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miércoles, 22 de julio de 2020

La honradez

Hace unos días hubo un problema con el TPV y la tarjeta en un comercio. Pasaba la tarjeta una y otra vez pero el TPV decía que la operación se había cancelado.

Después de intentarlo varias veces miré en la aplicación del móvil y el pago se cargaba cada vez así que, al final, pagué en efectivo. Mientras la dependienta hablaba con el dueño por teléfono para ver qué hacía entraron un montón de guiris dando por el culo y, para quitarse el problema de encima, acordaron que me daban el dinero en cash, porque le enseñé que se había cargado el importe varias veces en la cuenta.

Aquí servidora, que no estaba muy convencida, vio a aquella señora abrumada por chorricientos guiris y dejó su teléfono por si había algún problema, JIC, you know.

Estábamos hablando de casi 500 euros.

Al día siguiente me llama el dueño:

- Mire, soy fulanito, de la tienda nosequé. Por favor, compruebe su cuenta porque se ha cancelado el pago y le devolvieron el dinero, y la dependienta también se lo devolvió en efectivo. Le agradecería mucho si pudiera pasarse, sin prisa, cuando usted pueda, para devolver el dinero de más que le dimos.

Casi 500 euros en efectivo.

Efectivamente. El banco me había devuelto el dinero.

- Pues la verdad es que me viene fatal ir, pero si me da su número de cuenta le hago una transferencia ahora mismo.

Y la hice, todos contentos.

¿Todos contentos?

PUES NO.

Me ha llamado la dependienta para darme las gracias. Si yo no hubiera devuelto ese dinero hubiera tenido que pagarlo ella porque, al parecer, no estaba haciendo algo bien y por eso se cobró varias veces.

Me ha dicho que si puedo pasarme me ha preparado un detalle y que, si no, me lo enviaría por correo. Y me ha dado las gracias mil veces.

Un rato después me ha llamado el dueño. Ha confesado que no tenía ninguna fe en recuperar el dinero, me ha pedido disculpas  y me ha dicho que tengo un detallito esperándome en la tienda, y que Dios me bendiga. Ojalá el karma se dé por aludido y me trate bien el resto del verano. Y todos contentos.

¿Todos contentos?

PUES NO.

Ahora voy y se lo cuento a una amiga y me dice que soy tonta por haberlo devuelto, porque no fue un error mío y tenían que asumirlo ellos.

Karma dime algo bonito, que yo así no puedo, mira.

¿Qué hubieras hecho tú?

lunes, 22 de junio de 2020

Desescalando

Cuando empezó el confinamiento pensé: mira qué bien. Voy a tener tiempo para pensar, para escribir más, para leer, para acabar cosas de casa para las que nunca tengo tiempo...

Supongo que no sorprende a nadie que no haya sido así.

He pasado la mitad del tiempo trabajando para cobrar lo mismo, y el resto ha estado dividido entre hacer vídeollamadas, dormir y llorar.

Not surprised.

Ahora empieza la desescalada.

¿Estoy desescalando bien? Claramente, NO.

Me llegan mensajes para quedar, para salir, para socializar, para follar... Y me da yuyu todo. Ahora resulta que no quiero salir, que tengo la sensación de estar arriesgando la vida, de ser irresponsable y casquivana.

TÓCATE LOS COJONES, MARILOLI.

Sé que, de alguna manera y con el tiempo, todo volverá a ser más o menos normal. Sé que se me irá pasando el recelo y que, antes o después, volveré a echarme a las calles, porque no me va a quedar otro remedio. Antes o después voy a tener que normalizar lo de quedar, salir, socializar, follar...

Pero a mí el confinamiento me ha dejado tocada, por muchas razones, y estoy viendo que me va a costar lo que no está escrito recuperar una vida que sienta mía.

martes, 12 de mayo de 2020

Gordi no se aclara

- (...) y... bueno, a Gordi mejor se lo explicas tú porque la pobre no se aclara muy bien con estas cosas.
Hoy he tenido la oportunidad de escuchar lo que otra persona dice de mí cuando no estoy delante.
En un grupo de trabajo, hace unas semanas que pensaba que me estaban puenteando, que alguien tergiversaba y ocultaba información. 

Había cosas que no salían, se quedaban bloqueadas en algún correo hasta que yo pegaba un golpe en la mesa y volvía a empezar poniendo en copia a tó quisque, y exigiendo que, por favor, las respuestas también se compartieran, porque se perdía información, mi trabajo dependía de que la información fluyera correctamente.

No soy muy lista pero, claramente, ella tampoco. A los tres correos ya sabía quién era la culpable.


Esta mañana se ha destapao el pastel. Después de una ronda de conversaciones de a uno, he propuesto una reunión on line.

Y todos hemos escuchado varios audios en los que esa persona dice, explícitamente, entre otras cosas:
- Que no sé usar una excel.
- Que se me da mal la informática.
- Que me niego a hacer las cosas que me piden.
- Que no estoy preparada para hacer el trabajo que me han encargado.


Más allá del mal rollo y el pudor que produce escuchar lo que otra persona ha dicho dice de mi al sentirse segura porque no estaba, estos mensajes..., en fin, después de varios años los demás saben en qué punto nos encontramos cada una.

