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lunes, 2 de septiembre de 2019

¿Estás más delgada?

Hay personas que creen que te hacen un cumplido cuando te dicen Estás más delgada, ¿no?

Estoy casi segura de que se sienten bien porque piensan que hacen un cumplido porque, claro, todo el mundo sabe que estar más delgada siempre es mejor que la alternativa, que es estar más gorda. Que sí, que lo hacen con buena intención, joder...

Aunque siempre me sorprende que esas personas tan sueltas para manifestar su opinión lleven regulero una respuesta que no esperan, que supongo que sería algo así como ay, sí, ¿a que se me nota? o algo similar.

Yo he pasado bastantes lustros callándome la respuesta, por lo que sea, pero este verano me ha pillado deslenguada, muy en plan me la suda el coño, y aquí va una lista de las respuestas, por si a alguien más le vale. No garantizo que sienten bien o que no vayan a calzaros una hostia pero, oye, se queda una como una reina:

A la pregunta Estás más delgada, ¿no? de este verano, Gordipé ha respondido que:
- No sabría decirte, no me fijo en esas cosas.
- Te habré pasado a ti los kilos sin querer, me parece.
- Es por la dieta del cucurucho, que tú no sigues, claramente.
- No sé, podemos preguntar al nuevo novio profesor de fitness con un doctorado en Harvard de tu ex.
- Si me lo dices para que yo te responda con un tú también, no, estoy igual.
- Será la ropa o que te pesan los cojonazos y me ves desde abajo, que estiliza.

No intentéis adular a alguien diciéndole que está más delgada si no os ha pedido opinión, por favor, que os puede salir el tiro por el culazo.

martes, 9 de julio de 2019

Las adicciones

Tiendo a pensar que soy empática y que, quizás por el TOC este que tengo de analizar las cosas desde muchos puntos de vista, intento ponerme siempre en los zapatos de los demás, aunque sea para llevarme las menos sorpresas posibles.

Sin embargo, por mucho que lo intente, me resulta muy difícil ponerme en la piel de alguien que tiene una adicción y es incapaz de reconocerlo y que, por tanto, no se siente responsable del dolor y los problemas que causa en los demás.

Lo que me fascina del asunto no es tanto la incapacidad de aceptar la realidad, qué va, es el esfuerzo sobrehumano que hacen estas personas para demostrar a los demás, A TODOS LOS DEMÁS, que están equivocados.

A veces ese esfuerzo es recompensado y a mí, al menos, me hace dudar. ¿Seré yo la que estoy loca y veo una cara desencajada por el alcohol y las drogas donde sólo hay cansancio? ¿Soy yo la que confunde ese hablar arrastrado con la mala cobertura? ¿Me preocupo más de lo que corresponde?

Otras, por el contrario, el esfuerzo no me convence en absoluto, la ira, rabia y la desesperación se me apoderan y me llevan a decir cosas que no sé debería decir, porque soy incapaz de adivinar el impacto que pueden tener. Y entonces me siento culpable. ¿He sido demasiado dura y va a desaparecer por mi culpa? ¿Me he pasado? ¿Y si cumple su amenaza y se estrella contra un muro o se mete algo de más y se muere?

Al final, todo se reduce a que, aunque me siento impotente porque sé que no puedo hacer nada, también me siento responsable de las consecuencias de lo que digo y hago, de si lo digo y hago en el momento adecuado, y también de lo que no digo o no hago.

Tener una adicción debe ser muy jodido pero, ah, amigo, no te quiero ni contar la vida de las familias de la persona adicta, que no se lo pasan bien ni ese ratito.



domingo, 7 de julio de 2019

El armario

Cuando éramos pequeños dormíamos todos juntos.

Nos llevábamos pocos años y supongo que mis padres pensaron que era más cómodo tenernos a todos en el mismo sitio por las noches.

Gracias a esta decisión tuvimos una habitación muy espaciosa para jugar, con una mesa y sillas pequeñitas, y estanterías para dejar los juguetes y los cuentos. Mi madre sólo nos puso una norma: que cuando saliéramos no hubiera juguetes en el suelo. Todo lo demás estaba permitido: teníamos una portería y una canasta, colgamos dibujos en las paredes, jugamos con muñecos de plastilina en los muebles, pegamos pegatinas en las puertas y paredes...

Era un sitio estupendo, sólo para nosotros.

Hasta que descubrí que podía ser algo más.

En esa habitación hay un armario muy grande, igual de hondo que el ascensor que pasa justo al lado.

Un día se me ocurrió sentarme allí dentro para leer, escapando del partidito que mis hermanos jugaban en la habitación, y se convirtió en mi sitio favorito del mundo. En mi refugio.

Cuando terminaba los deberes cogía mi sillita, el libro que estuviera leyendo, entraba en el armario, encendía la bombilla estirando de la cadenita y me sentaba hasta que mi madre venía a buscarme.

