sábado, 18 de agosto de 2012

Indolencia

Estoy sentada en una terraza, en una casa de campo, desayunando un capuchino y unas tostadas con jamón y tomate. No se oye nada. Bueno, sí. Unos ronquidos acompasados que vienen del piso de arriba, pero esos los tengo controlados. Y pajaritos. Y cigarras o algún otro bicho de esos que hacen el ruidito ese cuando frotan las patas, que me recuerda al sonido de las máquinas de coser de los comercios clandestinos chinos de confección.

Siento que debería decir que disfruto del paisaje, que qué bonitos son los árboles y todo eso pero en realidad me da igual, sólo puedo pensar en el agua de la piscina, tan azul y refrescante... 

Miro a mi alrededor y no hay nada más, sólo ese silencio potente de los lugares aislados, esa serenidad de los sitios que parecen una postal hasta que sopla un poco de viento. Y no ha soplado el viento desde que estoy aquí... Supongo que debería decir que me siento segura, tranquila, serena, relajada... es lo que toca ¿no?

Si lo pienso bien, sí, me siento así. Aquí no tengo nada que hacer, salvo tumbarme indolente al sol, dejarme querer o dormir siestecitas una y otra vez en el balancín. Sólo tengo que preocuparme de no tostarme más por un lado que por otro, beber para no deshidratarme y comer de vez en cuando, por la cosa del contacto social. Y dejarme querer.

No tengo que preocuparme por saber qué hora es. No tengo que ir a ningún sitio. No tengo que hacer nada que no me apetezca. Es una sensación extraña que no sé muy bien cómo gestionar. ¿Debería estar más activa? ¿Debería dejarme llevar por el momento y no hacer nada que no tenga ganas de hacer? Estoy un poco inquieta. No estoy acostumbrada a no tener nada que hacer.

Hay un millón de bichitos volando, hace mucho calor y las cigarras NO SE CALLAN NUNCA, pero sólo tengo que meterme en el agua para alejar todas esas cosas. 

Creo que podría acostumbrarme a esto para un par de días. O tres.

Me van a disculpar. Los ronquidos han parado y hay una cosa que sí me apetece hacer.


2 comentarios:

  1. Esa cosa siempre apetece. Haga calor, no haya nadie, y aunque no se callen las cigarras. SIEMPRE!!!

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