domingo, 27 de enero de 2019

Calientapollas

Hace unos años conocí a un señor.

Las redes sociales aún no habían aparecido. Chateamos mucho, muchas veces. Empezamos a hablar por teléfono. Durante horas.

A mí me gustaba, y él decía que yo le gustaba a él. Pero nos decíamos muchas veces que todo sin presión, que éramos colegas, que ya veríamos qué pasaba cuando nos encontráramos.

Después de unas semanas de charlar sobre lo divino y lo humano decidimos conocernos.

Yo apostaba por una cerveza después de currar. Estaría pensando todo el día en el trabajo y no me pondría nerviosa por conocerle más que un rato porque, eh, seguro que me ponía nerviosa, a mí me gustaba bastante.

Además, quedar después del trabajo es una excusa estupenda para todo: para no tener la presión de arreglarse muchísimo, porque iba con lo que llevaba todo el día, para poder cortar rapidito si no me apetecía, porque es entre semana y lo de que se hace tarde y eso...

Pero resulta que él trabajaba mucho y tenía muchas extraescolares, así que acabamos quedando justo cuando yo no quería: un sábado por la noche para cenar.

Mi sentido arácnido me advirtió. No te gusta comer con personas a las que no conoces. No quieres tener la presión de tener que arreglarte un poco. No quieres no tener ninguna excusa para irte, porque el sábado por la noche es infinito.

No quieres que parezca una cita, joder.

Pero no le hice caso.

Ya entonces sabía por experiencia que hay personas (por no decir hombres y generalizar, porque no sé qué hacen las mujeres), que entienden que una cita ha de acabar en sexo. Y a mí, que me gusta mucho el sexo, me parece que puede acabar en sexo, pero no tiene que acabar en sexo. Y este matiz en importante.

Porque entonces, cuando terminamos de cenar y yo dije que me iba a mi casa porque, sinceramente, me quedé un poco chof y no había NADA de química, el señor que se había comportado como un ídem hasta ese momento sacó al troglodita que llevaba dentro para decirme que Eh, ¿para esto he perdido contigo un sábado por la noche, para cenar y punto? Pues vaya mierda de cita. Creía que eras un poco más abierta y resulta que eres una calientapollas.

Aquella noche me dejó tocada durante un tiempo, y trajo una regla a mi vida:

Nunca más voy a quedar un sábado por la noche para cenar como si fuera una cita, aunque lo sea.

Pues bien, ayer rompí esa regla.

Y en qué mala hora, amiguis porque, al parecer, volví a ser una calientapollas.

Pasan los años,nos hacemos mayores todos y hay personas que no aprenden nada.

lunes, 14 de enero de 2019

¿Gorda y orgullosa?

Tengo un issue con lo de #fatandproud.

Según la RAE:
orgullo  
Del cat. orgull, y este del franco *ŭrgōlī 'excelencia'; cf. a. al. ant. urguol 'insigne, excelente'.
1. m. Sentimiento de satisfacción por los logros, capacidades o méritos propios o por algo en lo que una persona se siente concernida. Sintió un gran orgullo al recibir el premio. El triunfo del equipo despertó el orgullo nacional.
2. m. Arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que suele conllevar sentimiento de superioridad. A veces nos ciega el orgullo.
3. m. Amor propio, autoestima. Se sintió herido en su orgullo.
4. m. Persona o cosa que es motivo de orgullo (‖ sentimiento de satisfacción). Es el orgullo de sus padres.
Supongo que tiene que ver con mi propia concepción del orgullo, de qué me siento orgullosa.

Por ejemplo, para mí estar gorda no es satisfactorio, no es un mérito o capacidad, es más bien una carga con la que he aprendido a vivir, y que estoy aprendiendo a llevar. De esto sí me siento orgullosa, de estar aprendiendo a llevarlo pero, ¿de estar gorda? No. Y me cuesta mucho ponerme en la piel de alguien que lo esté. Me parece imposible. Inconcebible.

