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miércoles, 22 de noviembre de 2017

Santa Catalina

Hoy he leído un post de esos de sanar el pasado y, de repente, se me ha contraído el estómago y me han flaqueado las piernas.

Me he acordado de ti y resulta que aún te echo de menos. O algo así.

Pero lo peor ha sido cuando me he dado cuenta de que estoy buscando lo que me gustaba de ti y contigo en los hombres.

Y que, por entretenida que sea la búsqueda, así nunca voy a dejar de sentirme decepcionada y frustrada.

Me he dado tanta pena, me he sentido tan miserable, tan tonta, tan pequeña, tan imbécil, tan infantil, tan vacía, tan incapaz, tan perdida, que he tenido que ir a merendar a Santa Catalina, que también lo echaba de menos.



lunes, 11 de julio de 2016

Llorando a mares

Un día ya no podía más y fui a una #lóquer.

Entré en una habitación con una mesa, dos sillas, una estantería con muchos cuadernos y un cuadro espantoso y empecé a hablar.

Hola, me llamo Gordipé y tengo nosecuantos años. Necesito que una persona desaparezca de mi vida pero se conoce que yo sola no puedo desaparecerlo y por eso necesito ayuda, o me moriré de pena.

Y le conté la historia que había vivido con Aquiles, llorando a mares. Por encima, claro, es difícil resumir resumir la vida entera de una en un rato, sobre todo cuando una no deja de llorar y de hipar y de querer morirse. Es difícil, eh.

Pero la resumí. Y ella, como buena #lóquer, fue muy comprensiva. Me dejó hablar, me preguntó lo justo y apuntó muchas palabras con una letra grande y desgarbada, ilegible al revés, en el cuaderno amarillo que iba a ser para mí. Y yo no paraba de llorar. A mares.

No recuerdo bien lo que le conté aquel día pero sí recuerdo lo triste que estaba, lo triste que estuve hasta muchos días después.

Unos pocos días después me senté con Aquiles y le expliqué que tenía que desaparecer, que teníamos que desaparecer el uno de la vida del otro porque, si no, yo me moriría de pena.

Tienes que desaparecer, no vamos a vernos más. No quiero volver a hablar contigo. No quiero volver a verte. No quiero que estés en mi vida, de ninguna manera, le dije, llorando a mares.

Y, ¿qué pasa conmigo? ¿No importa lo que yo quiera?, me dijo, enfadado porque, por primera vez, su deseo no era lo más importante entre nosotros.

No, no importa, le dije, llorando a mares pero con voz firme. A mí ya no me importa.

Pero, ¿estás diciendo que esto va a ser para siempre?, repetía, desconcertado.

Sí, va a ser para siempre, decía yo, cada vez más segura.

Se resistió. Se resistió mucho. Planteó alternativas. Enumeró todas las razones que explicaban por qué estaba equivocada. Me atacó en la línea de flotación, con cariños, abrazos, besos, con recuerdos bonitos. Yo me defendí esgrimiendo el único argumento que necesitaba: no quiero seguir contigo porque me haces muy infeliz, le dije, llorando a mares.

No quiero desaparecer de tu vida, me dijo.

No importa lo que tú quieras.

Y le dije adiós.

Han pasado casi seis meses y ya he dejado de llorar.

jueves, 3 de diciembre de 2015

El correo

Podemos decir que tengo una paciencia infinita y una resistencia al dolor extraorbital. Y que una va a aprendiendo a dar a las cosas la importancia que tienen, en función del impacto directo en la vida de una.

Y como no impacta nada, la paciencia y el dolor me han ayudado a aguantar con la duda de qué había pasado con un correo que era vital, nunca respondido. Y nunca mencionado. Nunca nada.

Un año y medio, amiguis. Un año y medio sin saber qué había pasado con aquel correo. Que hasta se me había olvidado.

Al principio tenía todo el día una cosa así, en el estómago... ni mariposas ni hostias, eran elefantes bailando sobre mi tumba.

Y luego se me fue olvidando...

Olvidando...

De vez en cuando recordaba que lo había enviado, y le observaba con atención cuando me hablaba, como si le estuviera escuchando. Pero no, ni caso, sólo intentaba leerle por dentro, intentar descubrir si estaba ignorando aquel correo, si no lo mencionaba porque quería dejarlo todo tal como está, mal, pero mejor que nada. 