Sin embargo, sí me da para recordarme algunas cosas que no se me tienen que olvidar:
- Nunca, NUNCA, voy a enviar un audio hablando de otra persona.
- Tengo que pegar golpes en la mesa más a menudo.
- PERO QUÉ GELIPOLLAS PUEDEN LLEGAR A SER ALGUNAS PERSONAS, JODER.

jueves, 30 de abril de 2020

No quiero levantarme


A mí el plan de desconfinamiento no me ha impactado, sigo viendo todo lo que me importa muy lejos. Veo lejos volver a reunirme normalmente con las personas a las que quiero; ir a recoger a mi sobrino; trabajar de manera normal; ir de compras sin preocupaciones; salir de copas y a bailar; ir al cine de verano, a la playa, a no hacer nada a una piscina...

Además, en general, no estoy llevando especialmente bien el confinamiento, y desde hace unos días han dejado de funcionar las cosas que me ponían contenta y se me está haciendo todo más mucho difícil.

Difícil en plan no tengo ninguna razón para levantarme, da igual si me levanto o no, chica, pa qué vas a levantarte, no quiero levantarme.

Pero me levanto. No sé por qué, me levanto.

Me ducho, desayuno, me arreglo el pelo, me maquillo, me visto como si fuera a salir a la calle y me siento a trabajar. O delante del ordenador, a hacer como si estuviera trabajando.

Y estoy pensando todo el rato en que quiero volver a la cama a apagar el celebro y dormir.

Y temo que llegue el día en el que, cuando piense no quiero levantarme ese pensamiento pueda más que la rutina, la responsabilidad y las ganas de mantenerme más o menos cuerda y me quede en la cama hasta que el cuerpo aguante, por si es un momento de no turning back.

¿Soy la única que está enloqueciendo con esta mierda?


viernes, 17 de abril de 2020

#CocinaparaIdiotas IV: Edamame al bol

Para dos comidas.


Tiempo de preparación:
- Unos 10 minutos: 5 de cocción y 5 para que hierva el agua y releas 12 o 13 veces las 4 líneas de instrucciones de preparación.
 

¿Qué necesitas para esta receta?

- Una bolsa de edamame congelada de Mercaseñora.
- Una olla.
- Agua.
- Sal. 
- Espumadera o colador, con lo que te apañes mejor.
- Recipiente accesorio para tirar las vainas.

Antes de ponerte el delantal

- Compra una bolsa de edamame congelado en Mercaseñora.

Con el delantal puesto

1. Llena la olla de agua, ponle un pellizco gordo de sal y pon a calentar. La sal no sé a qué viene, porque los bichos estos van dentro de la vaina Y LA VAINA NO SE COME pero lo pone en la bolsa.
2. Cuando el agua haga burbujas y oigas un chisporroteo es que hierve, es entonces cuando tienes que poner dentro de la olla la cantidad de edamame que vayas a comer (con el agua chisporroteante). 
3. Pon una alarma en el móvil. Cinco minutos pasan MUY rápido si te pones a fregar o vas a hacer pis con el móvil y no queremos que a la vuelta te encuentres con puré calcinado de edamame.
4. Cuando suene la alarma saca lo que hay dentro de la olla y ponlo en un recipiente. A mí me gustan los bols pero en un plato vale igual.
5. Abre las vainas y come LO DE DENTRO, lo que parece un guisantito siamés.

Et voila!

¡Edamame al bol! 



Y recuerda.

jueves, 16 de abril de 2020

El cinturón


- Gordi, ponte mona, que hoy tienes varias vídeollamadas guais. Pero DEL TODO, que luego te levantas y se ve que llevas el pijama de Wonderwoman.

- Ay, hija, cómo eres...

- ...

- Huy, mira, el cinturón me regaló mi hermano en Reyes y no me cabe... Voy a probármelo, a ver cómo de gordo está siendo el confinamiento.

- A mí me parece de buscar una excusa para pasarte llorando todo el día pero, chica, tú misma...

- ¡JODER, QUÉ PUEDO ABROCHARLO!

- ¡¡¡PERO QUÉ DICES!!!

- ¡¡¡QUE SON DOS CENTÍMETROS DE CINTURA MENOS!!!

- ¡No cantemos victoria todavía! Para asegurarnos, vamos a tener que probarnos TODOS LOS PANTALONES.

- Tía, te lo juro, QUE HEMOS ADELGAZAO CON LA PUTA PANDEMIA.

- QUE NO TE DAS CUENTA DE QUE NO PUEDE SER. Pero, HABER, eso es imposible, nadie adelgaza en la pandemia. Tú no tenías que adelgazar en la pandemia, teníamos que ponernos más tocinas, tol día en casa, con diez minutos de estiramientos (¡ESTIRAMIENTOS, HOSTIAS!) al día y sin salir de casa desde ni se sabe. QUE EN LAS PANDEMIAS SE ENGORDA, INÚTIL, NO HAS ENTENDIDO NADA.

- Joder, compruébalo tú. Si hasta el sostén nos aprieta menos, que como no nos hemos puesto casi no nos habíamos dado cuenta.

- ¡ES IMPOSIBLE! Llama al gabinete de crisis: bañadores, bikinis, vestido ajustao de zorrear y spanx, WE NEED YOU!

- Oyes, Gordi, que tengo que currar, que estamos confinadas pero currando a full. Igual podríamos dejarlo para esta tard

- CÓMO PUEDES PENSAR EN TRABAJAR CON UNA CRISIS COMO ESTA, 

GA-BI-NE-TE-DE-CRI-SIS-YA.

