jueves, 8 de enero de 2015

Los límites del humor

Una panda de pirados ha matado a doce personas en Charlie Hebdo, una revista francesa satírica amenaza por integristas islámicos por haber satirizado a Mahoma.

Desolados por la masacre, un porrón de internautas se han plantado el avatar de Je suis Charlie, como muestra de solidaridad con las víctimas. Que estas personas hayan muerto por ridiculizar los símbolos de una religión es inaceptable, y quieren dejarlo bien claro. No hay que permitir que la libertad de expresión se pliegue a las exigencias de algunos. De eso, ni hablar.

Muchas de estas personas, que ahora reclaman la libertad de expresión para esta revista, sus dibujantes y guionistas, son los primeros que se echan las manos a la cabeza cuando leen tuits o bromas sobre otras tragedias. Muchas de estas personas han hecho un poquito de paripé, me temo.

¿Cómo quedamos? ¿Queremos que se pueda bromear sobre cualquier cosa porque si no no hay libertad de expresión, o no? Porque reclamar libertad de expresión para unos sí y para otros no está feo. Creo.

¿Tenemos claro ahora que lo que llamamos los límites del humor lo marca claramente si lo que se dice es un delito tipificado, o qué? 
Artículo 19
Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.
Artículo 29
2. En el ejercicio de sus derechos y en el disfrute de sus libertades, toda persona estará solamente sujeta a las limitaciones establecidas por la ley con el único fin de asegurar el reconocimiento y el respeto de los derechos y libertades de los demás, y de satisfacer las justas exigencias de la moral, del orden público y del bienestar general en una sociedad democrática.
3. Estos derechos y libertades no podrán en ningún caso ser ejercidos en oposición a los propósitos y principios de las Naciones Unidas.
Para evitar la mierda esa de la absolutización de todo, aunque pienso que hay mucho gelipollas que se suma al primer carro que ve pasar por su TL para parecer guayón, no defiendo lo contrario, ni mucho menos. Así, en frío, sin que me toque en la piel el asesinato de estas personas, porque no les conocía, lo siento mucho. Seguramente no merecían morir así, casi nadie merece morir así. Y espero que quienes les han matado, los que defienden esa mierda de causa, los que lo han jaleado y todo eso, mueran comidos por gusanos desde dentro, lentamente, con mucho dolor. 

9 comentarios:

  1. Para mí son dos cosas distintas. Puede haber unos límites objetivos pero también hay otro subjetivo.

    El límite del humor cada uno se lo pone donde quiere, yo recuerdo con horror los chistes sobre las niñas de Alcaser o sobre Bretón y es que me ponen mala. Pero ni mato ni quiero que se mate a los que hacen esos chistes. Simplemente huyo de los sitios donde puedo verlos. Es así de fácil.

    No me gusta el jueves ni mongolia, no me hacen gracia en lo poco que he visto, pero me horrorizaría que alguien entrase a pegarles tiros. No entenderé nunca al que se dedica a ver (y a buscar, que tiene más narices) cosas que no le gustan o que le ofenden. Pues no las veas, lo que no ves no te daña.

    Creo que en general pedimos mucho respeto para nuestras cosas pero damos muy poco a las cosas de los demás. Pero ese igual es otro tema.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Claro que hay un límite subjetivo. Y muy bien, pero que no vengan nadie a enseñarme nada ni a darme de hostias con su límite subjetivo. A ese le tendré el mismo respeto que él tiene al mío: ninguno.

      Porcier, tú lo has dicho todo mejor, la verdat.

      Eliminar
  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  3. Entiendo lo que dices, Gordi, aunque para mí el humor no ha de conocer límites (creo recordar que hablé de ello en mi blog). En el tema que ocupa tu post, pienso que la persona que mata a otra porque siente que esa persona ha hecho con su dios (lo que sea) algo que no se debe hacer, es un ignorante de mierda, un devoto enfermo y un hijo de puta. Si cada vez que alguien se burla de algo que nosotros creemos sagrado e inviolable, reaccionamos con el asesinato, en pocos días despoblamos el planeta. En cuanto al respeto, me basta y me sobra con tenerlo de aquellas personas a las que quiero. En fin, Bichejo dio en el clavo.

    ResponderEliminar
  4. No paro de pensar en todo lo que ocurrio. Y reflexiono de manera muy parecida a la tuya. La violencia es absolutamente condenable. Y, por eso mismo, me pregunto si el exceso de libertad de expresion tb no es una violencia para algunos... La verdad no tengo una opinion muy clara aún sobre el tema. Apenas tristeza.

    ResponderEliminar
  5. Yo no me he puesto el avatar pero sí he publicado una viñeta en mi blog. Y, francamente, si alguien se siente ofendido, el que tiene un problemón es él, no yo.

    En 2006, Charlie Hebdo republicó las caricaturas danesas (por las que mataron a un dibujante), y la comunidad musulmana los llevó a los tribunales por sentirse ofendidos. Un tribunal francés dio la razón al semanario, por entender que las caricaturas no iban contra el Islam, sino contra los fanáticos. Esto es la ley. El resto es selva.

    Los fanáticos atentaron contra el semanario en 2011. Tenían también la opción de pegarle fuego al tribunal, pero se ve que eso es demasiado fuerte para ellos. Tirando cócteles molotov a un semanario o matando al caricaturista danés callan más bocas, porque el acojone llega a muchos más.

    Charlie Hebdo se reía de todos. Partidos, religiones, todo tipo de asuntos. Si el resto de los que viven en Francia puede soportarlo, ellos también. Su piel no es mas sensible, su religión no es más sagrada ni son víctimas de nadie. Yo quiero defender el mundo en el que vivo en el que estas cuestiones se dirimen civilizadamente, con el desprecio, con la crítica, con el escándalo, con golpes de pecho o con los tribunales, pero no con pistolas.

    Ya sé que no hablabas exactamente de esto, pero no he podido evitarlo. Perdona por el rollo.

    ResponderEliminar
  6. Se me ha borrado el comentario! Decía que como dice Bichejo, son dos cosas distintas. A todos nos parece que lo que nos divierte tendría que estar permitido y lo que nos molesta o desagrada, prohibido, más o menos. ¿Cómo se traslada esa suma de gustos a nivel de la sociedad? Ni idea, supongo que eso es lo que debe estar detrás de las leyes que mencionas.

    Por otro lado está la parte de porque no me gusta, te asesino. Que es aberrante e injustificable. Como tuiter es como es, hay quien lo justifica (y no pocos). Todo esto lo decía mejor mamá en Alemania el otro día en un tuit: "Los que afirman que lo de #CharlieHebdo es culpa de Occidente sois los mismos que decís que la que lleva minifalda se lo estaba buscando,no?"

    ResponderEliminar
  7. A pesar de estar muy de acuerdo contigo, tuve una conversación parecida ayer en algún momento, y lo que defendía un poco la persona que yo entendía, era tal cual tu los describes, es que aunque él no compartía ese humor negro, o trivializar con cualquier tema, no por ello pensaba que nadie debiera morir por hacerlo. Llegamos a la conclusión de que es como follar por la oreja, nos escandaliza, pero no es ilegal, ni nadie merece morir por ello, y si mataran a una pareja que disfruta de lo lindo perforándose los oídos pues oye, nos indignaría que así fuera y los apoyaríamos, aunque su práctica no la apoyáramos...
    En mi defensa diré que el símil nació después de muchas horas sin dormir.

    ResponderEliminar