Y se me iba olvidando...

Hasta que hace unos días descubrí que la razón era mucho más sencilla: no utiliza esa cuenta de correo. Hace mucho tiempo. No le interesa nada de lo que cree que contiene.

Así que he vuelto a recordar.

Y vuelvo a preguntarme qué pasará después. 

Podría preguntar, claro, pero me dan miedo todas las posibles respuestas. Y no me queda valor para afrontarlas, lo perdí todo en aquel correo.

He puesto de nuevo a cero el contador de una bomba de relojería que nunca termina de funcionar.


martes, 30 de diciembre de 2014

Quince propósitos

  1. Acabar dosmilquince con #noviodeverdad.
  2. Cumplir los plazos. Y las promesas.
  3. Desaparecer a Aquiles. Del todo.
  4. Descubrir qué quiero ser de más mayor.
  5. Conseguir entrar en el vestido de Jocomomola favorito de todos los tiempos en verano.
  6. Escribir todos los días.
  7. Escuchar más.
  8. Hablar menos.
  9. Mantener el orden en el hogar. Y en la vida.
  10. No comprar más zapatos. Ni ropa. Ni nada que no necesite de verdat.
  11. Quitarme un poco de Facebook y Tuiter.
  12. Seguir haciendo terapia.
  13. Tomar todos esos cafés y cervezas que se prometen y siempre se aplazan..
  14. Viajar sola.
  15. Volver a cantar.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Atrapados

Soy tu refugio.

El cabo que agarras al vuelo cuando notas que estás a punto de caer.

Soy el único lugar del mundo en el que te sientes seguro.

Soy libertad.

Soy tu libertad, dices.

Y no te das cuenta de que estamos los dos presos entre mis piernas y no sabemos cómo salir.

No te das cuenta de nada.

martes, 26 de agosto de 2014

Difícil

No es la primera vez que lo escucho, y quizás por eso me perturba mucho más: "eres una mujer muy difícil".

Que yo me encojo de hombros, frunzo el ceño y luego, en la oscuridad de mi habitación, me pregunto, ¿qué coño significa ser muy difícil?

Que no, que no lo soy. Que soy una mujer soltera de mediana edad normal, quiero cosas consideradas normales, me gustan las cosas normales, me comporto de manera razonable y socialmente aceptada. Llevo una vida normal y rutinaria, en el sentido más maravilloso de la palabra: me levanto, voy a trabajar, estoy todo el tiempo libre que puedo con mi familia y mis amigos, tengo algunas inquietudes cultural-intelectualoides que intento satisfacer, me gusta estar conmigo... Nunca, nunca, me aburro en solitario y tengo la intensa y agradable sensación de que los demás no se aburren conmigo. Casi nunca.

Vale, soy muy maniática, quizás demasiado vehemente, a veces algo excéntrica y puede, sólo puede, que me esté agüelando un poco pero, sinceramente, no creo ser tan difícil.

No creo, no. No lo soy. No más que el resto de las personas.

Así que me ha dado por pensar que no es que yo sea especialmente difícil sino que hay, simplemente, un problema de comunicación: no me explico bien, o no me explico, o no compartimos ya el contexto, o la otra parte no tiene intención por comprender, o lo que sea.

Qué paradoja... 

Eso o, MECAGONLAPUTADEOROS, qué jodidamente rara es el resto de la gente.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Amante



No te muevas. 

Déjame que te mire, así, como estás, con la sábana arrugada sobre tu espalda, el pelo revuelto y los ojos aún cerrados, intentado esquivar la luz que entra por la ventana.

Deja que acaricie tus piernas por debajo de la sábana y note cómo se te eriza el vello. Y los pezones...

Deja que note cómo se endurecen tus pezones, que se han despertado casi antes que tú. Nunca sé si tengo las manos demasiado frías o es que tu piel se alegra de verme. 

Ven. Acércate. Pégate a mí, como si tuvieras frío y necesitaras entrar en calor. Deja que piense que me buscas incluso dormida. Deja que piense que siempre vas a encontrarme.


jueves, 10 de abril de 2014

¿Qué necesitas?

Hola.

