martes, 29 de septiembre de 2015

10 cosas que he aprendido en Meetic

  1. Creo que nos avergüenza reconocer que tenemos que recurrir a la Red para conocer gente. Es como si nos viéramos a nosotros mismos con alguna tara para encontrar a nuestra media naranja de manera "normal". No es una reflexión sólo mía, algunos chicos lo han verbalizado en este tiempo.
  2. El machismo. O machipirulismo. O cómo queramos llamarlo. Muchos hombres de la treintena p'arriba siguen anclados en los 50 y ni siquiera lo saben. No necesito que me invites a la cerveza para convencerme de que me tratarás bien. No necesito que me convenzas de que eres sensible, o lo que tú consideras poco frívolo. No necesito que seas machote. No necesito que me digas que vas a tratarme como a una princesa. Soy republicana.
  3. Es aburrido, muy aburrido, el rollo este de hola, qué tal, a qué te dedicas, qué buscas,pues yo también... Suele ser frío, como postizo, o a mí me lo parece y lo llevo fatal y acabo siendo un orco.
  4. Hay muchas personas solas mayores de treinta.
  5. Hay muchas personas solas mayores de treinta que no encuentran (encontramos) espacios para conocer a otras personas y están (estamos) perdidos.  
  6. Hay muchas personas solas mayores de treinta que sólo quieren hablar, comunicarse con alguien al final del día. Aquí no me incluyo porque yo no quiero hablar sólo, esto ha sido bastante decepcionante.
  7. Lo de follar. A mí me parece muy bien follar. Estoy muy a favor de follar. Con quién te apetezca y cómo sea. Que sí, hombre, que sí, que no tienes que convencerme de que eres un buen chico porque no vas a lo que todos. Pero si me preguntas qué quiero y te contesto que me gustaría conocer a alguien con quien compartir cosas, más allá de follar, y tú no quieres nada más, y lo tienes claro, pues no me vendas la moto y vete a follarte a tu puta madre. 
  8. Los casados merecen un punto aparte. Hay demasiados hombres emparejados buscando rollo y son un estorbo. Esto también ha sido bastante decepcionante. Habrá a quién no le importe,a mí no me importa si sólo quiero refocile, pero cuando dejas claro que quieres algo más, pues jode.
  9. Todo el mundo dice que lo importante está en el interior pero es mentira. Todos mentimos.
  10. Yo no valgo pa esto.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Me pregunto el por qué de todo pero no tengo paciencia para esperar a escuchar las respuestas.



Como si tuviera prisa por ir a algún sitio.



Como si tuviera miedo de que nadie fuera a responderme.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Inútil

Había escrito una entrada muy enfadada y muy larga sobre el respeto, lo de las opiniones y los culos, las personas que van a votar de nuevo al actual presidente del gobierno y cerdos muertos PERO.

martes, 22 de septiembre de 2015

Agujetas

Lo de empezar un año nuevo en diciembre está muy bien pero para mí el verdadero Año Nuevo es cuando vuelvo a la rutina miérder del trabajo. Es el único momento del año en el que soy capaz de engancharme a cosas nuevas, el único momento en el que puedo incorporar nuevas rutinas.

Una pasa de hacer lo que quiera con su tiempo a tener que hacer cosas que debe con su tiempo, a poner alarmas, avisos y recordatorios, a planificar y encajar las obligaciones con las devociones y todo eso.

No sé si tiene que ver, pero me gusta pensar que empezar el curso, aprovechar mi cumpleaños y lo de que soy Virgo es un momento estupendo para hacer cambios y tomar decisiones. A veces funciona, a veces no, nunca se sabe.

Este año he empezado con fuerza. Empujada por un dolor infinito e inmisericorde que me atacó justo cuando empecé las vacaciones, he hecho varios cambios: voy a Pilates, voy un día a la semana a nadar, y voy al fisio. Hay que joderse: que haya tenido que llegar a no poder ponerme bragas para tomar decisiones de estas es que es muy triste.

