lunes, 6 de febrero de 2012

Zapatos

Hay vicios y vicios. Y todos tenemos uno. Fumar, beber, quemar contenedores, oler la comida antes de comer, ver porno hasta que se nos sequen los ojos... No me lo nieguen: todos tenemos un vicio.

Yo tengo muchos, demasiados. Pero hay uno que me quita el sueño especialmente. Bueno, no, dos, pero de tetas hablaremos en otro momento. Mi vicio son los zapatos.

Planos, de tacón imposible, sandalias, abotinados, zuecos, con cordones, mules, con hebillas, de rayas, de cuadros, de piel, de goma, de madera... zapatos, zapatos, zapatos... no tengo fin...

Me da igual que sean incómodos, tengo una capacidad de sufrimiento asombrosa cuando se trata de tolerar unos zapatos. Lo importante es que hagan que me sienta especial. 

A veces pienso que mi vicio con los zapatos es sólo una metáfora. Quizás necesito tener tantos zapatos porque sigo buscando suelo firme pero agradable al paso y aún no lo he encontrado. O porque necesito sentir un cambio radical en la forma en la que percibo el mundo cada día. O porque necesito sentir miradas de envidia o admiración, mientras las cabezas se inclinan a mi paso. O porque necesito sentirme por encima del mundo de vez en cuando, aunque sea un poquito. O porque necesito castigarme a veces por los pecados cometidos, la educación de la culpa judeocristiana es demasiado poderosa en mí.

Quizás necesito encontrar el zapato perfecto.

O es sólo que me gustan hasta el delirio...

¿Algún vicio que confesar?

(Del lat. vitĭum).


2. m. Falta de rectitud o defecto moral en las acciones.
4. m. Hábito de obrar mal.
5. m. Defecto o exceso que como propiedad o costumbre tienen algunas personas, o que es común a una colectividad.
6. m. Gusto especial o demasiado apetito de algo, que incita a usarlo frecuentemente y con exceso.

(Hay doce acepciones. Una fiesta)

8 comentarios:

  1. El chocolate. Blanco, con leche, con avellanas, con almendras, sin nada, negro con menta sólamente, en helado, de relleno en bollería, a la taza (ahora en invierno, especialmente), con virutitas de adorno, sin nada, en forma de trufas y bombones, espolvoreado sobre el tiramisú...

    El chocolate.

    PS: Me encantaba aquel post con la comparación que hacías entre zapatos y tipos de hombres ;)

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    1. Es verdad, desapareció tras la catástrofe del Octubre Amarillo Clarito. Era bueno. Volveré a colgarlo :)

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  2. Uhm, no son vicios, son cosas que me gustan y que por tanto quiero que estén presentes en mi vida todas las veces posibles.
    El subidón de adrenalina, el de endorfinas, sobre todo. Puedo vivir sin chocolate y sin regaliz rojo pero no sin tocarme o sin que me toquen, sin ese vértigo de miedo/placer que generan muchas actividades.
    Muchos de mis vicios o placeres, además, son cosas que engordan, por ejemplo la cerveza, el vino tinto y los hidratos de carbono.
    No tengo vicios tipo el tuyo, con los zapatos, pero porque no tengo un número de pie que me guste. Si tuviera un pie del 37 me tendría que haber mudado a otro piso ya hace meses.
    Tengo mucho vicio al perreo. A que me de el sol en la cara y hacer fotosíntesis. A los sábados por la mañana en la cama, sin prisas.
    Pero soy una tia aburridamente sana, no tengo vicios oscuros o secretos que incluyan drogas duras, arneses o mentiras.

    Y lo prefiero.

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  3. Dios, qué tiene el chocolate, es que hay laboratorio donde lo mezclan con todo tipo de sustancias malignas? Deberían poner fotos de dientes picados y michelines en cada tableta.

    Aunque en realidad mi vicio básico son los libros. No sólo leer, sino el objeto en concreto. Me encanta verlos, toquetearlos, olerlos. Aunque no me quepan en la casa, ni me quede tiempo de vida suficiente para leerlos.

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    1. Yo superé ese vicio. El de los libros. No sé si es bueno o malo, pero lo he superado.

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  4. Me declaro totalmente adicto al cafe. 60 onzas al día, son cerca de dos litros si no me fallan las cuentas.
    También soy un poco adicto al coqueteo inofensivo con las amigas, me apasionan los libros y disfruto mucho fumar, pero sólo de noche que es cuando despierto.

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