- Tienes razón, esto es más urgente que cualquier otra cosa. GO!


Una hora después...

- Tía, tía, TÍA... ¡QUE HEMOS ADELGAZAO!

- Hiperventilando...

- Aguanta, ¡AGUANTA! Aún nos queda un poco de bizcocho de plátano de ayer... y... y... ¡y podemos hacernos un colacao ahora y comer cloquetas y... y... Y CENAR TORTITAS CON JAMÓN!

- Necesitamos sentarnos un momento y pensar en esto. TRAE BIZCOCHO Y COLACAO PARA LAS DOS.



(Continuará. Casi seguro).

domingo, 29 de marzo de 2020

#CocinaparaIdiotas III: Coliflor hervida

¿Para cuántas personas? Pues depende de lo grande que sea la coliflor. A mí una pequeña me da para dos veces.

Tiempo de preparación:
- Depende de lo grande que sea la coliflor, aunque con unos 10 minutos está apañaíca. 
 

¿Qué necesitas para esta receta?

- Una coliflor.
- Una olla con tapadera en la que quepa la coliflor que vas a cocer, más unos cuatro centímetros de alto.
- Aceite y sal. Mayonesa opcional.
Un cuchillo.
- Opcional: rasera (la paleta esa de coger las cosas de la sartén).

Antes de ponerte el delantal

- Compra una coliflor. Pídela al comercio local más cercano que te lleve la comida a casa, no aproveches este post para salir un ratito, eh.

Con el delantal puesto

1. Quita las hojas verdes y corta el tallo gordo cerca de donde empieza a ramificar a lo bonito.
2. Lávala bien. Lo mejor es meterla un ratito en agua y restregar un poco para quitar rastros de tierra, si los hubiera.
3. Deja escurrir y sacude. Nunca he entendido esta parte porque inmediatamente vas a meterla en una olla CON AGUA y va a volver a mojarse pero mi madre lo hacía y lo que hacía mi madre NO SE DISCUTE.
4. Mete la coliflor en la olla y por agua hasta que quede sólo unos dos centímetros de coliflor sin estar a remojo.


5. Pon un chorro de aceite y un pellizco de sal. 
6. Deja que cueza a fuego medio/fuerte unos diez minutos. Para saber si está hecha pinchas con un cuchillo en el tallo (que es lo gordo). Si el cuchillo pasa sin problemas, está hecha.
7. Saca la coliflor y sirve lo que vas a comer en el plato.
8. Pon un poco de aceite crudo y sal si te gustan las cosas saladitas y no te importa morir de hipertensión.
9. Espera a que se enfríe el resto de la coliflor que no te has comido y métela en la nevera, tienes para otra cena.

La mayonesa le va fenomenal, por cierto.

Et voila!

Ya tienes coliflor para comer o cenar dos días, con 10 minutos de dedicación.



Las croquetas son para dar envidia, que he encontrado una poca de masa en el congelador.

Y recuerda.


viernes, 27 de marzo de 2020

#Cocinaparaidiotas II: Pescaos

Para 1 persona. Si es para más personas, lo mismo pero multiplicado por el número de personas.

Tiempo de preparación:
- Depende de lo hábil que seas cortando las verduras.
- 7 minutos a máxima potencia del microondas para una pieza del tamaño de una mano, más o menos. Si hay dos piezas con unos 11 minutos o así, vale.

¿Qué necesitas para esta receta?

- Pescao.
- Verduras que dejen caldito al calentarse: medio pimiento italiano, medio pimiento rojo, medio pimiento amarillo, media cebolla del tamaño de una pelota de tenis, un tomate.
- Aceite y sal. Mayonesa opcional.
- Microondas.
- Un recipiente para microondas.
- Un cuchillo que corte bien.
- Film transparente o tapa para microondas.
- Opcional: rasera (la paleta esa de coger las cosas de la sartén).

Antes de ponerte el delantal

Para comer pescao hay varias opciones:
- Ir a pescar.
- Comprar pescado congelado.
- Comprarlo pescado fresco.

Ir a pescar

¿Qué parte no has entendido de ESTAMOS EN CUARENTENA?

NO PUEDES IR A PESCAR

Comprar pescado congelado
1. Si sabes qué pescados te gustan o no, busca en los cartelitos del congelador del supermercado. Para esta receta es mejor utilizar pescados que tengan, al menos, un dedo de ancho de carne: lubina, dorada, merluza, trucha, salmón...
2. Si comes normal, para cada comida te vale con algo del tamaño de tu mano. Si comes como un orco, calcula un tamaño aproximado de un A5.
3. Si no vas a comértelo en seguida, mételo en el congelador nomás llegues a casa. Si no, ponlo en un plato y que se descongele en la nevera, mañana estará para comer. (No soy muy fan de descongelar en el microondas, si tú sí, endavant).

Comprar pescado fresco
1. Ve a un sitio donde vendan pescado fresco y pregunta si te lo preparan para cocinar. Si no te lo preparan, cambia de sitio.
Que te lo preparen significa que le quiten la cabeza, las vísceras, lo abran por la mitad y te lo dejen en dos filetes limpios. Limpiar pescado es EL HORROR.
¿Qué tipo de pescado? Pues como en el congelao, vas a cocinar ambos tipos de la misma manera, MERLUZO.
2. Si no vas a comértelo en seguida, mételo en el congelador nomás llegues a casa. Yo recomendaría poner papel de cocina doblado entre las dos partes, para poder descongelar sólo una de las partes.

