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miércoles, 30 de mayo de 2018

Alegrías chungas

Hoy me han alegrado mucho el día dos cosas bastante chungas que han pasado a otras personas. 

Esas personas me jodieron la vida en momentos muy sensibles de mi vida, fueron crueles, no tuvieron ni una pizca de empatía y decidieron castigarme arbitrariamente. 

Puedo engañarme diciéndome que me alegro por eso, por lo hijosdelagranputa que fueron conmigo, además de lo rencorosa que soy. 

O porque, de una manera visceral e irracional, aunque yo no he tenido nada que ver, es como si sintiera que el cosmos les devuelve su maldad. 

Sé que no es así, que seguramente les está explotando la cosa en las manos porque se sentían inmunes y han tentado demasiado a la suerte. 

Sé que el karma no tiene nada que ver. 

Sé que la ley de la compensación universal no existe, que los malos no siempre reciben de vuelta lo malo que merecen ni los buenos acaban bien. 

Pero soy tan simplita que me ha alegrado saber que esas personas van a tener que comer un poquito (o muchito) de la mierda que han ido esparciendo a su paso.


martes, 29 de mayo de 2018

Caballos y penes

El caballo. 

Qué animal más bonito. Y grande, fuerte, poderoso, noble, leal, inteligente, útil... Lo que se diga es poco. Qué bonitos los caballos. Todos, eh, sin distinción.

Es fiel compañero del ser humano desde hace un porrón de años. Milenios, diría. 

Desde tiempos immemoriales, el caballo ha sido un símbolo de poder y riqueza: quien tenía pasta cabalgaba y, quien no, pateaba los caminos. ¿Que uno era noble, o caballero? A galopar. ¿Que no tenía dónde caerse muerto? A pata.

Fíjate si han sido (y son) importantes, que los grandes hombre se han retratados sobre estos nobles animales y han quedado fetén. 

Napoleón con un caballo entre las piernas.


Y valen para todo, oye: para ayudar a poner pan en la mesa, para llevar de un sitio a otro, para acarrear las cosas pesadas, para pasear, para ganar carreras, para vencer en batallas, para conquistar, para demostrar la capacidad económica o el amor a los animales... que me recuerda a algo, pero ahora no caigo...

Y viriles... mira que son viriles los caballos. Que te pones al lao de un caballo y ¡PUMBA! 


En fin, ¿que qué me ha pegao ahora con los caballos?

Resulta que hay muchos señores que se ponen un caballo de foto de perfil en las redes de ligar. Pero muchos.

Y a mí lo que me llega es que, de alguna manera, se identifican, o quieren que les identifiquen, con todas esas cosas que transmiten los caballos: poder, gallardía, fuerza, nobleza, virilidad, penes descomunales...

Vamos, que es la leche que los tengas entre las piernas.





Y esto es sólo el principio.

lunes, 14 de mayo de 2018

La política y la música

Ayer discutí con varias personas por culpa de Eurovisión. Bueno, más bien, por lo que pasa y por lo que no pasa en Eurovisión.

Al parecer, a estas personas no les parece bien que se boicotee a los concursantes por las cosas políticas de los países a los que representan, porque la política debería estar al margen del eurocontes.

Por ejemplo, no se debería boicotear a Israel por su actuaciones en Oriente Medio o con los palestinos, porque no tiene nada ver con la música. Y no se debería boicotear a Rusia, que no permite que pasen banderas arcoiris porque que en Rusia pase lo que pasa con las personas homosexuales no tiene nada que ver con la música. 

Que no se debería mezclar la política con la música.

Que resulta que son los mismos que dicen que no se debería permitir a los conductores de metro hacer las huelgas en Fallas o vacaciones porque les joden las vacaciones a los usuarios y a eso no hay derecho, o que no se debería permitir que las manifestaciones bloquearan el centro porque hay más gente en la ciudad que se ve muy afectada y, oye, a eso no hay derecho.

Son los mismos que no mezclarían la política con nada, porque la política no les interesa.

Y dejé la discusión, porque dejaron de interesarme ellos.


jueves, 26 de abril de 2018

Herencias de mierda

Estoy viviendo de cerca una herencia y hay tantas cosas que no entiendo que me ha salido una roncha.

¿Por qué los herederos creen que se lo merecen, si el dinero o los bienes no son suyos, son de otro que se ha muerto?