Mis hermanos me encerraron varias veces para asustarme, sin entender que era todo lo contrario, allí me sentía segura. ¿Cómo iba a tener miedo si tenía un libro, luz, y el sutil olor de los perfumes de los abrigos y chaquetas de mis padres?

Me gustaba aquel armario.

Un día mis padres decidieron que ya éramos mayores para compartir habitación y todo acabó.

A veces echo de menos tener un sitio en el que sentirme segura sólo con una luz, un libro y un olor.

domingo, 9 de junio de 2019

La duda

Conoces a una persona.

Chateas unos días.

Hay buen rollo, os escribís poco al principio, quizás no queréis parecer ansiosos. O estáis ocupados. O no queréis molestar, vete a saber.

Un día alguien decide compartir su teléfono y pasáis al whatsapp.

Sin saber muy bien cómo, en unos días os estáis enviado tonterías que os hacen gracia, a cualquier hora.

El buen rollo sigue.

Un día alguien propone tomar una cerveza y quedáis, a ver qué pasa.

Hay MUY buen rollo.

Como habéis charlao de lo divino y lo humano al principio se crea esa atmósfera irreal en la que aprendéis a reconocer los movimientos de esa persona a la que sólo habéis leído u oído.

Es muy poco rato, pero es un rato raro, fruto de esa falsa confianza que se crea cuando charlas con alguien a quien, en realidad, no conoces.

Esa cerveza se alarga. Habláis durante horas, os emborracháis un poco, os reís mucho, cada vez os tocáis más como sin querer, como si fuerais adolescentes que no saben si darse la mano, hasta que alguien dice “¿Vamos a mi casa?”

Y vais.

Y HAY MUY BUEN ROLLO.

Si hasta desayunáis juntos.

“Quiero volver a verte”.

“Yo también”.

Charláis mientras el taxi te lleva a tu casa.

Ha sido una buena cita , piensas, y has dicho en serio que tú también quieres volver a verle.

Nunca más responde a tus mensajes.

Y dudas entre si desaparecer sin decir nada o no.

domingo, 27 de enero de 2019

Calientapollas

Hace unos años conocí a un señor.

Las redes sociales aún no habían aparecido. Chateamos mucho, muchas veces. Empezamos a hablar por teléfono. Durante horas.

A mí me gustaba, y él decía que yo le gustaba a él. Pero nos decíamos muchas veces que todo sin presión, que éramos colegas, que ya veríamos qué pasaba cuando nos encontráramos.

Después de unas semanas de charlar sobre lo divino y lo humano decidimos conocernos.

Yo apostaba por una cerveza después de currar. Estaría pensando todo el día en el trabajo y no me pondría nerviosa por conocerle más que un rato porque, eh, seguro que me ponía nerviosa, a mí me gustaba bastante.

Además, quedar después del trabajo es una excusa estupenda para todo: para no tener la presión de arreglarse muchísimo, porque iba con lo que llevaba todo el día, para poder cortar rapidito si no me apetecía, porque es entre semana y lo de que se hace tarde y eso...

Pero resulta que él trabajaba mucho y tenía muchas extraescolares, así que acabamos quedando justo cuando yo no quería: un sábado por la noche para cenar.

Mi sentido arácnido me advirtió. No te gusta comer con personas a las que no conoces. No quieres tener la presión de tener que arreglarte un poco. No quieres no tener ninguna excusa para irte, porque el sábado por la noche es infinito.

No quieres que parezca una cita, joder.

Pero no le hice caso.

Ya entonces sabía por experiencia que hay personas (por no decir hombres y generalizar, porque no sé qué hacen las mujeres), que entienden que una cita ha de acabar en sexo. Y a mí, que me gusta mucho el sexo, me parece que puede acabar en sexo, pero no tiene que acabar en sexo. Y este matiz en importante.

Porque entonces, cuando terminamos de cenar y yo dije que me iba a mi casa porque, sinceramente, me quedé un poco chof y no había NADA de química, el señor que se había comportado como un ídem hasta ese momento sacó al troglodita que llevaba dentro para decirme que Eh, ¿para esto he perdido contigo un sábado por la noche, para cenar y punto? Pues vaya mierda de cita. Creía que eras un poco más abierta y resulta que eres una calientapollas.

Aquella noche me dejó tocada durante un tiempo, y trajo una regla a mi vida:

Nunca más voy a quedar un sábado por la noche para cenar como si fuera una cita, aunque lo sea.

Pues bien, ayer rompí esa regla.

Y en qué mala hora, amiguis porque, al parecer, volví a ser una calientapollas.

Pasan los años,nos hacemos mayores todos y hay personas que no aprenden nada.

lunes, 14 de enero de 2019

¿Gorda y orgullosa?

Tengo un issue con lo de #fatandproud.

