domingo, 9 de junio de 2019

La duda

Conoces a una persona.

Chateas unos días.

Hay buen rollo, os escribís poco al principio, quizás no queréis parecer ansiosos. O estáis ocupados. O no queréis molestar, vete a saber.

Un día alguien decide compartir su teléfono y pasáis al whatsapp.

Sin saber muy bien cómo, en unos días os estáis enviado tonterías que os hacen gracia, a cualquier hora.

El buen rollo sigue.

Un día alguien propone tomar una cerveza y quedáis, a ver qué pasa.

Hay MUY buen rollo.

Como habéis charlao de lo divino y lo humano al principio se crea esa atmósfera irreal en la que aprendéis a reconocer los movimientos de esa persona a la que sólo habéis leído u oído.

Es muy poco rato, pero es un rato raro, fruto de esa falsa confianza que se crea cuando charlas con alguien a quien, en realidad, no conoces.

Esa cerveza se alarga. Habláis durante horas, os emborracháis un poco, os reís mucho, cada vez os tocáis más como sin querer, como si fuerais adolescentes que no saben si darse la mano, hasta que alguien dice “¿Vamos a mi casa?”

Y vais.

Y HAY MUY BUEN ROLLO.

Si hasta desayunáis juntos.

“Quiero volver a verte”.

“Yo también”.

Charláis mientras el taxi te lleva a tu casa.

Ha sido una buena cita , piensas, y has dicho en serio que tú también quieres volver a verle.

Nunca más responde a tus mensajes.

Y dudas entre si desaparecer sin decir nada o no.