viernes, 17 de junio de 2022

Alegrías idiotas

Hace unos meses empezó a estropearse la buenísima relación que tenía con un cliente.

Después de asi 4 años de trabajo en total sintonía, de superar el estrés de la pandemia, de incluso llorar toghether por las dificultades y problemas de los dos últimos años, al parecer le sentó mal un comentario, la situación se enredó y la relación empeoró hasta el punto que fui yo quien renunió al trabajo (que suponía un porcentaje importante de mi facturación anual) porque no quería algo así para mi vida.

Supongo que tenemos perspectivas diferentes de cómo acabó todo, la mía es que al final me mintió y fue una persona muy mezquina y cruel conmigo.

Al principio lo pasé mal, sinceramente, me sentí traicionada. Siempre habíamos hablado con total transparencia y parece que yo era la única que pensaba seguir haciéndolo. Estuve un par de meses tocada de moral: no sirvo pa esto, soy lo peor, me lo merezco... you know.

Ya han pasado cinco meses y, chica, la vida sigue y ya estoy en el punto en el que me he liberado. Lo de "estamos en contacto", por supuesto, ni de coña. Con nadie del equipo. Hemos desaparecido.

Pero hete aquí que con las cosas de los algoritmos de las redes sociales a veces veo publicaciones que le afectan. Y me he enterado que está pagando a otro proveedor el doble de lo que me pagaba a mí (que me parece fenomenal y lo disfruten con salud) y que la oposición le está dando de hostias hasta en el carnet de identidad por este tema desde que empezó. Lo están utilizando de ejemplo para sacar más mierda. Que yo sé que no es mierda y lo están tergiversando pero ¿cómo lo está viendo el pueblo? Efectivamente, como UNA, GRANDE Y LIBRE MIERDA DE DIMENSIONES BÍBLICAS.

Y tengo sentimientos encontrados porque, a pesar de que sé que es la mejor opción, desde el punto de vista de la gestión municipal, no puedo sino alegrarme MUCHO de que le esté yendo tan mal, y que la decisión que tomó conmigo tenga algo que ver. A ver si lo del karma...

Es una alegría idiota, de niñata, pero la llevo encima toda esta semana infernal y, si sigue así, aparecerá de vez en cuando, seguro, cuando vea algo publicado por ahí. Y ni siquiera me siento mal.



miércoles, 11 de mayo de 2022

Lo de ir de compras

Sólo las gordas de toda la vida somos realmente conscientes de cuánto ha cambiado lo de "ir de compras" en los ultimos 20 años.

Por resumir la experiencia, hace 20 años si llevabas más de una 44 tenías que comprar lo que te cupiera en El Corte Inglés, a precio de lágrima de unicornio recolectada un 42 de septubre. O, si tenías MUCHA suerte, conocías alguna boutique de barrio que tenía "cosas" un poco más "modernas", eso sí, a precio de pelo de cojón de unicornio tornasolado.

Desde entonces la vida y el sector de la moda han cambiado mucho o, más bien, han ido de un lao a otro, de forma casi caprichosa y, aunque hemos pasado de tener a no tener marcas de tallas grandes a precio asequible y de la modernor al alcancede la mano, ir de compras es un poco más satisfactorio para las gordas porque PODEMOS ELEGIR.

Y a mí esto me ha convertido en una exquisita quejona que viene aquí a dejar su queja de drama del primer mundo, porque poder elegir ES UNA TRAMPA MORTAL.

¿Por qué?

Pues porque ahora hay un montón de oferta pero, no nos engañemos, lo de las tallas sigue siendo un misterio insondable, y lo mismo llevo una que tres más de la misma marca. Y para acertar con una marca nueva tengo que hacer tres o cuatro pedidos, y ni así.

Porque este es otro tema: que tengamos tallas de gorda no quiere decir que podamos ir a comprar ropas de gorda a una tienda, tenemos que pedirla on line, no vaya a ser que se nos vea pasear por una tienda que no es para gordas.

Y, a ver, ahora hay un montón de tiendas con sección de tallas grandes, que a lo mejor no debería quejarme porque, oyes, PUEDO ELEGIR.

O no.

Resulta que ahora mismo tengo en mi hogar 12 vestidos de varias marcas y varias tallas, 700 euros menos en mi cuenta y CERO atuendos disponibles para una movida a la que me gustaría ir guapa como la madre que me parió y a lo mejor no va a ser posible porque, OJOCUIDAO, tengo que devolver todos los vestidos porque me vienen grandes.

En la primera tanda pedí la que pensaba que era mi talla porque es la que más llevo.

En la segunda tanda miré las tablas de tallas y pedí la que pensaba que era mi talla según las tablas.

En la tercera tanda pedí un poco a boleo y he recibido tallas diferentes a las que pedí. Ni así he acertao.

¿Qué he aprendido de esta experiencia?

ASOS, PUEDES COMERME EL COÑO EN TRES TIEMPOS, QUE TE COMPRE OTRA.


lunes, 21 de marzo de 2022

Esa cosa con plumas (reloaded)

La Petul me ha recordado hoy una cosa:


Me ha recordado que la esperanza es esa cosa con plumas con mil caras que no muere nunca.

A veces se mezcla con el pelo cuando hay viento y te va dando golpecitos suaves en la cara, con la insistencia justa para que no la olvides, pero tampoco te asuste. Porque recibir un golpe fuerte más que esperanzador, no nos engañemos, asusta. Y te tiene ahí, en vilo...

Otras veces se disfraza de etiqueta de ropa nueva. La tienes tan presente durante todo el día que cuando llegas a casa te has cansado de ella y sólo quieres que desaparezca porque, ¿sabes? ni esas bragas te hacen el culo más prieto ni la esperanza es suficiente para satisfacerte.

Y otras, la mayoría de las veces, la esperanza se contonea, esponja sus plumas, alza el vuelo y te guía, como un flautista de Hamelin cualquiera, a lo que fue un lugar feliz. Y tú vas contenta, confiada, porque ya conoces el camino.

Hasta que te das cuenta de que ya no es un lugar tan feliz. O lo recordabas mal. O, simplemente, ahora querrías estar en otro sitio.

Y es entonces cuando te das cuenta de la hostia con la mano abierta y mueves fuerte la cabeza para sacudirte las plumas de la cabeza y quitarte la melodía del corazón, blasmefando por lo bajo para que la jodida cosa con plumas se vaya con la música a otra parte.