Tampoco es algo que ayude especialmente a mi autoestima, ni a la de nadie que conozca. ¿Habrá personas gordas que sí se quieran más si están más gordas? Es posible. ¿Conozco a alguna? No, es más, todo lo contrario.

Así que veo el hashtag y me da qué pensar que igual (igual, ojo, que igual no) le hemos dado tanto la vuelta a lo de querernos como somos que nos hemos pasao de rosca; que hemos pasado de "estar gorda es lo peor y ponte a régimen que no querrás ser como esa ballena" a "estoy gorda , sí y qué, es más estoy contentísima y orgullosísima de mí misma". 

Y no lo veo.

Porque, igual, (igual, ojo, que igual no), en lo de la autoestima y la autoaceptación cabe también el "pues me quiero así" y punto, que vale para cuando estás gorda, cuando estás menos gorda, cuando estás más gorda, cuando te baja la regla, cuando se te cae el pelo, cuando te salen estrías, cuando se te pone el culo de mármol por las sentadillas o cuando vas sin depilar, y todo tan contenta.


lunes, 31 de diciembre de 2018

Feliz Año Nuevo

Hoy se acaba 2018.



Se me hace raro no acabar el año con un "ha sido un año de mierda" o algo así, pero es lo que hay: no ha sido un año de mierda. 

2018 ha sido el año en el que hace diez de casi todo. Llegó lleno de incertidumbre y de je ne se quoi, pero se ha convertido en un buen año, lleno de sorpresas, novedades y buenas noticias. Y tranquilidad.

Además, ha terminado de una manera excepcional, con palabras bonitas de amigos que aún no sé muy bien cómo procesar porque aún estoy abrumada.

Termina 2018 con un buen balance: tranquilo, razonablemente satisfactorio, sin pérdidas irreparables ni dolor atascao.

Lo único que le pido al 2019 es ver más a las personas que quiero, que algunas están lejos y es complicao.

Feliz Año Nuevo.


viernes, 28 de diciembre de 2018

How I met my Gordipé

Hace muchos años yo leía un blog de una señora triste.

Tenía las cosas muy claras y problemas con el talón. A mí me daba miedo como me da miedo la gente vehemente. Porque el miedo es libre y muy tonto. Más miedo hay que tener al agua mansa. Pero eso lo he aprendido luego.

Un tiempo después llegó tuiter a nuestras vidas (o nosotras a la de tuiter, a saber) y Juanjo nos puso a la una en el camino de la otra (te va a encantar, decía) y sí, nos encantamos, como no podía ser de otra manera entre dos personas tan iguales y tan diferentes. Me gustaría poder decir que recuerdo largas conversaciones en tuiter o cosas así pero no me acuerdo de NADA.

Un día de invierno la señora vino a Madrid. En el colmo del glamour nos encontramos en la puerta de un H&M porque...bueno, en realidad no sé por qué, sólo sé que pasamos un día estupendo con gente maja y que ahí empezamos a hacernos amigas. 

En todos estos años hemos hecho montones de cosas y siempre nos lo hemos pasado bien, hablamos de todo sin juzgarnos y nos apoyamos siempre que hace falta. Y nos reímos de absolutamente todo, que eso es lo mejor de la vida y es sanísimo aunque salgan arrugas.

A Gordipé le debo la maravillosa Tierra quemada que es mi post favorito de la historia de los blogs y la historia de un casi asesinato. Con ella pasé una de las noches de más risa de mi vida. Me flipan su relación con la música y con su sobrino. Me flipa la señora en la que se ha convertido, porque ya no tiene miedo y porque se quiere casi tanto como la queremos los demás. 

No le gustan las sorpresas pero haber elegido muerte.

Hace muchos años yo leía un blog de una señora triste. Ahora leo el blog de una amiga que es quien quiere ser.

