar porque estoy en la playapiscina, que es más divertido.

Lo mejor de todo es que tengo la sensación de que mi vida rutinaria, tranquila, confortable y segura ha pasado a mejor vida, y a ver cómo me las apaño para retomar algo con criterio en septiembre.

O en enero.

jueves, 10 de agosto de 2017

Día 27: Recuerdos de verano

Leí Las aventuras de Huckelberry Finn un verano de hace unos... digamos que más de 30 años y menos de 500.

No es que tuviera muchas ganas de leerlo, pero ya había leído todo lo que me apetecía y era lo que había disponible. Y el papel que lo envolvía era bonito.

Mi tío Vicente recubría todos los libros con el papel de regalo usado y ponía el nombre y el autor cuidadosamente en el lomo. Decía que así se estropeaban menos si los dejábamos en el césped o en la playa.

Un día, a la hora de la siesta, me acerqué a la librería y elegí el papel con dibujos de nubes y hadas. Como todos los días, cogí mi cojín, una botella de agua fresca, las gafas, y me senté a leer en el balancín del jardín, bajo la sombra de la garrofera, mientras todos dormían.

Recuerdo agitar las piernas de vez en cuando porque me molestaban las moscas y las hormigas.

Recuerdo acariciar el césped con los dedos de los pies, y preguntarme cómo sería caminar descalza más allá de césped seguro y blandito.

Recuerdo el movimiento del balancín, suave y silencioso, y que me imaginaba cómo sería viajar en carreta..

Recuerdo levantar la vista de vez en cuando y mirar el agua de la piscina, esperando a que pasaran las dos horas de rigor hasta poder bañarme de nuevo, pensando en el calor que debía pasar alguien que no podía bañarse en verano.

Recuerdo seguir leyendo a la sombra de la garrofera mientras mis hermanos y primos jugaban en el agua durante toda la tarde, porque quería saber qué pasaba después.

Recuerdo a mi madre llamando a la tropa desde la terraza para merendar, y debatirme entre levantarme para la merienda o quedarme a terminar el capítulo. Y quedarme. Y hacer equilibrios para sujetar el bocata en una mano y el libro en otra.

De repente, he recordado el olor a piscina, a libro viejo, a césped y a bocata de mortadela. Ha sido pensar en Huck y... qué bonito.

Y ha sido por culpa de El niño desgraciaíto. Gracias, querido.

viernes, 4 de agosto de 2017

Día 23: El turismo

Últimamente se habla mucho de los males que trae el turismo. Hasta ha habido actos vandálicos contra turistas y contra símbolos turísticos.

Que si la culpa es del turismo low cost, que si los pisos de air no sé qué,... Se echa la culpa a cualquier cosa, excepto al boogie y a la mala educación.

Y, al final, se trata de eso, de incivismo y mala educación. Da igual si es de Madrid, de Cracovia o de Leeds, es una cuestión de mala educación.

Si el precio de los pisos es inasequible a los aborígenes porque los propietarios quieren forrarse, si un grupo de gente monta el pollo en un edificio a las cinco de la mañana, si mean en los portales, gritan en los restaurantes o tiran las colillas en la playa sin apagar da igual si la culpa es del turismo o no, es malaeducación y punto. 

Bueno, y punto, no. Seguramente muchos de estos turistas son asesinables. Muchos sienten la impunidad de pasar sólo unos días en un sitio en todo su esplendor y se desmelenan. Y es asqueroso y molesta hasta el infinito porque se repite una y otra vez para los locales: los apartamentos se alquilan una y otra vez, los restaurantes siempre están llenos, y la gente se mea todo el tiempo. Estas personas nunca se acaban, sabemos que no existe la posibilidad de que un día se acabe. Y eso hace que la experiencia sólo pueda ir a peor.

