martes, 4 de septiembre de 2012

La locura del raro

No tenemos que ir muy atrás en el tiempo para recordar que una máquina de escribir eléctrica era el artilugio más sofisticado que teníamos para dejar nuestros pensamientos negro sobre blanco. Entonces, escribir era un ejercicio íntimo y exponer el resultado, una muestra de confianza: compartíamos nuestros pensamientos con unos pocos elegidos, esperando descubrir en sus caras el veredicto antes de que pudieran decirlo con palabras.

Las cosas han cambiado. Es fascinante. 

Ahora tenemos la oportunidad de descubrir los pensamientos más íntimos de un universo de personas que, de otra manera, nos estaría vetado. Y de mostrar los nuestros. Nos acerca a otros pensamientos que, por compartidos, hacen que nos sintamos menos solos, menos raros. Me imagino a veces a Ana Frank ahí, en su agujero, escribiendo su diario, asustada en su soledad, sin saber que, probablemente, miles de personas tenían los mismos pensamientos y sentimientos que ella. ¿Hubiera escrito las mismas cosas de saberlo? Probablemente no. A pesar del drama que vivió, quiero pensar que si hubiera podido compartir con alguien todo aquello hubiera sufrido un poquito menos sólo por saber que no estaba sola. Compartir a menudo alivia el alma y mitiga el dolor. Miren Facebook, si no, todo lleno de personas sonrientes y felices todo el rato.

Estoy convencida de que esa soledad que sentían algunas personas, a veces en situaciones vitales extremas, podía derivar, fácilmente, en dudas primero y locura después, esa locura que sale cuando piensas que eres único en el mundo, que sólo tú sientes y piensas según qué cosas, que igual no deberías sentir o pensar. La locura del raro.

Ahora esa locura no tiene sentido. Tenemos acceso a todos esos pensamientos irreverentes, obscenos, incorrectos, desviados, enfermos, groseros, soeces... exactamente como los nuestros, incluso más. No estamos solos. ¡NO ESTAMOS SOLOS! Siempre hay alguien más asqueroso capaz de hacer que nos sintamos más normales, más del montón, sólo es cuestión de curiosear en la Red.

Por eso no entiendo a los retrasados esas personas que se empeñan en describirse en sus bios y perfiles como raros, locos, raritos, desviados y esas cosas, que miran a los que somos normales por encima del hombro. No entiendo a esos que se autodenominan raros a modo de llamada de atención, como si fuera sinónimo de talento. Y no. Nada más lejos de la realidad.

Caris, haced caso de una señora de mediana edad que ya tiene cosas vividas: no sois raros. Más bien parecéis un poco gelipollas. Desde el cariño, claro.




Nota de la autora: ningún raro ha salido herido en la redacción de este post. Y, si se da el caso, ya saben.

14 comentarios:

  1. No podría estar más de acuerdo contigo, HAMOR.

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  2. Yo he pensado eso mismo muchas veces... ¿qué sentido tiene que se describan así? A veces, pienso eso, que son gelipollas.

    Saludos!
    yapagalaluz.blogspot.com

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    1. Es una ignominia para las pobres personas que de verdad tienen problemas mentales. Ascazo dan.

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  3. Con el uso del adjetivo "gelipollas" te ganas mi asentimiento, apoyo y confianza. Totalmente XD Nah, esto de "desnatar" las palabras y quitarles el significado para utilizarlas de medalla no mola nada.

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  4. Amén. ¿Quién decide lo que es normal o no?
    Tengo mucho sentido del humor, pero últimamente en twitter, creo que algunos confunden “rarezas“ o frikismos, con la crueldad más absoluta, y el desprecio al sufrimiento ajeno.
    No son raros, son gilipollas, sí señora.

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    1. Cada uno tiene un límite en el sentido del humor, no me refería a los crueles, me refería a quienes se autodenominan como "locos" y esas cosas. Curiosamente, no suelen coincidir.

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  5. Estoy de acuerdo, pero lo hago extensivo a los que se autodenominan ácidos, sarcásticos o irónicos. Bueno, eso es mucho peor todavía.

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    1. Oh, sí, pero estos van a otro post, no se lo pierdan XD

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  6. Con este post te has consagrado, nena. Amén.
    Todos somo raros, todos tenemos nuestro punto de locura. Que no se crean que son especiales y chupiguays por eso...
    Besos!

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    1. Gracias, Gata.

      Pensaba que igual me sacaban a gorrazos pero se conoce que ningún raro lo ha leído. O no se ha dado por aludido. O no ha querido comentar. O todas las anteriores. Una lástima.

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  7. Yo soy un tipo de lo más normal. Vamos, tardo una media de 45 segundos (cigarrito ya incluido) en alcanzar el orgasmo con el coito, así que digo yo que más normal no se puede ser.

    ¿O no hablamos de follar?

    Mus

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  8. Me gustaría poder explicar por qué estoy tan de acuerdo contigo que no es posible estar más de acuerdo contigo...pero no puedo, porque tendría que andar faltando y diciendo cosas poco bonitas, y tengo que mantener el zen.

    Besis. I'm back.

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