MG


Pero claro, yo no soy la única que la lee...¿y tú? How did you meet our Gordipé? He preguntado por ahí y me han contado todas estas cosas

Querida Gordi, 
Diez años como bloguera es algo que ni es sencillo de conseguir, ni se celebra todos los días.
Hace ya por lo menos seis o siete años que llegué a ti, a través de Molinos, como no... 
De bloguera a bloguera, te deseo por lo menos otros diez más (y que yo los vea). Que los cumplas feliz.
Maripuchi (Cristina Juesas)


La conocí por casualidad hace ya nueve años. Fui a Valencia a visitar a mi amiga Sil y mientras comíamos me dijo: "pues ahora he quedado con una bloggera, no sé si la conoces, es Gordipé" y a mí me hizo ilusión porque la había leído alguna vez en su blog y pensé que sería guay ponerle cara. Lo que no me esperaba era que me fuera a reir tantísimo con su sabiduría sobre los señores con chanclas, las cosas que viven en el campo o la gente que lo toca todo en las tiendas.  Pasamos un día fantástico de tour por la ciudad y al día siguiente nos fuimos a su playa(porque es suya) a hacer la croqueta y a descojonarnos de ciertos señores que se meten en una barca Toi a beber cerveza y dejarse ir.
Conocerla cara a cara realmente fue como charlar con una amiga de toda la vida, y desde entonces y después de muchas juergas posteriores (y borracheras como en cierto cumpleaños, ejem) ha sido la única persona con la que paso horas al teléfono sin problemas y termino con dolor de mofletes de tanto sonreir. Encima fuimos  #separadasalnacer por ciertas cuestiones de novios de verdad y Tinder, y creo que nadie más me comprende tantísimo cuando me lamento por este desbocado caballo de la sinrazón amorosa en la que nos movemos las dos. Su blog ha sido siempre, además, gran referente acerca del buen uso de las redes sociales y de la gestión emocional, y la forma tan clara  y elocuente que tiene Gordipé de hablar de cualquier asunto por complejo que sea me fascina.
Feliz cumpleblog, princess, y que sean muchos más :)  No te canses nunca de escribir, porfavortelopido.


Pues mira, linda, como tengo la memoria de un pez de colores no tengo ni idea de cómo nos conocimos, de cuándo hablamos por primera vez, ni siquiera sé cuándo te vi por primera vez en persona porque entonces eras ya como una buena costumbre, tan habitual que parece que lleva ahí toda la vida. Recuerdo tus carcajadas a costa del Veganqueer manzanares, recuerdo cómo te pusieron no sé qué en un Sephora y estabas tan radiante que me lo compré aunque tenemos la piel radicalmente distinta, recuerdo aquella noche de carcajadas y baños en porretas en Alicante ¿te bañaste tú también? y cómo odiabas que se te acercara mi pobre bestia parda porque es una bestia parda y un plasta… en fin, que llevas diez años y aunque no estuve en los primeros, llegué, vi, y vencí que aunque no nos veamos mucho estás ahí, y eso lo mola todo.



Imaginad: Sicilia año 1920, una joven de pechos turgentes…, no coño no, esta historia no comenzaba así, aunque no puede haber una historia mala con unos pechos turgentes… Sobre todo si son turgentes y navideños y se balancean al ritmo del Jingle Bells… No, no sigas por aquí, Juanjo, no sigas por aquí.

Repetimos.

Imaginad: Blogosfera, año 2009, un joven bloguero de pechos turgentes, sí así está mucho mejor, escribe su primer post convencido de que esa será la mayor contribución a la humanidad desde el invento de la braga faja. Mientras tanto, en otro blog de mucho más postín, una gorda declara estar triste, pero no es una gorda triste cualquiera, es Súper Gordipé dentro de una pelota amarilla soltando el lastre necesario para poder eclosionar y transformarse en la heroína de este cuento.

