martes, 8 de julio de 2014

El pájaro

Ayer, al salir del trabajo, me encontré un pájaro atontao en medio del paso de cebra. Tenía un poco de sangre en el pico, así que pensé que había recibido un golpe y estaba aturdido.

Intenté seguir mi camino, pero no pude. No sé por qué, no me gustan nada los pájaros, pero me dio por pensar que de un momento a otro un coche podía chafarlo y me dio no sé qué. Así que esperé a que el semáforo cambiara a verde para no poner en peligro mi vida e intenté cogerlo para dejarlo junto al árbol en el que supuse que vivía. Pensé que en un jardín, lejos del tráfico, tendría una posibilidad de recuperarse y seguir con sus cosas.

No me gustan los pájaros, ya lo he dicho, y me dan un poquito de asco, así que la estampa debió ser bonita: una rubia persiguiendo con dos deditos a un pájaro saltarín por el paso de cebra para salvarle la vida.

El semáforo volvió al rojo y el pájaro y yo seguíamos jugando a pillar, cada vez más lejos del peligro.

Cuando ya estaba a punto de abandonar al puto pájaro a su suerte se acercó un chaval de unos veinte años, me acercó su mochila para que la sujetara y cogió al pájaro.

- ¿Lo quieres?
- No, sólo quería que no le atropellaran.
- ¿Qué ibas a hacer con él?
- Iba a dejarlo en el jardín.
- Tiene sangre en el pico. Le han dado un golpe, si vuelve a caer lo matarán.
- Pero yo no lo quiero...
- No te preocupes, yo me lo llevo. 

Cruzamos la avenida, yo cargada con su mochila y él con el pájaro y, como si fuéramos amigos de toda la vida, nos dirigimos a la parada del autobús.

- ¿Qué vas a hacer con él?
- No sé, lo tendré hasta que esté bien y luego lo soltaré. ¿Estás segura de que no lo quieres?
- No, ni siquiera me gustan los pájaros...
- Jajajaja... ¿y por qué intentabas salvarlo?
- No sé, creo que no quería encontrarme mañana con su cadáver.
- ¿Sabes? A mí tampoco me gustan los pájaros pero tampoco me hubiera gustado encontrarme con su cadáver.

Al llegar mi autobús le alargué su mochila, miré al pájaro y le miré a él.

- Hasta otro día.
- No te preocupes, lo soltaré en el parque junto a mi casa cuando esté bien, te lo prometo.
- Vale, ¡gracias!

Mañana no encontraré el cadáver de un pájaro atropellado en el paso de cebra y me sentiré bien, a lo Gorilas en la niebla, rollo salvadora de especies en peligro de extinción. Y, cuando llegue el momento, reclamaré lo mío y lo del chaval al karma pajaril. 

Me lo merezco. Nos lo merecemos.

10 comentarios:

  1. Claramente quería ligar contigo (el pájaro de la mochila, no el pájaro de la sangre en el pico).

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  2. Vete pensando en quién quieres que protagonice tu biopic!
    Eres mi heroína, yo hubiera sufrido mucho y me hubiera muerto de pena, pero no estoy muy segura de que hubiera superado el ascazo...

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  3. Oh, por decir que el karma es una falacia el comentario no ha salido publicado! ¡Es una falacia sólo cuando haces cosas buenas, si eres malérrimo y le insultas, sí procede! Que puto.
    En fin, que decía que el karma en sí ya ha actuado, que es el acto de hacerte sentir bien por hacer algo bueno. Y que me da bastante paz saber que la condición humana todavía prevalece en los jóvenes capaces de dejarle una mochila a una desconocida y ayudar a un pajarito en lugar de ir a su puta bola.

    Y que yo habría llevao al pájaro a un veterinario, creo.

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  4. Espero que no seas de esas que si es un pajarito te acercas y si es una persona mayor la dejas tirada jajajajaja Bueno, se de alguna persona mayor que habria que dejarla, con sangre en el pico y todo jajajaja

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  5. A un veterinario que entienda de pájaros XDD

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  6. Si es que en el fondo tienes tu corazoncito :PPPP

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  7. No hace falta que te guste especialmente un ser vivo para auxiliarlo cuando lo necesita. El karma te envió al chico que se hiciera cargo por el mero hecho de querer ayudarlo ;)

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  8. ¿Ves? Ligando sin querer.... ;)
    Si un día ves un pajarito revoloteando sobre tu cabeza....¡¡seguramente no será ese, así que aparta por lo que pueda caer !!! :P
    Besos!!

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  9. Mi madre ponía cara compungida cada vez que llevábamos un gorrión a casa. Luego lo cogía comenzaba a alimentarlo con pan y leche y lo guardaba en una caja de zapatos. Durante unas semanas el gorrión se iba cagando en cada rincón entonces mi madre nos llamaba a quien lo había traído y tenía que limpiar las cagadas del bicho. En cuanto empezaba a volar bien era el principal interesado en que el pájaro saliese de casa.

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