miércoles, 26 de agosto de 2015

Ant Man:la crítica definitiva

Paul Rudd,el hombre hormiga.
Sinopsis

Ant Man es la historia de un perdedor que, sin comerlo ni beberlo, se hace superhéroe para salvar el mundo del imperio de los malotes convirtiéndose en hormiga, gracias a la ayuda científica de, OJOCUIDAO, Michael Douglas y Evangeline Lilly (la prescindible Kate de Perdidos).

A ver.

A mí me gustan las pelis de superhéroes porque tienen súperpoderes, los trajes son molones y hay acción. No es el caso. No del todo, vaya: el Hombre Hormiga es como Batman, que como no tiene los poderes propios se los tiene que agenciar con el traje y las cosas científicas; el traje... es como un motorista en Cheste: choni como la madre que lo parió; y acción... pues es tirando a un truñito.

Y ¿qué es eso de tener cositas lanzaderas que hacen grandes o pequeñas las cosas? ¿Qué pasa, que estamos en el País de las Maravillas? VENGA, HOMBRE, QUÉ MÁS QUISIERAS.

Y eso no es lo peor, qué va. 

Lo peor es que Michael Douglas sale mogollón. DEMASIADO. Que no es raro que un actor de mierda salga en una peli de superhéroes pero, TANTO RATO NO HACE FALTA. Y lo mismo para la sosainas de Evangeline Lilly, que parece que vaya a ponerse a llorar todo el rato y es una actriz cutrona que debería limitarse a las operetas de asociación de vecinos. Mira, NO.

De los malos, mejor ni hablar.


Recomendación

Pues no. Ni aunque salga Paul Rudd. 

domingo, 23 de agosto de 2015

La respuesta perfecta

Hoy es domingo. Domingo de agosto. Aún estoy de vacaciones. Y aún no son ni las once de la mañana.

Hace un rato he recibido un whatsapp preguntándome si no he visto el correo. 

No, hace como dos semanas o así que no abro el correo. Voy.

¿Qué me encuentro?

Te mando el enlace de mi nueva página web, dime qué te parece. Bss.

Otra vez.

Yo no me dedico a nada que tenga que ver con Internet ni nada de eso pero, no sé por qué, a todo el mundo le da por pedirme opinión sobre sus cosas de la Red:
- Porfa, echa un vistazo a mi LinkedIn, y me dices qué te parece.
- Te mando mi nueva página web, y me dices qué te parece.
- Anda, da me gusta a mi página de Facebook y me dices qué te parece.

¿Que qué me parece? ¿Qué me parece, el qué? ¿La foto de perfil, la redacción del texto, los temas elegidos, la difusión...? ¿Qué coño me parece, EL QUÉ?

No, en serio, todos los días (sí, todos los días) tengo por lo menos una consulta de este tipo, de personas con las que, a menudo, ni siquiera tengo una relación más o menos habitual, sino sólo a través de Facebook. Aunque esto no es lo que más me da por culo molesta. Lo peor es que cuando me preguntan mi opinión y la doy, casi siempre la respuesta empieza, invariablemente, por un No, pero es que (lo que sea)

Pero, vamos a ver, hijodelagranputa, si me pides mi opinión, me escuchas y me dejas terminar. Luego haces lo que te dé la gana pero no me hagas discutir. No me has pedido que te intente convencer, que me deje la energía y las ganas de vivir en tu mierda de proyecto, me has pedido mi opinión.

Durante mucho tiempo creo que he respondido a todas estas solicitudes porque no sabía cómo decir que no, que necesitaban el asesoramiento de un profesional, que yo no quería asumir la responsabilidad de aconsejar a nadie. Decir algo así a un colega me parecía feo. Y luego está lo de compartir conocimientos, que mola mogollón, claro. Y lo de ser buena persona y echar una mano a un colega.

Así que hasta hace unos meses perdía horas de sueño revisando proyectos y escribiendo correos interminables con sugerencias y consejos. Personalizados y justificados. Horas y horas de consultoría gratuita, horas de mi tiempo, que igual hubiera preferido dedicar a tocarme las narices, por ejemplo, pero es que era mi tiempo. Pero, no, lo dedicaba a proyectos de amigos porque pensaba que era de buena persona. Y yo quería ser buena persona. 

Ahora ya me da igual si no soy buena persona. Estoy hasta el mismísimo toto. Se acabó.