Aunque hubiera sido mucho más épico que nuestros protagonistas se hubieran conocido cociéndose como piojos en la barra de un bar de copas de los de antes, sucio, pegajoso y lleno de humo, la verdad es mucho menos prosaica, como suele pasar con las mejores cosas. Gordipé se encontraba a un click del botón de visitar un blog random, que, pensándolo bien, tan random no sería si me llevó a su blog y no al de la Asociación de amigos de la Academia de Caballería o al de los Amigos de la vid y el vino de Alcobendas, porque de haber sido así igual, en lugar de estar aquí dándole a la tecla, estaba camino de Valladolid montado a caballo, borracho perdido y cubriéndome mis partes pudendas con una hoja de parra de Alcobendas, que si hay que rimar se rima, faltaría más.

Pensándolo bien ese click me salvó la vida, porque a ver quién coño sobreviviría vestido así en Valladolid, sobre todo en diciembre y encima bebiendo vino madrileño en lugar de ribera del Duero, bien merecido me lo tendría.

Pero la historia dice que llegué a su blog y me quedé sin caballo, pero también gané una Gordipé, aunque eso entonces todavía no lo sabía. Los que no hayáis estado allí nunca os podréis imaginar cómo era ese blog, un bombazo, Gordipé era a las gordas tristes lo que Leo Messi a las faltas desde la frontal del área, una estrella. Con un toque sutil te dejaba un post que te morías del gusto al leerlo, muchas veces era como si te hubieran leído el celebro y en lugar de escribir una mierda ella dijese, ok, he pilado el mensaje pero lo voy a escribir bien que tú no tienes ni puta idea. Y no la tenías.

Para hacerme visible tuve que arrancar el corazón de una horda de groupies que se amontonaban para rendirle pleitesía, cagarme en la puta calavera de algún hombre sin corazón (y por lo visto menos sesera) y romperme las meninges para escribir algún comentario que no pareciese muy patético pero en el que se pudiera leer entre líneas gorda triste, tú me molas, algún día quiero quedar contigo a comernos un helado. Y tan mal no fue la cosa porque vino a verme y el corazón me dio saltitos, casi me siguen dando ahora al recordarlo.

Así fue como conocí a mi Gordipé, y hago mucho énfasis en resaltar lo de mí, porque durante una época la sentía mía y traté de guardarla para mí hasta que ya no pude más y decidí que otra gente, a la que también quiero, merecía compartirla. Aunque esa es otra historia y seguro que alguien más vendrá a contarlo.




Cuando me puse a escribir este #HowIMetYourGordiPé, me di cuenta de que mi memoria ya no es lo que era y que la media neurona que me queda no fue capaz de rememorar cuándo y cómo conocí físicamente a GordiPé.

Sí que sé que virtualmente hace muuuuucho que está en mi vida 2.0, desde que yo era otra e incluso tenía un blog donde escribía (¡hace tanto de eso!). Antes que Twitter, casi. Llegué a ella por Bich, en plan "veamos qué se cuenta esta chica, porque si son amigas, para mí es garantía suficiente". Y vaya si lo fue. De largo. 

Porque ella es el tipo de persona que DEBES tener en tu vida. Es una mujer cuya visión de la vida realmente merece la pena conocer, te hace pensar (cosa que valoro muchísimo y que realmente no lo hace mucha gente), puedes tener cualquier conversación con ella (incluso, o diría que sobre todo, de caca), pero sobre todo me flipa el humor que tiene y su capacidad de llegarnos a la patata cuando escribe.

No hemos podido compartir mucho tiempo juntas, pero las veces que hemos coincidido (advenimientos, escapadas, cumpleaños) han sido estupendas. Como he dicho antes, no me acuerdo de muchas cosas, pero sí tengo bien guardados en la memoria las paellas en La Pepica al lado del mar, que sé dónde está la gárgola más explícita de la Lonja de Valencia porque seguí su dedo... Pero sobre todo, su sonrisa, sus ojos claros y su #pelazo. 



