miércoles, 16 de mayo de 2012

Una película de miedo

Son las tres y cuarto de la mañana y mañana tengo que levantarme muy temprano y ponerme los moños para reconquistar la galaxia sin acabar demasiado perjudicada. Y estoy despierta.

Enfadada, frustrada conmigo misma por ser incapaz de conciliar el sueño, giro hacia un lado, arrastrando el edredón con fuerza. Casi he cogido la postura, lo noto, ya... venga ... no, mierda, me he vuelto a desvelar... giro de nuevo... y en ese estado de duermevela enfadado me veo a mí misma dar vueltas en la cama, como una Annie Hall cualquiera... vuelta... vuelta... ¿me he dormido ya?...

Debo haber hecho la pregunta en voz alta porque casi inmediatamente noto una mano firme en la cadera y escucho un NO. Rotundo. Eso va a ser que no me he dormido, ya verás...

Noto como el cuerpo se acerca a la mano y se pega a mí, como para impedir que me mueva. Bueno, como, no. Para impedir que siga moviéndome. Y me siento un poco Alicia, atrapada en un mundo del que no puedo salir.

Pasa un minuto.

Pasa otro minuto.

Pasa otro minuto.

El mundo que me aprisiona resopla suave y rítmicamente junto a mi oreja izquierda y, no contento con eso, mueve la mano de vez en cuando, para recordarme que sigo siendo prisionera y que no tengo escapatoria. Y empiezo a tener miedo. Miedo a quedarme ahí encerrada para siempre y despierta... tengo que escapar, como sea... Ah, Carol Anne... ve hacia la luz...

Paro el tiempo y me muevo muy despacio, a cámara lenta, matando cuantos obstáculos encuentro a mi paso y consigo escaparme... Beatrix estaría orgullosa de mí...

Pasa un minuto.

Pasa otro minuto.

Pasa otro minuto.

Por fin soy libre. Ponte recta, no bajes la cabeza, echa atrás los hombros, coge aire... Soy Scarlett vestida de gran dama con cortinas viejas. Tengo dignidad, coño. Soy Francesca haciendo la maleta para huir de una vida que no me gusta. Dignidad. ¡VENGA!

O igual soy sólo una mujer con camiseta de Supercoco vencida por el insomnio, de pie junto a la cama, a punto de romper a llorar porque no puede dormir. Pero, oye, digna, muy Amy pero sin pinza.

Enmimismada con las sombras que entran por la ventana (¿dormida ya?) se me escapa que la mano pegada al cuerpo se acerca lentamente y me captura de nuevo. Anda, ven...

No puedo. No puedo volver a la cama si no puedo dormir...Menos mal que las lágrimas de sueño no hacen ruido porque no soportaría un ¿pero qué te pasa? a estas horas...

El cuerpo pegado a la mano tira de mí. Me resisto lángidamente y, sin darme cuenta, soy prisionera de nuevo pero me importa menos que hace... ¿veintitres minutos? ¿Ya me he dormido?

La cama me espera. Me hace ojitos. Y no digamos el cuerpo pegado a la mano, que ha vuelto a dormirse. También me hace ojitos, el zalamero, ahí, tan apetitoso, tan tranquilo, invitándome a respirar a su lado...

Pasa un minuto.

Pasa otro minuto


Pasa otro minuto.

Me rindo. Vuelvo a la cama, con unas lágrimas de sueño ya sin fuerza ni nada, muerta de envidia, muerta de sueño, muerta en vida, pero despierta. Soy leyenda...

Sólo faltan tres horas para que suene el despertador y mi mundo con rizos me abraza en sueños. Y ni siquiera eso consigue que me duerma.

Y muero un poco.

1 comentario:

  1. Noches horribles donde las haya! Es odioso oír cómo el reloj va haciendo tic-tac hacia la hora de despertarse y tú por X o por Y no puedes dormir... Supongo que hay que hacer algo por salir de la atmósfera de insatisfacción para lograr volver a dormir como un bebé, sin ese sentimiento de ahogamiento, pero a veces es tan difícil dar los pasos!

    Saludos! :) Me encanta leerte (aunque lo haya hecho desde las sombras)

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