Llevo un rato escribiendo un correo. Un buen rato. 

Cuando he terminado lo he releído. Varias veces. Y me he dado cuenta de que en realidad no era un correo, era un post. Y tú no necesitas un post. No sé lo que necesitas, pero un post, seguro que no. 

A veces parece que necesitas una madre, una mujer que, además de mimarte, de cuidarte cuando estás malito, de alimentarte y acariciarte las heridas, te riña y te enseñe cosas de la vida que parece que has olvidado. Yo no quiero ser tu madre.

Otras veces parece que necesitas una esposa, alguien que creas que tiene que depender de ti, por quien tienes que tomar decisiones, alguien que te diga que eres importante y especial, que te exija y te dé. Yo no puedo ser una esposa.

Otras veces parece que necesitas una terapeuta, que te escuche sin importar qué vas a decir, con quien desahogarte, soltar toda la mierda que llevas dentro sin consecuencias, que te guíe y te ilumine por las noches. Yo no sé ser esa terapeuta.

Otras veces parece que necesitas un confesor que escuche tus pecados y te perdone, que te diga que todo va a salir bien porque así tiene que ser y porque te lo mereces, que ya has penado bastante y tus pecados no son tan gordos, que no puedes llevar sobre tus hombros el peso del mundo porque antes o después te aplastarán. Yo no tengo la cofia de confesor.

Yo sólo puedo decirte que te quiero y que seré tu amiga.


viernes, 28 de marzo de 2014

Empatía

Una vez estuve malita una temporada y era difícil moverme por los sitios. En realidad no recuerdo cómo era estar impedida físicamente, tengo aquellos meses como borrosos, pero sí recuerdo la sensación de impotencia general cuando quieres hacer algo que parece fácil y no puedes por el dolor o porque el cuerpo no te responde.

Supongo que por eso, porque conozco la sensación, lo mal que se siente uno, puedo ponerme en el lugar de otro cuando está impedido. Que eso no quiere decir que no le encuentre la gracia en según qué casos, oiga, pero me pongo en su lugar. Me descojono, pero en su lugar.

Le doblo la ropa, le traigo agua, le acerco los pañuelos, le arropo, le doy besitos en la frente, le pido perdón cuando me tropiezo con la escayola sin querer, le doy mimitos, le hago rabiar enseñándole cosas desde la puerta pero, oiga, todo poniéndome en su lugar. Todo el rato. 
 
Que igual se me escapa un jijijiji de vez en cuando cuando le veo forcejear con las muletas para intentar ponerse de pie. O tengo que morder almohada para que no oiga las risas al ir a la pata coja a hacer pipi, pero con mucha empatía. Empatía, siempre.
 
Hasta que he visto la bota de mi tullidito ahí, solitaria, acusadora, diciéndome "tullidito", MIS COJONES TREINTA Y TRES. O igual no ha sido la bota, y era él, pidiendo amorosamente que le acercara las muletas. 


viernes, 28 de febrero de 2014

Versiones

V1 Voy a dedicarte el tiempo que te haga falta, me mata verte así. Es egoísta, lo sé, pero te quiero y no puedo ser feliz si tú estás derrotado.

V2 Iba a escribirte un mensaje para decirte que voy a olvidarme de los demás y a dedicarte todo el tiempo que te haga falta, porque te quiero y me mata verte así, pero me ha parecido demasiado intenso.

V3 Sabes que te quiero y te aprovechas de que no pueda verte así. Te dedicaré el tiempo que te haga falta.

V4 No quería ponerme intensa ni decirte que te quiero porque ya lo sabes, te dedicaré el tiempo que te haga falta.

V5 Que ya sabes que te quiero y que sí, te dedicaré todo el tiempo que te haga falta.

V6 Oye, que sí, que nos vemos mañana. Love u.







Joder, qué manera más tonta de complicar las cosas.

lunes, 20 de enero de 2014

JUMANJI

Cuando me desperté ayer por la mañana había un señor en mi cama y una boa constríctor atascada en el váter. Tenía claro cómo había llegado el señor a mi cama pero lo de la boa... eso me costó un poco más entenderlo.

El caso es que me di cuenta de lo de la boa después de hacer pis, un microsegundo antes de lo del agua purificadora. Bueno, no, miento. Me di cuenta de que había algo negro en el fondo de la taza del váter un microsegundo antes de lo del agua purificadora.