Según la RAE:
orgullo  
Del cat. orgull, y este del franco *ŭrgōlī 'excelencia'; cf. a. al. ant. urguol 'insigne, excelente'.
1. m. Sentimiento de satisfacción por los logros, capacidades o méritos propios o por algo en lo que una persona se siente concernida. Sintió un gran orgullo al recibir el premio. El triunfo del equipo despertó el orgullo nacional.
2. m. Arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que suele conllevar sentimiento de superioridad. A veces nos ciega el orgullo.
3. m. Amor propio, autoestima. Se sintió herido en su orgullo.
4. m. Persona o cosa que es motivo de orgullo (‖ sentimiento de satisfacción). Es el orgullo de sus padres.
Supongo que tiene que ver con mi propia concepción del orgullo, de qué me siento orgullosa.

Por ejemplo, para mí estar gorda no es satisfactorio, no es un mérito o capacidad, es más bien una carga con la que he aprendido a vivir, y que estoy aprendiendo a llevar. De esto sí me siento orgullosa, de estar aprendiendo a llevarlo pero, ¿de estar gorda? No. Y me cuesta mucho ponerme en la piel de alguien que lo esté. Me parece imposible. Inconcebible.

Tampoco es algo que ayude especialmente a mi autoestima, ni a la de nadie que conozca. ¿Habrá personas gordas que sí se quieran más si están más gordas? Es posible. ¿Conozco a alguna? No, es más, todo lo contrario.

Así que veo el hashtag y me da qué pensar que igual (igual, ojo, que igual no) le hemos dado tanto la vuelta a lo de querernos como somos que nos hemos pasao de rosca; que hemos pasado de "estar gorda es lo peor y ponte a régimen que no querrás ser como esa ballena" a "estoy gorda , sí y qué, es más estoy contentísima y orgullosísima de mí misma". 

Y no lo veo.

Porque, igual, (igual, ojo, que igual no), en lo de la autoestima y la autoaceptación cabe también el "pues me quiero así" y punto, que vale para cuando estás gorda, cuando estás menos gorda, cuando estás más gorda, cuando te baja la regla, cuando se te cae el pelo, cuando te salen estrías, cuando se te pone el culo de mármol por las sentadillas o cuando vas sin depilar, y todo tan contenta.


lunes, 24 de diciembre de 2018

Feliz Navidad

Sí, la navidad se ha mercantilizado, americanizado, globalizado, despersonalizado... Parece que sólo importa lo material, los regalos, las cenotas, el exceso...

¿Quién no se ha quejado de los Villancicos en las tiendas? ¿O de la decoración navideña? ¿O de los empujones a comprar, a consumir, a gastar...? 

Y, espera, ¿quién no se ha quejado de la hipocresía de tener que pasar justo esos días con personas, de la familia o no, que no le gustan?

Bah, paparruchas, lo del espíritu navideño es una gelipollez.



Todos, me parece que todos nos hemos quejado de eso en algún momento.

Pues vale, ¿por qué no le damos la vuelta un poco?

Sólo tenemos que dejar de quejarnos de lo que no nos gusta e intentar cambiarlo en lo poco o mucho que podamos.

Sólo tenemos que ser un poco niños, pero de verdad, y disfrutar de lo que sí nos apaña: de jugar, de ver a personas que nos gustan, de tener ratos divertidos, de hacer el tonto.

Sólo tenemos que hacer el esfuerzo, a veces grande, con suerte más pequeño, de no ser rencorosos, crueles o megalomaníacos estos días. 

Dejemos a los grinches a los suyo, y demostrémosles que sus mierdas no importan a nadie. Ellos no se van a dar por enterados pero nosotros nos sentiremos mejor, porque la mierda huele, y huele mal, y cuanto más lejos, mejor. 

A lo mejor descubrimos que da mucho gustirrinín no ser un gelipollas y se nos queda un poco para seguir por ese camino el resto del año.

Felices fiestas. Feliz Navidad.

sábado, 1 de diciembre de 2018

Igual sí, igual no

Gordipé cumple 10 años en 2018.



Aunque parezca que no, en diez años han pasado muchas cosas. 

Quería celebrarlo comme il faut, con grandes fastos, miles de post, fanfarrias, trompetas, purpurina y todo eso pero la vida se ha impuesto con puño de hija de la gran puta y, mira, últimamente no tengo tiempo me dedico a otras cosas que no son el blog, y me tomo con filosofía y relajo lo de este es mi blog y me lo follo como quiero

Esto lo he aprendido de mi EVIL PARTNER, la MG, que es muy sabia y quiero ser como ella en muchas cosas. 


En esto pensaba cuando se me ocurrió imponerme un reto, al estilo #proyectohuevos de hace dos veranos, y comprometerme a escribir todos los días en diciembre. 



No, en serio, hasta tengo un listado de ideas y un esquema de posts en el keep

Pero luego pensé: pero, nena, que ya no tienes el hábito de escribir en el blog, ¿qué te lleva a pensar que vas a escribir todos los días en diciembre si ni siquiera has sido capaz de acabar un meme de mierda de compartir música, con la lista tan BONICA que te estaba haciendo el superamoroso Juanjo? 

