martes, 2 de septiembre de 2014

Mi mierda

He estado tres semanas de vacaciones.

He dormido fenomenal. Tanto, que hasta he padecido un extreme alondrism  estratosférico. No he tenido dolores de cabeza ni de espalda. No he tosido ni se me ha inundado la cara de mocos cada dos por tres. Mi tránsito intestinal ha sido perfecto. Ni un Álmax en tres semanas.

Ya llevo trabajando una semana y un día.

Vuelvo a dormir unas cinco horas al día, en períodos de dos horas o dos horas y media, más o menos. Me despierto con pesadillas. Ha vuelto la tosecilla esa improductiva y nerviosa y me muero de los mocos. He tenido que tomarme media docena de paracetamoles, tres o cuatro Nolotiles y ya llevo un blíster de Álmax. Ya se me han quitado las ganas de vivir.

Claramente, trabajar aquí no me sienta bien.

No es nada grave, claro. Y debería estar acostumbrada. O debería haber aprendido a llevarlo mejor, no sé. Seguramente, que me sienta así es cosa mía. No te jode, pues claro, por eso lo cuento yo y lo cuento aquí. La cuestión es que es una puta mierda. Es mi mierda.

Me quejo. Me quejo mucho. Doy un por culo infinito, vamos. Pero parece que no se puede, que es insolidario, que no debería quejarme porque tengo suerte de tener trabajo. Y no. Bueno, no sé si es cuestión de suerte o tiene más que ver con que hago bien lo que tengo que hacer o, al menos, razonablemente mejor de lo que lo harían los chorrocientosmil que hay ahora en paro que podrían ocupar mi lugar y que sí tienen derecho a quejarse pero no quieren aceptar mis condiciones laborales.

Así que estoy harta de que me digan que hay gente que lo pasa mucho peor y blablabla. Ya. No quiero trivializar las penurias de los demás, que las tienen y mucho peores que las mías pero eso no hace que me sienta mejor, no hace que sea menos duro. Que no es picar piedra, lo sé, pero es duro. Yo no quiero que otros lo pasen mal (bueno, algunos sí, pero ese es otro tema) y no hace que me sienta mejor.

Para colmo, hace unos días, en esta vorágine de adiós, Diógenes que ha arrasado mi casa, he tenido la oportunidad de revisar documentación de experiencias laborales anteriores. Y va y cobro menos. De hecho, nunca he cobrado menos. Tengo todos estos años más experiencia, todo este bagaje, todo este conocimiento y cobro menos de lo que cobraba en pesetas. HAY QUE JODERSE PA NO CAERSE.

Eso no ha ayudado mucho a que me sienta mejor, claro. Sé que no todo se reduce al salario pero es que cuando todo lo demás es una mierda y encima una no tiene ni la satisfacción de decir eh, mira, es una mierda pero luego tiene su recompensa y puedo irme de viaje a un sitio chulo a desconectar, pues jode, qué quieren que les diga.

Como soy una persona más o menos razonable pienso en mi jefe. Sé en qué momento estamos, en qué situación estamos, todos, nosotros y el resto. Sé lo difícil que debe ser su papel y todo eso. Que sí, en serio, lo sé, y lo valoro en su justa medida. Pero, con todo, no puedo evitar tener todos los días ganas de llorar cuando me despierto y mandarlo todo a escaparrar.

No lo hago. Lo he hecho otras veces. Todas las que he cambiado de trabajo. Pero ahora no. Soy más mayor, estoy en una edad considerada crítica. Miro a mi alrededor y veo la situación de muchos de mis amigos y conocidos y me cago de miedo, pensando que es lo que me espera si algún día se me cruzan los cables y me voy. La calle. La nada.

Así que cuando me veo muy jodida me imagino sentada en un porche cualquiera, mirando el cielo al amanecer, tomando un capuchino, descalza y envuelta en una mantita de esas de felpa, sonriendo sólo porque sé que se ha acabado.

Y me voy a trabajar.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Cómeme




Cómete mi corazón y recuerda tirar de la cadena.

jueves, 28 de agosto de 2014

1987

Como casi todos los veranos, he estado archivando cosas, en un Ignatius J. Reilly way I M P E C A B L E. Este año la actividad archivística ha sido especialmente intensa y he abierto cajas cerradas desde 1998, creo.

Han aparecido mis diarios. Libretas, agendas, blocs de notas... pero este ha sido el que más me ha impactado:


Cerrado.

Y no tenía la llave, claro.

Le he dado vueltas durante varios días. Creo que me daba un poco de miedo confirmar lo que creía recordar: que era una niñata, soberbia. egoísta y quejica, demasiado preocupada por los demás, por el entorno, por pasarlo bien, por acercarse a la gente que le gustaba.

Dejé el diario encima del aparador. De vez en cuando lo miraba, intentando recordar, recordarme, sin conseguirlo. La memoria es traicionera, amigos.

Poco a poco he ido perdonando a aquella adolescente que recordaba tan horrible y unos días después no he podido más:


La panda del instituto: "algunos me caen mal y prefiero que no vengan pero me lo paso bastante bien en general".