Hola qué tal. Ejem ¡Sorpesa! Uhm ¡Y tetas! Aquí estoy yo también en tu cumpleaños bloguerons, hombrepordios, faltaría más. 
Hace siglos que no escribo un post y no se muy bien qué se supone que deba decir en éste pero no quería dejar pasar el momento ni la opotunidans de felicitarte por muchas cosas buenas random tuyas pero sobre todo por la que más envidia me da: la constancia.
Juer, diez años dándole que te pego al tecleo, pariendo temas ora interesantes, ora personales de lagrimica, ora a chorromil de gifs...  Mola mucho que sigas escribiendo cuando prácticamente todas precimos antes o después. Mola que, además, sigas haciéndolo de esa forma tan tuya (yo digo sí a las listas (denumerasión y de las otras)).
Mola que la escritura internáutica me haya hecho conocer a  gente tan curiosa como tú. Molas en general y en particular y en cada palabra y post. En el primer año y en este décimo. 
Gracias por compartir un cachito de tu coco con tu públicons quetiáma. 
Mogollones de besurris y muchas felicidades, presious Gordipens. 
Lof yu.


El día que conocí a Gordipé, nada digno de mención aconteció.  Ningún bolso resultó dañado, ninguna señora loca lloró y ningún borracho se perdió en la calle Alcalá(lá). 


No recuerdo cómo conocí a GordiPé. Con esto quiero decir que no tengo ni idea de cómo llegué a su blog, pero llegué, me gustó lo que contaba y cómo lo contaba y me quedé. Debo admitir que en parte me gustó porque escribía como yo no lo haría y que contaba cosas que yo no contaría, así que la admiraba en plan “con un par” o “jolín, yo no soy capaz de eso, qué guay, qué grande, qué envidia, qué podería”. No sé si me explico.

Luego la conocí en persona. De toda la gente que he conocido por internet y que he desvirtualizado puedo decir que o me caen tan bien como cuando solo los conocía por internet o me caen aún mejor. GordiPé es de las que me caen aún mejor. Y no es que antes no me cayera bien, simplemente, en persona, me cayó aún mejor. No sé si me explico.

La conocí en el cumpleaños de la oveja rizosa, un día en el que desvirtualicé a un montón de gente, en tierras del sur. Qué divertido fue. Ya hace unos años de eso y, desde entonces, no la había vuelto a ver hasta hace unos días. Un viaje relámpago a su ciudad sirvió de excusa perfecta para vernos a primera hora y que me llevara a comerme EL bocatazo, mientras nos poníamos al día de nuestros días en el poco ratito que pudimos compartir. Nunca sabrás lo mucho que te agradeceré lo de ese bocata, porque luego no pudimos comer nada hasta las tres de la tarde. Cada vez que me coma un bocata de atún, me acordaré de ti.

Qué bonito es celebrar aniversarios, qué bonito es celebrar aniversarios de cosas bonitas, qué bonito es celebrar aniversarios de cosas bonitas creadas por gente bonita y tú, Gordi, eres una persona superbonita. ¡Feliz cumpleblog y a por otros diez años!




Lo primero que he pensado sobre el  #HowImetGordipé ha sido que yo no conozco a la susodicha en su versión 1.0, pero luego me he dado cuenta de que sí que la he ido conociendo algo a lo largo del tiempo y de las diferentes redes sociales.

No sé exactamente el año ni el momento en que se cruzó en mi vida Gordipé, pero sí que sé que fue gracias a su blog, que ahora celebra su décimo cumpleaños. Realmente me enganché al blog. Leía todo lo que publicaba y comentaba bastantes veces, si la memoria no me falla. Para mí era como una diosa del mundo bloguero: temas interesantes, risas, dramas, sentimientos, crisis, cambios del nombre del blog, ... Y lo más importante, ser diferente. No era ni es una persona "del montón" y eso se ve en sus muchos posts, y hace que sea tan especial y que se haga querer, por eso estoy contenta de que siga ahí resistiendo en el mundo bloguero.