Juanjo, te quiero. Aunque no haya sido capaz de acabar el meme, te quiero.
Y más luego, pensé: a ver, ¿qué necesidad tienes de imponerte un compromiso que no importa a nadie y que va a agobiarte si no cumples, porque eres muy de agobiarte cuando fallas a tus compromisos? 



Así que he decidido que como ya no llego a celebrar bien el décimo aniversario de Gordipé, voy hacer lo que se me vaya ocurriendo y me vaya bien. 

Mientras escribo este post me sale la cara de jejeje y me acuerdo de los tuits esos que van anunciando que se cierra la cuenta, se toma un descanso o dejan de seguir a no sé quién, que siempre pienso: eh, dude, ¡que a quién coño le importa! Haz lo que quieras sin avisar, que no eres Elizabeth Queen

Pero también pienso que, oyes, ya son diez años, soy lo suficiente mayor y, efectivamente, este es mi blog y me lo follo cuando quiero y aviso porque sí.

Bienvenidos al post de anuncio de igual celebramos mucho el 10 cumpleaños de Gordipé, o igual no, y vamos a sentirnos igual de bien. 

Començons!


martes, 4 de septiembre de 2018

El 4 de septiembre

El 4 de septiembre es el único día del año que me siento totalmente segura.

Es una gelipollez, lo sé, pero el 4 de septiembre de hace diez años (DIEZ AÑOS) estuve a un pelo de palmarla, aunque luego no. Y siempre pienso que ya sería mala suerte morirse dos veces el mismo día, que el karma no puede ser tan chungo. Así que el 4 de septiembre me siento imbécilmente segura y tranquila

Durante estos diez años (DIEZ AÑOS) me he descubierto cada día pensando que morirse es muy fácil, y que puede pasar cualquier cosa en cualquier momento.

Sin drama, sin mierdas de carpe diem que tempus fugit, sin la vida es preciosa, sin ánimos que tú puedes... he aprendido que lo importante para mí, lo realmente importante, es sufrir lo menos posible, que las personas a las que quiero sufran lo menos posible y poder hacer (razonablemente) lo que me apetece, independientemente de si es dormir una siesta de tres horas o disfrutar de un agua fresca a la orilla del mar.

He aprendido que no necesito gran cosa, sobre todo porque tengo la suerte de tener cerca a grandes personas con las que no morirme a gusto.

Y me vale con eso.




miércoles, 22 de agosto de 2018

5 consejos para que no te pille tu pareja en las redes de ligar

1. Si tienes pareja y no quieres que se entere de que estás espolvoreándote por ahí, no tengas aplicaciones para ligar en el móvil o en la tablet. Punto.

2. Si eres tan gilipollas kamikaze como para tener aplicaciones para ligar en el móvil, o ligas por Twitter, Facebook o whatever, asegúrate de desactivar las notificaciones. No es una cuestión de confianza en tu pareja, que no digo que te espíe, no hace falta. Puede que un día te dejes el móvil en la encimera de la cocina y, de repente, aparezca un mensaje o una foto comprometidos y lo vea tu pareja, que estaba ahí tranquilamente haciéndose el colacao y mira instintivamente la pantalla iluminada y luego se caga en tos tus muertos y divorcio y su puta madre.

"Ve hacia la luz, Carol Anne..."
3. Si tienes pareja y no quieres que se entere de tus aventuras no cuentes tu vida y milagros, tu historial laboral, sobre tus amistades... a personas a las que acabas de conocer y con las que quieres refocilarte: el mundo es muy pequeño. No es que tengas que aparecer con burka, que igual es contraproducente pero, vaya, si estás de incógnito, no hace falta.

Por ejemplo, a poco que te vayas de la boca en Valencia, siempre hay alguna persona de enlace que puede delatarte, incluso sin querer. Nunca se sabe de quién es amigo/a, a quién conoce o si te puede joder la vida, que las palabras vuelan. 

 Además... ya sabes lo de los seis grados de separación. 
Kevin, siempre eres bienvenido.

4. Ya lo he dicho antes, pero lo repito: las aplicaciones en el móvil son caca si no quieres que te descubran. No me preguntes cómo, porque no sabría explicarlo, pero la información se cruza y se relaciona de una manera mágica ahí dentro de tu móvil y acaba chivándose de todo.

Por ejemplo, puedes vincular tu perfil de Instagram a Tinder y sospecho que, aunque se desvincule, algo de esa conexión se queda en el móvil y luego Instagram te recomienda cosas. De personas de Tinder. 

Sí, yo también me asusté.

Además, hay mucha psicopatía suelta con mucho rencor y/o mucho tiempo libre que se está especializando en stalkear; verdaderos profesionales de relacionar comentarios, perfiles, fotos y cosas, que acaban descubriéndolo todo sobre ti, partiendo en un par de datitos claves. A poca mala leche que tengan pueden joderte la vida.

5. Quiero pensar que si no quieres que te pillen engañando a tu pareja no pones foto propia en las redes de ligar. Ni de espaldas, ni con claroscuros ni pollas. Fotos tuyas= CACA.

