miércoles, 13 de diciembre de 2017

Derechos fundamentales

No, cari, no nos engañemos.

No existe el derecho universal a comer lo que tú quieres en cualquier restaurante. No existe el derecho universal, intransferible e inalienable, a encontrar en cualquier restaurante lo que quieres o puedes comer si eres vegano, celíaco, intolerante o alérgico.

El del restaurante, si es listo, detectará nuevos nichos de mercado, lo analizará y decidirá si ofrece menús para veganos, celíacos, intolerantes o alérgicos. ´

Lo que tú tienes es el derecho a decidir dónde vas a consumir. Lo demás, es mierda mental.

Tampoco existe el derecho universal a que el Ayuntamiento mantenga la línea de autobús que utilizas todos los días desde hace 20 años de puerta a puerta, porque, a lo mejor, el Ayuntamiento ha detectado que no es sostenible, y por eso cambia el itinerario y tienes que andar 500 metros más.

Es más, ni siquiera existe el derecho universal a que el ayuntamiento te lleve de sitio en sitio, si a eso vamos.

¿Puedes quejarte? Pues sí, pero con eso te quedas. Con eso y con no votar a ese gestor público que no te gusta pero, ¿derecho a que no cambien el itinerario de la línea de autobús que te viene bien? No, eso es mierda mental.

Y, ¡aguanta! ¿que me dices de tu derecho universal de decir lo que tú quieres, porque es tu opinión y tienes libertad de expresión? Ah, mira, ése sí existe, el de la libertad de expresión, el de decir lo que tú quieres porque es lo que opinas, no.

La libertad de expresión sí es un derecho fundamental del ser humano pero, cuidadín, porque acaba donde empiezan los derechos de los demás. Piensa lo que quieras pero si con lo que dices agredes a otra persona de las maneras tipificadas, agárrate que vienen curvas.

Y, ¿qué pasa con tu derecho universal fundamental a trabajar de lo tuyo y si no pues me enfado y no respiro? ¡¡¡Cari, que tampoco!!! Eso va con el mercado laboral, que ya discutiremos como está la cosa pero es que a lo mejor lo tuyo ya no hace falta, o hay más personas que trabajos de lo tuyo, o hay personas mejores que tú en lo tuyo.

Llámame loca, pero igual tienes que empezar a cambiar el chip y dejar de hablar de tu derecho a lo tuyo. Porque el derecho a lo mío de cada uno tiende a otras cosas.

Ah, oye, ya que estamos, olvídate del derecho universal a que alguien te quiera. ¡¡¡Sorpresa!!! No existe. No tienes derecho  a que te quieran. Indígnate todo lo que quieras. Enfádate con el mundo, con todo el mundo, pero ahí te quedas.

Que te quieran no es un derecho, es un regalo, un premio, una consideración.

Tienes derecho a otras cosas, que tienes que defender con uñas de dientes, para ti y para todos pero, cari, a que todos tus deseos sean satisfechos, pues, mira, no, no tienes derecho.