Con el delantal puesto

1. Corta la verdura. Los pimientos, a tiras o rodajas, da lo mismo. El tomate y la cebolla a rodajas finas.
2. Pon las verduras en el fondo, como haciendo un lecho de verduras de colorinchis.
3. Pon el pescao. Si comes como un orco y vas a comerte una lubina entera, por ejemplo, entre filete y filete pon otro lecho de verdura. Si te sobra, ponlo por encima.
4. Pon aceite y sal DONDE HAYA CARNE, no sobre la piel (la piel es lo gris). Que se vea el trazo amarillo del aceite sin flotar las cosas.

Pescao muerto sobre lecho de colorinchis.
5. Tapa el recipiente con film SIN QUE TOQUE NADA DE LA COMIDA QUE HAY DENTRO. Tensa, cari, sin miedo. Y haz unos cuantos agujeros con el cuchillo.
6. Enciende el microondas y pon el temporizador.
7. Abre el microondas a los 4 minutos, a ver si ya han pasado los 7 minutos y está hecho.
8. Abre el microondas a los 6 minutos, a ver si ya han pasado los 7 minutos y está hecho.
9. Abre el microodas cuando se pare.
10. Si es pescado blanco la carne debe seguir blanca y verse jugosita, así como que podrías sacar un poco de caldito si apretaras. Si aprietas, saldrá más caldito.


11. Usa la rasera para pasar el pescado al plato, haz una montañita con las verduras o adorna el plato como quieras.


Et voilà!

Ya puedes comer pescao.

Si haces más, espera a que se enfríe para meterlo en la nevera.

Y recuerda:


jueves, 26 de marzo de 2020

#Cocinaparaidiotas I

Si buscas “Cocina fácil”, “Cocina para principiantes”, "Cocina rápida"... te salen chorrocientos mil  resultados en Internet. Tutoriales, páginas de recetas, LIBROS... 

Y TE CAGAS DEL SUSTO CUANDO LOS ABRES.
"Cocina fácil con lo que tengas en casa... coge una pechuga de pato vietnamita criado con alfalfa y matado en luna llena que tengas por la nevera, sal del Himalaya recogida en los idus de marzo que tengas por la nevera y coles de Bruselas caramelizadas al Bourbon de Kentucky que tengas por la nevera...
Rehoga (¿eso es que lo fría, lo ase, le cubra el agua...?) el pato a 180º hasta que esté en su punto (¿qué punto?), corta las coles a la petipuá (WTF?!) y sazona con sal y aceite ahumado con trufa (¿quién había dicho nada de aceite ahumado con trufa?) al gusto...

Aquí es cuando yo apago el ordenador y ceno un sandwich de jamón y queso.

Lo de la "Cocina fácil" es una milonga, no nos engañemos.

Quién puede hacer un tutorial o sabe redactar una receta con gramos y minutos seguramente no es capaz de bajar al lodo y ponerse en el lugar de alguien cuya mayor habilidad culinaria es conseguir que no se salga la leche cuando la calienta en el microondas.

Pero yo sí puedo. Yo puedo acompañarte en el barro de hacer cosas para alimentarte sin matarte. Rápidas y tan fáciles que te odiarás a ti mismo por no haberlo pensado antes.

Yo sí puedo porque después de 12 años de convivencia, aún no he conseguido calentar la leche del desayuno a una temperatura razonable: o hierve y lo pone todo perdido o me tomo el colacao a temperatura ambiente.

Yo sí puedo porque soy capaz de estropear una comida preparada por gratinarla con el plástico puesto.

Yo sí puedo ofrecerte un servicio público de cocina fácil para idiotas. 

Puedo porque soy como tú: absolutamente idiota en la cocina*.


Esta serie de post es para ti si:
- Tienes dificultades hasta para abrir un paquete de Doritos.
- No sabes ni quieres aprender a cocinar pero tienes que alimentarte.
- Tienes que buscar el significado de más de 5 palabras en una receta de cocina "fácil".
- Te apañas con cualquier cosa con tal de que no sepa a cartón plastificado.
- Quieres mantener (al menos) tu peso en tiempos de coronavirus.
- Vas a comprar comida a sitios normales como el paki de la esquina.

Te ofrezco esta serie como servicio público para la supervivencia en el confinamiento, para que con lo que puedes comprar en el paki, las cuatro latitas que tienes en la despensa y las mierditas que tienes a punto de caducar en la nevera pases la pandemia sin tener que joder a los repartidores de comida para llevar.

¿Eres idiota en la cocina? Esta serie de post es para ti.

Stay tuned para la primera receta idiota:



* Esto no lo digo yo, lo dice mi hermano que es cocinero de los que se iría él mismo a recoger la sal del Himalaya para asegurarse de que es la buena..

miércoles, 18 de marzo de 2020

Confinada

No podría decir que estoy aburrida porque no es el caso: teletrabajo de normal y tengo que seguir haciéndolo.

Es más, creo que estoy trabajando más de lo que debería, simplemente porque me siento culpable por estar tan pendiente de lo que pasa a mi alrededor en el mundo más cercano.



Aún así, me bulle la cabeza, aunque no me acompañe la acción.