Un susto del cáguense en dos tiempos.

ALGO NEGRO.

JUMANJI.

El caso es que las tres neuronas que tenía vivas después de los quince litros de gintónic de la noche anterior concluyeron que el algo negro que veía en el fondo del váter era una boa constrictor. También concluyeron que nunca podría volver a mear sentada. Por si acaso. 

No se me ocurrió lo de tirar agua porque, como todo el mundo quizás no sepa pero es la mejor opción que hay cuando aún estás borracha, cuando una boa constrictor se queda atascada en un váter ya está bastante jodida y agresiva. Si, encima, le atacas con agua verde por la cosa esa de la higiene nuclear que se pone en la cisterna, su reacción animal asesina le lleva a reventar la tapa del váter y deglutirte mientras te retuerces entre fuertes dolores en el suelo del váter. O algo.

Al parecer, a mis tres neuronas les dio tiempo de concluir todo esto en los cinco segundos que tardé en bajar la tapa del váter, llegar a la cama, esconderme bajo el adredón, temblar mucho y decir "Hay una boa constrictor en el váter".

Mi susto fue gordo PERO.

Estoy segura de que, a partir de ahora, alguien va a tener dos nuevas obsesiones: cerrar la tapa del váter y no quitarse los calcetines como si estuviera en Nueve semanas y media.

LOGRO DESBLOQUEADO.

viernes, 4 de octubre de 2013

Intimidad total

Hasta hace relativamente poco tiempo tenía bastante claro las cosas que no se hacen  delante de la persona con la que se comparte cama y las que sí. Por resumir, las cosas que se hacen en el váter se hacen con la puerta cerrada cuando hay otra persona y las que se hacen fuera del váter son indisolubles. Y así era feliz y me sentía segura. 

Los procesos depilatorios, evacuantes, higiénicos, de chapa y pintura y esas cosas se hacen en el baño, ¿no? Pues si hay otra persona se cierra la puerta y se queda uno con su mismidad. Y aquí paz y después gloria. Y Ambipur.

Pues parece que no. Y desde hace un tiempito, que convivo algo más con otra persona sufro una... digamos... circunstancia... una cosa..., sí, una cosa, que me perturba.

Porque el problema surge cuando sólo hay un baño en la casa y la otra persona tiene muy interiorizado el concepto de intimidad total que consiste, básicamente, en que compartir los procesos es otra muestra más de amor y complicidad y no pasa nada.

El concepto de intimidad total se fundamenta sobre una base filosóficoantropológica difícil de rebatir con una respuesta lógica y razonada, por lo simplista del planteamiento:

  • Tras el grito de horror al abrirse la puerta del baño de golpe, desnuda y en pleno proceso depilatorio: Si ya te he visto de todas las maneras ¿qué más te da que te vea así? No voy a ver nada nuevo.
  • Tras el grito de horror al abrirse la puerta del baño de golpe, en pleno proceso de cosas: Que ya sabía que tú también haces caca, tonta.
  • Tras el grito de horror al abrirse la puerta del baño de golpe, mascarilla verde mode on: Si ya te he visto haciendo cosas peores y más fea.

Todo fatal. No me salía una respuesta coherente para esto, sólo airados ¡porque no y punto!

Y la sutil indirecta de cerrar la puerta ostentosamente y decir "no entres, que tengo cosas que hacer" no surtía el efecto esperado. Ya empezaba a sopesar las consecuencias de poner un pestillo y plantearme dejar de pasar fines de semana juntos, porque no me molaba nada tener microinfartitos cada vez que tenía que hacer algo en el váter cuando descubrí (really true story) que el pomo de la puerta del baño ¡TENÍA PESTILLO! Nunca había sentido la necesidad de cerrar la puerta así que ni me había fijado. ¡UN PESTILLO! ¿Cómo no lo había visto antes?

ERA PERFECTO.

Se borraron de un plumazo todos los problemas. PODÍA CERRAR LA PUERTA Y HACER MIS COSAS EN MI INTIMIDAD. Podía evitar discusiones inútiles. Nunca más tendría que preocuparme por la intimidad total. Podía compartir sólo lo que quisiera, seguir siendo una diosa, mantener la magia. Y volví a ser feliz y sentirme segura.

