viernes, 9 de diciembre de 2016

A veces pasa

¿Sabes cuando tienes un momento de conjunción cósmica con una persona, que te lee un fragmento de uno de tus libros favoritos para demostrarte que está de acuerdo contigo cuando hablas de la importancia de las palabras y de llamar a las cosas por su nombre, y no por uno parecido, mientras piensas que, si tuvieras que hacerte un tatuaje te tatuarías justo esa misma frase, hasta con el punto?

¿Sabes cuando miras a esa persona y te besa, y al principio le devuelves el beso pero abres los ojos y poco a poco vas haciendo la cobra y te vas, sin mirar atrás, y te cae una lágrima pero no porque sea lo que tienes que hacer, sino porque los líos con hombres casados son un lío, y tienes la sensación de que te has liado ya por todas las vidas que te quedaban?

A veces pasa.


jueves, 8 de diciembre de 2016

Culpar

Es muy fácil culpar a los padres de las taritas. Es muy fácil mirar hacia atrás, recordar lo peor de nuestra infancia y darnos cuenta de que todo, TODO, empezó allí. Y que, en ese allí, estaban los paaapas, responsables de nuestro bienestar, nuestra educación, jardineros de lo que íbamos a ser después. De lo que somos ahora.

Es muy fácil echar la culpa de nuestras mierdas de mayor a aquello que pasamos de pequeños.  

No soy psiquiatra ni psicóloga ni nada, no voy a ponerlo en duda, claro. Es más, a medida que profundizo en cosas de terapia y mierdas de esas se reafirma esta sensación tan fuerte de que sí, de que todo empezó allí.

Sin embargo, me resisto a culpar

Porque pienso que ellos (casi todos, vaya, que excepciones hay pa tó) lo hicieron lo mejor que pudieron y supieron. Que muchos no supieron adaptarse a la ruptura que supuso la adolescencia de nuestra generación, tan diferente, tan lejana, tan ajena a la suya.

Me pregunto a menudo que les pasó a ellos, cómo vivieron su infancia, para que hicieran que la mía, que las nuestras, fuera como fue. Que no fue terrible todo el tiempo, pero sí fue difícil. Una batalla constante. Una guerra sin cuartel. Un reto constante a la autoridad paterna, que se rebelaba a aceptar que una mocosa le llevara la contraria. Que todavía se rebela, y aún sigue sin entender por qué.

Me lo pregunto y me da miedo responderme, porque estoy aprendiendo que la arqueología emocional me supera. Si ya es difícil lidiar con mis miedos, mis traumas, mis tropezones, mis fracasos, me siento incapaz de enfrentarme a los de aquellos que estuvieron allí cuando se estaban gestando y no supieron cómo enseñarme(nos) a ser de otra manera.

Y también tengo la esperanza de que para nosotros, para nuestra generación, criar y educar a los niños es una experiencia muy diferente. Somos conscientes de que hay muchas opciones y que podemos elegir, que no tenemos que repetir con los niños, inexorablamente, el modelo educativo que siguieron con nosotros.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

No lo hagas

No le asustes diciéndole que si no se pone a dieta de mayor será como esa gorda.
No pongas a la vecina que se ha puesto a dieta como ejemplo, con lo guapa que está y todo eso.
No hagas que estar más delgada sea mejor que estás gorda.
No mientas diciéndole que, además, come de todo y no le cuesta nada hacerla.
No le digas lo guapa que es de cara.
No le digas que tiene que moverse más.
No le compres ropa porque estilizadisimula o esconde.
No pruebes dietas milagrosas para adelgazar milagrosamente.
No le estires el jersey para que no se note el culo.
No le premies con la comida.
No le castigues con la comida.
No compres cosas que no quieres que coma.
No le recuerdes lo guapa que estaba cuando estaba más delgada.
No critiques a otras personas por su físico.
No hagas de su físico tu fracaso.
No crees falsas esperanzas.
No hagas promesas que no vas a cumplir.
No quieras que haga lo que tú no haces.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Cántame por el camino

Que sí, que es verdad. 