Quiero hacer un cadáver exquisito si alguien más se apunta.

Quiero hacer un podcast.

Quiero hacer cursos on line.

Quiero ponerme al día con series y pelis y ver más de 60 minutos a la semana.

Quiero terminar, al menos, el libro que tengo en la mesita de noche desde Navidad.

Quiero aprender a dibujar, a bordar, a hablar alemán, a programar html, a maquillarme...

Quiero comer algo cocinado, más allá de la leche con colacao.

Quiero besar, tocar, abrazar, querer.

Quiero escribir, escribir, escribir.

Quiero tener tiempo para pensar.

Quiero...

Quiero dejar de tener ganas de hacer cosas y ponerme a hacerlas.



miércoles, 4 de marzo de 2020

Traducción simultánea


  • No me importa el físico: Estoy tan cachondo y/o necesitado que me follaría a un ñu.
  • No lo uso normalmente pero no me importa que uses un vibrador: No tengo NI IDEA de que pasa ahí abajo, me va bien que tú sí lo sepas.
  • Para mí lo más importante es que la mujer se quede satisfecha: Voy a preguntarte todo el rato si te gusta porque no sé muy bien qué hacer.
  • Soy muy fogoso: Voy a refrotarte tanto el coño que podría aparecer en un anuncio de Don Limpio.
  • Soy muy morboso pero no te asustes: Una vez vi un banner de Kink Y PINCHÉ A PROPÓSITO.
  • ¿De dónde eres?: Tiro los trastos a todos los perfiles por si alguna contesta.
  • Las tías sois todas iguales: Las tías no os dejáis follar por mí cuando, dónde y cómo yo quiera.
  • Las tías sólo os fijáis en la foto: Yo mismo creo que soy un subhumano que no va a interesar a nadie.
  • Si quieres saber algo pregunta: No pongo foto ni relleno la bio porque confío en que mis ondas cerebrales omnipotentes atraigan a millones de mujeres (o ñus) a la puerta de mi habitación.
  • No quiero ser pesado pero: Voy a ser un brasas porque sigo pensando que insistiendo mucho voy a conseguir lo que quiero aunque nunca me haya funcionado. Soy imbécil.
  • Me pongo cachondo sólo de ver que estás en línea: Siempre estoy cachondo.
  • Quedemos cerca de tu casa: Quiero follar y no quiero perder el tiempo.
  • Ahora mismo no vivo solo: Estoy casado o divorciado y vivo con mis padres.
  • No soy como otros tíos: Una vez hice sexo anal.
  • Hablamos, tomamos un café y si surge, pues surge: Quiero follar pero no está bien visto decirlo abiertamente.
  • Es difícil convencerte: Me da igual lo que contestes, yo he venido a por lo mío. 
  • Pareces muy seria: Ya llevamos 10 minutos y aún no me has dicho que me las vas a chupar. Estoy esperando.
  • Me gustan las mujeres que saben lo que quieren: Me va bien cualquier cosa, me follaría a un ñu.
  • Me gusta cuidar a las mujeres: Una vez planché una camisa.
  • Me gustas, tenemos una forma de pensar parecida: Me suda la polla lo que piensas, me follaría a un ñu.
  • Soy el yerno ideal: Tengo un mummy issue.
  • Eres diferente a las otras chicas: Ni me he leído tu perfil, pero te follaría aunque fueras un ñu.
  • Es complicado: Tengo pareja y sólo puedo quedar mientras los peques están en las extraescolares.
  • Qué maleducada eres: Tendrías que haber dicho que sí.
  • ¿Siempre tienes tan mala leche?: ¿Cómo es posible que no te hayas rendido ya a mis encantos?
  • Lo más importante es el respeto: A la que te descuides dejo el condón en la mesilla de noche.
  • Soy muy bueno en la cama, nadie se ha quejado jejeje: Me la pelo varias veces al día.
  • No suelo ver porno: Me sé el nombre de los ayudantes de dirección de las pelis de Rocco Siffredi desde 1997.
  • He tenido algunas malas experiencias: He follado menos de lo que esperaba.
  • Me pones muy cachondo: Estoy... que me follaría a un ñu.



*Ningún ñu ha sido abusado en la redacción de este post.

lunes, 2 de septiembre de 2019

¿Estás más delgada?

Hay personas que creen que te hacen un cumplido cuando te dicen Estás más delgada, ¿no?

Estoy casi segura de que se sienten bien porque piensan que hacen un cumplido porque, claro, todo el mundo sabe que estar más delgada siempre es mejor que la alternativa, que es estar más gorda. Que sí, que lo hacen con buena intención, joder...

Aunque siempre me sorprende que esas personas tan sueltas para manifestar su opinión lleven regulero una respuesta que no esperan, que supongo que sería algo así como ay, sí, ¿a que se me nota? o algo similar.

Yo he pasado bastantes lustros callándome la respuesta, por lo que sea, pero este verano me ha pillado deslenguada, muy en plan me la suda el coño, y aquí va una lista de las respuestas, por si a alguien más le vale. No garantizo que sienten bien o que no vayan a calzaros una hostia pero, oye, se queda una como una reina:

A la pregunta Estás más delgada, ¿no? de este verano, Gordipé ha respondido que:
- No sabría decirte, no me fijo en esas cosas.
- Te habré pasado a ti los kilos sin querer, me parece.
- Es por la dieta del cucurucho, que tú no sigues, claramente.
- No sé, podemos preguntar al nuevo novio profesor de fitness con un doctorado en Harvard de tu ex.
- Si me lo dices para que yo te responda con un tú también, no, estoy igual.
- Será la ropa o que te pesan los cojonazos y me ves desde abajo, que estiliza.