¿Por qué todos los hijos creen que todos tienen que recibir lo mismo, exactamente, porque si no no es justo? 

¿Por qué personas que se quieren son capaces de odiarse por dinero que ni siquiera es suyo?

¿Qué gen obliga a los padres a querer a todos por igual, o a valorar lo que todos hacen por igual, y a ser ecuánimes? 

¿Qué problema hay en que un hijo o hija o cacatúa sea el preferido? 

¿Por qué los deudos (OJOCUIDADO, LOS DEUDOS) exigen que haya un reparto equitativo, si a lo mejor no son queridos equitativamente?

¿En qué momento se convierte una persona que creías razonable en un monstruo de seis cabezas cuando se trata de pasta? ¿Te has parado a pensar si el monstruo de seis cabezas eres tú?

¿Cómo es posible que las personas seamos tan ruines, tan mezquinas, tan llenas de mierda, cuando se trata de repartir el dinero y los bienes DE OTROS QUE SE HAN MUERTO? 

¿De verdad vale la pena luchar con uñas y dientes por lo que es tuyo (que no es tuyo, te lo van a dar por la patilla y probablemente no hayas hecho nada para ganarlo) y perder por el camino a tu familia? Que si tan chungos son, deberías habértelos quitado de encima hace mucho...

No sé, piénsatelo. Y recuerda que tú tampoco te lo vas a llevar contigo.

jueves, 22 de marzo de 2018

No seas cruel con tu ex


Tengo cientos de borradores de post escritos después de tensas conversaciones telefónicas con mi ex cuñada o con mi hermano, y nunca me he atrevido a publicarlos.

Supongo que es porque me duele tanto la situación que no acierto a expresar bien lo que me gustaría decir, por un lado, y porque no me gustaría que pasara por una generalización, por otro.

Y es que, cuando la ruptura tiene que ver con las cosas estas normales de desamor, cuernos, terceras o cuartas personas, incompatibilidades y eso, siempre me salen frases lapidarias tipo consejos, y soy consciente de que hay tantas situaciones dificilísimas que no puedo ni imaginar que me sobrepasa el tema y me da por pensar que quién soy yo pa dar consejos, que vaya paleta.

Porque es que, mira, una de esas frases lapidarias tiene que ver con la venganza:

Da igual lo mal que pienses que tu ex se ha portado contigo, no utilices a tus hijos para vengarte y hacer que sufra.

Porque usar a tus hijos contra alguien es de ser una mierda de persona que no merece vivir, para empezar. Y porque hacer sufrir a tu ex va a reflejarse en tus hijos. Ellos también van a sufrir. Igual no les sale ahora, que son pequeños y piensas que no van a darse cuenta (equivocadamente) pero sí saldrá toda esa mierda algún día. Que no son tontos y se dan cuenta de todo. Lo decimos a menudo pero luego no lo tenemos en cuenta.

Otra de las frases lapidarias que me sale tiene que ver con el olvido y pasar página:

No puedes cambiar lo que ha pasado, rompe, olvida lo anterior y empieza tu vida diferente, teniendo en cuenta que tu ex sigue siendo el padre/madre de tus hijos.

El rencor no vale pa ná. Andar con que tú me hiciste, y yo no te hice y tú no sé qué y no sé cuántos... es una puta mierda. Es de patio de colegio. Lo malo que has pasado va a seguir ahí, y mira la mierda en la que te ha convertido. ¿En serio quieres seguir manteniendo eso dentro? Imagina lo que va a hacer de ti dentro de unos años: una persona amargada que está criando a personitas que también serán rencorosas y amargadas. ¿De verdad quieres eso? ¿DE VERDAD?

Joder, que ya somos mayores: ha salido mal, tienes unos hijos estupendos que no tienen por qué perder a su padre o madre además de su familia. Ponte las pilas y madura, coñe.

También me sale lo de:

No seas cruel porque sí, no hagas cosas sólo por joder, aunque pienses que tu ex sí las hace, porque entras en un bucle de rencor y sufrimiento que nunca acabará.

Devolver las putadas nunca ha sido una buena idea, nunca, NUNCA. No puedes llegar a saber hasta dónde es capaz de llegar la otra persona si la llevas a su límite. Y puedes encontrarte con sorpresas muy desagradables que no podrás devolver.

