martes, 18 de septiembre de 2012

Un plan perfecto (I)

Hace algo más de dos años empecé a pensar en la celebración del cumplegordi 2012. Iba a ser una celebración de las que hacen historia y en mayo ya había reservado el sitio, seleccionado y ordenado la música en el disco duro, diseñado las invitaciones, decidido el tema de la fiesta... Empecé a ahorrar en Navidad y lo tenía todo pensado. Iba a ser la bomba.

Pero ya sabemos que la vida es muy puta y nos pone obstáculos para jodernos la ídem. Varias catástrofes familiares fueron minando la ilusión hasta que, a finales de junio, empecé a cuestionarme seriamente si quería montar un fiestón, porque no tenía nada de ganas. E iba a peor. Y empecé a hacerme la llonguis con los amigos, disimulando, como si no fuera conmigo. Hablé con el local que había reservado y expuse la situación. Fueron muy comprensivos: si no era para mi fiesta no iban a abrir de todas formas así que me daban unos días para cancelar, aunque perdería la pasta de la reserva si era demasiado tarde y ya habían hecho compras. Me pareció bien y fue el principio del fin.

Los dos últimos meses han sido duros, muy duros. Hace tiempo que yo sabía que no iba a querer celebrar nada: mi sobrino cumple años justo dos días antes que yo. No iba a estar. No vamos a volver a estar juntos estos días y eso me mataba. Me mata.

Seguí haciéndome la llonguis con mis amigos: no tenía ganas de estar dos meses aguantando la matraca de "venga, va, tienes que animarte". Sabía que no podía celebrar nada, me ponía a llorar por cualquier cosa y no es plan, en un cumpleaños no es plan. Así que cancelé la reserva a tiempo, devolví las compras que pude y no dije nada hasta hace una semana.

Hice bien. Las últimas semanas han sido especialmente difíciles: sólo tengo ganas de llorar y de dormir. Aún a riesgo de engancharme (una vez más) he acudido a mis amigos los hipnóticos y los somníferos para dormir cuantas más horas, mejor. Dormir está bien. Una no es consciente de que vive y no sufre.

Así que, una vez desconvocada la celebración, con un lacónico "no tengo ganas de celebrar nada y no tengo ganas de hablar de ello" que casi nadie ha entendido porque casi nadie sabe qué está pasando, tramé un plan perfecto: drogarme todo lo posible para dormir todo el fin de semana hasta el domingo a la hora de comer, cita inevitable con mi familia, porque no quiero que se preocupen más de lo que ya están.

Pero mi plan se fue al traste el sábado por la tarde, entre lágrimas e hipidos.

¿Por qué?

12 comentarios:

  1. Hay una falta gigante pero no puedo corregirla con el móvil. Lo siento mucho. No volverá a ocurrir.

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  2. La falta es lo de menos ¿porqué ? ¿porqué? ¿porqué?.

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  3. ¿Fiesta sorpresa?

    PD. Ya sé que estás triste, pero te envío un murruguño de cariño y achuchones

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    Respuestas
    1. Oh, vamos, no querrás que lo cuente antes de tiempo.

      Pa ti también.

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  4. espero que fuera un pedazo de fiestón!!
    un beso guapa

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  5. Espero que te dieran una sorpresa, porque seguro que te la mereces.
    Saludos!

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