miércoles, 17 de diciembre de 2014

Mi extrema delgadez

Por disgustos que no vienen al caso, he adelgazado unos kilos. O unos gramos. El caso es que es lo suficiente como para que la ropa me quede menos amorcillante. Yo estoy muy pagá y me veo pibonazo. Que puede que tenga una percepción algo distorsionada de la realidad PERO.

Con la tontería del ¿has adelgazado un poco? Pues ahora, un poco más, mi hermano el vigoréxico de los cojones no me deja comer turrón, ni beber cosas con gases, ni comer pan ni comer nada y, claro, aún me veo más delgada, si cabe. 

Y lo digo. Todo el rato. En cualquier momento.

Hace unos días fuimos a comprar unas cosas a Ikea y en eso que te despistas y acabas a seis kilómetros y tres fronteras internacionales de tus acompañantes. Menos mal que en Ikea son sabios y rubios y los expositores están así, bajitos, y si te pones de puntillas y miras alrededor como si te hubieras perdido en la feria acabas encontrando a quién has perdido. 

Yo ya me sé este truco y me estaba escondiendo. Ya había visto a mi hermano buscarme hacía un rato pero me caaaaaaaaarga hasta el infinito ir de compras con él y estaba escondiéndome un poco en las columnas y las esquinas. 

Si alguna vez os dice de ir de compras, ignoradle, como si hablara con vuestro bolso. 

Es daltónico y un poco übersexual y hay que decirle de qué pantone exacto es cada cosa, si pega con el resto de las cosas y por qué no necesita un QLÏCKRÔF de plástico para el baño, por barato que sea. 

Compartí en silencio mis escondites durante un rato con un tipo que empujaba un carro lleno de CLOBSTRËJS, que también evitaba a sus acompañantes, a la sazón, su mujer y su hija prepúber. Creo que decidió seguirme para sentirse menos solo entre la multitud. O porque me vio entrenada, vete a saber.

En esto que mi bro me ve y viene hacia mí.

- ¿Dónde te habías metido? Llevo un rato buscándote. No te veía.
- Eso es por lo de mi extrema delgadez (gesto de macizorra pasándose las manos por el contorno sinuoso de las caderas). Hay que solucionarlo, vamos a merendar unos gofres.

Aún estamos descojonándonos de la cara de LAK barnizada que se le quedó a ese pobre tipo, que nos siguió el resto de recorrido con una mezcla de intriga y espanto, mirándonos en los reflejos de los espejos cuando pensaba que no nos dábamos cuenta. 

lunes, 15 de diciembre de 2014

Seis años no es nada

Hoy hace exactamente seis años que nació Gordi.

El quinto aniversario fue así.

Se me olvidó celebrar el cuarto aniversario pero es que fue en 2012, un año de putamierda.

El tercer aniversario fue así.

El segundo y primer aniversario se han perdido en la inmensidad de la blogosfera, blackouts mediante.

Gordi va a la suya así que soy incapaz de calcular exactamente cuántos post, aunque una aproximación puede ser entre 1.000 y un millón, ¡yo qué sé! Eso no es lo importante. Lo importante es que no tengo nada que haga voluntariamente que me haya durado tanto tiempo en tan buenas condiciones y con las mismas ganas. Bueno, si no contamos mis zapatos de Alima, claro.

Gracias a Gordi me he sentido necesitada, querida, integrada, comprendida e incomprendida, también, a veces. Tengo muchas cosas que agradecerle.

Y ni siquiera tengo claro cómo explicar qué es Gordi para mí, ni qué significa el blog sin resultar caldosa y agüela. Es fácil caer en el azúcar gratuito porque, a estas alturas de la vida, de la blogosfera, de los coblogses, de todo, con todo lo que nos conocemos y nos desconocemos... lo único que tengo claro de estos seis años es que Gordi y el blog son lo que son gracias a las personas con las que se relacionan. 

Por eso, gracias. Muchas gracias.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Pelirroja

Una de las cosas que más me gusta del mundo es ir a la peluquería. Yo iría todos los días. Cambiaría de color, de peinado, de corte, todos los días de mi vida.

Y siempre me tratan muy bien, soy el sueño de los peluqueros. Casi siempre me dejo hacer.

Soy de esas raras que entran en una peluquería por primera vez y dicen "mira, yo lo que quiero es llevar el pelo bien cortado y bien teñido. Haz lo que quieras, sólo tienes que tener en cuenta tres cosas: no me pongo lacas, tengo que poder estar perfecta en un minuto y me peino hacia este lado". Y entonces hacen lo que quieren. Me adoran.

Para hacer esto regularmente una tiene que estar dispuesta a correr riesgos. He llevado el pelo de casi todos los colores imaginables. He llevado manchas de color, mechas de color, color con color... Una vez un tío con una rasta en la barba y dilatadores de esos de orejas XXL me cortó el pelo en seco en diagonal. Pero en diagonal del todo: de derecha a izquierda por delante y de derecha a izquierda por detrás. Era horrible, pero así lo llevé hasta que me cansé. Y ya sé que ahí no tengo que volver.