No intentéis adular a alguien diciéndole que está más delgada si no os ha pedido opinión, por favor, que os puede salir el tiro por el culazo.

martes, 9 de julio de 2019

Las adicciones

Tiendo a pensar que soy empática y que, quizás por el TOC este que tengo de analizar las cosas desde muchos puntos de vista, intento ponerme siempre en los zapatos de los demás, aunque sea para llevarme las menos sorpresas posibles.

Sin embargo, por mucho que lo intente, me resulta muy difícil ponerme en la piel de alguien que tiene una adicción y es incapaz de reconocerlo y que, por tanto, no se siente responsable del dolor y los problemas que causa en los demás.

Lo que me fascina del asunto no es tanto la incapacidad de aceptar la realidad, qué va, es el esfuerzo sobrehumano que hacen estas personas para demostrar a los demás, A TODOS LOS DEMÁS, que están equivocados.

A veces ese esfuerzo es recompensado y a mí, al menos, me hace dudar. ¿Seré yo la que estoy loca y veo una cara desencajada por el alcohol y las drogas donde sólo hay cansancio? ¿Soy yo la que confunde ese hablar arrastrado con la mala cobertura? ¿Me preocupo más de lo que corresponde?

Otras, por el contrario, el esfuerzo no me convence en absoluto, la ira, rabia y la desesperación se me apoderan y me llevan a decir cosas que no sé debería decir, porque soy incapaz de adivinar el impacto que pueden tener. Y entonces me siento culpable. ¿He sido demasiado dura y va a desaparecer por mi culpa? ¿Me he pasado? ¿Y si cumple su amenaza y se estrella contra un muro o se mete algo de más y se muere?

Al final, todo se reduce a que, aunque me siento impotente porque sé que no puedo hacer nada, también me siento responsable de las consecuencias de lo que digo y hago, de si lo digo y hago en el momento adecuado, y también de lo que no digo o no hago.

Tener una adicción debe ser muy jodido pero, ah, amigo, no te quiero ni contar la vida de las familias de la persona adicta, que no se lo pasan bien ni ese ratito.



domingo, 7 de julio de 2019

El armario

Cuando éramos pequeños dormíamos todos juntos.

Nos llevábamos pocos años y supongo que mis padres pensaron que era más cómodo tenernos a todos en el mismo sitio por las noches.

Gracias a esta decisión tuvimos una habitación muy espaciosa para jugar, con una mesa y sillas pequeñitas, y estanterías para dejar los juguetes y los cuentos. Mi madre sólo nos puso una norma: que cuando saliéramos no hubiera juguetes en el suelo. Todo lo demás estaba permitido: teníamos una portería y una canasta, colgamos dibujos en las paredes, jugamos con muñecos de plastilina en los muebles, pegamos pegatinas en las puertas y paredes...

Era un sitio estupendo, sólo para nosotros.

Hasta que descubrí que podía ser algo más.

En esa habitación hay un armario muy grande, igual de hondo que el ascensor que pasa justo al lado.

Un día se me ocurrió sentarme allí dentro para leer, escapando del partidito que mis hermanos jugaban en la habitación, y se convirtió en mi sitio favorito del mundo. En mi refugio.

Cuando terminaba los deberes cogía mi sillita, el libro que estuviera leyendo, entraba en el armario, encendía la bombilla estirando de la cadenita y me sentaba hasta que mi madre venía a buscarme.

Mis hermanos me encerraron varias veces para asustarme, sin entender que era todo lo contrario, allí me sentía segura. ¿Cómo iba a tener miedo si tenía un libro, luz, y el sutil olor de los perfumes de los abrigos y chaquetas de mis padres?

Me gustaba aquel armario.

Un día mis padres decidieron que ya éramos mayores para compartir habitación y todo acabó.

A veces echo de menos tener un sitio en el que sentirme segura sólo con una luz, un libro y un olor.

domingo, 9 de junio de 2019

La duda

Conoces a una persona.

Chateas unos días.

Hay buen rollo, os escribís poco al principio, quizás no queréis parecer ansiosos. O estáis ocupados. O no queréis molestar, vete a saber.

Un día alguien decide compartir su teléfono y pasáis al whatsapp.

Sin saber muy bien cómo, en unos días os estáis enviado tonterías que os hacen gracia, a cualquier hora.

El buen rollo sigue.

Un día alguien propone tomar una cerveza y quedáis, a ver qué pasa.

Hay MUY buen rollo.

Como habéis charlao de lo divino y lo humano al principio se crea esa atmósfera irreal en la que aprendéis a reconocer los movimientos de esa persona a la que sólo habéis leído u oído.

Es muy poco rato, pero es un rato raro, fruto de esa falsa confianza que se crea cuando charlas con alguien a quien, en realidad, no conoces.

Esa cerveza se alarga. Habláis durante horas, os emborracháis un poco, os reís mucho, cada vez os tocáis más como sin querer, como si fuerais adolescentes que no saben si darse la mano, hasta que alguien dice “¿Vamos a mi casa?”