Las primeras tribulaciones con la fe, con el bien y el mal: "¿y si dejo de ir a misa y Dios existe?".

Las primera reflexiones sobre la importancia del estudio, y sobre el impacto de las acciones presentes en el futuro: "tengo que estudiar más para mejorar las notas porque luego se hace media con COU"

Los primeros conciertos: "me gusta tanto Alaska que no me importa tener que volver andando".

Las primeras cogorzas de vomitar en los váteres de los garitos: "Pilar se ha puesto tan mala que no se ha dado cuenta de que se había vomitado en los zapatos y su madre le ha castigado".

El primer parejo con derecho a roce: "me ha dado mucha vergüenza que me toque así".

La primera vez: "no sé si lo he hecho bien".

El primer amor: "siempre tengo ganas de verle".

Aquiles.

Al parecer, el año 1987 fue muy intenso.

martes, 26 de agosto de 2014

Difícil

No es la primera vez que lo escucho, y quizás por eso me perturba mucho más: "eres una mujer muy difícil".

Que yo me encojo de hombros, frunzo el ceño y luego, en la oscuridad de mi habitación, me pregunto, ¿qué coño significa ser muy difícil?

Que no, que no lo soy. Que soy una mujer soltera de mediana edad normal, quiero cosas consideradas normales, me gustan las cosas normales, me comporto de manera razonable y socialmente aceptada. Llevo una vida normal y rutinaria, en el sentido más maravilloso de la palabra: me levanto, voy a trabajar, estoy todo el tiempo libre que puedo con mi familia y mis amigos, tengo algunas inquietudes cultural-intelectualoides que intento satisfacer, me gusta estar conmigo... Nunca, nunca, me aburro en solitario y tengo la intensa y agradable sensación de que los demás no se aburren conmigo. Casi nunca.

Vale, soy muy maniática, quizás demasiado vehemente, a veces algo excéntrica y puede, sólo puede, que me esté agüelando un poco pero, sinceramente, no creo ser tan difícil.

No creo, no. No lo soy. No más que el resto de las personas.

Así que me ha dado por pensar que no es que yo sea especialmente difícil sino que hay, simplemente, un problema de comunicación: no me explico bien, o no me explico, o no compartimos ya el contexto, o la otra parte no tiene intención por comprender, o lo que sea.

Qué paradoja... 

Eso o, MECAGONLAPUTADEOROS, qué jodidamente rara es el resto de la gente.

martes, 12 de agosto de 2014

Un timing de verano

Querida Gordi:

Tengo que decirte que, además de mí misma, difícilmente alguien podría llamar a esto el paraíso. Tú, desde luego, no. Eres mucho más cosmopolita y exigente. Pija, dirían algunos. 

Esto no es cosmopolita, ni mainstream, ni nada. Es un chalet normal, en una urbanización normal, en un pueblo normal cercano a Valencia.

Pero sí es mi paraíso.

Estoy sola cuando quiero. No tengo que ir a ningún sitio si no quiero. Voy descalza y con bragas de bikini todo el día, sin preocuparme de lorzas ni pelos, si no quiero. Sólo tengo que hacer tareas de mantenimiento mínimo en la casa porque justo antes de venir vino la queli y volverá justo cuando me vaya. Tengo localizados los sitios más frescos del jardín según la hora del día. Puedo ejercer mis habilidades jardineras. Hay WIFI. Y HAY PISCINA CON JACUZZI.

Seguramente queda muy cool hacer grandes viajes a sitios exóticos pero me he dado cuenta de que, para relajarme y estar tranquila, que es justo lo que necesito, no me hace falta más que poder pasar las horas muertas flotando en la piscina, sin nada que hacer, sin nada en qué pensar.

El otro día mi madre me preguntó, un poco preocupada, que en qué pasaba el tiempo, y no supe qué responder. Para tranquilizarla hice un timing mental de cómo había pasado el día anterior:
  • Extreme alondrism: putosperros me han despertado a las siete de la mañana.
  • Ducha, bikini, camiseta y paseo con putosperros.
  • Piscina y ratito bajo la higuera.
  • Desayuno: melón, leche y cereales.
  • Riego y mojado de aceras.
  • Baño y siesta.
  • Paseo con putosperros.
  • Baño.
  • Comida: calentamiento de crema de calabacín.
  • Siesta en la hamaca.
  • Baño con jacuzzi. 
  • Jardinismo: tijeras de podar vs. cipreses de la verja.
  • Baño y siesta.
  • Paseo con putosperros.
  • Baño.
  • Cena: recuperación de restos de la ensalada de ayer.
  • Baño.
  • Tele: LOS DE LAS SUBASTAS.
  • Siesta.
  • Susto.
  • Vaso de leche caliente y cama.
Así que le dije que quería que mi vida sea así SIEMPRE y se quedó tranquila. 

Lo de putosperros te lo contaré otro día.

Tuya, siempre,


Yo.