2016 ha sido un año tirando a horroroso en el que han pasado cantidad de cosas chungas: el Brexit, Trump, la (no) cobra de Bisbal a Chenoa...

Hemos despedido a artistas como Prince, David Bowie o Leonard Cohen. El mundo es un poco más feo. 

​Twitter ha sido un hervidero de malos rollos, flames y horrores varios... ¡si hasta hemos matado a Rita! Bueno, salvo el día del concierto de OT, que lo dimos todo y volvió a ser lo que era, una risa constante y el sitio en el que sacamos nuestra mejor versión y la más creativa. Porque la música (y la risa y los gallos y desafines varios) saca lo mejor de nosotros. Y claro, esto hace que pensemos #cosas.

Este año no pensábamos para nada en #cosas, pero claro, cómo no hacerlo con la de disgustos que nos hemos llevado. Si de otros años menos chungazos hemos sacado listas, el mundo no se merece que en este año del horror no haya #cosas. Y claro, habrá #cosas. Pero un poquito diferentes a otras #cosas.  

Podríamos despedir el año a lo "Que te den, 2016", pero se nos han adelantado.



Así que lo vamos a despedir cantando, que el que canta su mal espanta. Y para ver si tenemos suerte y 2017 no llega muy asustado, que el pobre se encuentra un panorama un poquito desolador. También es verdad que tiene que hacerlo muy muy mal para no superar a 2016. Pero mejor no tentemos a la suerte que en esta vida todo es susceptible de empeorar.

Y ahora es cuando empezáis a jugar vosotros. Este año no puede ser más fácil. Piensa una canción. No tiene por qué ser de este año. Pero tiene que darte muy buen rollo. O ganas de bailar. O risa tonta. O que te guste lo suficiente como para que te quite las penas de esta tragedia de año. Que no haya penas, ni pagafantas, ni intensismos.

Si quieres mandar un par de líneas explicando por qué es tu canción del buen rollo 2016, pues vale. A lo mejor incluso lo publicamos.​ Y título. ¡Pon un título de post!

¿Ya la tienes? Pues date prisa en enviárnosla. El día 1 nos vemos en Cántame por el camino.

Este post es de MG.



NOTA: ¿Hemos dicho ya que pongas un j*d*d* título?

Esto es de Gordipé. EJEM.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

La amiga Rita

Se muere Rita Barberá y lo primero que me viene a la cabeza es mi abuela.

Hubiera querido que la lleváramos al cementerio, incluso aunque no supiera dónde estaba enterrada. Cualquier cementerio le venía bien. Hubiera rezado, con lágrimas en los ojos, por el alma de aquella a la que consideraba una gran persona. Una amiga, casi.

En casa de mi abuela había más fotos de Rita que de sus nietos. Sólo tenía dos fotos de cada uno de nosotros, porque no quería que pensáramos que tenía un favorito (y lo tenía, y todos lo sabíamos, y nos parecía bien), pero tenía una docena de fotos de Rita, con Rita.

La entonces alcaldesa invencible iba cada año al centro de mayores de barrio en el que mi abuela hacía manualidades con otras personas mayores. Se sentaba con ellos, se reía con ellos, les contaba historias y alababa sus trabajos. Hasta parecía que les recordaba de un año para otro. Los abuelos estaban encantados. Rita era su amiga y se lo podían contar a todo aquel que quisiera escucharles.

Le decían guapa, le regalaban sus servilletas pintadas o sus cajitas decoradas, y ella se reía, encantada, a carcajadas, con esa risa que parecía de verdad y se contagiaba. Una casi se la creía. Una casi se imaginaba aquellas salitas de abuelo con fotos de la amiga Rita encima de telecinco.

En los últimos meses he visto a una Rita muy alejada de aquella que conocí en sus mejores momentos. Y he pensado en mi abuela todas las veces. En las fotos, en aquella risa, en Valencia, en cómo cautivaba a la gente que tenía que votar, en su despotismo, su mala educación, su soberbia, en los taitantos años que hemos sufrido todos a esa mujer imparable...

Abuela, si me oyes, Rita no era tu amiga. No te merecía.