Díselo

Hay muchos tipos de blogueros. Supongo que tantos como personas que escriben un blog.

Todos, sin excepción, todos, escribimos para los demás, en segunda, tercera o décima instancia pero escribimos para los demás, Y quien diga lo contrario, miente. Cuando alguien escribe sólo para sí mismo escribe en un procesador de texto, no en un blog. 

Para mí, decir que escribo para los demás significa que, aunque escriba como/lo que/para/cuando/... me salga del toto, espero que los demás me lean. Bueno, no, en realidad no. No espero que me lean, espero motivar lo suficiente como para que quien me lee se manifieste mínimamente: un comentario, una mención en Twitter, un correo... No nos engañemos, amigos, es importante saber que hay vida al otro lado. Y si esa vida, las personas que se esconden tras los nickscksck, molan, es la repanocha. ES UN SUBIDÓN. Y ahora no me vengan a decir que esto sólo me pasa a mí porque no me lo trago. Si hay algo que no soy es rarita y morena de piel. Esto nos pasa a todos.

Yo todavía no me repongo cuando me doy cuenta de que hay otras personas que me leen. Me sigue alucinando que haya gente que me mande correos comentando los post. Me parece glorioso que alguien se tome unos minutos para leer lo que escribo y comentar. Es alucinante. Y, quiera o no, determina cosas. A veces me condiciona, a veces no, pero determina.

Con y sin esta determinación, yo escribo para mí, sí, pero también escribo para las personas que, incomprensiblemente, me leen. Porque yo tengo mucha suerte: hay personas que me leen y personas que comentan. Lo agradecería uno por uno, cada vez, porque ha significado y significa mucho para mí pero quedaría de un moñas que flipas ¿no? así que vamos a dejarlo en un gracias, chavalada.

En fin, a lo que iba, que sería muy largo y aburrido explicar a qué viene este post, no me apetece y ya me está quedando demasiado raro*.

Concluyo con una petición. Nunca te pido nada así que hoy voy a tirarme a la piscina. 

Quiero pedirte a ti, lector, que hoy, cuando puedas, cuando tengas un ratito, copón, que es un par de minutos, no me cuentes milongas, comentes en alguno de esos blogs que lees todos los días, uno de esos que sigues desde hace años. Dedica unos minutos de tu tiempo a esa persona que tan buenos y malos ratos te ha hecho pasar, a esa por la que te preocupas un poquito cuando notas pocha, a esa de la que te acuerdas, aunque sólo conozcas su nick, cuando escuchas una canción que ha colgado en su blog, o ha comentado un libro, a esa que te cae bien sin conocerla, a esa que crees que conoces porque lees su blog. Dile algo bonito.

Me gustaría poder hacerte un poco de chantaje emocional diciendo que se lo debes pero es mentira, no le debes nada, coges lo que te da, es gratis, está disponible, es para ti.. Así que sólo me queda apelar a tu buen rollo y tu blogocosidad: dile algo.

Esa persona escribe para sí misma, sí, pero también escribe para ti. Y quizás signifique mucho para ella saber que estás al otro lado en carne presente.

Díselo, coño, que no cuesta tanto.


* El post, yo no soy rara.

Cosas que he hecho este fin de semana

- Animar a Bonnie Tyler.
- Bailar mucho con Daft Punk.
- Beber bastante tequila por culpa de Eurovisión.
- Buscar una faja como las que llevan todas en Eurovisión por la Internec.
- Comer la mejor lasaña del universo conocido. Y cenarla. Y desayunar las sobras el domingo.
- Comprar un canapé porque se ha roto el somier.
- Desayunar bloodymarys y gomitar.
- Despellejar Eurovisión.
- Discutir con un cliente.
- Discutir por Skype con un cliente.
- Discutir por Whatsapp con un cliente.
- Discutir por Whatsapp con una compañera.
- Dormir una siesta de TRES horas.
- Escribir cosas que me importan una puta mierda.
- Golpearme la frente con un lavabo y lucir un chichón resplandeciente.
- Hablar con un cliente.
- Hummus exfoliante.
- Llevar faja. Flojita, pero faja.
- Mojarme con la lluvia.
- Pensar. Un poco.
- Plancharme el pelo.
- Poner a parir a la Alonsa.
- Poner mal la contraseña en el cajero y bloquear la tarjeta.
- Poner semillitas.
- Quemar una camisa nueva con la plancha.
- Quitarme la faja.
- Tomar unas cervezas. Varias veces.
- Trabajar.
- Trabajar borracha.
- Trabajar con resaca.
- Ver Eurovisión.

