miércoles, 1 de julio de 2015

Callada

Tengo tantas cosas que decir que no quiero decir que no acierto a decir nada.

Y así me pasan las noches, con la pantalla en blanco, asustada, consciente de que pasará un rato desnuda, hasta que decida cerrar sin escribir nada. Otra vez. 

Y así me pasan las noches, callada.

jueves, 25 de junio de 2015

Hombres que cumplen años y Pau

Hoy es un día importante.

Tal día como hoy hubiera cumplido años George Orwell, un señor algo conspiranoico que escribió 1984, el pre Gran Hermano que debería haber convencido a la Humanidad de que era mejor desaparecer que acabar como ahora, aunque a mí 1984 siempre me ha recordado más a Matrix que a Gran Hermano.

Neo, qué molón y qué archi brasas eres, hijito.
También hubiera cumplido años Antonio Gaudí, arquitecto catalán que ha pasado a la historia por diseñar cosas enredadas bellísimas, difíciles de entender, a veces. Sobre todo cuando cuestan chorrocientos años en terminarse. Un visionario. Un valiente.

Aquí un Quim, con sus cosas enredadas, bellísimo.

También es el cumpleaños de Ricky Gervais, un hombre inteligente, sarcástico y sin pelos en la lengua, con un sentido del humor a veces incomprendido, aunque no tengo muy claro por qué, si es muy tranquilo y suele dar en el clavo (guiño, guiño, codazo, guiño).

Ricky, siempre comedido y dejando margen a la interpretación libre.


Sin embargo, lo más importante es que hoy es el cumpleaños de Pau. Comparte muchas cosas con estos grandes hombres pero mola mucho más.

No sé si la Humanidad hubiera sido la misma sin alguno de estos hombres (especialmente sin Quim) pero lo que sí tengo claro es que no sería la misma sin Pau. 

Va a ser un año estupendo, ya verás.

Felicidades, querida, que cumplas muchos más así de maravillosa.

martes, 23 de junio de 2015

El curriculum

A estas alturas de la vida, pasada ya la tierna adolescencia, una ya debería tener claro que quiere ser de mayor. La gente normal lo sabe, ¿no? Pues no. Yo no.

O sí.

Después de pasar varias horas trabajando en un curriculum para un puesto de trabajo que me interesa muchísimo va y resulta que me doy cuenta de dónde está el problema: no sé lo que quiero hacer porque quiero hacerlo todo. No es sólo que sé qué no quiero hacer, no, qué va, es que de lo demás, quiero hacerlo todo.

Me pongo a revisar mi curriculum, y a poner y quitar cosas interesantes o no para el puesto, y tengo todo el rato en la cabeza lo perfecto que es para mí, la de cosas que podría aportar en ese puesto de trabajo, lo bien que lo haría... es como si la oferta de trabajo la hubieran hecho pensando en mí, en mi experiencia, en todo lo que sé y lo que aún puedo aprender.

Hace rato que he dejado atrás la duda de si me presento o no, de si corro el riesgo de equivocarme o no, de las consecuencias, de cuánto me afectará el rechazo, de considerar si debo optar o no a otro puesto de trabajo, teniendo uno. Que será lo que será, pero es uno. Sí, ya no dudo. Voy a presentarme.

Y cierro el word, varias veces, demasiado consciente de mis infinitas carencias, de mi falta de contactos, de la soledad de la candidatura anónima, casi tirando la toalla, con esa convicción profunda de que nunca lo conseguiré...

Y entonces abro el word otra vez, y releo ese resumen frío de lo que ha sido mi vida laboral, de todas esas personas a las que he conocido y de las que he aprendido tantas cosas, y me doy cuenta de que quizás mi temor está injustificado porque, en el fondo, siempre he tenido el trabajo que he querido. Igual luego ha sido lo que esperaba pero, en realidad, siempre he conseguido el trabajo que quería. Qué cosas. Quién lo diría...

Y entonces cierro el word otra vez, con la carta de presentación ya terminada y el curriculum revisado un millón de veces, con ese viejo proverbio chino (o no) flotando en mi cabeza:

"Ten cuidado con lo que deseas, vaya a ser que lo consigas".


jueves, 18 de junio de 2015

El abate Sieyès

Cuando pienso en los años de Facultad recuerdo algunos momentos muy concretos, casi siempre los mismos. Algunos dirían que no tengo más porque pasé unos años a medio camino entre la nebulosa de los carajillos y sustancias de las que podríamos denominar. Yo no sé lo que diría.

Uno de esos momento es el primer examen que hice como universitaria.