Hasta que una noche me despertó un pedo que no era mío.

martes, 11 de junio de 2013

Fetichismo

De alguna manera, más o menos retorcida, más o menos evidente, más o menos llamativa, más o menos frívola o intrascendente, creo que todos somos fetichistas.

Y es que a todos nos atraen determinados objetos especialmente, hasta el punto que consiguen que amemos el todo por la parte: desde el me gustan los chicos con barba de tres días o me ponen las mujeres con gafas hasta el yo, si no se me acerca con una chapa de Los Doors y unos pantalones de pana es que ni le dirijo la palabra.

No me refiero sólo a los disfraces de enfermera o al sobeteado bombero onfaya, qué va, me refiero a cosas más sutiles, más cotidianas. ¿No?

Venga, va, no se me esfuercen ahora en demostrarse a sí mismos que no es cierto, que ustedes no son fetichistas, porque no me lo creo. ¿Ese tironcillo en la ingle cuando ven la gota de sudor resbalando por la espalda de su señora, rondando descalza por casa en verano, con esos pantaloncitos cortos que le aprietan un poco, y la camiseta de tirantes sin sujetador? ¿Ese? Fetichismo. Ese aire juvenil y descarado, los pies desnudos, el ruido sordo que hacen al andar... 

O, señoras, ¿se han dado cuenta de que se les acumula especialmente el deseo cuando ven a su chico con la toalla enrollada mientras se afeita? Fetichismo. Sí, también. Las toallas enrolladas son muy sexis.

¿No le han pedido nunca a nadie que se recoja el pelo, o que no se lo recoja, que se deje las gafas, o la camisa, que se ponga un delantal o se lo quite, que...? ¿No han fantaseado nunca con esos pantalones, o esa ropa interior, esos tacones, esas medias, esa barba de varios días, ese...? ¿No? ¿En serio?

A ver si el fetichismo va a ser sólo cosa de rubias...

miércoles, 10 de abril de 2013

El rosa es un color

El rosa es un color fácil, tranquilo, que se acerca despacito, te acaricia la espalda y sopla el chocolate cuando está demasiado caliente.

El rosa es un color dócil, sumiso, discreto, silencioso casi siempre, aunque por dentro tiene un volcán siempre a punto de estallar.

El rosa es un color frágil, que se rompe con el uso. 



miércoles, 20 de marzo de 2013

Tu piel me hace llorar

Por las noches, cuando estás dormido, dibujo caracolas de mar sobre tu espalda con la luz que entra por la ventana. Sigo cuidadosamente los caminos de tu piel, los pliegues, las cicatrices... No me dejo ninguna, ni siquiera esa pequeñita que tienes casi en la nuca.

Voy despacito, para no salirme. Porque tú no lo sabes pero son caracolas mágicas que guardan conjuros protectores y deben ser perfectas. 

Y lo son. Son tan perfectas que si me acerco mucho se me olvida tu respiración acompasada y puedo escuchar el mar. Y suena tan vívido, tan real, que cojo aire e inspiro intensamente, muy intensamente, para sumergirme bajo las sábanas y nadar entre tus piernas.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Crisisdequetecagas

Cuando una vive sola su casa es su castillo. En mi caso, tengo un control absoluto sobre suministros y consumibles. De manera natural. Teniendo en cuenta todas las variables, sé exactamente para cuántos días me queda champú, pasta de dientes, cerveza, leche o Colacao. Otra cosa es que me acuerde de comprar y tenga que robarlo del trabajo o de casa de mis padres pero, eh, sé cuándo va a acabarse. Control absoluto. 

Yo vivo estructuralmente sola y estoy coyunturalmente acompañada durante la semana. Tiene ventajas, claro: no hay discusiones tontas, no hay enfados por las pequeñas cosas diarias, no hay malos rollos, hay mucho sexo y muy bueno... Es perfecto. Bueno, no, es una mierda pero tiene cosas buenas. Y debería ser perfecto, pero no lo es porque dejo de tener control absoluto. Y esto provoca crisis. Grandes crisis. CRISIS DEQUETECAGAS.

Y la culpa la tienen los rollos de papel higiénico de Scottex.

