viernes, 7 de mayo de 2021

Persigue tus sueños

Persigue tus sueños.

No desfallezcas.

Lucha por lo que quieres.

Insiste, insiste, y vuelve a insistir, hasta conseguir lo que quieres.

Si fracasas, si te caes, levántate y vuelve a intentarlo, una y otra vez, hasta alcanzar tu objetivo.

Si te esfuerzas lo suficiente lo conseguirás.

Persevera y triunfarás.

No aceptes un no por respuesta.

No te des por vencido.

Que nadie te diga lo que no puedes hacer.

A menos, claro, que todas estas mierdas tengan que ver con otra persona que ya te ha dicho que no, que no quiere verte más, que no quiere saber nada más de ti, que no te quiere cerca. 

Entonces no persigas, no insistas, no te esfuerces, no te pongas como objetivo derribar sus muros, no intentes convencer, lo tiene claro, no marees para que cambie de opinión, no acoses con la esperanza de pillar en un renuncio. Ten respeto por los deseos de la otra persona. Acepta el no como lo que es, un NO. Sigue con tu vida y deja que la otra persona siga con la suya. 

Joder, acepta que te han enseñado mal y que tus deseos no valen más que los de los demás. Deja de dar por culo, que mira que eres cansino y miserable.

domingo, 18 de abril de 2021

¿Te sentías diferente?

Ya he contado alguna vez que me sentí muy sola e incomprendida hasta ser bien mayor, ya casi en la treintena.

Ahora sé que es normal, cosa de la edad, supongo, y del tipo de relaciones y confianzas que se construyen en la adolescencia pero entonces, cuando me dolía y me mataba por dentro, no lo sabía.

Ahora sé que cada cual llevaría lo suyo, pero entonces estaba segura de que nadie llevaba algo parecido a lo mío, por una razón muy sencilla: siempre era la única gorda. Nunca pude compartir con nadie cómo me sentía, cómo me afectaban los comentarios "bienintencionados", cuánto me costaba sentirme integrada o parte de algún grupo. Tampoco compartí cuánto me dolían los insultos en el patio o los recreativos, los cuchicheos de los amigos de mis amigas en las discotecas, los rechazos a que vieran en público conmigo a chicos con los que había estado haciendo cosas de las que podríamos denominar en privado.

Ahora suena a drama adolescente pero fue demoledor. Es demoledor.

Por suerte o por desgracia, nunca lo sabremos, en algún momento se me despertó la vena violenta y empecé a responder a los insultos de los matones a hostias. No me sentí mejor pero al correrse la voz de que había dejado en evidencia en público a un par de gelipollas hizo que bajaran el nivel de acoso y me dejaran en paz, así que tampoco me sentí peor.

Y también ahora sé que no era la única, por supuesto. Sólo fui una más. No hay más que echar un vistazo a los comentarios a este tuit para darse cuenta. El resultado es abrumador: el 91,1% de las personas que respondieron dijeron que sí, que se sintieron así. Es posible, incluso, que muchos/as sigan sintiéndose así. 

No soy quien para decir qué hay qué decir a un/a adolescente para que no se sienta así pero sí sé que  no hay que decir: no hagas comparaciones, no fijes objetivos ni uses modelos irreales, refuerza los logros siempre que puedas y trata los fracasos como oportunidades para aprender y superar. Pero, sobre todo, no hables de otras personas como no querrías que hablaran de ti o de tu prole, sobre todo en su presencia. No vale de nada que digas a tu hijo/a que le quieres y por eso le pones a dieta y que luego vea que gritas "Corre, gordo de mierda" a la tele cuando un jugador ha ganado peso después de Navidad.

No contribuyas a crear matones que atormenten a otras personas que son diferentes porque, ¿sabes? todos somos igual de diferentes.

sábado, 27 de marzo de 2021

Tortilla con pimiento verde

Ha salido leer este tuit y oler, OLER, tortilla con pimiento verde.

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Gracias a este tuit podría contar una historia en la que salen LA CARTA de amor, un amor no correspondido, un bocadillo de tortilla con pimiento verde y un accidente con un coche fúnebre, pero seguramente no la creería nadie.

Además, lo importante es que nunca he escrito otra carta de amor y no soporto el olor de la tortilla con pimiento verde.