Y todo porque he encontrado la respuesta perfecta para responder:

En la foto sales gorda.

martes, 18 de agosto de 2015

Perdida

Buscaba un enlace y, casi sin querer, he releído algunos post del blog que fue y no tenía que haber dejado de ser.

Me he sorprendido mucho. Me he perdido.

¿Dónde está esa mujer que escribía todos los días, que se sorprendía por cualquier cosa, que compartía con cierta gracia todo tipo de cosas? ¿Dónde ha quedado aquella mujer que se sentía inspirada por todo, que encontraba algo divertido en casi todo, que, a pesar de lo malo, siempre sentía la necesidad de contar cosas?

A veces abro el editor de blogger con una idea en la cabeza, miro el espacio en blanco, abro otra página, miro otra vez, pienso un rato... y cierro el editor de blogger.

No quiero mentir: sé por qué no puedo escribir como antes. Lo que no sé es cómo esconderlo, coger aire, reencontrarme, recuperarme y volver a empezar.

Y en eso estoy, buscándome.

jueves, 13 de agosto de 2015

Hombres que parece que no PERO: Paul Rudd

Lo reconozco. Soy incapaz de recordar una peli de Paul Rudd más allá de Ant Man*. Aunque mi vida dependiera de ello no podría decir si es buen o mal actor, si ha sabido elegir sus papeles ni mierdas de esas cinematográficas. No sé nada de su vida, ni me interesa. Y, sin embargo, he soñado con él muchas veces. O con lo que creo que es él, que vete a saber.

Paul, estamos hechos el uno para la otra. LO SÉ.

Es de esos hombres no especialmente guapos, ni atléticos, ni nada. Parece de esos que no han roto nunca un plato y que incluso tienen un aire así como de vulnerable. Supongo que tiene que ver con esa tez blanca, casi transparente, y los ojos clarito pero tirando a normaluchos. Que sí, resultón, pero nada del otro mundo.



Es de esos hombres normales que tienes la sensación de que conoces de algo, que igual es el tío con el que te cruzas en el autobús todos los días o en la farmacia, que te sonríen como quien no quiere la cosa y piensas ¿de qué conozco yo a este tío?



Paul Rudd tiene un aspecto normal, como el de cualquier tío con el que compartes mesa de estudio en la biblioteca y te invita a un café porque no tienes suelto para la máquina y que, después de un mes coincidiendo en la biblioteca, sin saber cómo, acabas en su piso compartido con otros cuatro estudiantes, follando despacito y sin hacer ruido mientras los compañeros de piso juegan con la Play en el comedor, del que te ríes un poco por lo bajinis porque lleva calzoncillos blancos de algodón de los que compran las madres. 

O algo.




* Prometo una crítica definitiva de Ant Man en breve porque T E L I T A.

jueves, 6 de agosto de 2015

Hombres tete

Los hombres tete son esos tipos morenos que andan con las piernas muy abiertas, como si hubieran jugado al fútbol sala toda la vida, dicen ye, nano todo el ratollevan gafas oscuras, chanclas y bermudas, barba de tres días recortada y camiseta blanca sin mangas para que se vean bien los tatuajes. Incomprensiblemente, son capaces de conducir sólo con una mano, cuando son incapaces de distinguir un libro de la garantía del equipo de música de su Golf gris metalizado. 

Está muy bueno, PERO.
Triunfan entre las nenas porque son descarados, parece que se cuidan y tienen labia, gritan mucho y hacen tantos aspavientos cuando hablan que podrían espantar la niebla de Whitechapel en cinco minutos. 

Sawyer es bastante tete PERO.
A los hombres tete parece que no les importa lo que piensen los demás, y por eso llevan botes de Cruzcampo a la mascletá sin avergonzarse, y se ponen las gafas de sol durante las verbenas nocturnas, sólo porque creen que son molonas. Por eso y porque se meten tanto yeso que sin gafas les saltarían los ojos cada media hora.

Los hombres tete gritan a los cuatro vientos que son libres y que hacen lo que quieren, pero viven con sus padres y prefieren trabajar seis días, aunque sea en B, que seis meses. Llegan a entender que seis días es menos que seis meses y trabajar menos siempre es mejor, pase lo que pase.

Los hombres tete nunca van en autobús porque es de viejas y tienen motarras, van al fútbol sólo para silbar al Barça, a la playa sólo para ver tetas y a las bodas por la barra libre.

Lorenzo, el rey de los tetes.

El verano es el paraíso para los hombres tete. Una razón más para odiarlo.