Y, mi favorita:

Vive y deja vivir, pero de verdad. No te entrometas, no malmetas, no hagas que tus hijos tengan que elegir.

Hay quien igual dice que es más fácil decirlo que hacerlo, que si yo supiera...

Pues me da igual si es difícil. ¿No dices que lo haces todo por tus hijos? Pues, para empezar, haz que se sientan queridos y protegidos. Haz que no estén en medio de una guerra. Haz que entiendan que dejar de querer a alguien, o dejar de convivir con alguien, no tiene por que ser sinónimo de odio, rencor y sufrimiento. haz que tus hijos se sientan orgullosos de sus padres toda la vida.

Y, mira, si tienes la mala suerte de que tu ex pareja no está por la labor, y sigue con su guerra, busca ayuda profesional para llevarlo de la mejor manera posible, y para no tener que pedir perdón nunca a tus hijos por haber contribuido a que su infancia fuera una mierda.

Si escribiera un post sobre rupturas, tratar exes e hijos me saldrían frases de estas y, seamos francos, sería una mierda de consejos para mundos con unicornios rosas que vomitan arcoiris. Y, CLARO

viernes, 9 de marzo de 2018

El día después

Miles, millones de mujeres y hombres nos hemos manifestado en todo el país reclamando igualdad.

En el siglo XXI.

Y lo que nos queda. Y lo que les queda a muchas que lo tienen mucho peor que nosotras en nuestro dramita del primer mundo.

Vale, ya está, ya nos hemos manifestado.

¿Y ahora qué?

Pues el día después es igual que el de antes: un cliente me llama cariño, me aprieta el brazo, yo lo aparto y me pide perdón. Y luego me pregunta que qué tal la manifestación de ayer.

El día después es igual que todos, desesperanzador, así que decido enfocar mi atención en los niños y niñas que nos acompañaron ayer durante unas horas, educados por mujeres conscientes de que las cosas tienen que cambiar, y de que el cambio está en sus manos.

Padres, madres, sois los responsables de la educación de vuestros hijos. Así que sois los responsables de nuestro futuro.

Que la fuerza os acompañe.

miércoles, 7 de marzo de 2018

Lo del 8 de marzo #huelgafeminista


Mañana hago huelga. 

He tenido que presionar a dos clientes para no poner reuniones el jueves, por apretado que esté el calendario. Tendré que trabajar más el fin de semana. Es lo que hay. Mañana hago huelga.

Ni siquiera estoy completamente de acuerdo con todos y cada uno de los argumentos, hay cosas que podría defender de varias maneras, tengo dudas , como siempre,... pero sí, hago huelga.

¿Servirá para algo? No creo, más allá de gritar mucho y poner en la agenda lo de la desigualdad entre hombres y mujeres, y de manera como muy superficial y temporal.

¿Respeto la decisión de no secundarla? Por supuesto, faltaría más. Hasta ahí podríamos llegar.

¿Respeto a las mujeres que deciden no secundarla? Pues depende a quién, según las circunstancias, igual un poco menos.

¿Estoy dispuesta a debatir y hablar con ellas sobre esta cuestión? Pues así, en frío, no, porque me ha cansao y me da grima casi todo el tiempo. Resulta que me he dado cuenta de que no me interesan nada las opiniones basadas en la experiencia personal cuando estamos hablando de más de la mitad de las personas. MÁS DE LA MITAD.

Y me parece poco solidario y con poca visión de futuro y un montón de cosas más.

Así que:

Si nunca te has sentido discriminada por ser mujer, enhorabuena.

Si nunca te has sentido acosada o violentada en una discoteca, si nunca has sentido miedo al volver de fiesta por la noche, enhorabuena.

Si nunca has tenido que gritar en tu propia cama para asustar a un hombre que piensa que tú no tienes derecho a arrepentirte y él sí lo tiene a follarte, enhorabuena.

Si nunca te han preguntado si pensabas tener hijos en una entrevista para un puesto de mucha dedicación, enhorabuena.

Si nunca te han llamado golfa, zorra o puta por follar con quien y cuando quieres, enhorabuena.

Si nunca has tenido que pensar cómo disimular la mejilla roja por un bofetón, enhorabuena.