El verdadero problema no es que sean turistas, es que no podemos hacer nada contra la mala educación y nos jode infinito.

miércoles, 2 de agosto de 2017

Día 22: Cosas que he aprendido en la vida (II)

  • Bajar el listón es como perder un dedo de un pie: parece que no tiene importancia hasta que te das cuenta de que los dedos de los pies ayudan a mantener el equilibrio.
  • Cada uno tiene un concepto diferente de "triunfar en la vida". No lo cuestiones.
  • Cuando alguien te dice que no le importan las ideas políticos de los amigos o sus amigos tienen las mismas o no le importan sus amigos.
  • Dejar de querer es más fácil que olvidar que se ha querido.
  • En un mercado de carne hasta la piel de pollo tiene comprador.
  • En un momento de urgencia el fairy sirve para quitar roña de todas partes.
  • Escribir un blog no sustituye a la terapia, pero ayuda mucho a no enloquecer o a aceptar el enloquecimiento.
  • Es más importante descubrir qué quiere alguien realmente que hacer lo que dice que quiere.
  • Hacen falta seis meses para acostumbrarse a los madrugones y sólo dos días para acostumbrarse a levantarse a las diez.
  • La laca del pelo y el limpiamuebles con cera matan las cucarachas igual de bien.
  • Las lacas de uñas y los serum para las arrugas, siempre en la puerta de la nevera.
  • No compres bragas de Primark.
  • No hagas una pregunta si crees que no va a gustarte la respuesta.
  • No hay que decir a los señores que se es fan de Crímenes Imperfectos en la primera cita.
  • No recomiendes a una gorda pócimas milagrosas para adelgazar. Seguirá igual de gorda y pensará que tú también eres un bocas y un gelipollas.
  • No preguntes ¿Cómo estás? si no te interesa que te lo cuenten.
  • Reconocer los errores es un triunfo.
  • Se respeta a las personas, Sus creencias, pues igual no.
  • Si crees que necesitas a alguien para sentirte lleno, probablemente eres la mitad de un ser humano.
  • Si tienes un hijo adolescente igual no notas que huele porque estás acostumbradao PERO SÍ HUELE, CÓMPRALE DESODORANTE.
  • Si no te piden opinión sobre el corte de pelo, el atuendo o el peso, NO LA DES.
  • Todo puede ir a peor. Siempre.

martes, 1 de agosto de 2017

Día 21: Viajes con niños

Una vez tuve que hacer un viaje en AVE rodeada de un grupo de trabajo de siete mujeres que chateaba en su grupo de trabajo de whatsapp con las que no habían podido ir a la feria. Durante algo más de una hora y media, cada vez que alguna enviaba un mensaje sonaban siete tonos diferentes de aviso. Unas 5.700 notificaciones.

Otra vez viajé desde Malta rodeada de los restos de una despedida de soltero de un chico de Paiporta. Por supuesto, todos estaban borrachos, salidos, enfermos o, simplemente, eran energúmenos. Vociferaron, cantaron, bebieron, insultaron, vomitaron... todo en el limitado espacio de un avión de low cost.

Durante diez meses ha viajado a las 7'45 con una panda de señores vociferantes que iban a trabajar. Muchas personas les han llamado la atención muchas veces por ser groseros especialmente con las mujeres, y por ser ruidosos y maleducados.

Vivo en Valencia. Cada año tengo que aguantar durante un mes el colapso de la ciudad,y el incivismo de miles de personas. Puede que te toque una banda de música que se desplaza a la city desde uno de los pueblos cercanos y te haga bastante gracia, o que tengas que aguantar a personas de todo pelaje y condición mear en los patios de los edificios, o que te toque ir en el autobús con un grupo de señores y señoras adultas embriagados, volviendo de la recogida de premios, de una ofrenda o de una mascletà, pero, eh, no te quejes, que es que son fallas.

Hace unos meses fui a un concierto en el que había un bebé de unos dos años con auriculares. Empezó a llorar a los diez minutos de estar allí. Sus padres aguantaron hasta el final. Yo les hubiera empalao a los dos. ¿Tienen derecho a llevar a su bebé a un concierto? Sí, claro. ¿Son unos inconscientes y unos maleducados? También.

Leo estos días lo de los viajes y las actividades con niños y, mira, hay mucho rancio suelto. Y mucho gelipollas, también.

¿Es un coñazo que un niño te dé la brasa en un viaje? Pues sí, claro que lo es. Por muy comprensivo que seas, si te toca un niño que llora, o se ríe, o está potroso y te da el viaje, probablemente se te pasen por la cabeza muchas cosas, muchas de ellas ilegales y punibles.

