jueves, 2 de mayo de 2013

El cambio de armario

Lo de la gordez es siempre una putada como un camión pero hay dos momentos especialmente duros: el cambio de ropa de invierno y el cambio de ropa de verano. EL HÓRROR.

Cuando abro las cajas de la temporada anterior nunca sé qué voy a encontrarme, ni cómo ni por qué. Por mucho que lo intente, por mucho que intente ser ordenada y guardar las piezas por grupos coherentes, por colores, por usos... no hay manera. Siempre hay un par de jerseys que se quedan rezagados en alguna lavadora, o algún pantalón, o alguna chaqueta de las de porsiaca, que acaba mezclada con media, pijamas o foulares. Abrir las cajas de ropa al hacer el cambio de armario es una sorpresa sin fin, nunca sé qué voy a encontrarme en cada sitio. Que igual también tiene que ver que mientras está guardada la ropa de la temporada que no es intento no pensar en ella, para que no encoja. 

Jajajaja, no. La ropa encoge de no usarla. Bueno, no sé si es de no usarla o por el paso del tiempo, el caso es que encoge. 

Misteriosamente, hay cosas que encogen más, cosas que encogen regulero y cosas que encogen de manera imperceptible y te sientan igual que el año anterior. Estas suelen coincidir con las que te gustan menos, es una cosa muy complicada de enzimas pluriproteicas neuroinsertadas que no entenderíais.

La cuestión es que el día del cambio de armario es una lotería. 

Yo me lo pruebo todo otra vez, para retirar lo que no me cabe y no tenerlo por ahí dando por culo. Y a veces es como intentar poner una funda de almohada a un edredón de plumas: igual al principio parece que cabe pero llega un momento en el que todo se alordaza y ya no entra más, mira, que no, no te esfuerces. Otras es todo más ligero y natural, que una empieza a aguantar las respiración en cuantito mete un pie en el camal y, oye, pues no hace falta, la cosa puede abrocharse tranquilamente.

En esta ocasión ha ido todo bien, por si alguien se preguntaba. No voy a suicidarme ni nada. Tampoco tengo que comprarme ropa, lo que no sé si es una buena o una mala noticia, por lo de no contribuir al consumo y eso. 

El vaquero estrechísimo del año pasado, la falda de tubo, el vestido gris al límite de lo morcillero... todo, todo queda igual. No lo entiendo muy bien, pero no me importa. Sigo teniendo pantalones de tres tallas diferentes de la misma marca, y tampoco lo entiendo, pero no me importa. He sido feliz un rato, facilona, sí, pero feliz.

Esta primavera, el día del cambio de armario me ha provocado un remolino de emociones reconcentrado en los interiores y ha hecho que llore un poco. O eso o eran unos gases, que aguantar la respiración y meter estómagos no trae nada bueno.

¿Cómo ha ido el vuestro?

19 comentarios:

  1. PUfff...yo todavia no lo he hecho. Mi cambio de ropa ya me da igual, cada vez tengo menos ropa y la de verano ya es de risa, 3 camisetas y dos faldas que probablemente este año se me caigan al suelo directamente.

    Lo que me da pereza mortal, es el cambio de ropa de las princezaz. El montón que no le vale a M pero puede valerle a C, el montón que no le vale a ninguna y que hay que dividir en ropa para dar a una niña y ropa para dar a un niño. y al guardar la de invierno pensar en cual no le valdrá a M pero le valdrá a C y cual no le valdrá a ninguna...

    ...vale, festivo en Madrid, yo currando en Mordor y este tema...lloro.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No está nada bien que digas lo de que se te van a caer, NO ESTÁ BIEN.

      Eliminar
  2. Los vaqueros estrechos son ETA (para ponérselos, aclaro. Para verlos puestos no)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Según a quien. Hazte una idea de mi persona con vaqueros estrechísimos. Bueno, no, mejor no te la hagas.

      Eliminar
    2. Ya sabes que me he hecho una idea de tu persona incluso sin ropa :D

      Eliminar
  3. Esto nos pasa por consumistas. Yo cuando era joven (quiero decir más joven) y pobre (quiero decir más pobre que ahora) tenía tan poca ropa que en el armario me cabía la de invierno, la de verano y la indeterminada. No fue hasta tiempo más tarde que descubrí el trajín de guarda-saca por temporadas. Por cierto, este año aún no la he hecho y, menos mal, porque me hubiera pelado de frío esta semana aquí en los Madriles.

    ResponderEliminar
  4. Me he sentido totalmente identificada, mi drama es el mismo. Suerte con el próximo cambio.

    ResponderEliminar
  5. No tengo ropa suficiente como para hacer cambio de temporada. Me cabe la de todo el año en el armario.

    ResponderEliminar
  6. Hubo un año que cambié el armario porque lo rompí utilizándolo para hacer el salto del tigre. Hacerlo desde la cama no tiene emoción.

    ResponderEliminar
  7. Aquí ni hablar del peluquín. Hasta junio por lo menos, nada.

    Y lo de los gases por llevar ropa apretada lo sé en mis carnes lo cierto que es. Una vez llevé unos vaqueros (carísimos) que ya no me valían y me estaban tan pero tan apretados, que no sé si me colocaron el intestino como collar. Lo que sí me produjo fue unos gases tan fatales que pensaba que me estaba muriendo de un infarto. Sin exagerar ni un ápice.

    Cosa más mala, joder.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ay, sí, muy mala. Hoy llevo tres Almax. He sido demasiado optimista :(

      Eliminar
  8. Ay, me ha encantado lo de las enzimas pluriproteicas neuroinsertadas... no creo que lo entendiera, no.
    Yo creo que me lanzaré al cambio de armario la semana que viene. Miedo me da, terror.
    Y he descubierto que lo de cambiar/no cambiar de armario no está relacionado con tener mucha o poca ropa, sino más bien con el tamaño del armario en sí...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En mi experiencia, suelen ser inversamente proporcionales.

      Eliminar
  9. Yo de momento me resisto al cambio, hasta que no vea que hace buen tiempo, pero de verdad, me niego!

    Además este año, conforme vayan pasando los meses, tendré que ir cambiando de ropa sí o sí. Lloro.

    ResponderEliminar
  10. Yo todavía no lo he hecho. Perezaca máxima.
    Hace un par de semanas hacía frío y hoy hace un calor de cohones... tanto cambio de temperatura me desconcierta, la verdad. Pero eso sí, me da un poco de tregua... porque y si vuelve el frío?
    Nah, no creo. El momento se acerca.
    El armario y la cómoda acechan.
    Es cuestión de días. Ya te contaré qué tal.

    ResponderEliminar