Si nunca has tenido que salir discretamente de una cena de negocios, cuando con los gin tonics escuchas en un susurro “… las putas?”, enhorabuena.

Si un desconocido no te ha llamado chiquilla, nena, cariño, guapa, bonita en un ambiente laboral, cuando podía haberte preguntado tu nombre, enhorabuena.

Si no has visto a señores y señores pasar por delante de ti y cobrar más por la misma categoría y el mismo trabajo, enhorabuena.

Si nunca has tenido que escuchar lo de "feminismo no porque es que hay mujeres que [nosequé mierdas chungas indefendibles que hacen las mujeres y que no pintan nada en esta conversación]", enhorabuena. 

Si nunca te han dicho algo habrás hecho, es que vas provocando, lo estás pidiendo a gritos, mujer tenía que serse te va a pasar el arroz..., enhorabuena.

Enhorabuena, en serio.

Eres una privilegiada, una rara avis en un mar de mierda. No sé cómo o dónde lo has conseguido pero deberías compartir con el mundo tu experiencia para replicarla hasta el infinito. Que te den el premio Nobel, el BAFTA, el Pulitzer y el Bunyol d'Or, POR FAVOR!!!

O, espera, a lo mejor es que no te has dado cuenta o no le has dado importancia a según qué cosas y resulta que sí, que lo de ser mujer sí era la razón. 

Decir que las mujeres no sufrimos el machismo, o que el machismo no existe, simplemente porque tú no sientes haberlo sufrido es de ser muy necia y muy obtusa*, así que no, no me interesa lo que opinas sobre este tema.


* Espera, necia, obtusa e imbécil.

lunes, 29 de enero de 2018

Listas de cosas

Hace unos días una de mis amigas me mandó una foto de una carta que le escribí cuando tendríamos unos 18 años o así.

Nos reímos mucho y, casi sin pensar, me puse a buscar cartas y cosas de esas de cuando era pequeña. Y encontré los diarios.

QUÉ ERROR.

Al parecer, cuando tenía unos 18 años estaba "enamorada hasta la médula" y era "absolutamente feliz" porque sabía que iba a pasar el resto de mi vida con mi novio. Según mis propias palabras, "nos queremos tanto que da hasta un poco de miedo, porque haríamos cualquier cosa el uno por el otro". Hicimos muchas cosas el uno por el otro, sí, incluidas algunas relacionadas con joder el resto de la existencia y eso.

Al parecer, también, estaba cagada de miedo porque nunca iba a aprobar selectivo: "hay gente que me dice que soy muy inteligente, y me da mucha vergüenza porque es mentira", y cuando saqué notaza era porque "era súperfacil". No sé de donde saqué lo de que era un auténtico zoquete pero lo he tenido muy arraigado hasta... hasta ahora, creo.

A los 18 años estaba segura de en qué iba a trabajar siempre, porque era mi vocación, y ni me planteaba otras opciones. Dos años. Dos años trabajé en eso que era mi vocación.

Pero lo que me pareció más triste de todo era que hacía listas de cosas que me preocupaban mucho pero no hablaba con nadie.

Eran listas muy tristes, que muestran claramente, a una joven superada por el mundo que se siente un fraude, que lo único que quiere es que nadie se dé cuenta de en qué está pensando o qué le preocupa, porque no conoce a nadie que parezca preocupado por las mismas cosas que ella.

No me acordaba de eso. 

Y, es curioso, porque así es justo cómo empezó este blog: hablando de cosas que nunca hablaba con nadie.

Hay cosas que, mira, somos como somos y es muy difícil cambiar algunas cosas, qué quieres que te diga: sigo siendo muy de listas.

Aunque ahora, si tuviera que hacer una lista de cosas que nunca hablo con nadie, creo que no tendría nada que escribir.

domingo, 31 de diciembre de 2017

Feliz Año Nuevo

Yo no soy muy de listas pero, mira, de rutinas, sí.

Hace unos días empecé a escribir una lista de cosas que había aprendido este año para este post. De diecisiete cosas, para ser exactos, porque, chica, llámame virgo, pero todo tiene su por qué.

Resulta que tengo la sensación de que el 2017 ha sido EL año, ese que ha marcado un antes y un después en mi vida, y quería recordar bien por qué, así que empecé a escribir, y va y cuando me di cuenta llevaba más de diecisiete cosas. Y, lo mejor de todo, todas esas cosas me hicieron sonreír.

