domingo, 14 de julio de 2013

Domingo de verano

Entra una luz naranja por la ventana que me dice que ya es mediodía. Tamizada por las cortinas, diría un cursi. Rayada por el estor, diría yo.

La cama está deshecha, muy deshecha, como si hubiera pasado un pequeño ciclón, lanzando la sábana y un par de almohadas al suelo. O como si hubiera sido un campo de batalla durante la noche, vete a saber.

Aún dormida, creo, doy media vuelta e intento dormir de nuevo pero mi cuerpo me dice que ya tiene lo que necesita de lo de dormir, que ahora necesita ir al baño. Y rapidito, que es gerundio. 

Y voy y vengo, sin saber si estoy dormida o despierta, con esa sensación extraña de hacer las cosas por inercia, como en sueños, con esa felicidad inútil que da tener todo el día por delante. Un domingo de verano para mí sola. Entero. 

Vuelvo a la cama a sabiendas de que no podré volver a dormir, que la luz es ya demasiado fuerte, que las cigarras están onfaya y hacen tanto ruido que no voy a poder concentrarme en el sueño, que mi cuerpo ya ha dormido cuanto necesitaba, que el domingo está para disfrutarlo, que faltan demasiadas cosas en la cama, que volverá a sonar el despertador, que...

5 comentarios:

  1. Son ya las 17 por si te quieres levantar, aunque hace mucho calor para estar despierto.

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  2. Me encanta el sonido de las cigarras y de los grillos, son verano puro. :) Espero que no te levantases muy temprano xD

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  3. Estoy con La Rizos, los grillos son verano ;)

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  4. ¡Gordi, pero qué dices! ¡El verano es maravilloso! ¡Jodidamente maravilloso!

    Hola, Gordi. Los domingos de verano son geniales. Sobretodo si el sábado te acostaste serena y habiendo copulado debidamente: al día siguiente te despiertas sin resaca y con una sonrisa que haría palidecer a la del gato Cheshire. Y si encima el lunes no tienes que ir a trabajar, es mayormente disfrutable.

    Vaya bien, Gordi.

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