Otra vez me pusieron un tinte rosa que, al parecer, no se tenía que haber mojado con la lluvia al salir. También era horrible pero, oye, otro sitio al que ya sé que no tengo que volver.

Voy a otros sitios, nuevos, si puede ser, hasta que me canso. ¿Que paso por una peluquería y me gusta el pelo que lleva una? Pues entro, y a ver qué hace. 

Mis amigas se echan las manos a la cabeza: "¿Y ahora vas a pasar delante de la peluquería que vas siempre, con otro pelo y otro tinte?" Pues claro, ¿qué debo algo? No. Pues ya está.

Así que cambio de peluquería sin miedo y sin pudor.

Bueno, con un poco de miedo a veces igual sí.

Por cierto, ahora soy pelirroja. Témeme.


miércoles, 10 de diciembre de 2014

Crécetelo tu misma

A punto de acabar 2014, preveo que no va a materializarse uno de mis propósitos para este año, que era acabar el año con un #noviodeverdad. 

Bueno, en realidad, #noviodeverdad hubiera podido ser la consecuencia de un montón de decisiones que debería haber tomado, si las hubiera tomado. Quizás la más importante de estas decisiones es la de acabar con una historia chunguísima con el amor de mi vida, que no de la suya porque, tal como dicen las malas lenguas (que las conocéis, por cierto), hasta que no dejas atrás un enganche emocional no es posible que encuentres NADA bueno, por no hablar de un #noviodeverdad o similar.

Recordaré este año como el gran blackout de todos los santos y el principio del fin redentor. No se ha terminado pero estamos en ello. ¿Que sería más fácil acabar con todo del tirón? Pues sí y no, que por eso se llama enganche. En teoría, sí. En la práctica, ni de coña, pero esto es otro post.

La cuestión es que este año he perdido mucho tiempo, muchas ganas, mucha energía y mucho amor sinsero en la mierda esa de encontrar el unicornio rosa de mis sueños o, en su defecto, un hombre de bien que me quiera y me suliveye por tós los poros. 

Y había tirado la toalla. No, en serio, ya había tirado la toalla.

Hasta que La Rizos, mujer sabia y oveja reina donde las haya, va y me da una esperanza de cara a 2015, mode do it yourself on:

Con uno de estos con pene que sepa hacer cloquetas, YO YA.

martes, 9 de diciembre de 2014

Eres un mierda

¿Sabes esas personas que cuando se separan de sus parejas, por las razones que sean, se dedican a dar por culo al ex y a utilizar a los hijos en sus esperpénticas maquinaciones para causar el sufrimiento que creen que el otro merece? 

Deberían morir. Sin más. Death note: alguien escribe su nombre en un cuaderno y ¡puf!, la palman. Fulminados.

Ni siquiera hablo de situaciones extremas, eso es otro tema, me refiero a relaciones normales en las que un día se acaba el amor, o se cruza otra persona, y la familia se deshace. Por triste, desestabilizadora y trágica que sea esa situación, usar a los hijos para joder a esa persona con la que un día compartiste tu vida y decidiste engendrarlos es abominable. No hay razón que lo excuse.

¿Que tu mujer se ha enamorado de otro, te deja y, encima, te quedas sin casa y le tienes que pasar una pensión de tu mierda de sueldo? Sí, es una mierda, pero te aguantas. Y no te dedicas a joderla a través de vuestros hijos. No la pones a parir delante de ellos, ni la llamas zorra, ni la insultas por teléfono.

¿Que tu marido se ha cansado de ti y te deja en la ruina, sin pasarte la pensión que ha dictaminado el juez, y tienes que trabajar 16 horas diarias para sacar a tu familia adelante? Sí, es una mierda como un camión, seguro que es muy duro, seguro que tu ex es un gilipollas, pero no te dedicas a joderle impidiéndole ver a vuestros hijos para castigarle.

¿Que tu ex exige unas condiciones leoninas en el convenio de separación, injustas, a tu ojos, que sabes que lo hace sólo para joderte, por lo que sea? Sí, es un gilipollas, merece morir, ojalá la palme de muerte natural y os deje en paz y, si tienes que hacer algo, lo haces a través de los abogados y los tribunales. Que sí, que también son una mierda, y muchas veces sus decisiones son incomprensibles, inhumanas y mucho más, pero no pones a parir a tu ex delante de vuestros hijos.

Eso no va a hacer que se solucionen tus problemas. No va a mejorar las cosas. No va a traerte nada bueno. No va a detener el tiempo ni a regresar al pasado.

Sólo vas a conseguir que tus, vuestros hijos, se sientan peor, culpables, solos e incomprendidos, sólo vas a conseguir que sufran por vuestras discusiones, insultos y peleas. 

Si eres de esos, o de esas, que ponen a parir a su ex delante de sus, vuestros hijos, aunque creas que se lo merece porque es lo peor y merece lo peor, eres un mierda.