Pero no puede ser. No pueden ser veintiocho ni treinta. ¿En qué año estamos? Pues eso. Diecisiete.

Mmmmm... aquí igual se me quitó un poco la sonrisa. Supongo que fruncí el ceño. Puedo imaginar mi cara de reprobación.

Pasé un ratito releyendo... y al final me di cuenta de que daba igual cuántas cosas chulas he aprendido este año, porque hay unas pocas que no se me van a olvidar nunca:

  • He descubierto que sí puedo enamorarme otra vez. Me pilló tan desprevenida que se me fue el santo al cielo y me dio exactamente igual no ser correspondida por querido escritor. Ojalá pudiera decirle alguna vez lo mucho que ha significado para mí sin haber significado nada.
  • En la vida pasan cosas chungas, muy chungas, que me tengo que comer con patatitas. Muchas son inevitables, no puedo tener el control sobre ninguna de sus variables, pero sí puedo decidir sobre cómo permito que me afecten todas esas mierdas. Y, ah, amiguis, esto esto es muy importante: cómo permito que me afecten. Y luego hay otras sobre las que sí tengo algo que decir. Pues, en esas, voy a decir lo que quiero, y a hacer lo que me haga sentir bien. Hasta ahora está funcionando y estoy tan flipada que soy de esas asquerosas que voy sonriendo por la calle.
  • Damos a los demás lo que nos dan. Y viceversa. Si damos amor y buen rollo eso es lo que nos devuelven. Si sentimos que no nos dan lo que creemos que merecemos, a lo mejor no estamos dando lo que creemos que damos. Si sentimos que no nos dan nada, a lo mejor no estamos dando nada. 
  • No hay que estirar de los hilos de las underwear.
Se acaba un año tan raro y chispeante que casi me da un poco de rabia, si no fuera porque me muero de curiosidad por saber cómo va a ser el 2018.

Os deseo lo mejor.

Feliz Año Nuevo. 

sábado, 30 de diciembre de 2017

Del lado que me hace bien

Hay dos tipos de personas: las que hacen grupos de personas y las que no.

Es inevitable: identificamos a las personas en grupos, de manera instintiva, porque nos ayuda a tomar decisiones. A veces parece una gilipollez, porque meteríamos a uno en doscientos cincuenta grupos, o porque tan pronto uno es de un grupo cuando al momento lo colocaríamos en el opuesto pero, mira, ya forma parte de otro grupo en nuestra cabecita, en el grupo de los que cambian de opinión.

O con quienes quieres estar siempre y con quienes es mejor no estar.

O en el de los que confías y en los que no.

O el de con los que te irías de fiesta y a los que no tocarías ni con un palo.

O el de los que te apetecería conocer más y los que no te habías dado cuenta de que existían hasta que se han presentado en tu puerta vestidos de Lady Gaga.

O los que presentarías a tus padres y los que abandonas en la otra acera si ves a alguien conocido.

O los que te follESOS.

Tenemos que ser conscientes de que siempre formamos parte de un grupo para los demás, y que, seguramente, eso llevará aparejadas algunas etiquetas con las que igual no nos sentimos cómodos, especialmente si no nos conocen mucho. Bah, ahí no pasa nada. ¿Qué me importa lo que piense de mí quien no me conoce? Es inevitable, y no pasa nada.

Pero claro, la cosa cambia con las personas a las que queremos. Ahí sí nos importa en qué grupo estamos. Ahí sí queremos estar en los grupos molones, cuantos más mejor.

De todos, el grupo más molón es el del grupo de personas que quieres saber que tienes cerca, que te quiere, que se preocupa por ti, que comparte cosas contigo, con el que te sientes seguro y cómodo siendo como quieres ser.

Hace unos días un amigo me dijo que estoy en ese grupo molón, que estoy del lado que le hace bien. Uno de esos amigos que igual no es consciente de lo mucho que me ha dado, porque no se lo digo de normal, y debería.

Gracias, newland23. Por todo. Por tu cariño y tu generosidad. Porque has traído a mi vida a personas maravillosas.

Tú también estás en el lado que me hace bien. 


EDITO:

Y esto es lo que pasa cuando le dices a las personas a las que quieres lo que significan para ti. Todo es bueno.

sábado, 21 de octubre de 2017

Compartiendo


Que la Internec y las redes sociales me fascinan no es un secreto.