Sí, ya sé, si eres un hombre vas a ligar menos que el Risitas y si eres mujer... bueno, todos pensarán que estás gorda, pero te acosarán igual. 

En fin, a lo que iba. No pones fotos tuyas, OKEI, muy bien, pero, POR EL AMOR DE DIOS, no pongas fotos de cosas que puedan identificarte, como tu moto, cosas de tu casa, a tus amigos O A TUS PUTOS ANIMALES DE COMPAÑÍA, IMBÉCIL.

Las abejas no cuentas. Son indistinguibles.

Vale, tener tantas restricciones dificulta lo de encontrar a alguien con quien follar sin que te pillen pero nadie dijo que engañar a la pareja impunemente fuera fácil.


jueves, 9 de agosto de 2018

El enemigo en casa

Hay muchas cosas que nos hacen ser como somos, con nuestros miedos, complejos, defectos, virtudes, bloqueos...

Aunque soy consciente de que la personalidad, el carácter o cómo queremos llamarlo, se forja en la infancia, y con la familia como modelo, durante mucho tiempo me he resistido a pensar que mis padres eran culpables de cómo soy.

Pensaba, ingenuamente, que a mi edad ya había tenido tiempo suficiente para ser mejor y haber superado muchas cosas y que, si no lo había hecho, que ya te digo yo que no, era culpa mía. Que no había sido suficientemente madura, o fuerte, o inteligente, o lo que sea, para sobreponerme a la educación que había tenido, y que mis taritas son responsabilidad mía.

He cambiado de opinión, al menos parcialmente. 

Me jode mucho reconocerlo, porque no me gusta pensar que voy escampando mierda y eludiendo responsabilidades, pero he cambiado de opinión.

Porque miro atrás y me doy cuenta de que me he esforzado mucho por aceptar, superar, mejorar y todas esas mierdas y, a medida que iba dando pasitos, me he encontrado con el enemigo en casa. Y pasa hoy, todavía.

Quiero pensar que mis padres lo hacen con su mejor intención, que piensan realmente que hacen y me dicen lo que creen que es mejor para mí o cómo quiera que lo vean, sin darse cuenta de que juzgarme y cuestionarme continuamente no ayuda en nada a que yo me sienta mejor, simplemente, creo que ellos piensan que hacen lo que tienen que hacer.

Con el paso de los años se me ha hecho un poco de callo, claro, y su opinión ya no me afecta de la manera dramática y apocalíptica que sufrí en la adolescencia. Pero, a veces, el callo no es suficiente.

Recuérdame que lo próximo que me tengo que poner a trabajar con una lóquer es que me la sude el coño la opinión de los progenitores que me dieron el ser. Y que lo del parricidio, caca.

lunes, 23 de julio de 2018

Recuerdos

"Los recuerdos son una historia que nos contamos a nosotros mismos."
Her, de Spike Jonze (2013)

 A veces me pregunto si mis recuerdos son fieles a lo que pasó. Si contarlos, o no contarlos, los modifica. ¿Cuánta verdad se ha quedado por el camino? ¿Qué parte es una construcción y cuál es un recuerdo genuino?

Me pregunto si guardar recuerdos alimenta al monstruo o, por el contrario, ayuda a limpiar heridas.

¿He aprendido a hacer o no hacer cosas gracias a recordar experiencias anteriores? ¿Desoír las alarmas que saltan cuando algo me recuerda a algo es una muestra de instinto o de falta de inteligencia?

Me pregunto qué debo priorizar: los recuerdos buenos, para reforzar las buenas experiencias, o los malos, para consolidar lo aprendido. 

Si nadie sabe qué estoy recordando algo, ¿cómo de fuerte cae el árbol sobre mi cabeza y cuánto daño me hace? ¿Haré ruido yo cuando caiga, recordando?

Me pregunto, todo el tiempo, qué sentido tiene recordar, porque no le encuentro una gran utilidad,  sinceramente, más allá de traerme melancolía, fracaso y frustración, casi siempre.


miércoles, 30 de mayo de 2018

Alegrías chungas

Hoy me han alegrado mucho el día dos cosas bastante chungas que han pasado a otras personas. 

Esas personas me jodieron la vida en momentos muy sensibles de mi vida, fueron crueles, no tuvieron ni una pizca de empatía y decidieron castigarme arbitrariamente. 

Puedo engañarme diciéndome que me alegro por eso, por lo hijosdelagranputa que fueron conmigo, además de lo rencorosa que soy. 

O porque, de una manera visceral e irracional, aunque yo no he tenido nada que ver, es como si sintiera que el cosmos les devuelve su maldad. 

Sé que no es así, que seguramente les está explotando la cosa en las manos porque se sentían inmunes y han tentado demasiado a la suerte. 

Sé que el karma no tiene nada que ver. 

Sé que la ley de la compensación universal no existe, que los malos no siempre reciben de vuelta lo malo que merecen ni los buenos acaban bien. 