Me he sentido mal durante unos días pero ya se me ha pasado, porque el furor uterino de los cambios para sentirme mejor me ha ayudado a tomar otras decisiones, a dejar de hacer cosas que no me satisfacían nada, a quitarme obligaciones que no tenía por qué tener. Que también me sentí mal durante unos días por eso pero ya se me ha pasado.

Ahora tengo tantas agujetas que no puedo pensar en otra cosa.

Que igual es por eso por lo que a todo el mundo le gusta tanto hacer cosas corporales, porque las agujetas ayudan a que no se puede pensar en otra cosa.


miércoles, 16 de septiembre de 2015

Un nuevo año

Una de las cosas molonas (una de las pocas) de hacerse mayor es que una ha tenido más tiempo de aprender cosas.

Con el paso de los años una aprende que los amigos son algo más que esas personitas con las que salir al cine o de fiesta. Son personas que te quieren y a las que quieres, con todo lo que eso supone. También se aprende a diferenciar, a seleccionar, y a apartarse de quien no. De quien no todo, como concepto. Sin dramas, eh. Pero no.

Supongo que tiene que ver con el rollo ese de la supervivencia y el instinto: uno se aleja de lo que no le satisface, y huye de lo que le hiere. O debería huir, si no fuera gelipollas.

La cuestión es que con este aparataje del sí, el no y toda esa mierda, va y una se va quedando con las personas que hace que se sienta querida, segura, con confianza, protegida, comprendida, respetada. Pasa el tiempo, pasan los años, y una se da cuenta de que los amigos son esas personas con las comparte cosas, aunque eso no es lo más importante. 

Lo más importante es que sabe que querrá seguir compartiendo con esas personas muchas cosas más. Empezando por este nuevo año de la vida que me toca. Espero que tengamos muchos más.

Gracias. 


lunes, 14 de septiembre de 2015

Caballo de Troya

Me retiro. Se acabó. El proyecto #noviodeverdad desaparece de mi vida. No busco más. Fin. The end.

Mis amigas me preguntan a menudo por qué me he obsesionado (sí, me he obsesionado) con lo de encontrar pareja. 

Siempre respondo que porque estoy harta de estar sola, que siento la necesidad de compartir cosas, ratos, la vida, todo ese rollo, con alguien a quien querer y que me quiera. Es lo fácil. 

Lo fácil y lo rápido, porque responder la verdad en toda su crudeza es demasiado largo y doloroso. Y me avergüenza. 

Me avergüenza reconocer que no consigo desengancharme de Aquiles, que sigue demasiado presente y demasiado ausente. Curiosa combinación: hemos conseguido vernos más que nunca y saber cada vez menos el uno del otro.

Me avergüenza reconocer que me enfrento a cada muchacho que conozco como si fuera el enemigo a vencer, como si buscara todos esos defectos horribles que no tiene pero yo quiero que tenga para justificar que no vuelvo a contactar nunca más.

Me avergüenza reconocer que sé que busco en otros muchachos al que quiero y no voy a tener nunca.

Me avergüenza todo.

Y estoy cansada.

Han sido unos meses difíciles, llenos de encuentros y desencuentros, de decepciones mutuas, de desacuerdos, de llanto contenido y amargor. Amargor de ese que se te queda en la garganta cuando te despides diciendo hablamos pronto, sabiendo que ninguno de los dos tiene la menos intención de volver a contactar. 

Me he preguntado muchas veces por qué. ¿Qué ha pasado? ¿Qué tengo de malo? ¿De verdad él es tan horrible? ¿En serio no hay nadie más para mí? ¿Por qué he sido tan orco? ¿Cómo he podido ser tan orco? A veces me he respondido, para quedarme tranquila. Otras, ni siquiera eso, como si estuviera castigándome por torpedear desde dentro la operación.