Me pregunto constantemente por qué lo hacemos, lo de la intimidad y la extimidad, cómo hubiera sido mi vida sin estas experiencias, cómo sería yo sin estas experiencias, si las cosas serían mejor o peor, qué me aporta o me quita...

Pero supongo que eso es porque siempre me lo cuestiono todo e intento ver las cosas desde todos los ángulos que soy capaz de imaginar.

Lo único que no me cuestiono es que gracias a todo esto aprendí que no soy un bicho raro, que no he inventado nada, y que todo lo que se a puede ocurrir a mí seguro que ya se le ha ocurrido a alguien antes.

Y eso siempre ha hecho que me quede más tranquila.

Quizás por eso sigo compartiendo.

miércoles, 4 de octubre de 2017

Cosas que he aprendido

Hace justo un año estaba muy contenta porque cambiaba de trabajo, después de unos años muy difíciles.

Menos mal que estaba muy contenta. 

No ha salido bien.

Tenía un compañero-jefe (uno) y hemos sido incompatibles. Y, claro, así es difícil y ya no trabajo allí.

De esta experiencia he aprendido varias cosas que, si soy medianamente lista, recordaré en el futuro, y que comparto por si pueden servir a alguien:
  • Del amor al odio hay menos de un paso.
  • Es muy difícil pensar que no eres una mierda cuando todos los días te dicen que eres una mierda.
  • Es muy fácil dejar de pensar que eres una mierda cuando dejan de decírtelo.
  • Es normal no saber qué hacer cuando te encuentras en una situación desagradable nueva, no te machaques mientras aprendes cómo enfrentarte a ella.
  • Huir no es de cobardes, es de supervivientes.
  • Muchas veces, la primera impresión no vale para nada.
  • Nunca, nunca, NUNCA, hay que fiarse de alguien que dice a los demás que tienen que ser mejores personas.
  • Para tomar decisiones hay que estar dispuesto a cambiar, y a aceptar que lo que te espera puede que no sea perfecto.
  • Por mucha adaptación al medio de la que seas capaz, cuando eres un elemento nuevo el medio también tiene que adaptarse, aunque sea mínimamente. Si no, no hay nada que hacer.
Bonus track: Olvida rápido, que se queda la piel mucho mejor.

lunes, 25 de septiembre de 2017

Autoestima

autoestima.
De auto- y estima.

1. f. Valoración generalmente positiva de  mismo.

Hay muchas cosas que no entiendo de la autoestima.

En teoría, y según la RAE, tener autoestima es valorarse positivamente, ser consciente de que uno tiene capacidades para hacer cosas, a veces incluso muy bien.

Y aquí empiezan mis dudas.

¿Cómo sé si lo que yo creo que está bien no responde al estándar de bien socialmente aceptado? ¿Con qué estándar de bien tengo que comparar lo mío? ¿Debo no tener en cuenta cosas que hacen que mi autoestima sea regulera, y tener más en cuenta todas las demás o debo intentar cambiar esas cosas que meh? ¿Qué priorizo? ¿Debo tener la autoestima allá en lo alto no matter what o debo seguir con mis dudas? ¿Cómo sé si mi autoestima es alta o si aún puede subir más? ¿Necesito más y mejor o estoy bien así? ¿Va a adaptarse mi autoestima a mi evolución personal (que espero seguir teniendo) o voy a tener que seguir esforzándome para que todo encaje? Si tengo que seguir esforzándome, ¿significa que mi autoestima aún tiene recorrido? ¿Va a llegar un momento en el que me explote la cabeza con tó lo que me quiero? ¿Quiero eso o quiero seguir teniendo dudas? Si tengo dudas, sobre todo en la vida, ¿qué pasa con mi autoestima?

Y aquí ando.


lunes, 4 de septiembre de 2017

La mentira

A mi madre nunca le ha hecho mucha gracia que me descojone ría de cuando morí un poco. Dice que le quito importancia, que hace que tenga menos miedo y, por tanto, que sea más descuidada. Y que eso hace que tenga más posibilidades de que vuelva a morirme. Y lo dice en serio. 

Mi madre es una cachonda, sí.