Pero soy tan simplita que me ha alegrado saber que esas personas van a tener que comer un poquito (o muchito) de la mierda que han ido esparciendo a su paso.


martes, 29 de mayo de 2018

Caballos y penes

El caballo. 

Qué animal más bonito. Y grande, fuerte, poderoso, noble, leal, inteligente, útil... Lo que se diga es poco. Qué bonitos los caballos. Todos, eh, sin distinción.

Es fiel compañero del ser humano desde hace un porrón de años. Milenios, diría. 

Desde tiempos immemoriales, el caballo ha sido un símbolo de poder y riqueza: quien tenía pasta cabalgaba y, quien no, pateaba los caminos. ¿Que uno era noble, o caballero? A galopar. ¿Que no tenía dónde caerse muerto? A pata.

Fíjate si han sido (y son) importantes, que los grandes hombre se han retratados sobre estos nobles animales y han quedado fetén. 

Napoleón con un caballo entre las piernas.


Y valen para todo, oye: para ayudar a poner pan en la mesa, para llevar de un sitio a otro, para acarrear las cosas pesadas, para pasear, para ganar carreras, para vencer en batallas, para conquistar, para demostrar la capacidad económica o el amor a los animales... que me recuerda a algo, pero ahora no caigo...

Y viriles... mira que son viriles los caballos. Que te pones al lao de un caballo y ¡PUMBA! 


En fin, ¿que qué me ha pegao ahora con los caballos?

Resulta que hay muchos señores que se ponen un caballo de foto de perfil en las redes de ligar. Pero muchos.

Y a mí lo que me llega es que, de alguna manera, se identifican, o quieren que les identifiquen, con todas esas cosas que transmiten los caballos: poder, gallardía, fuerza, nobleza, virilidad, penes descomunales...

Vamos, que es la leche que los tengas entre las piernas.





Y esto es sólo el principio.

lunes, 14 de mayo de 2018

La política y la música

Ayer discutí con varias personas por culpa de Eurovisión. Bueno, más bien, por lo que pasa y por lo que no pasa en Eurovisión.

Al parecer, a estas personas no les parece bien que se boicotee a los concursantes por las cosas políticas de los países a los que representan, porque la política debería estar al margen del eurocontes.

Por ejemplo, no se debería boicotear a Israel por su actuaciones en Oriente Medio o con los palestinos, porque no tiene nada ver con la música. Y no se debería boicotear a Rusia, que no permite que pasen banderas arcoiris porque que en Rusia pase lo que pasa con las personas homosexuales no tiene nada que ver con la música. 

Que no se debería mezclar la política con la música.

Que resulta que son los mismos que dicen que no se debería permitir a los conductores de metro hacer las huelgas en Fallas o vacaciones porque les joden las vacaciones a los usuarios y a eso no hay derecho, o que no se debería permitir que las manifestaciones bloquearan el centro porque hay más gente en la ciudad que se ve muy afectada y, oye, a eso no hay derecho.

Son los mismos que no mezclarían la política con nada, porque la política no les interesa.

Y dejé la discusión, porque dejaron de interesarme ellos.


jueves, 26 de abril de 2018

Herencias de mierda

Estoy viviendo de cerca una herencia y hay tantas cosas que no entiendo que me ha salido una roncha.

¿Por qué los herederos creen que se lo merecen, si el dinero o los bienes no son suyos, son de otro que se ha muerto?

¿Por qué todos los hijos creen que todos tienen que recibir lo mismo, exactamente, porque si no no es justo? 

¿Por qué personas que se quieren son capaces de odiarse por dinero que ni siquiera es suyo?

¿Qué gen obliga a los padres a querer a todos por igual, o a valorar lo que todos hacen por igual, y a ser ecuánimes? 

¿Qué problema hay en que un hijo o hija o cacatúa sea el preferido? 

¿Por qué los deudos (OJOCUIDADO, LOS DEUDOS) exigen que haya un reparto equitativo, si a lo mejor no son queridos equitativamente?

¿En qué momento se convierte una persona que creías razonable en un monstruo de seis cabezas cuando se trata de pasta? ¿Te has parado a pensar si el monstruo de seis cabezas eres tú?

¿Cómo es posible que las personas seamos tan ruines, tan mezquinas, tan llenas de mierda, cuando se trata de repartir el dinero y los bienes DE OTROS QUE SE HAN MUERTO? 

¿De verdad vale la pena luchar con uñas y dientes por lo que es tuyo (que no es tuyo, te lo van a dar por la patilla y probablemente no hayas hecho nada para ganarlo) y perder por el camino a tu familia? Que si tan chungos son, deberías habértelos quitado de encima hace mucho...

No sé, piénsatelo. Y recuerda que tú tampoco te lo vas a llevar contigo.

martes, 24 de abril de 2018

El club de la lucha

Comparto clase de inglés con tres señoras jubiladas y tres muchachos recién salidos de la Universidad. 

