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martes, 24 de noviembre de 2015

Pilates, mon amour

Como ya no cuento nada aquí igual no sabéis que me estoy haciendo deportista de élite me he apuntado a Pilates.

Aunque suene muy pijo viene a ser lo de una gimnasia de mantenimiento pero todos vestidos de negro y con ropa muy apretadita, para que la profesora sepa cómo respiras. Que se conoce que esto es muy importante, lo de cómo se respira.

Lo de Pilates ha sido todo un descubrimiento que, vete a saber por qué mierdas, me he tomado como una especie de cambio radical de porque yo lo valgo, que estoy más delgada, como mejor y tengo la piel fenomenal. Y sin querer, eh. Que yo me apunté convencida de que iba a ir a dos clases y me iba a pasar el resto de mi vida lamentándome porque había fracasado una vez más y ¡CHICA!, va y, contra todo pronóstico, heme aquí recuperando las clases a las que no puedo ir por cosas del trabajo.

Al principio pensaba que seguía yendo por eso, por el miedo al fracaso, o porque igual me daba vergüenza o yo que sé. Pero, tres meses después, empiezo a pensar que no, que con lo acostumbrada que estoy al miedo al fracaso y a avergonzarme de cosas ya debería haber dejado de ir y no. Sigo. 

Hace relativamente poco que me ha dado por pensar que a ver si va a ser que me gusta, que me siento bien estirándome como un minino, como si quisiera romperme y recomponerme cada rato. Y me he sorprendido mucho de mí misma. Que ya es, a esta edad.

Estaba convencida de que la mierda esa de que uno se siente bien después de ejercitar el cuerpo no estaba hecha para mí pero parece que es que depende de cómo se ejercite el cuerpo, shit up little parrot! Que me da igual resudar la colchoneta con señoras delgadísimas y pijísimas, me da igual no poder hacer lo que ellas hacen, porque saben más o llegan mejor a los sitios.¡Coñe, que va y me gusta la cosa! 

Es bonito aprender cosas chulas de una misma cuando ya se ha perdido la esperanza de que la chulez llegue a tu puerta.

jueves, 27 de febrero de 2014

Lo del ordenador

Igual parece una gelipollez pero una de las cosas que peor llevo de tener inquilino ocasional es lo del ordenador. Sí, hombre, la mierda esta de que ahora todo esté conectado y que el navegador recuerde tus usuarios y contraseñas para facilitarte las cosas y que cuando enciendes el equipo toda tu vida, todas tus vidas, estén ahí, expuestas a la vista de todos.

Porque resulta que una enciende para poner música suavecita y, ¡hala! sale Gordi por todas partes y es más que probable que una no quiera que aparezca pero las lorzas no dejan de de sobresalir por las cosas del Google, del Youtube, del gemeil, del Tuiter y de su puta madre todo. Porque Gordi está por todas partes, la muy hijadelagranputa.

Así que, a medida que pasa el tiempo, y como una es rubia como la madre que le parió, tras algún susto gordito, una piensa "pues mira, Gordi va a usar un navegador para sus cosas, con todas sus contraseñas y eso y yo voy a usar otro para las visitas". Y ya está, todo arreglado.

Hasta que una pasa una noche con su medio churri, disfrutando de una cosas educativas y eso y se deja el ordenador ahí, en suspensión, porque tiene que dedicarse a otras cosas, y la siguiente vez que abre la tapita, sale un cuadro de diálogo:


Y al reiniciar el Firefox de los cojones se abre lo último que se ha visto en la Internet:


Que, mira, igual si había algo que las amigas no sabían de una, pues ya lo saben.


Briconsejo: no vean porno on line, que se van a quedar ciegos.