Yo le pido perdón y le digo que no lo haré más. Ni lo de reírme, ni lo de palmarla. Las dos sabemos que miento.

Hoy hace nueve añazos que le cuento esta trola y le prometo que hoy no volver a morirme, que ya sería mala suerte.

Hoy es mi no-cumpleaños.


sábado, 26 de agosto de 2017

Día 35: Preguntas sin respuesta

Yo, que casi siempre tengo respuestas para casi todo, no he sabido responder a la pregunta de mi sobrino que, entre lágrimas desconsoladas, me ha preguntado por qué sus papás no se quieren lo suficiente para seguir viviendo juntos.

Cinco años después de haberse separado.

Creemos que los niños pequeños se curan rápidamente, que se adaptan a todo, que las cosas se les olvidan rápido, que sufren menos si se saben queridos y toda esa mierda.

A menudo me pregunto si lo que pasa es que no saben expresar cómo se sienten o hacer las preguntas para las que necesitan respuestas, que saben cuándo es mejor callar y que se adaptan por puro instinto de supervivencia. 

De la suya, y de la nuestra.



martes, 22 de agosto de 2017

Día 34: Servicio público

Hoy he tenido la suerte de encontrarme con una señora muy amable en un servicio público. 

Ha sido muy atenta, me ha escuchado, ha respondido a todas mis preguntas, me ha ofrecido alternativas, me ha llamado por mi nombre varias veces... Me ha dedicado el tiempo que necesitaba, que igual ha sido más del habitual, vete a saber, pero esta señora, Carmen, me ha atendido estupendamente.

En definitiva, hoy he en encontrado a una funcionaria pública eficiente que ha respondido perfectamente a lo que podría esperarse del servicio público, en el más amplio sentido de las dos palabras: servicio y público. Estaba en un puesto de información y ha hecho lo que tenía que hacer: informarme.

Antes de irme he escuchado a una familia ponerla a parir a gritos porque llevaban media hora esperando. Mientras la de seguridad les "invitaba" a tranquilizarse en la calle, en el hall resonaba la queja tu sueldo sale de mis impuestos.

Y me ha dolido.

Discuto mucho contra la gente que pone a parir el funcionariado todo el tiempo, por todo, sin filtros. La cuestión es que conozco en profundidad muchos (pero, MUCHOS) servicios de administraciones de todo pelaje y condición, y sé que hay muchas personas muy válidas que hacen muy bien su trabajo, que a menudo tienen que luchar contra los elementos, los ineptos y la burocracia.

¿Hay personas que trabajan en la función pública empalables? Sí, claro. Como en todas partes. ¿Debemos tratar a todos como si fueran el enemigo? Pues creo que no, pero lo fácil es quedarse con la respuesta de ese funcionario imbécil que responde mal o esa sucnormal que no explica bien las cosas porque ni siquiera se ha parado a entenderlas. A mí a veces me pasa.

Pero estoy convencida de que es el sistema lo que no funciona, y que seguirá sin funcionar e irá a peor hasta que alguien decida coger el toro por los cuernos. 

También estoy convencida de que yo no voy a ver esa revolución.

Y, sí, sobre todo, estoy convencida de que si seguimos tratando a los funcionarios como si fueran escoria, enemigos que deberían estar a nuestro servicio porque su sueldo sale de mis impuestos somos parte del problema.

sábado, 19 de agosto de 2017

Día 33: Incongruencias

No mezclo en la botella nueva de champú el culito de la anterior si son diferentes porque, vete a saber igual tienen dos componentes incompatibles y me explota la cabeza. Tampoco mezclo limpiadores, jabón de la ropa, aguas diferentes, lavavajillas... no mezclo nada.

Si he puesto algo del mar en un plato uso otro plato para las cosas que no son del mar y si estoy sola uso un tenedor para el tomate y otro para el otro plato. Y si me tomo una cerveza o un refresco quiero otro vaso para el agua.

Si voy a ponerme un vaso de leche y no hay bastante me tomo medio vaso de leche, o dos medios vasos de leche, no añado más si no es exactamente igual.

Sin embargo, soy capaz de comerme sin reparos una lata que caducó en febrero de 2013.

miércoles, 16 de agosto de 2017

Día 30: El ecuador, o lo que viene siendo la mitá

Querido blogs.

Estoy un poquito hasta el coño del reto de #Proyectohuevos.