Podríamos decir que los rollos de papel higiénico de Scottex son mi némesis, mi archienemigo mortal.

Duran menos. En serio, es un hecho: duran menos que los del mercaseñora. Y eso es un problema porque una piensa que tiene suficiente para llegar al día siguiente con dignidad. Justito pero con dignidad. Mira el rollo de papel higiénico recelosa, se debate entre hacer una visita de urgencia al badulaque, por si acaso,. Una remira el rollo de papel higiénico y lo ve lozano, mullidito, prometedor... una no recuerda que es un rollo de Scottex* porque no lo pone en ningún jodido sitio en granded y con colores y decide que tiene suficiente hasta el día siguiente. Es más: hay para dos días, qué coño.

Y no. Porque es un rollo de papel higiénico de Scottex, su némesis, su archienemigo mortal.

Con este recuerdo aparentemente banal en lo más recóndito de su celebro, una va haciendo cosas mientras mira la vida pasar.

Y entonce aparece la compañía coyuntural y lo primero que hace es ir al váter.

Y luego se suena los mocos.

Y luego vuelve a ir al váter. Que una piensa, ya medio constreñida "no sabia yo que este chiquito tenía el tránsito intestinal tan suelto, pobre".

Y, de vez en cuando, una mira el rollo de papel higiénico y así, como quien no quiere la cosa, saca un paquete de pañuelos, lo deja sutilmente encima de la mesa y dice "aquí tienes pañuelos de papel, cari, no hace falta** que uses papel del váter".

Y él vuelve a sonarse los mocos con papel del váter.

Y así hasta el momento de terror que tanto temíamos, amigos:

Nena, se ha acabado el papel. ¿Dónde lo guardas?

Crisis.

- Pues no hay, fíjate. Quedaba poco y te lo has sonado todo, joder, que hace una hora que te he dejado un paquete de pañuelos de papel encima de la mesa y no has dejado de hacer viajes al váter, coño, qué manera de cagar y de tener mocos...

- Eh, no te pongas así, que no pasa nada, usamos servilletas de papel.

- Pues ya me contarás qué gracia.

- Si quedaba poco, ¿cómo es que no has comprado más?

- Porque no tenía ganas de volver a vestirme porque hace frío, no te esperaba y, la verdad, pensaba que tenía suficiente. Estaba gordito hasta que has llegado. ¡GORDITO!

- Ah, que es Scottex.

Bien. Igual hemos exagerado. Tampoco fue una crisis tan grande.


* Hola, señor Scottex.
**  No hace falta. ¡NO HACE FALTA!

jueves, 14 de febrero de 2013

El amor es un verbo

En ti pienso, mi bien, cuando los rayos 
del sol quiebran la mar;
y en ti cuando el reflejo de la luna 
repite el manantial.
Proximidad del amado, Johann Wolfgang von Goethe

El amor es fácil.

El amor es querer estar con la persona a la que amas cuando estás con ella y saber disfrutar del tiempo que no compartes. Es desear cuando no se tiene, disfrutar cuando se tiene, pedir cuando se quiere, dar cuando se requiere, esperar cuando no hay tiempo, coger cuando no se alcanza.

El amor es recordar el olor de la otra piel en la playa, escuchar el sonido de la voz cuando hay silencio, reconocer las cicatrices en la oscuridad, distinguir el movimiento del otro cuerpo en la distancia, apreciar el sabor que no nos gusta, pensar en ayer, hoy y mañana.

El amor es aprender de los errores del otro para perdonarnos cuando son propios.

El amor es estirar los dedos y sentirse casi seguro al notar el vacío. 

El amor es desamor. 

El amor es fácil.

Lo que es difícil es la vida. Y lo demás son tonterías.

martes, 12 de febrero de 2013

¡Tu pelo!

Aquiles siempre ha llevado el pelo así:


Desde el principio de los tiempos y aún no podíamos votar ni nada.

Un día me mandó un mensaje misterioso que me dio miedo:

"He hecho una cosa que no quiero contarte por aquí, pero no te asustes. Nos vemos el jueves".

Era lunes por la noche. Cuatro días. Cuatro días me tuvo el hijodelagranputa cagaíta viva. No quiso decirme nada y ya me esperaba lo peor: que había aceptado la oferta de trabajo en Brasil, que había tenido un accidente y había perdido algún miembro, que se había vuelto gáyer... Gordi, pensando lo mejor desde los años 70.