No sé los demás pero yo pasé los primeros tres o cuatro meses como en una nube, como si estar en la Universidad pudiera equipararse a haber llegado a la luna. No tengo claro por qué pero, aunque tuve muy buenas notas, en el instituto nunca pensé que llegaría a terminar, siempre tuve en la cabeza que era idiota y que no sería tan lista como para llegar a una carrera universitaria, que en mi mundo ignorante y juvenil era para muy listos. 

El caso es que allá que me fui, a la universidad, con mis notazas en letras, al Olimpo de la listez. 

Y, o yo era más lista de lo que pensaba, o aquello no era tan para listos como yo pensaba, porque me aburría mogollón y me parecía todo superfácil. Claro, iba de sobrada que lo flipas.

En esto llegamos a la temporada de exámenes y, yo me lo sabía todo muy bien. Estaba muy segura y eso. Hasta dos horas antes del primer examen, que se me había olvidado todo. Mierda.

Se me debió poner cara de sepionet porque un compañero de clase me acompañó al bar "para entretenerme" y, no sé cómo ni porqué, acabamos ciegos como pelotas a base de carajillos.

Casi llegamos tarde al examen y nos sentamos al final de aquella aula interminable, llena de cabezas con pelos. Estaban borrosas y se movían sin moverse.

Silencio.

Reparto de folios.

Escriban: primera y única pregunta del primer examen como universitaria: el papel del abate Sieyès en la Revolución francesa.

HORROR.

Lo único que recordaba del abate Sieyès es que su tema lo había subrayado en rojo, que había nacido en 1748, que suma 2 (1+7+4+8=20, 2+0=2, una regla mnemotécnica como cualquier otra para saber más o menos en qué momento histórico ubicar a cada personaje, y que la había palmado a los 88 años. Y, según la pregunta, que había sido abate y que había tenido algún papel en la revolución francesa.

¿Y AHORA QUÉ HAGO, QUE NO ME SÉ QUIÉN ES ESTE SEÑOR?

Supongo que pensé que no iba a dejar pasar la oportunidad de escribir mucho rato en el primer examen universitario así que empecé a escribir sobre la revolución francesa, que me la sabía muy bien.

Y un notable.

Tras aquel primer resultado empecé a sospechar que aquello iba a ser mucho más fácil de lo que pensaba.

Y no me equivoqué ni un poquito, pero eso es otra historia.


Misia, este te lo dedico, que lo has inspirado tú. ¡Gracias!




lunes, 15 de junio de 2015

Las perlas del miedo

Estos días me estoy dando cuenta de que he sobrevalorado la inteligencia de algunas personas con las que me relaciono.

Me he dado cuenta de que personas a las que consideraba razonables e inteligentes decían perlas como:

  • Ya verás cuando nos quiten las segundas viviendas.
  • Van a remuniciparlo todo y se lo van a quedar ellos.
  • Tengo miedo porque no quiero que nos hagan catalanes.
  • Van a quitar las Fallas.
  • Van a obligar a todos a hablar valenciano.
  • En vez de robarnos de un partido van a robarnos de tres, EL TRIPLE.
  • Me da miedo que nos independicen como a Cataluña.
  • Van a dar todos los trabajos a inmigrantes y a gays.
  • Buscan confrontación, buscan la guerra entre todos.
  • Si no gobierna el partido más votado no sé para qué votamos, lo de pactar es engañar a los ciudadanos.
  • Hay que poner límites a la libertad de expresión porque no se puede decir lo que uno quiera.
También hay zotes absolutos que mantienen estas gilipolleces pero esos no me han sorprendido.

La cuestión es que, más allá de si entiendo o no (que no) que haya personas que defiendan que pactar es antidemocrático, que más vale ladrón conocido que pacto por conocer, o de lo imbécil y analfabeto funcional que me parece alguien que lanza las perlas anteriores, me he hartado de discutir con inútiles. Yo me he leído los programas políticos de las principales formaciones que se presentaban a como candidatas a gobernarme los próximos años para decidir cuál me parece la mejor opción, si tú no te los has leído vete a discutir a la cuadra o al bar. No me busques.

No se trata de si fulanito te parece mejor o peor: a unos los conocemos pero, incluso con todo y eso, vale, puedo aceptar que no te apetezca darles el beneficio de la duda. Acepto que podemos no estar de acuerdo en qué tipo de gobierno es el mejor. Pero de ahí a que vengas a decirme que estoy equivocada porque los nuevos gobiernos de pactos nos van a independizar y a quitar el apartamento, y eso sí que no, que tus padres han trabajado mucho para conseguir lo que tienen... pues mira, no, no voy a discutir contigo porque no tienes el nivel suficiente. Y vete a la mierda un poco. Imbécil.

GRACIAS POR NADA, ELECCIONES MUNICIPALES.