Una fiesta mundial de los estereotipos. De lo peor de los estereotipos.

Hay conversaciones muy curiosas. Y digo curiosas, por decir algo en algún sitio, porque allí tengo que callarme.

Las señoras desconfían de los jóvenes. Son de la escuela de yo soy muy moderna, PERO, cualquier tiempo pasado fue mejor, lo peor está por llegar, ya llegaréis a viejos y nos daréis la razón y la tecnología es un monstruo de tres cabezas que os ha convertido en inútiles, ignorantes, vagos y desagradecidos.

Los muchachos, con sus másteres, sus estudios universitarios y sus miles de seguidores en Instagram observan estupefactos y altaneros la resistencia al cambio de sus compañeras de clase, incapaces de debatir contra la ira de la tercera edad. No porque sean lo educados que dicen ser, justo antes de ponerlas a parir en voz baja, sino porque no saben qué significan algunas de las palabras que utilizan: hercúleo, divergente o heterodoxo no entran en su vocabulario.

Yo asisto divertida al club de la lucha, con la esperanza de no convertirme en una de ellas, y el terror de haber sido una de ellos a su edad.

Miro desde atrás, veo volar las lanzas y pienso en mis cosas.

Estoy aprendiendo un montón de inglés.

jueves, 22 de marzo de 2018

No seas cruel con tu ex


Tengo cientos de borradores de post escritos después de tensas conversaciones telefónicas con mi ex cuñada o con mi hermano, y nunca me he atrevido a publicarlos.

Supongo que es porque me duele tanto la situación que no acierto a expresar bien lo que me gustaría decir, por un lado, y porque no me gustaría que pasara por una generalización, por otro.

Y es que, cuando la ruptura tiene que ver con las cosas estas normales de desamor, cuernos, terceras o cuartas personas, incompatibilidades y eso, siempre me salen frases lapidarias tipo consejos, y soy consciente de que hay tantas situaciones dificilísimas que no puedo ni imaginar que me sobrepasa el tema y me da por pensar que quién soy yo pa dar consejos, que vaya paleta.

Porque es que, mira, una de esas frases lapidarias tiene que ver con la venganza:

Da igual lo mal que pienses que tu ex se ha portado contigo, no utilices a tus hijos para vengarte y hacer que sufra.

Porque usar a tus hijos contra alguien es de ser una mierda de persona que no merece vivir, para empezar. Y porque hacer sufrir a tu ex va a reflejarse en tus hijos. Ellos también van a sufrir. Igual no les sale ahora, que son pequeños y piensas que no van a darse cuenta (equivocadamente) pero sí saldrá toda esa mierda algún día. Que no son tontos y se dan cuenta de todo. Lo decimos a menudo pero luego no lo tenemos en cuenta.

Otra de las frases lapidarias que me sale tiene que ver con el olvido y pasar página:

No puedes cambiar lo que ha pasado, rompe, olvida lo anterior y empieza tu vida diferente, teniendo en cuenta que tu ex sigue siendo el padre/madre de tus hijos.

El rencor no vale pa ná. Andar con que tú me hiciste, y yo no te hice y tú no sé qué y no sé cuántos... es una puta mierda. Es de patio de colegio. Lo malo que has pasado va a seguir ahí, y mira la mierda en la que te ha convertido. ¿En serio quieres seguir manteniendo eso dentro? Imagina lo que va a hacer de ti dentro de unos años: una persona amargada que está criando a personitas que también serán rencorosas y amargadas. ¿De verdad quieres eso? ¿DE VERDAD?

Joder, que ya somos mayores: ha salido mal, tienes unos hijos estupendos que no tienen por qué perder a su padre o madre además de su familia. Ponte las pilas y madura, coñe.

También me sale lo de:

No seas cruel porque sí, no hagas cosas sólo por joder, aunque pienses que tu ex sí las hace, porque entras en un bucle de rencor y sufrimiento que nunca acabará.

Devolver las putadas nunca ha sido una buena idea, nunca, NUNCA. No puedes llegar a saber hasta dónde es capaz de llegar la otra persona si la llevas a su límite. Y puedes encontrarte con sorpresas muy desagradables que no podrás devolver.

Y, mi favorita:

Vive y deja vivir, pero de verdad. No te entrometas, no malmetas, no hagas que tus hijos tengan que elegir.

Hay quien igual dice que es más fácil decirlo que hacerlo, que si yo supiera...

Pues me da igual si es difícil. ¿No dices que lo haces todo por tus hijos? Pues, para empezar, haz que se sientan queridos y protegidos. Haz que no estén en medio de una guerra. Haz que entiendan que dejar de querer a alguien, o dejar de convivir con alguien, no tiene por que ser sinónimo de odio, rencor y sufrimiento. haz que tus hijos se sientan orgullosos de sus padres toda la vida.

Y, mira, si tienes la mala suerte de que tu ex pareja no está por la labor, y sigue con su guerra, busca ayuda profesional para llevarlo de la mejor manera posible, y para no tener que pedir perdón nunca a tus hijos por haber contribuido a que su infancia fuera una mierda.