Cuando llegó a casa me dejó sin habla, porque apareció así:

- ¿¡PERO QUÉ HAS HECHO!? ¡TU MELENA!
- Estaba harto ya de llevar el pelo recogido, de mascarillas y suavizantes. Además, ya tengo una edad y...
- ¡TU MELENA!
- ... que volverá a crecer, no te preocupes, pero es que quería cambiar y...
- ¡TU MELENA!
- ¿Pero te gusta o no?
- ¡TU MELENA!

Fue una conversación muy interesante.

Más tarde, mientras le acariciaba la cabeza para que se durmiera, me di cuenta de que estaba rezongando un poco: no estaba acostumbrada a no tener todo ese pelo rizado entre los dedos. Era raro. Me costó un tiempito acostumbrarme.

Pero nada es para siempre y es mucho más fácil acostumbrarse al corte de pelo de otro que al propio. Además, empecé a ver casi en seguida las ventajas: la ducha tardaba más en embozarse, no había rizos morenos por todas partes, había menos pelos en los cepillos, el acondicionador me duraba mucho más... Oye, que sí, que todo eran ventajas.

Estaba yo tan contenta con la nueva situación cuando, hace unos días, me llega un nuevo mensaje misterioso:

"Tengo una sorpresa para ti".

OMG! ¡UNA SORPRESA! Y me puse más contenta que Marco. 

Un regalo. Seguro que es un regalo. Y debe ser chulo, si me prepara y todo. Qué bien. ¡UN REGALO!  Ay, ¿qué será? ¿Qué le he dicho que me apetecía? Ay, ¡qué nerviosa estoy! Gordi, ultrafantaseando desde los años 70.

Y apareció sin regalo y con el pelo así:


- ¿¡ PERO QUÉ HAS HECHO!? ¡TU PELO!
- Ya hemos pasado por esto. Verás, que tengo una edad, y no quiero parecer un...
- ¡TU PELO!
- Sí, está más corto pero es más cómodo y...
- ¡TU PELO!
- ¿Pero te gusta?
- ¡TU PELO!

Soy una compañía entrañable.

Esa noche, con su cabeza en mi regazo, mis dedos buscaban en la oscuridad, torpemente, los rizos perdidos. Suspiré. Suspiré un poco más fuerte. 

No coló. Nada.

Mientras alargaba su mano hacia mi pelo, susurró "sé que estás sonriendo, rubia, que nos conocemos. Estás encantada porque, por fin, llevas el pelo más largo que yo. Y sabes que es para siempre". Me besó y se quedó dormido.




NOTA 1: ningún Christianbale ha sido herido en la elaboración de este post.
NOTA 2: cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia y ya me gustaría, ya.
NOTA 3: y así es como se ponen tres fotos de Christianbale en un post que no habla de Christianbale, amigas.
NOTA 4: Sí, estaba sonriendo. 

viernes, 4 de enero de 2013

Me gustas

Me gustas porque nombras a Gramschi, a Marx, a Habermas, a la Escuela de Frankfurt, para rebatir mis argumentos de rubia teñida. Me gustas porque te levantas de la cama de repente para recolocar el edredón exactamente como me gusta. Me gustas porque me traes la cerveza al sofá antes de que yo misma sepa que me apetece. Me gustas porque me acaricias la espalda cuando remoloneo por las mañanas, para animarme a salir al mundo. Me gustas cuando te quejas del frío que hace pero dejas la ventana abierta porque sabes que lo necesito. Me gustas cuando te pegas a mi cuerpo para que entre en calor. Me gustas cuando sonríes y te acaricias la barba mientras me ves luchar contra el abrefácil. Me gustas cuando me pides permiso para usar mi portátil. Me gustas cuando te quitas las botas. Me gustas cuando me mandas un mensaje para comentar lo que escribo. Me gustas cuando te ríes de mis manías pero las respetas todas. Me gustas cuando me dices que de tonta no tengo un pelo. Me gustas cuando paras la botella de agua a mitad de camino y coges un vaso. Me gustas cuando intentas rebajar la tensión con un beso y un cachete en el culo. Me gustas todas las veces que estiras la toalla cuando yo la dejo hecha un guiñapo. Me gustas cuando me ayudas a buscar las gafas. Me gustas cuando te levantas a comprobar que la puerta está bien cerrada. Me gustas cuando apareces con la cerveza que me gusta. Me gustas porque quitas tu móvil y pones a cargar el mío antes de dormir. Me gustas porque no me dices lo que debería leer. Me gustas porque sabes qué es el hipotálamo. Me gustas cada vez que me dices lo sexy que estoy. Me gustas porque dices que me conoces y es cierto. Me gustas cuando me ayudas a quitar los adornos de Navidad aunque te rías de mis niñerías. Me gustas cuando apagas la velas junto a la ventana para que no huela a quemado. Me gustas porque tu piel es suave.