¿Sólo dan la brasa los niños? Pues no, Claro que no. Y lo peor es que hay más adultos viajando y moviéndose en los transportes públicos, lo que supone que, estadísticamente, hay más adultos coñazos.

Muchas veces, que los niños den por culo tiene que ver con que son niños, y lloran, ríen, juegan y son ruidosos, y no tiene nada que ver con la educación o con si sus padres son tal o cual cosa. ¿Molesta? Sí. ¿Hay que hacer algo? Pues mira, que el niño se encuentre lo mejor posible, los demás importan un poquito menos y hay que joderse un rato.

Otras veces, dan por culo porque los papás y mamás dejan que su condición de niños sea un cheque en blanco para hacer lo que quieran, independientemente de su impacto en los demás. ¿Molesta? sí ¿Hay que hacer algo? Pues, mira, una hostia con la mano abierta en la cara de algunos padres no vendría mal.

sábado, 29 de julio de 2017

Día 19: El mundo es pequeño

Una de las primeras cosas que se aprenden en la Red es que el mundo es muy pequeño. Especialmente en Valencia.

Yo he aprendido, por las malas, que esconderse detrás de un nick no sirve de nada, siempre hay hilos de los que tirar, casualidades imposibles, personas que te conocen muy bien o personas que tienen mucha curiosidad. El anonimato de una nunca está a salvo en la Red.

Además, una conoce a muchas personas. Y las personas tienden a relacionarse con otras, se mueven, van de un sitio a otro, conocen a otras personas...

El anonimato de una nunca está a salvo en la Red.

Y esto aplica, POR SUPUESTO, a las redes de ligar.

Una vez quedé con un chico que decía que le sonaba mi cara y vive justo delante de mi hermano.

He viajado varias veces en metro delante de un chico con quien chateaba a diario.

He quedado con el marido de una de mis peluqueras. Lo supe el día que fue a recogerla y me escondí bajo el papel de plata y la cosa esa del calor.

Me han tirado los trastos uno de mis ex jefes, un chico que conozco desde que era pequeña, dos compañeros de trabajo de dos de mis amigas, un tío que contrató a mi hermano, no le pagó y tuvo que denunciarle, el ex de una ex compañera de trabajo...

A veces pienso que debería recular y aceptar que la Red es realmente otro mundo, y que pasan cosas que no pasarán en lo que otros llaman el mundo real. Porque yo me resisto aún, aunque cada vez menos, a pensar que son dos mundos diferentes.

Igual me estoy equivocando.

martes, 25 de julio de 2017

Día 17: Cosas que he aprendido en la vida (I)

  • A los hombres normales se la suda que la ropa interior esté conjuntada.
  • Bloquear es una opción, no un castigo. 
  • Cuando un hombre te dice que le das miedo, HUYE.
  • Hacerse un tatuaje duele más que perforarse el lóbulo pero menos que 28 grapas.
  • La cocacola no se come un filete de ternera.
  • La primera impresión es muy importante, y Ru Paul lo sabe como nadie.
  • Las cosas son comestibles hasta que le sale pelo al envase.
  • Las toallitas de bebé pueden limpiar el café que se te ha caído en la blusa de algodón.
  • Las manchas de tupper de lentejas en un bolso de napa amarillo se van en la lavadora.
  • Los " a que no hay huevos" son un castigo de los dioses.
  • Morderse la lengua, contar hasta 10x10, sonreír y hacerse la idiota es una de las mejores decisiones que se pueden tomar casi siempre.
  • No hay que comprar abridores de latas en Ikea. Sólo hay un tutorial en youtube para aprender a usarlo y está en ruso.
  • Nunca hay que borrar un teléfono.
  • Ponerse alarmas en el móvil es muy útil para despertarse por las mañanas o cuando no quieres pasarte de parada de metro cada día de tu vida.
  • Quererse a una misma es muy difícil.
  • Si dejas dos semanas una ensaimada en el bolso acaba pareciendo una pasa verde y puedes descubrir nuevas formas de vida. Si dejas una bolsa de rosquilletas, no.
  • Siempre, SIEMPRE, hay que llevar un peine.

lunes, 17 de julio de 2017

Día 11: Feeling sexy

A veces, sentirse increíblemente sexy es tan fácil cómo ponerse unas sandalias bonitas.