Engañada

Hoy* tengo la sensación de que de entre todos los sentimientos que caben en esta tonelada cúbica que me compone, el de engaño es el mayor.

Me siento engañada, en general y en particular. Casi todo el rato. Por casi todo el mundo. Pero, por la que más, por mí misma. ¡TÓCATE LOS COJONES, MARILOLI!

Porque, a pesar de que debería sacar un sobresaliente alto en lo del NO, que últimamente lo tengo muy entrenadito, siempre tengo hueco para disculpar a los demás. Lo que viene siendo que me tomen por el pito del sereno, vaya. Y me mosqueo, rebufo y pongo morramen, pero me engaño pensando que soy una buena persona y, coño, no voy a hacer una putada como ................... (fill in the blanks). Y se me ocurren, no crean, se me ocurren. Un millón.

Lo que más me jode, claro, como a todo el mundo, es sentirme engañada por los amigos. Que seguro que hay algún listo que piensa pues si te engañan no serán tan amigos. Pues mira, sí lo son, que no es que me engañen a propósito, es que pasan cosas que hacen que yo me sienta engañada, porque lo que sea que pase no es lo que habíamos acordado. Pero es que a todos nos pasan esas cosas que hacen que tengamos que cambiar de opinión y es posible que demos por culo a alguien por el camino. ¡OJO! Eso no quiere decir que queramos, pero son cosas que pasan y...

¡¿Ves?! Ya estoy disculpando otra vez.

Así que aquí estoy, enfadada como una mona (esto es de Bich) pero callá, porque seguro que no ha sido a propósito. O sea: engañada, enfadada y muda. Una bomba de relojería a punto de explotar.

¿Soy la única gelipollas?




* Digo bien: hoy. Mañana igual el sentimiento que más me embarga es el de "me hago caca y quedan HORAS hasta que llegue a casa", vete a saber.

La vida

La vida es un castillo de arena construido a la orilla del mar. A cada embite de las olas la base se debilita, aunque las torres se mantengan erguidas. Una ve cómo se forman las olas a lo lejos, pero no puede moverse, es un castillo, no puede huir. Una ve cómo las olas se envalentonan y se preparan para atacar, y no puede defenderse.

Aterrorizada, una aguanta el rítmico acoso sobre los cimientos, consciente de que, antes o después, caerá sobre sí misma y se quedará inerte, muerta, incapaz de levantarse de nuevo, convertida en un montón informe de arena, agua y sal.

Y es que la vida es así, una constante resistencia frente a la destrucción, una continua sucesión de golpes que conducen invariablemente a la muerte.

Si lo pensamos bien, la vida es como el sexo: una sucesión de golpes que terminan con alguien desplomado.

Como el sexo, también, la vida es sólo el camino hacia la muerte.

¿A ti te pasa?

Soy una mujer de gustos sencillos. Y me gusta la música. La sencilla y la complicada.

No sé solfeo pero mido las melodías.

Y no tengo criterio y no me preocupa.

Simplemente, me dejo llevar.

Soy de esas locas de los gatos que se emocionan con la música, que tararean en voz alta en cualquier sitio, que se deshacen como el chocolate con un tempo suave y una voz bien timbrada, que lloran a mares y se ponen tontorronas, que enloquecen cuando escuchan una canción favorita y cantan polifónicamente a voz en grito aunque sea en guachuguari. Como todos, supongo. No me preocupa.

A veces me sorprendo escuchando una canción que ya he escuchado cienes de veces, intentando descubrir por qué, por qué esa sucesión de sonidos y no otra me cautiva, por qué me llama, por qué tengo que escucharla una y otra vez...

Hoy es una de esas veces.

¿A ti te pasa?