Por el amor de dios, pedazo de animal ¡no riegues las plantas con el culo de la cerveza!

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Caminar

Despierta. ¡Despierta! 

Mierda, llegas tarde otra vez. 

Dúchate. El agua un poco más fría, venga, necesitas despejarte. Oh, señor, la ducha matutina es una de las pocas cosas que podría, podría, convertirme a la verdadera fe. Corre. Sécate un poco más el pelo, que así estás siempre de mocosa. Llegas tarde. Otra vez. ¿Qué me pongo? Espero no tener que ir hoy a ningún sitio porque estos vaqueros no me dejan muy de seria pero no tengo tiempo de buscar nada más. ¡JODER! ¡No puede ser esta hora! ¿Qué me falta? La medicación, las hidratantes, atarme los zapatos y ponerme perfume y los pendientes, en el bus. ¡Venga, ya estamos! ¡SALIMOS!

Oh, espera, tengo que volver a entrar, he olvidado las gafas de sol.

Oh, espera. Las llaves del despacho.

Espera. Me he dejado el peine en el otro bolso...

Yes I’m gonna walk on the milky white way
Oh Lord some of these days
I'm gonna walk that milky white way
Some of these days well well well well

Teléfono. Correos. Leer. Más teléfono. Escribir. Contraseña. Usuario. Borrar. Más correos. Bronca. Hacer pipi. Más correos. Unas risas con el Gangman Style. Leer. Capuchino. Escribir. Dibujar. Leer. Escribir. Borrar. Escribir. Borrar. Responder. Respirar. Discutir. Respirar. Agua. Más agua.

I'm gonna walk up and take my stand
Gonna join that Christian band
I'm gonna walk on that milky white way
Oh Lord, some of these days

Sufrir. Teléfono. Correos. Puerta. Reunión. Más teléfono. Sonreír. Escribir. Más correos. Bronca. Más correos. Leer. Capuchino. Escribir. Dibujar. Leer. Escribir. Borrar. Escribir. Borrar. Hacer pipi. Responder. Escribir. Correos. Error 404. Teléfono. Nanananá.

I'm gonna tell my mother howdy, howdy,
Howdy when I get home
 Yes, I’m gonna tell my mother howdy,
When I get home well well well well
I'm gonna shake my mother's hand
I will shake her hands that day
That's when we walk on the milky white way
On some of these days

Recíbeme en la puerta. Sujétame contra la pared. Bésame. Muérdeme un poco. Quítame... quita... todo, quítalo todo, quítatelo todo... No te preocupes, puedo hacerlo por el camino. No, no me importa tener que buscarla mañana en el suelo, sobre el sofá, bajo la cama, en la cocina no entiendo cómo puede haber llegado hasta alí, la verdad, no te preocupes. Ya la encontraré.

Tenía frío, estaba muy cansada, he tenido un día horrible. Hace sólo veinte minutos mi vida era un infierno y ahora te noto pegado a mi cuerpo para darme calor. Si no te conociera diría que evitas los pies pero no me importa. A mis pies tampoco. Ven. Más. Pégate más. Entra. Ven.

I'm gonna meet god the father and god the son
Yes, I’m gonna meet god the father and god the son Well well well well
I'm gonna sit down and tell Him my troubles
About the world that I just came from
That's when we walk on the milky white way
Oh Lord, on some of these days

Vas a tener que dejarme unos calcetines, no encuentro mis medias y tengo que seguir caminando.