Si escribiera un post sobre rupturas, tratar exes e hijos me saldrían frases de estas y, seamos francos, sería una mierda de consejos para mundos con unicornios rosas que vomitan arcoiris. Y, CLARO

viernes, 9 de marzo de 2018

El día después

Miles, millones de mujeres y hombres nos hemos manifestado en todo el país reclamando igualdad.

En el siglo XXI.

Y lo que nos queda. Y lo que les queda a muchas que lo tienen mucho peor que nosotras en nuestro dramita del primer mundo.

Vale, ya está, ya nos hemos manifestado.

¿Y ahora qué?

Pues el día después es igual que el de antes: un cliente me llama cariño, me aprieta el brazo, yo lo aparto y me pide perdón. Y luego me pregunta que qué tal la manifestación de ayer.

El día después es igual que todos, desesperanzador, así que decido enfocar mi atención en los niños y niñas que nos acompañaron ayer durante unas horas, educados por mujeres conscientes de que las cosas tienen que cambiar, y de que el cambio está en sus manos.

Padres, madres, sois los responsables de la educación de vuestros hijos. Así que sois los responsables de nuestro futuro.

Que la fuerza os acompañe.

miércoles, 7 de marzo de 2018

Lo del 8 de marzo #huelgafeminista


Mañana hago huelga. 

He tenido que presionar a dos clientes para no poner reuniones el jueves, por apretado que esté el calendario. Tendré que trabajar más el fin de semana. Es lo que hay. Mañana hago huelga.

Ni siquiera estoy completamente de acuerdo con todos y cada uno de los argumentos, hay cosas que podría defender de varias maneras, tengo dudas , como siempre,... pero sí, hago huelga.

¿Servirá para algo? No creo, más allá de gritar mucho y poner en la agenda lo de la desigualdad entre hombres y mujeres, y de manera como muy superficial y temporal.

¿Respeto la decisión de no secundarla? Por supuesto, faltaría más. Hasta ahí podríamos llegar.

¿Respeto a las mujeres que deciden no secundarla? Pues depende a quién, según las circunstancias, igual un poco menos.

¿Estoy dispuesta a debatir y hablar con ellas sobre esta cuestión? Pues así, en frío, no, porque me ha cansao y me da grima casi todo el tiempo. Resulta que me he dado cuenta de que no me interesan nada las opiniones basadas en la experiencia personal cuando estamos hablando de más de la mitad de las personas. MÁS DE LA MITAD.

Y me parece poco solidario y con poca visión de futuro y un montón de cosas más.

Así que:

Si nunca te has sentido discriminada por ser mujer, enhorabuena.

Si nunca te has sentido acosada o violentada en una discoteca, si nunca has sentido miedo al volver de fiesta por la noche, enhorabuena.

Si nunca has tenido que gritar en tu propia cama para asustar a un hombre que piensa que tú no tienes derecho a arrepentirte y él sí lo tiene a follarte, enhorabuena.

Si nunca te han preguntado si pensabas tener hijos en una entrevista para un puesto de mucha dedicación, enhorabuena.

Si nunca te han llamado golfa, zorra o puta por follar con quien y cuando quieres, enhorabuena.

Si nunca has tenido que pensar cómo disimular la mejilla roja por un bofetón, enhorabuena.

Si nunca has tenido que salir discretamente de una cena de negocios, cuando con los gin tonics escuchas en un susurro “… las putas?”, enhorabuena.

Si un desconocido no te ha llamado chiquilla, nena, cariño, guapa, bonita en un ambiente laboral, cuando podía haberte preguntado tu nombre, enhorabuena.

Si no has visto a señores y señores pasar por delante de ti y cobrar más por la misma categoría y el mismo trabajo, enhorabuena.

Si nunca has tenido que escuchar lo de "feminismo no porque es que hay mujeres que [nosequé mierdas chungas indefendibles que hacen las mujeres y que no pintan nada en esta conversación]", enhorabuena. 

Si nunca te han dicho algo habrás hecho, es que vas provocando, lo estás pidiendo a gritos, mujer tenía que serse te va a pasar el arroz..., enhorabuena.

Enhorabuena, en serio.

Eres una privilegiada, una rara avis en un mar de mierda. No sé cómo o dónde lo has conseguido pero deberías compartir con el mundo tu experiencia para replicarla hasta el infinito. Que te den el premio Nobel, el BAFTA, el Pulitzer y el Bunyol d'Or, POR FAVOR!!!

O, espera, a lo mejor es que no te has dado cuenta o no le has dado importancia a según qué cosas y resulta que sí, que lo de ser mujer sí era la razón. 

Decir que las mujeres no sufrimos el machismo, o que el machismo no existe, simplemente porque tú no sientes haberlo sufrido es de ser muy necia y muy obtusa*, así que no, no me interesa lo que opinas sobre este tema.


* Espera, necia, obtusa e imbécil.