¿Qué haces tú para sentirte sexy?

viernes, 14 de julio de 2017

Día 9: Briconsejo

Ten cuidado con lo que deseas. Igual acabas consiguiéndolo.

martes, 11 de julio de 2017

Día 6: Lo que no es alergia

Hasta hace dos veranos no me picaban los mosquitos. Ni los mosquitos, ni nada bichífalo.

Todo empezó el día que uno de mis mejores amigos estuvo al borde de la muerte. Pasé el día en urgencias, intentando imaginar qué decir si nos decían a su mujer y a mí que había muerto y casi no notaba que me picaba la pierna. Cuando todo acabó, y nos sentamos aliviadas en la sala me arrasó tol fuego que había estado esperando durante todo el día, y tuvieron que pincharme Urbasón.

El resto del verano fue un infierno de picaduras de cosas que dejaban unas ronchas imposibles e inaguantables.

- Oiga, doctor, que a ver si voy a tener alergia o algo, que esto no es normal.
- Pues es gordo, sí, pero no creo que sea alergia. Es una reacción más fuerte de lo normal.

El año pasado tuve varias crisis, provocadas por bichos para los que yo era un cadáver exquisito. Varios urbasones, tubos de crema de corticoides, toneladas de hielo y botes de repelente amazónico después, los médicos seguían diciendo que no era nada, que es que de repente estaba buena para la bichería.

- Mire, que es que el año pasado ya me pasó esto, como puede ver en el historial, y a ver si va a ser alergia o algo.
- Nooooo... es una reacción fuertecita...

Su puta madre.

Así que un día, después de varias visitas a urgencias, conseguí que el médico de cabecera me diera cita para el semidiós que yo creía que iba a decirme qué tenía: el alergólogo. 

Pero, no.

- Mire, que de verdad que me quedo bastante jodida y ...
- Que nooooo... que no es alergia. ¿Lo va a saber usted mejor que yo?  Hala, pa casa. 

SU PUTA MADRE.

Así que, aquí estamos.

Huelo a una mezcla de limones salvaje del caribe con unguento apestoso presuntamente curativo todo el día.

Y sigo llena de picaduras y ronchazas susceptibles de ser tratadas con Urbasón, todos los putos días.

¿Qué por qué cuento toda esta mierda?

Porque hoy he encontrado al verdadero dios en forma de médico cubano de urgencias que, con voz melosa me ha recetado antihistamínico, y una crema que, de verdad, funciona, que me ha quitado las ganas de meterme un chute de lejía para morir cuanto antes.

Y porque me ha dicho que, no matter what lo que haya salido en los análisis del especialista, él apostaba su calva a que tengo alergia al bicho que me pica.

ALERGIA.

AMO A ESE SEÑOR.

lunes, 10 de julio de 2017

Día 5: Relaciones tuiteras

Hace unos días que esto corre por la red:

No se ve una mierda, ya, así que tendrás que hacer un poco acto de fe.

Al parecer es un gráfico en el que aparecen las relaciones tuiteras entre ídemes pero, eh, no son cualquieras tuiteristas, no, son los de la cosa del humor. La imagen dice más cosas pero ya las vas pensando tú si eso.

A mí me ha dado que pensar, desde hace unos días.

Me ha parecido una especie de reflejo de una teoría de estas locas que siempre he tenido sobre Tuiter.

Lo que más me ha flipado de esta red desde el principio es cómo vamos tejiendo relaciones, atraídos únicamente por lo que se dice y por cómo se dice.

Hay muchas formas de usar Tuiter, pero tengo la sensación de que podrían resumirse en tres: quienes lo utilizan para promocionarse profesionalmente (tengan la profesión que tengan), quienes lo utilizan como medio de comunicación, para mantenerse informados de lo último en su área de interés, y quienes lo utilizamos para pasarlo bien, sin mayor pretensión. Y aquí entra el sentido del humor.

Hasta que aparecieron las redes sociales nos relacionábamos con personas que teníamos cerca en algún momento de la vida: con los compañeros de clase, o de trabajo, con los vecinos o los de la misma asociación. Y nos quedábamos con quienes nos lo pasábamos bien, mayormente.

Las redes sociales nos han dado la posibilidad de eliminar la barrera geográfica y relacionarnos con personas con las que lo pasamos bien, independientemente de lo cerca o lejos que estén. Y eso es alucinante. A mí me lo parece, vaya.