Es cansao. No por escribir, qué va, escribir es un camino de rosas cuajado de amapolas de chocolate que huele a esencia de lavanda. Joder, es la obligación. Es haberme impuesto una obligación que no necesitaba.

Y es aburrido, a veces. se me había olvidado eso de tener que escribir sin tema, teniendo que escurrir el celebro para sacar un post. Menos mal que cuento con la inestimable colaboración de la #becaria MG, que si no...

Además, como decíamos ayer, está siendo muy difícil crear una rutina de la nada, sobre todo porque como no tengo otras rutinas, esto es un poco el coño de la Bernarda.

Quedan 30 post. Aunque no va a darme tiempo a ganar la apuesta por la que nació #ProyectoHuevos, voy a continuar y terminar con elegancia.

Porque de eso se trataba, de intentar que se olvidara que soy imbécil por aceptar la apuesta demostrando que puedo perder con elegancia.

De eso, o de retomar el hábito de escribir en el blog, vete a saber. 

martes, 15 de agosto de 2017

Día 29: Rutinas

Una cosa que he aprendido con esto del #proyectohuevos es que para crear un hábito necesito pegarlo a otro hábito. No sé crear uno de la nada. No sé empezar un día una cosa y hacerla todos los días porque sí, entre nada y nada, no. Tiene que estar pegado a algo.

Y las vacaciones son el peor momento para crear hábitos, amiguis, porque, por definición, no hay rutinas. Ni prisas. Al menos yo no las tengo. 

No tengo rutina de dormir, que es casi lo más importante en mi vida.

Igual me levanto a las doce porque anoche me acosté a las tantas por charlar en la terraza con los colegas que tengo que levantarme a las no sé qué porque soy tan imbécil que cogí la primera hora en el médico.

Tampoco tengo rutina para comer, que también es casi lo más importante en mi vida.

Que igual como seis veces al día porque ando por ahí celebrando cosas que se me olvida comer y merendar porque estoy en la playapiscina, que es más divertido.

Lo mejor de todo es que tengo la sensación de que mi vida rutinaria, tranquila, confortable y segura ha pasado a mejor vida, y a ver cómo me las apaño para retomar algo con criterio en septiembre.

O en enero.

jueves, 10 de agosto de 2017

Día 27: Recuerdos de verano

Leí Las aventuras de Huckelberry Finn un verano de hace unos... digamos que más de 30 años y menos de 500.

No es que tuviera muchas ganas de leerlo, pero ya había leído todo lo que me apetecía y era lo que había disponible. Y el papel que lo envolvía era bonito.

Mi tío Vicente recubría todos los libros con el papel de regalo usado y ponía el nombre y el autor cuidadosamente en el lomo. Decía que así se estropeaban menos si los dejábamos en el césped o en la playa.

Un día, a la hora de la siesta, me acerqué a la librería y elegí el papel con dibujos de nubes y hadas. Como todos los días, cogí mi cojín, una botella de agua fresca, las gafas, y me senté a leer en el balancín del jardín, bajo la sombra de la garrofera, mientras todos dormían.

Recuerdo agitar las piernas de vez en cuando porque me molestaban las moscas y las hormigas.

Recuerdo acariciar el césped con los dedos de los pies, y preguntarme cómo sería caminar descalza más allá de césped seguro y blandito.

Recuerdo el movimiento del balancín, suave y silencioso, y que me imaginaba cómo sería viajar en carreta..

Recuerdo levantar la vista de vez en cuando y mirar el agua de la piscina, esperando a que pasaran las dos horas de rigor hasta poder bañarme de nuevo, pensando en el calor que debía pasar alguien que no podía bañarse en verano.

Recuerdo seguir leyendo a la sombra de la garrofera mientras mis hermanos y primos jugaban en el agua durante toda la tarde, porque quería saber qué pasaba después.

Recuerdo a mi madre llamando a la tropa desde la terraza para merendar, y debatirme entre levantarme para la merienda o quedarme a terminar el capítulo. Y quedarme. Y hacer equilibrios para sujetar el bocata en una mano y el libro en otra.

De repente, he recordado el olor a piscina, a libro viejo, a césped y a bocata de mortadela. Ha sido pensar en Huck y... qué bonito.

Y ha sido por culpa de El niño desgraciaíto. Gracias, querido.