Hay dos cosas que me recuerdan siempre, siempre a Gordipé cuando las oigo o leo: Una es el "Em pixe", porque es una valenciana de pro y una señora que ríe, y la otra es la canción Tierra de Xoel López a la que dedicó un post, y que cada vez que me salta en el mp3 del coche me lo hace recordar.  Y es tan bonita como ella.

Y no me da la gana de pensar que nada es para siempre.

Si esta canción se acaba, que acabe el mundo para todos.

Todos somos nada, sin las palabras dime qué nos queda.



Que sigas escribiendo. Que no cambies. Y que sigamos celebrando las palabras.

Moltes felicitats i enhorabona per aquests 10 anys!



Pues no me acuerdo. Desde que MG nos invitó a este sarao (todos sabemos que ella y Gordipé son las que montan los saraos molones en la blogocosa), llevo días apretándome fuerte las gafas y rascándome la cabeza intentando tirar del hilo. Pero no hay manera.

Estoy segura de que fue a través del extinto blog de Bichejo (¡Ay!) pero no recuerdo exactamente cómo ni cuándo. Sí recuerdo que al principio me parecía tan sincera con su intimidad que me daba la sensación de estar colándome en su casa. Pero no me podía ir, claro. Cómo irme de un sitio que rezuma inteligencia y sinceridad. Así que me quedé, oculta tras las cortinas al principio y repantingada en el sofá después (ya me perdonarás, querida).

También recuerdo que la conocí en persona la noche que nos nombraron gente de postín en la calle de Alcalalá, que me divertí muchísimo con todas las #cosas (gracias) y que durante una temporada bastante larga las tres (MG, Gordipé y esta servidora de ustedes) nos saludamos cada mañana cual doñas Pepitas y doñas Josefas en tuister. Así que, para no romper viejas tradiciones navideñas y al hilo de esta imagen que me acaban de regalar nuestros saludos tuiteros, aquí te dejo una pequeña cancioncilla. Que cumplas muchos más, mylady. 

Eran tres chicas requete finas
Eran tres chicas apostinás
Eran tres chicas casi divinas
Eran tres chicas de Alcalalá

Si se leían por las TLs
O se encontaban en el blogroll
Siempre se oía con voz muy fina
El saludito de Gordipé 
Buenos días myladys 
Más buenos los tenga usté
¿Será que ya es #fassbiernes? 
¿Pero no era #xabiday? 
¿Vio usté a MG? 
A MG yo no la vi
Me voy ya, mylady
Adiós Gordipé 


"¿Que cómo I met GordiPé? 
Puede que fuera 2011 o puede que fuera 2012 ya, pero por aquel entonces yo llevaba poco por tuiter. Seguía a un trío a las que bautizamos como el Comando Levante porque siempre estaban en las conversaciones juntas, eran las brujas de Toayita, Petulandcia y nuestra homenajeada GordiPé. 

En esa época también llevaba poco elaborando cerveza artesana con mi socio Cuervajo y estaban de moda las BARBACOAS TUITERAS, así que una cosa llevó a la otra y, claro, tuvimos que organizar una barbacoa para que el Comando probara nuestras cervezas. Pero nosotros vivíamos en Toledo. Y ellas en la Comunidad Valenciana. ¡Así que lo lógico era quedar en Albacete (en adelante Járbar), por supuesto, es la zona intermedia!

Desgraciadamente, Cuervajo se cayó de la quedada unos días antes, así que la barbacoa se suspendía pero la quedada se mantenía. Así que para Járbar me fui a conocer al mítico Comando Levante. 

