lunes, 22 de agosto de 2016

Tres semanas

Tres semanas. 

Tres semanas de vacaciones de casi todo: del trabajo, de los amigos, de las compras, de las redes sociales (casi), de las noticias, del despertador, del blog... 

Tres semanas de llevar bikini el 80% del tiempo, de estar a remojo, de jugar con niños, de llevar el pelo mojado recogido en una coleta, de oler a aceite reparador de los estragos del sol, de pasear perros ajenos como si fueran propios, de jugar al parchís, de dejarme llevar por el sueño en cualquier momento, de trasnochar porque sí.

Tres semanas de playa, de piscina, de pokémones, de horchata con fartons, de sandía, de colacaos fríos, de paellas maternas, de ventilador, de agua fría y sopa de sobre. 

Tres semanas de cargar felizmente con una muda, un abanico, el bikini, las gafas de bucear y las gafas de sol, sin saber dónde voy a acabar el día.

Tres semanas de pensar en el ahora nomás, de pensar fugazmente en que no tengo que pensar en nada, ni hacer nada que no quiera hacer. 

Tres semanas felices.

Dame tres semanas de vacaciones cada 21 días y moveré el mundo.

Hola.


viernes, 29 de julio de 2016

Vacacionar

Abrir un ojo y sonreír. Y recordar que lo último que sentiste anoche fue una sonrisa en todo tu cuerpo.

Pensar en el fin del mundo, que igual es hoy como podría haber sido otro día, pero a ti te da lo mismo, porque toda tu atención está centrada en tus cosas, en todas esas cosas que no vas a hacer en los próximos días pero porque no vas a querer, no porque no vayas a poder. 

Tararear en la ducha las melodías de los anuncios de la radio, como nunca haces, sólo porque estás contenta y esperanzada. Oh, sí, es el día con más esperanza del año, el día más esperado. El día que ves pentagramas brillantes por todas partes invitándote a cantar. Cantar bajito, vale, que una no está pa trotes, pero cantar.

Vestirte con tu ropa favorita, recogerte el pelo para que te roce la nuca sólo de vez en cuando, ponerte una colonia diferente, unas gafas amarillas, echarte a la calle con paso enérgico y saludar muy fuerte para que todo el mundo note que eres feliz incluso antes de empezar poder serlo.

Despertarse pronto, muy pronto, como para alargar esa alegría tonta del día que empiezan las vacaciones y saber que tienes unos cuantos días por delante para disfrutar de lo que quieres hacer, es uno de los pequeños placeres de la vida.

miércoles, 27 de julio de 2016

Con lo guapa que eres...

He leído la carta a la chica del bañador verde, claro. 

Si pudiera volver al pasado probablemente me diría algunas de esas cosas a la orejita, sí. Seguramente susurraría por las noches al oído de mi yo niña, adolescente, joven, a mi yo de ayer, coñe, todo eso de que la belleza está en el interior, que quien me quisiera de verdad no iba a preocuparse ni un poquito del envoltorio, que merecía todo el amor del mundo por ser cómo era, en toda mi mismidad, la de fuera y la de dentro.

Le diría a mi yo pequeño muchas cosas.

Pero. ya que estaba allí, también diría algunas otras cosas. 

Dejaría de preguntar entre lágrimas a mis mayores por qué estaba siempre a dieta para preguntar porqué es tan horrible estar gorda, por qué tengo que vivir castigada, a base de judías verdes, cómo es posible que sea por mi bien tener que vivir siempre en la privación. Por mi bien. 

Preguntaría por qué tengo que estirarme el jersey por detrás, por qué es tan horrible que lleve pantalón corto en verano, por qué no puedo llevar bikini, si es lo que me apetece, o por qué está feo que lleve tirantes. 

Preguntaría por qué son modelos a seguir otras personas que han conseguido adelgazar con mucho esfuerzo, por qué dicen que fulanita está guapísima desde que ha adelgazado si no es cierto, por qué es tan importante que esté más gorda que sotanita.

Y pediría que dejaran de presionarme, que prefiero la crueldad inconsciente de los niños, porque con eso sé lidiar perfectamente, que la presión bienintencionada e inmisericorde de los adultos, porque con eso no sé qué hacer y va a perseguirme toda la vida.

Pero sobre todo, SOBRE TODO, pediría que acabaran de una vez la frase que más he escuchado en mi puta vida, porque me muero de la curiosidad:

Con lo guapa que soy, si no estuviera tan gorda,... ¡¡¡¿¿¿QUÉ, JODER, QUÉ COÑO HUBIERA PASADO???!!!

lunes, 25 de julio de 2016

Hay hombres que

Hay hombres normales y luego están los que creen que su mierda no huele y por eso son mejores que los demás, que todos los demás.

Van por la vida con un mohín de desprecio continuo, saltándose a la torera las normas que exigen a los demás, imponiendo su santa voluntad porque creen que pueden. Bueno, no, porque pueden, porque se les deja.

Son hombres que, encumbrados por fama, dinero, poder o lo que sea que les encumbre, pierden el oremus y exudan un halo de superioridad malsana, maltratando a quien se cruce en su camino because they worth it. Se acostumbran a las alturas y necesitan tener a otras personas bajo sus pies, y que ellas sepan que lo están, a sus pies.

Estos hombres están tan acostumbrados a ser mimados hasta el esperpento en sus respectivos entornos, que necesitan respeto y admiración para sobrevivir, porque saben que sin ellos sólo son simples mortales, como todos los demás. Y ellos no son ni simples ni mortales, son mucho más.

Son hombres de un hambre de adulación insaciable, inconmensurable, con un ego universal que se lo merece todo, todito, todo, y que son capaces de cualquier cosa para seguir alimentando a la bestia. 

Son hombres que saben que tienen que llamar la atención de los demás a toda costa para mantener el estatus que necesitan, que nunca tienen bastante y siempre piden más y mejor, y que acaban siendo ridículos, auténticas mamarrachas que van por la vida exigiendo ser tratados como los dioses que creen que son.

Son hombres tan pagados de sí mismos que ni siquiera se dan cuenta de que acaban siendo una caricatura barata de lo que les gustaría ser.

jueves, 21 de julio de 2016

Hombres peces

Soy la foca entre los peces.