¿Cómo te ha ido a ti con tus cartas de amor?


martes, 23 de marzo de 2021

Zombie pandémico

A.P. (Antes de la pandemia) cuando hablaba con mis amigas* sobre cómo reaccionaríamos cada una a una catástrofe zombie yo siempre respondía que pasaba de ser como los de The Walking Dead, que pasaban la vida huyendo y escondiéndome para no contagiarse (aka, que no les comiera un zombie vivos), que yo me dejaría comer nomás darme cuenta de la situación, porque creía que no soportaría vivir con esa amenaza y esa incertidumbre.

Este año he pensado a menudo que estábamos viviendo una catástrofe con ciertas similitudes con la serie: hay una amenaza exógena, cómo reacciona cada persona a la amenaza exógena, cómo se comporta el grupo ante la reacción de cada individuo y qué efectos tienen los comportamientos individuales en el grupo.

Contrariamente a lo que hubiera pensado antes de toda esta mierda, la opción válida para mí desde el primer momento no fue "dejarme comer el celebro", sino evitar el contagio por todos los medios posibles, a costa de mi bienestar personal y mi salud mental, que está quedando muy tirando a regulinchis por lo bajo.

Podría dar muchas razones de este cambio de paradigma pero en el fondo sólo hay una: he visto a mi madre depender de un respirador para vivir durante muchos meses. Antes me meto 10 gramos de lo que sea y me quedo tiesa en el váter que me arriesgo a contagiar a alguien a quien quiero y correr el riesgo de verle enganchado/a un respirador.

Este año me he acordado a menudo de estas conversaciones. Y, quizás para seguir convenciéndome a mí misma de que lo estaba haciendo bien, me he descubierto a veces argumentándome por qué y por qué no estábamos viviendo una situación similar a la de The Walking Dead, concluyendo siempre lo mismo: si fuera un apocalipsis zombie sí me dejaría morir la primera, porque ahí se acababa la cosa y no perjudicaría a otros, pero no lo es, y resulta que mi mala cabeza sí puede ser la desgracia de otros.

Y, ¿sería capaz de vivir normalmente sabiendo que he contagiado a alguien que va y se muere, por salir a tomar unas birras o celebrar un cumpleaños o pegar un polvo? Y como la respuesta es no pues aquí estoy, hasta el mismísimo coño pero cumpliendo las restricciones, aunque algunas me parezcan (y sean) una estupidez.

Ahora que parece que las cosas mejoran en la Comunitat Valenciana está tol mundo empujando para volver a rejuntarnos y "recuperar tiempo y cariños" y yo sigo preguntándome cómo de seguros estamos, y si mi necesidad (NECESIDAD) de interacción social va a suponer un riesgo para mí y para los demás.

Y parece que me lo pregunto hasta en sueños porque este fin de semana he soñado que era un zombie que perseguía a mis hermanos por un prado, que huían agitando los bracitos como Laura Ingals.



*Sí, las señoras de mediana edad hablamos de catástrofes zombies, de si los zombies hace caca, de cómo es la caca que hacen...

martes, 16 de marzo de 2021

Perdida

Recuerdo perfectamente el último día de mi vida "normal". 

No, no fue hace un año, fue hace algo más, hace un año y medio, el día que mi madre entró en el hospital para no salir.

Desde que murió y pudimos dejar el infierno de paliativos hasta que empezó la pandemia pasaron sólo dos meses y medio. Apenas empezaba a recuperarme, un poco, lo suficiente para no pasar llorando todo el día y ser más o menos funcional, cuando me vi encerrada en casa sine die. Porque, chica, llámame loca, pero a mí cuando decían que eran quince días y acto seguido hablaban de la gravedad de la pandemia, pues quince días se me antojaban pocos y pensé que era para largo. Y tenía razón.

Como tantas otras personas tengo la sensación esa del día de la marmota, por las restricciones, limitaciones, prohibiciones y esas vainas. Pero, sobre todo, tengo la sensación de estar perdida, de no tener a qué volver, porque se me olvidado o no existe.

Yo sigo aquí, delante del ordenador, pero a mi alrededor ha cambiado todo lo que me importa o con lo que me relaciono. TODO. Desde lo pequeño hasta lo grande.

Así que me encuentro desubicada, no sé adónde tengo que volver, ni si tengo que volver a algún sitio.

No puedo volver a lo de hace un año y medio porque mi madre no está y todo es diferente. No puedo volver a lo de antes de la pandemia porque fue como una nube de irrealidad, de cuidados y tristeza, porque no quiero, vaya. 

Así que aquí estoy, en stand by, sin saber pa dónde tirar, sin vida a la que volver. Sin querer hacer planes para más allá de una semana. Sin saber qué empezar a recuperar o de qué debería empezar a prescindir. Sin saber dónde y cómo quiero estar para estar bien.