Así que me retiro. Se acabó. Voy a dejar que el caballo de Troya descanse el sueño de los justos. Al parecer, ha hecho un buen trabajo y se lo merece.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

La mujer redonda

Eres perfecta. Redonda, dijo él, bajito. 

Imaginó su sombra agachándose a besar su hombro y oyó cómo se alejaba despacio, para no tropezar en la oscuridad. 

Esperó inmóvil hasta oír cerrar la puerta, consciente de que él no se había tragado del todo que estaba dormida, consciente de que él tampoco quería despedirse del todo. 

Se desperezó y miró al techo. 

Miró más. 

Buscó una cara de esas hechas de sombras y manchas. La buscó con ganas, no creas, necesitaba encontrar asustarse por fantasmas para dejar de pensar en sus cosas.

Huy, calla, estoy siendo intensa.

Y se levantó. 

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Mientras se daba una ducha pensaba en lo que había pasado hacía sólo unas horas: él reconoció que su último ligue estaba embarazada. Que estaba a punto de parir, de hecho. Que estaba muy preocupado, que su vida era aún más mierdosa que antes, que la necesitaba más que nunca.

Que no había encontrado el momento adecuado para decírselo, decía. Que no tenía que cambiar nada entre ellos, decía.

Ella no decía nada. Hacía meses que lo sabía y tampoco había dicho nada. Ya nunca decía nada.

Estuvieron mirándose con los ojos muy abiertos un rato. Durante eso que en las novelas se dice "lo que parecieron ser horas", aunque todos sabemos que no. Bebieron mucha cerveza. Boquearon un poco. A veces para coger aire. A veces porque pensaron decir algo que nunca dijeron. A veces porque sí, para hacerse los interesantes. Un silencio largo da para mucha pose. 

No recordaba muy bien cómo acabaron un poco borrachos en la cama. Como siempre. Como si nada hubiera pasado.

Y luego cayeron rendidos y acompasaron su respiración para dormir el sueño de los justos. 

El sexo, la tristeza y el alcohol dan mucho sueño.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Del egoísmo

El egoísmo está bien. Es humano, claro que sí. 

El egoísmo es instintivo, animal, sólo sobreviven los egoístas. La supervivencia es egoísta, porque siempre deja algo o a alguien por el camino. Quítate tú pa ponerme yo, que dicen. 

El egoísmo es la no excusa perfecta: uno no va diciendo “eh, esto pa mí, que soy egoísta”. Qué va. Uno coge lo que quiere y no tiene que dar explicaciones, porque ya sabemos todos que es que es un egoísta. No, en serio, es cojonudo: ¡los demás te ponen la excusa! 

Que el egoísmo está bien, ya digo, si no fuéramos egoístas andaríamos diciendo a todo que sí todo el día y fíjate qué desazón, todo el rato escuchando a Melendi porque a algún imbécil le gusta y nadie se atreve a desmebrarle.

El único problema que tiene el egoísmo es que es unipersonal, uno sólo puede ser egoísta en su mismidad, que cuando es en grupo se dice de otra manera que ahora no recuerdo. Y el caso es que somos un porrón de personas y, claro, los egoísmos, que son muy de querer estar en todas partes y de moverse mucho para que todo el mundo les vea bien, que para eso son los mejores y los más, van dándose cabezazos unos con otros porque no hay sitio pa todos. Y se quedan gelipollas.

Pues eso, que está bien, pero con mesura. Lo justito. Porque resulta que cuando uno es más egoísta de lo necesario para sobrevivir y es gelipollas, enloquece, le pasa eso del egocentrismo, que se cree que la galaxia gira alrededor de sí mismo y hasta la gravedad le debe cosas y no sé qué rollo de Kant.

Y es difícil que alguien quiera acercarse cuando crees que eres el centro del universo, que hace mucho calor ahí. Y te quedas solo porque te lo mereces.