Gracias a las redes sociales yo me siento menos el bicho raro, porque resulta que hay otras muchas personas por ahí con las que comparto el sentido del humor, intereses, filias y fobias. Algunas, incluso, se han convertido en grandes amigas a las que, aunque lejos, sé que tengo muy cerca. Y eso ha sido un descubrimiento.

Me pregunto a menudo si para otras personas ha sido igual de importante saber que no están solos, que nosecuántos locos más comparten su sentido del humor o esa visión del mundo que siempre pensaron que fue rara.

Miro el gráfico, independientemente de lo que signifique, y pienso en las risas que ha traído Tuiter a mi vida, y todo lo demás y, mira, no puedo más que dar las gracias a todos.

Agradecida y emocionada, CLARO.

jueves, 6 de julio de 2017

Día 2: Violencia en silencio

Hoy había unas personas manifestándose en la plaza del Ayuntamiento contra la violencia de género.

Yo iba con una amiga que está haciendo terapia con un grupo de mujeres maltratadas. 

Y se me han llenado los ojos de lágrimas. 

Yo sabía que su ex es un gilipollas antes que ella, incluso. Sabía que es un tipo altivo, soberbio, cuñao por los cuatro costados, desde la primera vez que comimos juntos para conocernos y, tras pedir una hamburguesa con guacamole, me dijo que no me lo tomara a mal pero ahora entendía por qué estaba tan gorda.

Yo supe que era un imbécil insoportable que no le tenía el menor respeto ni miramiento desde el primer momento. Y se lo dije. Le dije que le mandara a la mierda, porque era un gilipollas que sólo iba a traerle problemas.

Para lo único que sirvió fue para que no habláramos de él, que no me contara nada, que sufriera en silencio. Y lo mismo pasó con el resto de sus amigos, que también vieron desde el primer suspiro que él era una garrapata apestosa que sólo iba a causarle dolor.

Y así estuvo, la pobre, callada. Aguantando. Se quedó embarazada. A propósito. Y siguió aguantando. Aguantó de todo. Hasta que él se fue. Y entonces nos enteramos de lo que había estado pasando.

Desde entonces me pregunto qué podría haber hecho, por qué no me di cuenta, cómo ha sido capaz de aguantar todo eso en solitario una mujer inteligente, independiente, culta con un entorno sensible y preocupado por ella. ¿Cómo fue capaz de ocultarlo? ¿Por qué le protegía? ¿Por qué no saltó al primer bofetón? ¿Qué pasaba por su cabeza?

Mientras mirábamos en silencio a esas mujeres que se manifestaban contra la violencia de género nos hemos abrazado y le he dicho que lo siento, que lo siento todo, que me hubiera gustado poder hacer algo para que no hubiera tenido que pasar por todo eso, que la quiero y que no se calle nunca nada más.

Y entonces le hemos deseado al gilipollas la muerte entre terribles dolores.

Karma, trabaja un poco, coño.

martes, 4 de julio de 2017

Día 1: #Proyectohuevos

El ser humano, en concreto, el ser humano español venido arriba, es muy de responder reguleramente a un reto. Y entendamos "ser humano español venido arriba" como Gordipé, y "reguleramente" como "gilipollamente".

Y a mí me han retado.

Me han retado a escribir un mínimo de 60 post hasta el 31 de agosto. 

Podría haberme hecho la llonguis y cambiar de tema.

Podría haber dicho que no tengo ganas de escribir.

Podría haber echao la culpa al boogie, o a la falta de #drama, para escaquearme elegantemente.

Podría haber pasao del reto, tranquilamente.

Podría...

Pero, no. Resulta que lo he aceptado. 

Supongo que hay varias razones para haber caído en un aquí no hay huevos de libro, pero las podemos resumir en dos, como los mandamientos:
- Me viene bien tener una excusa para obligarme a escribir. Aceptar el reto significa comprometerme en voz alta. Si no lo cumplo, me dará vergüenza infinita y querré morir. Igual es un poco rebuscado, pero sé que se me entiende.
- A huevos para escribir no me gana ni dios.

Así que, amiguis, aquí queda el compromiso.

Comienza el reto #Proyectohuevos.

Deséenme suerte.