Y vais.

Y HAY MUY BUEN ROLLO.

Si hasta desayunáis juntos.

“Quiero volver a verte”.

“Yo también”.

Charláis mientras el taxi te lleva a tu casa.

Ha sido una buena cita , piensas, y has dicho en serio que tú también quieres volver a verle.

Nunca más responde a tus mensajes.

Y dudas entre si desaparecer sin decir nada o no.

domingo, 27 de enero de 2019

Calientapollas

Hace unos años conocí a un señor.

Las redes sociales aún no habían aparecido. Chateamos mucho, muchas veces. Empezamos a hablar por teléfono. Durante horas.

A mí me gustaba, y él decía que yo le gustaba a él. Pero nos decíamos muchas veces que todo sin presión, que éramos colegas, que ya veríamos qué pasaba cuando nos encontráramos.

Después de unas semanas de charlar sobre lo divino y lo humano decidimos conocernos.

Yo apostaba por una cerveza después de currar. Estaría pensando todo el día en el trabajo y no me pondría nerviosa por conocerle más que un rato porque, eh, seguro que me ponía nerviosa, a mí me gustaba bastante.

Además, quedar después del trabajo es una excusa estupenda para todo: para no tener la presión de arreglarse muchísimo, porque iba con lo que llevaba todo el día, para poder cortar rapidito si no me apetecía, porque es entre semana y lo de que se hace tarde y eso...

Pero resulta que él trabajaba mucho y tenía muchas extraescolares, así que acabamos quedando justo cuando yo no quería: un sábado por la noche para cenar.

Mi sentido arácnido me advirtió. No te gusta comer con personas a las que no conoces. No quieres tener la presión de tener que arreglarte un poco. No quieres no tener ninguna excusa para irte, porque el sábado por la noche es infinito.

No quieres que parezca una cita, joder.

Pero no le hice caso.

Ya entonces sabía por experiencia que hay personas (por no decir hombres y generalizar, porque no sé qué hacen las mujeres), que entienden que una cita ha de acabar en sexo. Y a mí, que me gusta mucho el sexo, me parece que puede acabar en sexo, pero no tiene que acabar en sexo. Y este matiz en importante.

Porque entonces, cuando terminamos de cenar y yo dije que me iba a mi casa porque, sinceramente, me quedé un poco chof y no había NADA de química, el señor que se había comportado como un ídem hasta ese momento sacó al troglodita que llevaba dentro para decirme que Eh, ¿para esto he perdido contigo un sábado por la noche, para cenar y punto? Pues vaya mierda de cita. Creía que eras un poco más abierta y resulta que eres una calientapollas.

Aquella noche me dejó tocada durante un tiempo, y trajo una regla a mi vida:

Nunca más voy a quedar un sábado por la noche para cenar como si fuera una cita, aunque lo sea.

Pues bien, ayer rompí esa regla.

Y en qué mala hora, amiguis porque, al parecer, volví a ser una calientapollas.

Pasan los años,nos hacemos mayores todos y hay personas que no aprenden nada.

lunes, 14 de enero de 2019

¿Gorda y orgullosa?

Tengo un issue con lo de #fatandproud.

Según la RAE:
orgullo  
Del cat. orgull, y este del franco *ŭrgōlī 'excelencia'; cf. a. al. ant. urguol 'insigne, excelente'.
1. m. Sentimiento de satisfacción por los logros, capacidades o méritos propios o por algo en lo que una persona se siente concernida. Sintió un gran orgullo al recibir el premio. El triunfo del equipo despertó el orgullo nacional.
2. m. Arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que suele conllevar sentimiento de superioridad. A veces nos ciega el orgullo.
3. m. Amor propio, autoestima. Se sintió herido en su orgullo.
4. m. Persona o cosa que es motivo de orgullo (‖ sentimiento de satisfacción). Es el orgullo de sus padres.
Supongo que tiene que ver con mi propia concepción del orgullo, de qué me siento orgullosa.

Por ejemplo, para mí estar gorda no es satisfactorio, no es un mérito o capacidad, es más bien una carga con la que he aprendido a vivir, y que estoy aprendiendo a llevar. De esto sí me siento orgullosa, de estar aprendiendo a llevarlo pero, ¿de estar gorda? No. Y me cuesta mucho ponerme en la piel de alguien que lo esté. Me parece imposible. Inconcebible.

Tampoco es algo que ayude especialmente a mi autoestima, ni a la de nadie que conozca. ¿Habrá personas gordas que sí se quieran más si están más gordas? Es posible. ¿Conozco a alguna? No, es más, todo lo contrario.

Así que veo el hashtag y me da qué pensar que igual (igual, ojo, que igual no) le hemos dado tanto la vuelta a lo de querernos como somos que nos hemos pasao de rosca; que hemos pasado de "estar gorda es lo peor y ponte a régimen que no querrás ser como esa ballena" a "estoy gorda , sí y qué, es más estoy contentísima y orgullosísima de mí misma". 

Y no lo veo.

Porque, igual, (igual, ojo, que igual no), en lo de la autoestima y la autoaceptación cabe también el "pues me quiero así" y punto, que vale para cuando estás gorda, cuando estás menos gorda, cuando estás más gorda, cuando te baja la regla, cuando se te cae el pelo, cuando te salen estrías, cuando se te pone el culo de mármol por las sentadillas o cuando vas sin depilar, y todo tan contenta.


lunes, 24 de diciembre de 2018

Feliz Navidad

Sí, la navidad se ha mercantilizado, americanizado, globalizado, despersonalizado... Parece que sólo importa lo material, los regalos, las cenotas, el exceso...