Y aquí entra en juego GordiPé: habíamos quedado en una cafetería de Járbar y allí apareció, tan rubia, tan alta, tan simpática desde el primer momento... Me ganó desde ese mismo momento, aunque yo la leía en el blogggsss y nunca me había atrevido a comentar. Me ganó su forma de ser, su forma de contar sus cosas, me ganó ella entera...

De ese día guardo unos recuerdos memorables: esa Toayita dicharachera, mi Petulandcia (con la que me casaré algún día) tan divina ella, mi GordiPé majérrima y yo por ese Járbar estupendo con su atascaburras, sus gachas manchegas, su ajo mataero, sus rubias con el pelo sucio, sus discotecas abiertas a las cinco de la tarde, ¡cómo olvidarme de todo eso!

Pero GordiPé para mí además de eso es más: es esa foto contrapicada de unos pinos que tiene en casa; es esa mañana en Madrid con Deyector y Juanjo; ese blogggsss al que casi puse nombre; esas tetas navideñas y esa Christy Hartburg contoneándose en la gasolinera... 

¡¡PARA MÍ GORDIPÉ ES UNA GRANDE, COÑO, ASÍ QUE MIL FELICIDADES POR ESOS DIEZ AÑAZOS DEL BLOGGGSSSS!! 😘😘😘😘"

Y ya estaría XD


¿Que "How I met my Gordipe?"? pues soy un desastre y no me acuerdo. Diez días, diez, desde que MG mandó el encargo, diez días devanándome los sesos intentando recordar cómo/cuándo conocí a Gordipe. Una parte la tengo clara: los blogs, el Quédate a dormir, su Diario de una gorda triste, comentarios. Y creo que una quedada que no consigo recordar. Pero he vuelto a leer la pregunta de MG y se me ha encendido la bombilla. En realidad, la pregunta es "How I met MY Gordipe?" y eso ya lo tengo más claro. Una quedada rápida en un bar detrás de Sol. Hablar de Yllana. Y después las risas con el post de la tierra quemada (el otro día lo recordaba en su blog, maravilloso) y de la poca duración del papel higiénico Scottex (yo qué sé, las conversaciones a veces derivan hacia territorios inesperados). Y descubrir un fantástico rubismo, una forma de hablar pausada y grave, un enorme sentido del humor y un gran corazón. Ahí encontré a mi Gordipe. 


lunes, 24 de diciembre de 2018

Feliz Navidad

Sí, la navidad se ha mercantilizado, americanizado, globalizado, despersonalizado... Parece que sólo importa lo material, los regalos, las cenotas, el exceso...

¿Quién no se ha quejado de los Villancicos en las tiendas? ¿O de la decoración navideña? ¿O de los empujones a comprar, a consumir, a gastar...? 

Y, espera, ¿quién no se ha quejado de la hipocresía de tener que pasar justo esos días con personas, de la familia o no, que no le gustan?

Bah, paparruchas, lo del espíritu navideño es una gelipollez.



Todos, me parece que todos nos hemos quejado de eso en algún momento.

Pues vale, ¿por qué no le damos la vuelta un poco?

Sólo tenemos que dejar de quejarnos de lo que no nos gusta e intentar cambiarlo en lo poco o mucho que podamos.

Sólo tenemos que ser un poco niños, pero de verdad, y disfrutar de lo que sí nos apaña: de jugar, de ver a personas que nos gustan, de tener ratos divertidos, de hacer el tonto.

Sólo tenemos que hacer el esfuerzo, a veces grande, con suerte más pequeño, de no ser rencorosos, crueles o megalomaníacos estos días. 

Dejemos a los grinches a los suyo, y demostrémosles que sus mierdas no importan a nadie. Ellos no se van a dar por enterados pero nosotros nos sentiremos mejor, porque la mierda huele, y huele mal, y cuanto más lejos, mejor. 

A lo mejor descubrimos que da mucho gustirrinín no ser un gelipollas y se nos queda un poco para seguir por ese camino el resto del año.

Felices fiestas. Feliz Navidad.