¿Quién no se ha quejado de los Villancicos en las tiendas? ¿O de la decoración navideña? ¿O de los empujones a comprar, a consumir, a gastar...? 

Y, espera, ¿quién no se ha quejado de la hipocresía de tener que pasar justo esos días con personas, de la familia o no, que no le gustan?

Bah, paparruchas, lo del espíritu navideño es una gelipollez.



Todos, me parece que todos nos hemos quejado de eso en algún momento.

Pues vale, ¿por qué no le damos la vuelta un poco?

Sólo tenemos que dejar de quejarnos de lo que no nos gusta e intentar cambiarlo en lo poco o mucho que podamos.

Sólo tenemos que ser un poco niños, pero de verdad, y disfrutar de lo que sí nos apaña: de jugar, de ver a personas que nos gustan, de tener ratos divertidos, de hacer el tonto.

Sólo tenemos que hacer el esfuerzo, a veces grande, con suerte más pequeño, de no ser rencorosos, crueles o megalomaníacos estos días. 

Dejemos a los grinches a los suyo, y demostrémosles que sus mierdas no importan a nadie. Ellos no se van a dar por enterados pero nosotros nos sentiremos mejor, porque la mierda huele, y huele mal, y cuanto más lejos, mejor. 

A lo mejor descubrimos que da mucho gustirrinín no ser un gelipollas y se nos queda un poco para seguir por ese camino el resto del año.

Felices fiestas. Feliz Navidad.

sábado, 1 de diciembre de 2018

Igual sí, igual no

Gordipé cumple 10 años en 2018.



Aunque parezca que no, en diez años han pasado muchas cosas. 

Quería celebrarlo comme il faut, con grandes fastos, miles de post, fanfarrias, trompetas, purpurina y todo eso pero la vida se ha impuesto con puño de hija de la gran puta y, mira, últimamente no tengo tiempo me dedico a otras cosas que no son el blog, y me tomo con filosofía y relajo lo de este es mi blog y me lo follo como quiero

Esto lo he aprendido de mi EVIL PARTNER, la MG, que es muy sabia y quiero ser como ella en muchas cosas. 


En esto pensaba cuando se me ocurrió imponerme un reto, al estilo #proyectohuevos de hace dos veranos, y comprometerme a escribir todos los días en diciembre. 



No, en serio, hasta tengo un listado de ideas y un esquema de posts en el keep

Pero luego pensé: pero, nena, que ya no tienes el hábito de escribir en el blog, ¿qué te lleva a pensar que vas a escribir todos los días en diciembre si ni siquiera has sido capaz de acabar un meme de mierda de compartir música, con la lista tan BONICA que te estaba haciendo el superamoroso Juanjo? 

Juanjo, te quiero. Aunque no haya sido capaz de acabar el meme, te quiero.
Y más luego, pensé: a ver, ¿qué necesidad tienes de imponerte un compromiso que no importa a nadie y que va a agobiarte si no cumples, porque eres muy de agobiarte cuando fallas a tus compromisos? 



Así que he decidido que como ya no llego a celebrar bien el décimo aniversario de Gordipé, voy hacer lo que se me vaya ocurriendo y me vaya bien. 

Mientras escribo este post me sale la cara de jejeje y me acuerdo de los tuits esos que van anunciando que se cierra la cuenta, se toma un descanso o dejan de seguir a no sé quién, que siempre pienso: eh, dude, ¡que a quién coño le importa! Haz lo que quieras sin avisar, que no eres Elizabeth Queen

Pero también pienso que, oyes, ya son diez años, soy lo suficiente mayor y, efectivamente, este es mi blog y me lo follo cuando quiero y aviso porque sí.

Bienvenidos al post de anuncio de igual celebramos mucho el 10 cumpleaños de Gordipé, o igual no, y vamos a sentirnos igual de bien. 

Començons!


martes, 4 de septiembre de 2018

El 4 de septiembre

El 4 de septiembre es el único día del año que me siento totalmente segura.

Es una gelipollez, lo sé, pero el 4 de septiembre de hace diez años (DIEZ AÑOS) estuve a un pelo de palmarla, aunque luego no. Y siempre pienso que ya sería mala suerte morirse dos veces el mismo día, que el karma no puede ser tan chungo. Así que el 4 de septiembre me siento imbécilmente segura y tranquila

Durante estos diez años (DIEZ AÑOS) me he descubierto cada día pensando que morirse es muy fácil, y que puede pasar cualquier cosa en cualquier momento.

Sin drama, sin mierdas de carpe diem que tempus fugit, sin la vida es preciosa, sin ánimos que tú puedes... he aprendido que lo importante para mí, lo realmente importante, es sufrir lo menos posible, que las personas a las que quiero sufran lo menos posible y poder hacer (razonablemente) lo que me apetece, independientemente de si es dormir una siesta de tres horas o disfrutar de un agua fresca a la orilla del mar.

He aprendido que no necesito gran cosa, sobre todo porque tengo la suerte de tener cerca a grandes personas con las que no morirme a gusto.

Y me vale con eso.